miércoles, 2 de noviembre de 2022

DÍA 3. BREVEDAD DE LA VIDA

DÍA 3. BREVEDAD DE LA VIDA

*

ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS

 

Ejercicio de Preparación para una buena muerte extractado de los textos de San Alfonso María de Ligorio

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Poniéndonos en la presencia de Dios, hagamos un acto de contrición, reconociéndonos pecadores:

 

Señor mío Jesucristo,

Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío.

Por ser Vos quien sois, Bondad infinita,

y porque os amo sobre todas las cosas,

a mí me pesa de todo corazón haberos ofendido.

También me pesa porque podáis castigarme

con las penas del infierno.

Ayudado de vuestra divina gracia

propongo firmemente nunca más pecar,

confesarme y cumplir la penitencia

que me fuera impuesta. Amén

 

*

DÍA 3.

BREVEDAD DE LA VIDA

 

¿Qué es vuestra vida?  Vapor es

que aparece por un poco tiempo. Sant 4, 15.

 

¿Qué es nuestra vida?... Es como un tenue vapor que el aire dispersa y al punto acaba. Todos sabemos que hemos de morir. Pero muchos se engañan, figurándose la muerte tan lejana como si jamás hubiese de llegar. Mas, como nos advierte Job, la vida humana es brevísima: El hombre viviendo breve tiempo, brota como flor, y se marchita.

Así pasan tus días y te acercas a la muerte. El recuerdo de los deleites que en la vida disfrutamos y de las honras adquiridas no valen más que para aumentar el peligro en que está nuestra salvación. Así suelen morir los que poco piensan en la muerte.

La muerte nos presenta los bienes de este mundo tal y como son en sí: humo, fango, vanidad y miseria... Apresurémonos, pues, a poner por obra lo que entonces no podremos hacer. Todo pasa y fenece pronto (1 Co., 7, 29). Procuremos que todo nos sirva para conquistar la vida eterna.

Refiere San Bernardino de Sena que cierto príncipe, estando a punto de morir, atemorizado, decía: Yo, que tantas tierras y palacios poseo en este mundo, ¡no sé, si en esta noche muero, qué mansión iré a habitar! Y tú, hermano mío, forma la resolución de entregarte a Dios completamente, dedícate a la oración; frecuenta los sacramentos; apártate de las ocasiones peligrosas, para asegurar tu salvación.

 

AFECTOS Y SÚPLICAS

¡Oh, Señor mío y Dios de infinita majestad!¡Cuántas veces he injuriado vuestra honra, posponiendo vuestra gracia a un mísero placer, a un ímpetu de rabia, a un poco de barro, a un capricho, a un humo leve! Harto sabía que pecando perdería vuestra gracia, y quise perderla… pero, por la sangre que por mí derramasteis, perdonadme, Señor, yo me arrepiento de todo corazón de haberos ultrajado. Adoro y beso vuestras llagas, que con mis pecados he abierto; más por ellas mismas espero mi perdón y salud.

Dadme a conocer, ¡oh, Jesús!, la gravedad de la ofensa que os hice, concededme el don de la perseverancia y vuestro santo amor.

¡Cuánta gratitud os debo, amado Salvador mío!... ¿Cómo habéis podido prodigar tantas gracias a un traidor ingrato para con Vos? Me creasteis y me redimisteis, muriendo por mí, y ya entonces percibíais toda la ingratitud con que había de colmaros.

¡Oh, Dios de misericordia!, haced que conozca lo mucho que os debo y que llore las ofensas que os hice. Tened piedad de mí, por amor de Jesucristo. Mirad a vuestro Hijo muerto en la cruz, y descienda sobre mí su Sangre divina para lavar mi alma.

Deseo complaceros cuanto me fuere posible en el tiempo de vida que me reste. Bendecid, Padre mío, este mi deseo, y otorgadme la gracia de que siempre esté unido a Vos.

¡Oh, María refugio mío! Ayudadme con vuestra intercesión.

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PARA FINALIZAR CADA DÍA

 

Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, descanse en vos el alma mía.

*

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles Custodios, rogad por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.

***

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

También pueden utilizarse SÚPLICAS FINALES A JESÚS CRUCIFICADO  PARA OBTENER LA GRACIA DE UNA BUENA MUERTE http://misagregorianatoledo.blogspot.com/2022/10/suplicas-jesus-crucificado-para-obtener.html?m=1

REZAMOS POR LOS DIFUNTOS Y TOMAMOS CONCIENCIA DE NUESTRA MUERTE. Homilía

SÓLO PODEMOS FAVORECER A LOS DIFUNTOS SI OFRECEMOS POR ELLOS EL SACRIFICIO DEL ALTAR, LA PLEGARIA O LA LIMOSNA. San Agustín

 


SÓLO PODEMOS FAVORECER A LOS DIFUNTOS SI OFRECEMOS POR ELLOS EL SACRIFICIO DEL ALTAR, LA PLEGARIA O LA LIMOSNA. San Agustín

 

Lecciones del II Nocturno de Maitines

                       

Del Libro de San Agustín, Obispo, sobre los deberes para con los difuntos.

Cap. 2 y 3

El cuidado del entierro, los honores de la sepultura y la pompa de los funerales, más que auxilios para los difuntos son consuelo de los vivos. No hay, sin embargo, que desdeñar los cuerpos de los difuntos, en especial los de los justos y fieles, que sirvieron como de instrumentos y vasos al alma para las buenas obras. Si los vestidos y el anillo de un padre, u otro recuerdo de esta clase, es tanto más apreciado de los hijos cuanto mayor fue su amor a sus progenitores, no hay que despreciar, en modo alguno, aquellos cuerpos que llevamos más estrechamente unidos a nosotros que cualquier vestido. Porque nuestros cuerpos no son para nosotros un simple adorno exterior puesto a nuestra disposición, sino que forman parte de la naturaleza humana. Esto explica la solícita piedad con que se atendía a las exequias de los antiguos justos, celebrando sus funerales y proveyendo a su sepultura; como también las recomendaciones que ellos, en vida, hacían a sus hijos, relativas a la inhumación, y a la traslación de sus cuerpos.

Cuando el cariño de los fieles hacia sus difuntos se manifiesta en recuerdos y oraciones, es indudable que de ello se aprovechan las almas de los que durante su vida temporal merecieron beneficiarse de tales sufragios. Con todo, ni siquiera en los casos en que resulte imposible sepultar algún cuerpo o hacerlo en tierra sagrada, hay que omitir el orar por las almas de los difuntos. Esto ha tenido en cuenta la Iglesia al dedicar a todos los cristianos muertos en la comunión de la sociedad católica, sin mencionar sus nombres, una conmemoración general, en la que aquellas almas a quienes falten las oraciones de los padres, hijos, parientes o amigos, reciban el auxilio de una tan piadosa madre común. Sin estas oraciones, inspiradas en la fe y la piedad hacia los difuntos, creo de que nada serviría a sus almas el que sus cuerpos privados de vida fuesen depositados en un lugar santo.

Siendo así creamos que sólo podemos favorecer a los difuntos por quienes nos interesamos, si ofrecemos por ellos el sacrificio del altar, la plegaria o la limosna. Verdad es que estas súplicas no aprovechan a todos por quienes se ofrecen, sino sólo a los que en vida merecieron se les aplicaran; pero como desconocemos quiénes son éstos, conviene ofrecerlas por todos los cristianos, para no exponernos a pasar por alto a ninguno de aquellos a quienes tales beneficios pueden y deben alcanzar; es preferible que resulten superfluos para ciertos difuntos a quienes no dañan ni aprovechan, a que falten a quienes aprovecharían. Todos nos esmeramos en ofrecer estos sufragios por nuestros parientes y amigos, a fin de que los nuestros hagan por nosotros otro tanto. En cuanto a lo que se gasta en la inhumación del cadáver, no influye en la salvación del difunto, pero constituye un testimonio de afecto o de respeto, nacido del sentimiento que nos veda odiar a nuestra propia carne. Conviene, pues, que haya quien cuide, en la medida de sus posibilidades, del cuerpo del prójimo, cuando lo ha abandonado aquél que de él cuidaba. Y si así proceden los que no creen en la resurrección, con mayor motivo deben hacerlo los fieles, aunque sólo sea para manifestar, cumpliendo los ultimos deberes con un cuerpo destinado a la resurrección y a la vida eterna, su fe en esta creencia.

EVANGELIO DEL DÍA: LOS MUERTOS OIRÁN LA VOZ DEL HIJO DE DIOS

2 de noviembre
CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS
Forma Extraordinaria del Rito Romano
 En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: “En verdad, en verdad os aseguro que llega la hora, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán. Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella, y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre. No os asombréis: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio”.
Juan 5, 25-29

martes, 1 de noviembre de 2022

DÍA 2. TODO ACABA CON LA MUERTE

DÍA 2. TODO ACABA CON LA MUERTE

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ORACIONES PARA TODOS LOS DÍAS

 

Ejercicio de Preparación para una buena muerte extractado de los textos de San Alfonso María de Ligorio

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Poniéndonos en la presencia de Dios, hagamos un acto de contrición, reconociéndonos pecadores:

 

Señor mío Jesucristo,

Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío.

Por ser Vos quien sois, Bondad infinita,

y porque os amo sobre todas las cosas,

a mí me pesa de todo corazón haberos ofendido.

También me pesa porque podáis castigarme

con las penas del infierno.

Ayudado de vuestra divina gracia

propongo firmemente nunca más pecar,

confesarme y cumplir la penitencia

que me fuera impuesta. Amén

 

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DÍA 2.

TODO ACABA CON LA MUERTE

 

El fin llega; llega el fin. Ez 7, 6

 

La muerte despoja al hombre de todos los bienes de este mundo igualando a pobres y ricos dejando, por única vestidura, las obras de su vida... Procura sin demora desasirte de lo que te aleja o pueda alejarte de Dios. Dejemos pronto estos bienes de la tierra, antes que la muerte, por fuerza, nos los arrebate.

Considera cómo los Santos, para alcanzar muerte semejante, lo abandonaron todo. Se sepultaron vivos sobre la tierra para no ser, al morir, sepultados en el infierno...

La idea de que todo se acaba con la muerte inspiró a San Francisco de Borja la resolución de entregarse por completo a Dios. Le habían dado el encargo de acompañar hasta Granada el cadáver de la emperatriz Isabel, y cuando abrieron el ataúd, tales fueron el horrible aspecto que ofreció y el hedor que despedía, que todos los acompañantes huyeron. Mas San Francisco, alumbrado por divina luz, se quedó a contemplar en aquel cadáver la vanidad del mundo. Así, pues, se dijo a sí mismo: «¡En esto acaban las grandezas y coronas del mundo!... ¡No más servir a señor que se me pueda morir!» Y desde aquel momento se consagró enteramente al amor del Crucificado, e hizo voto de entrar en Religión si antes que él moría su esposa; y, en efecto, cuando la hubo perdido, entró en la Compañía de Jesús.

¡Bienaventurados los que al morir están ya muertos a los afectos terrenales! (Ap 14, 13).

AFECTOS Y SÚPLICAS

Señor, ya que dais luz para conocer que cuanto el mundo estima es humo y demencia, dadme fuerza para desasirme de ello antes que la muerte me lo arrebate.

Dignaos ayudarme, Señor, ya que conocéis mi flaqueza. . . El infierno no dejará de tentarme: mil asaltos preparan para hacerme otra vez su esclavo. Mas Vos, Jesús mío, no me abandonéis. Esclavo quiero ser de vuestro amor. Sois el único que merece amor, y a Vos solo quiero amar.

Vos, Dios mío, siempre os habéis acercado a mí, invitándome al perdón. Con todo el dolor que siento por haberos ofendido, mi deseo de amaros ¡oh Redentor mío! Resuelvo antes perderlo todo que perder vuestra gracia y vuestro amor.

Dijisteis que no queréis la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (Ez 33, 11). Pues todo lo dejo, ¡oh, Dios mío!, y me convierto a Vos, y os busco y os quiero y os amo sobre todas las cosas. Dadme vuestro amor, y nada más os pido...

Os doy fervientes gracias por los dones y luces con que me habéis enriquecido... Esclavo fui del infierno; ahora vuestro siervo soy, ¡oh, Dios de mi alma!... sólo os pido la gracia de que me hagáis morir antes que de nuevo os pierda... No permitáis, pues, que os pierda.

¡Oh, María, esperanza mía, alcanzadme perseverancia en la virtud e interceded por mí ante Dios, ¡nuestro Señor!

 
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PARA FINALIZAR CADA DÍA

 

Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, descanse en vos el alma mía.

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Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles Custodios, rogad por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.

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Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

También pueden utilizarse SÚPLICAS FINALES A JESÚS CRUCIFICADO  PARA OBTENER LA GRACIA DE UNA BUENA MUERTE http://misagregorianatoledo.blogspot.com/2022/10/suplicas-jesus-crucificado-para-obtener.html?m=1

EVANGELIO DEL DÍA: BIENAVENTURADOS



1 de noviembre
 Solemnidad de Todos los Santos
Forma Extraordinaria del Rito Romano 
 
En aquel tiempo: Viendo Jesús a las turbas, subióse a un monte y como se hubo sentado, se le acercaron sus discípulos. Abriendo entonces su boca, les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los manos, porque ellos poseerán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que hacen obra de paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando os ultrajen y os persgan y digan todo mal contra vosotros por mi causa. Gozaos entonces y alborozaos, porque es grande vuestra recompensa en los cielos. 
Mateo 5, 1-12


TEXTOS DE LA MISA
Solemnidad de Todos los Santos(1 de noviembre)

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