lunes, 1 de junio de 2026

Del trato con el prójimo.

 


Martes de la I semana después de Pentecostés.

Del trato con el prójimo.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Martes de la I semana después de Pentecostés.

Del trato con el prójimo.

 

Exhórtanos Cristo en el Evangelio a ser misericordiosos con nuestros prójimos, como Dios lo es con nosotros, perdonándolos, y no juzgándolos ni condenándolos; porque con la medida que midiéremos a los otros seremos medidos nosotros; y si miramos nuestras faltas, no juzgaremos las ajenas.

 

PUNTO PRIMERO. Contempla la infinita misericordia de Dios, a quien el Redentor del mundo te pone por ejemplo, y pondera las ofensas que sufre cada día en todo el universo mundo con indecible paciencia, y cómo pudiendo tan a su salvo vengarse, está tan lejos de ello, que con suma misericordia hace bien a los que le ofenden, y actualmente conserva la vida y les envía el sol, el agua y el aire, la salud y los alimentos para conservar la vida; y acuérdate que es tu padre, y tú aunque indigno, su hijo; sé misericordioso para con tus prójimos, como tu Padre lo es para contigo, para que merezcas llamarte suyo sobre la tierra y gozarle después en el cielo.

PUNTO II. Considera en particular las ofensas que te ha sufrido y sufre, y te perdona cada día; y cuánto ha que estuvieras en el infierno, si Dios usara contigo del rigor que usas tú con tus hermanos: mira cuánta necesidad tienes de que Dios te perdone, y perdona tú a los otros, porque con la medida que midieres serás medido.

 

PUNTO III. Medita las palabras de Cristo: no juzgues y no serás juzgado. Mira cuán falibles son los juicios de los hombres, acuérdate cuántas veces te has engañado en los tuyos, y que juzgar a otros toca a la justicia y tribunal de Cristo; y llora las faltas que has tenido en esto, y propón en su presencia la enmienda, y no serás juzgado de los hombres ni condenado en esta parte del Señor: toma su consejo, mira tus faltas y no cuidarás de las ajenas.

 

PUNTO IV. Considera últimamente lo que dice el Salvador: dad y os darán una medida buena, llena y superabundante; porque como Dios es el pagador, y de su cosecha tan rico y liberal, por cada uno que diéremos por su amor nos retornará ciento mejorados ¡Oh qué gran virtud es la de la limosna y caridad, así espiritual como corporal, pues Dios se empeña por ella apagarnos de su mano, con tan grande logro y usura que nos da ciento por uno! Pondera lo que agrada a Dios esta virtud, y el logro que tiene para tu alma, las misericordias espirituales y corporales que Dios hace por ella, y saca firmes propósitos de ejercitarla con tus prójimos cuanto pudieres, y pídele a Dios gracia para cumplirlos.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.