Jueves de la I semana después de Pentecostés.
Del Santísimo Sacramento del Altar.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Jueves de la I semana después de Pentecostés.
Del Santísimo Sacramento del Altar.
PUNTO PRIMERO. Contempla la grandeza de este soberano don, en el cual te da el Redentor del mundo su cuerpo, su sangre, su alma, a sí mismo vivo y glorioso, y consigo su divinidad, joya de tan subido valor, que ni tiene ni puede tener comparación con todo cuanto hay criado en los cielos y en la tierra; pues si por la dádiva de un don de tierra que recibes de un hombre mortal, te hayas a veces tan obligado que no sabes con qué pagarlo, y no pocas te resuelves a poner tu vida por él, considera qué estimación debes tener de esta joya que te dio el rey del cielo, y cómo se la debes agradecer: llora tu ingratitud y aviva la fe y el conocimiento para estimar y venerar don tan soberano y agradecerle según tu obligación.
PUNTO II. Considera la reverencia, el respeto, la veneración y devoción que tienen los ángeles y los santos del cielo a este divino Sacramento, los afectos de amor, temor y reverencia con que le miran y veneran, y las causas que les mueve a esta veneración, admirándose de ver a un Señor tan grande estrechado en un bocado; y al que está en el trono sublime de la gloria en una hostia pequeña del altar; y al que es venerado y temido de los serafines en manos de hombres mortales; y al que con su vista harta toda la gloria, reducido a manjar y entrar en los pechos asquerosos de los hombres; coteja esta acción con aquella gloria, esta humildad con aquella alteza, este lugar con aquel trono soberano de luces inaccesibles: admírate con los ángeles de tal dignación en tan alta majestad y de tales extremos de amor, y no ceses de venerarle, alabarle y bendecirle por ello.
PUNTO III. Pondera la facilidad en recibir y роseer este incomparable don, pues con ser tan soberano puedes verle, traerle, comunicarle y recibirle en tu pecho siempre que quisieres, sin dificultad de negociaciones, intercesiones o diligencias humanas; mira la dificultad que hay en hablar a los príncipes de la tierra y en recabar cual quiera don o merced de los hombres, los pasos, las intercesiones y las diligencias que cuesta , y la facilidad con que Dios te franquea el mayor don de los dones, y la dádiva de más valor que se pudo imaginar; dale muchas gracias por ello, y juntamente acusa tu tibieza en frecuentar y venerar esta mesa y este manjar de los cielos, y confúndete en su presencia, pidiéndole perdón.
PUNTO IV. Considera por una parte la reverencia con que se debe venerar, y la pureza de alma y cuerpo con que se le debe recibir; y por otra la irreverencia con que le tratan los herejes y los hombres de poca fe y la mala conciencia con que le reciben los pecadores, y la tibieza con que se llegan a él algunos de los sacerdotes y religiosos que debieran disponerse más; considera las ofensas que se hacen al Señor por la merced incomparable que les hace en dárseles en manjar, y compadécete de él; llora y gime su pasión en este soberano Sacramento; pondera su paciencia en tanto número de injurias, y aprende a sufrir las tuyas y procura cuanto en ti fuere evitar las de este Señor.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones