martes, 2 de junio de 2026

DÍA 3. SANTIDAD DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 


 DÍA TERCERO.

(Tercer año.)

SANTIDAD DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 

 MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

O

 

PRINCIPALES VIRTUDES

DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,

CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES

A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA

DEL DIVINO SALVADOR.

 

Traducido libremente

de la obra del

P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,

fundador del Apostolado de la Oración

 

 

EJERCICIO PRÁCTICO

PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

 

ORACIÓN PARA EMPEZAR.

 

¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.

Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.

Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.

Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.

 

DÍA TERCERO.

(Tercer año.)

SANTIDAD DEL CORAZON DE JESUS.

 

Primer preludio. Ver a los ángeles adorándole.

Segundo. Pedir los tiernos afectos y el humilde respeto con que le adoran.

El primer punto, considerar al Corazón de Jesús como santo; el segundo, como modelo; el tercero, como fuente de santidad.

 

PUNTO PRIMERO.

 

El Corazón de Jesús es santo. Hagamos al hombre a nuestra imagen, dijo Dios. ¿Y dónde está el hombre por excelencia, tipo y dechado de los hombres? En Jesucristo, que es el primero y último de los nacidos de Adán, según dijo el mismo Señor en el Apocalipsis; el primogénito de toda criatura, como escribe San Pablo a los Colosenses, y aquel por quien todas fueron creadas, como escribe a los de Corinto. De éste, pues, debemos entender a la letra las citadas palabras: Hagamos al hombre a nuestra imagen. Y, en efecto, en él hallamos la imagen de Dios en toda su perfección, porque el Verbo es la imagen de la bondad del Padre, según dice el libro de la Sabiduría, y esta imagen sustancial y divina se refleja en su humanidad. Todas las perfecciones de la divinidad se reproducen por una         misteriosa comunicación en el Corazón de Jesús. He aquí la perfecta imagen de Dios.

En Jesús todo es santo: santos sus pensamientos, santas sus obras. Tal debía ser el Pontífice de la naturaleza humana, santo, inocente inmaculado, muy distinto de los pecadores y más alto que todos los cielos, como dice San Pablo a los hebreos. Siendo, como es, el tabernáculo de la divinidad, ¿cuánta será la santidad del Corazón de Jesús?

Ahora me acercaré a este santuario de la nueva alianza y contemplaré los resplandores del divino infante: leeré en este libro, miraré este espejo sin mancilla, y, entrando dentro de mí mismo, me avergonzaré de la corrupción de este mi corazón carnal. Cada virtud suya me descubre un vicio mío, y cada perfección suya una imperfección mía, y por el conocimiento de Jesús aprenderé a conocerme. Veré mis manchas en su pureza, mi fealdad en su hermosura, y cuanto más me mueva a amarle, tanto más me moveré a aborrecerme.

 

PUNTO SEGUNDO.

 

El Corazón de Jesús es nuestro modelo. Pondré, pues, los ojos en ese dechado de perfección que me ha dado Dios, y no apartaré de Él mi vista, si quiero ser cristiano. La luz de vuestro rostro, Señor, ha brillado sobre nosotros, dejándonos como un sello de vuestra hermosura, dice el salmista. Y este sello que se nos imprimió en la creación, se ha grabado más en el bautismo que nos hizo hijos de Dios por adopción. En Jesucristo tengo, pues, el sello con que se ha de acuñar en todo mi ser la imagen de Cristo. Antes que se encarnase el Verbo divino, parecía difícil que en la persona del hombre vil se retratase la belleza del Creador. Ahora nada más fácil, cuando el Creador se ha formado a imagen de la criatura, y en su humanidad ha puesto a nuestro alcance las perfecciones de Dios.

Ven ahora, alma mía, a los pies de este tierno infante, en cuyo rostro brilla la santidad del Padre celestial que ha de iluminar el tuyo. A imagen de este Niño te has de reformar, y pues has llevado en ti la imagen del hombre terreno, haz por borrarla y tomar la del hombre celestial.

Jesucristo es el principio, autor y modelo de toda santidad, y el tipo que te debes proponer. Si tienes hambre y sed de justicia, ven y estudia ese Corazón, y en él hallarás, no sólo el verdadero dechado de la justicia, sino también la fuente de la gracia que necesitas para su imitación.

 

PUNTO TERCERO.

 

El Corazón de Jesús es fuente de santidad. La perfección propia de la humanidad de Jesucristo consiste en estar unida al Verbo, de cuya santidad participa. Por esta misma unión está su Corazón divinizado y llega a ser fuente de santidad. Nuestra perfección viene de Jesucristo y depende absolutamente de nuestra unión con Él, según sus propias palabras: “El que permanece en Mí, y en quien permanezco Yo, dará muy copioso fruto.” (San Juan XV.) ¿De dónde saca la rama su vida y la virtud de dar hojas, flores y frutos, sino del árbol? Y cuanto más estrecha sea esta unión del alma con Cristo, más gracia recibirá para crecer en virtud. En Él todo es santo, y nosotros necesitamos que santifique todos nuestros pensamientos, obras, palabras y sentidos.

Coteja, alma mía, la santidad de Jesús con tus imperfecciones. Jesús, dechado de virtud; yo, abismo de miseria y pecados. Y, sin embargo, Dios quiere que me santifique. “La voluntad de Dios es vuestra santificación,” dice San Pablo. (I. Tesal, IV.) Para esto me ha criado y me ha hecho hijo suyo, y esto he prometido en el bautismo. Me preguntaré con San Bernardo: ¿A qué has venido? En honor del Corazón santo emprenderé una nueva vida. No dilataré más mi conversión.

 

 

 

ORACIÓN FINAL.

Acto de consagración y desagravio

al Sagrado Corazón de Jesús.

 

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así    como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan, te amaré por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte.  Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

***

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