IV domingo después de Pentecostés
La pesca milagrosa. (Luc. 5.)
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
IV domingo después de Pentecostés
La pesca milagrosa. (Luc. 5.)
Refiere san Lucas que concurriendo mucha gente a oír la doctrina del Salvador, subió en la nave de san Pedro y les predicó, y luego se hizo a la vela con los discípulos, los cuales echaron la red por su mandado y cogieron grande muchedumbre de peces con tanta admiración suya, que san Pedro se echó a sus pies confesándose por pecador; Cristo le levantó y animó, y todos le siguieron.
PUNTO PRIMERO. Considera la sed y fervor de la turba en venir a oír la palabra de Dios; pues no solo en la tierra, sino en el agua y en todas partes le seguían, dejando sus casas y familias y todas sus comodidades, por recibir de la boca de Cristo el manjar sólido y sustancial de sus almas: aprende tú de estos hombres a buscar el de la tuya, y confúndete en la presencia de Dios con su ejemplo, viendo cuán poca sed tienes de los bienes del alma y cuánta de los del cuerpo; con la facilidad que dejas aquellos y con las ansias que buscas estos, y pide a Dios gracia para enmendarte.
PUNTO II. Considera la liberal benignidad del Salvador, con que recibía y apacentaba los que venían a él: pues en la tierra y en el mar y en todas partes los predicaba y enseñaba, y repartía el pasto del cielo; pondera la sed y ansias que tenia del bien de sus almas, y pídele que la tenga de la tuya; acude con toda confianza a su escuela, que él te enseñará el camino del cielo, si quieres aprenderle; y toma documento de su ejemplo para no negarte a tus prójimos en ninguna cosa, antes acudirles a todas, sin perdonar a trabajo ni a cuidado, cuando te necesitaren para el bien de sus almas.
PUNTO III. Considera cómo en predicando a la turba se hizo a la vela con sus discípulos y se remontó en alta mar, y les mandó echar las redes y cogieron una muchedumbre grande de peces: en que tienes mucho que ponderar; lo primero, que a la turba enseñó a la orilla del agua y a los discípulos en alta mar; porque como dice san Gregorio, pide diferente pasto la gente espiritual que la ordinaria, y así se retira Cristo a lo alto con sus discípulos para darles más alta doctrina y más levantados documentos: pídele al Señor que te enseñe según tu capacidad, y que te dé luz y discreción para enseñar a otros y dar a cada uno el pasto conforme a su necesidad; lo segundo, pondera que les mandó echar las redes, enseñándolos que los quería para pescadores, no de peces, sino de hombres, como luego se explicó; para lo mismo te quiere a ti, considera si ejecutas su santa voluntad, y si te ocupas en ganar a tus hermanos o en tus propias ganancias y adelantamientos temporales. Abre los ojos del alma y considera otro sí que les mandó echar la red a la mano derecha del navío, y de esta manera cogieron tan copiosa pesca; la mano derecha es la de los bienes y riquezas espirituales: la izquierda la de los temporales: atiende a qué mano has echado la red hasta ahora, y si has obedecido el mandato de Cristo, y mira qué has cogido de todos tus trabajos, y hallarás que nada, porque todo es nada; llora tus engaños pasados y la pérdida que has tenido: toma luz en la doctrina de Cristo, echa la red en adelante a la mano derecha, dedicando todos tus cuidados al servicio de Dios y a los bienes espirituales y cogerás una copiosísima pesca de riquezas in mortales.
PUNTO IV. Considera la humildad de san Pedro, pues cuando echó mayor lance y cogió mayor fruto de sus fatigas, no le atribuyó a su industria sino a la gracia del Señor, y cuando se halló más rico fue más humilde, arrojándose a sus pies y pidiéndole que se retirase de él porque era gran pecador ¡Oh gran virtud del santo apóstol! oh documento celestial para no envanecernos con el fruto que hacemos y con las virtudes que vemos en nuestras manos, sino humillarnos más, como se humillan a la tierra los árboles cuando tienen más fruto: entra en cuenta contigo y mira la vanidad de tu corazón, pues con cualquiera obra que haces te engríes y envaneces, como si la hubieras hecho por tu virtud y no por la de Dios; aprende a humillarte, pues tienes tanto de qué, y arrójate con san Pedro a los pies de Cristo, y dile: apartaos de mí, Señor, que soy el más vil pecador del mundo; apartaos, porque no os ofenda el mal olor de mis pecados, ni os toque el contagio de mis culpas; apartaos de mí, que no merezco yo estar a par de vos; pero no os apartéis porque no me acabe de perder, sino que como médico soberano llegaos al más enfermo que soy yo, curad mis llagas y tened misericordia de mí: llegaos a mí y remediad mis males, porque soy el mayor pecador, y pues bajasteis del cielo a buscar a los pecadores: Miserere mei, miserere mei Deus, secundum magnam misericordiam tuam.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones