miércoles, 10 de junio de 2026

De las virtudes principales que nos enseña Cristo en el Santísimo Sacramento del altar.

 

 


Jueves de la II semana después de Pentecostés

De las virtudes principales que nos enseña Cristo en el Santísimo Sacramento del altar.

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Jueves de la II semana después de Pentecostés

De las virtudes principales que nos enseña Cristo en el Santísimo Sacramento del altar.

 

Este día meditarás las virtudes que Cristo ostenta y enseña en este Santo Sacramento, el cual es una cifra de todas las maravillas que obró en su vida, ponderando cada una de por sí para tu provecho. La primera es la obediencia, así al Eterno Padre que le envía, como al sacerdote a cuya voz obedece con suma puntualidad, viniendo luego que pronuncia las palabras en este lugar y tiempo, sin dilación ni tardanza, obedeciendo Dios a la voz del hombre, y en materia tan difícil como es bajar a ser sacrificado y ofrecido en la hostia por los hombres. Una vez subió Isaac con su padre al monte a ser sacrificado, sin tener él noticia de ello, y fue obediencia tal que nunca se acaba de ponderar ni encarecer, y cualquiera premio parece desigual a su merecimiento; pues qué valor tendrá la obediencia de Cristo en este sacrificio, el cual baja del cielo a la voz de un sacerdote, por malo que sea, y se pone en sus manos voluntariamente para que le sacrifique, sabiendo y conociendo a lo que viene, con suma prontitud y presteza, y esto no una vez, sino infinitas cada día en todas las partes del mundo a donde se dice misa: verdaderamente no hay palabras con qué ponderarla, y así se deja a la contemplación de los fieles. Medita tú esta obediencia y aprende a ser obediente a tu Criador y Señor. La segunda virtud que aquí enseña es la caridad y amor que tiene a los hombres bajando a morir místicamente por ellos, sin tener necesidad de ellos, solo por hacerles bien, como se ha tocado en las meditaciones pasadas con san Pablo; y que subió tanto de punto la fineza de este amor, que dio la vida y la ofrece cada día, no solo por los amigos, sino también por los enemigos, que es el supremo grado de caridad, para que tú aprendas a hacer bien, no solo a los amigos, sino también a los enemigos que te ofenden y hacen mal. La tercera es la misericordia, dando liberalmente su sangre a todos sin diferencia alguna, y socorriendo sus necesidades con suma piedad y con tanto gusto por cada uno, como la dio por todos en el ara de la cruz. La cuarta es humildad, encubriendo su grandeza debajo de los velos de los accidentes de pan y vino, y alojándose en las pobres moradas de los pecadores; porque de otra suerte no le pudieran recibir en ellas si los visitara en la forma que vivía en el mundo, como lo declaró el mismo Señor a un santo monje, trocándose la hostia en la patena en un niño hermosísimo, y después en hostia, encubriéndose con los accidentes del pan para que le pudiese recibir. La quinta es mansedumbre y paciencia en todas las injurias que recibe así de los herejes como de los malos sacerdotes y de los pecadores que le reciben indignamente y le tratan con desprecio: y aunque pudiera castigarlos y vengar sus agravios muy a su salvo, calla y sufre con admirable paciencia para darte ejemplo de tenerla en tus agravios. La sexta es de paz y unión de fraterna caridad con todos, sin diferencia alguna ni permitir división, uniéndose íntimamente con los que le reciben, para que todos sean unos en él y estén enlazados con el vínculo del amor y la fraterna caridad. Mirando a esto, dijo san Pedro Damiano, que por esta causa el sacerdote se vuelve a saludar al pueblo en la misa, y el pueblo le resaluda a él; para declarar que tienen paz entre sí, y que están enlazados con el vínculo de la fraterna caridad, como la pide y enseña este Sacramento; y san Agustín enseñó, que Cristo se había instituido debajo de las especies de pan y vino; porque aquel se hace de muchos granos unidos, y este del zumo de muchas uvas exprimidas, que ambos a dos símbolos nos persuaden la unión y caridad que debemos tener unos con otros, como nos la enseña Cristo en este Sacramento. La séptima es la perseverancia, permaneciendo en él todo el tiempo que duran las especies sacramentales, sin faltar jamás de ellas por varios casos que acaezcan; en que nos enseña a perseverar en la virtud y en su santo servicio contra todas las contradicciones que tuviéremos, sin volver un paso atrás de lo comenzado. Esta y otras muchas virtudes nos enseña Cristo en este divinísimo Sacramento, las cuales debes contemplar y meditar con agradecimiento de que baje del cielo y haga cátedra del altar para enseñarte el camino del cielo, y con humildad de discípulo para aprender de tan alto maestro, con deseo de imitarle y resolución de ejecutar lo que te enseña y amonesta para bien de tu alma.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones