domingo, 9 de agosto de 2020

EVANGELIO DEL DÍA: DOS HOMBRES SUBIERON AL TEMPLO A ORA


X DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
FORMA EXTRAORDINARIA DEL RITO ROMANO
Dijo también esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Lc 18, 9-14

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Homilía de maitines  EL CONOCIMIENTO DE SU CONCIENCIA LE REPELÍA, MAS SU PIEDAD LE APROXIMABA. Sam Agustín
PELIGROS DEL ORGULLO. Santo Tomás de Villanueva
Benedicto XVI  JESÚS NO EXCLUYE A NADIE DE SU AMISTAD
LA SOBERBIA Y LA HUMILDAD. Homilía del X domingo después de Pentecostés
LA DESESTIMA DE SI. San Juan Bautista de la Salle

jueves, 6 de agosto de 2020

PREPAREMOS UN TABERNÁCULO PARA EL SEÑOR. San Jerónimo


LA TRANSFIGURACION 
 6 DE AGOSTO
San Jerónimo
Aún estaba él hablando cuando los cubrió una nube resplandeciente y salió de la nube una voz que decía: Éste es mi Hijo amado en quien tengo mis complacencias; escuchadlo (17,5). Porque había preguntado imprudentemente, por eso mismo no merece una respuesta del Señor, sino que respondió el Padre en vez del Hijo para que se cumpliera la palabra del Señor: “Yo no doy testimonio en mi favor; pero el Padre que me ha enviado, Él sí da testimonio en mi favor” (Jn 5,37; 8,18). Y se ve una nube resplandeciente y los oculta para que los que querían un tabernáculo material de follaje o de pieles quedaran cubiertos por el parasol de una nube resplandeciente. También se oye procedente del cielo la voz del Padre que habla para dar testimonio en favor del Hijo y, descartado el error, enseñar la verdad a Pedro o, mejor todavía, a los demás Apóstoles a través de Pedro. Éste es, dice, mi Hijo amado, a éste hay que hacer el tabernáculo, a éste hay que obedecer; éste es mi Hijo; aquellos son los siervos; Moisés y Elías, y precisamente ellos, con vosotros, deben preparar en el fondo de su corazón un tabernáculo para el Señor.

domingo, 2 de agosto de 2020

NADIE SE LE OPUSO, NADIE SE ATREVIÓ A ENFRENTÁRSELE, NADIE SE ATREVIÓ A RESISTIR AL HIJO, QUE DEFENDÍA A SU PADRE DE LA INJURIA. San Jerónimo





IX DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Comentario al Evangelio
San Jerónimo
Y llegan a Jerusalén. Y, entrando en el templo, se puso a expulsar de allá a los que vendían y compraban y derribó las mesas de los cambistas y los asientos de los vendedores de palomas . En el Evangelio según San Juan leemos este mismo episodio, pero allí se dice más claramente en qué tiempo sucedió esto. «Y he aquí —dice— que vino Jesús en los ácimos», es decir, en la Pascua, tiempo en que solían los judíos comer los panes ácimos. «Y se hizo, dice, un azote y empezó a expulsarlos.»
Ves, por tanto, que eran los días de la Pascua, es decir, los días de los ácimos, cuando Jesús los expulsó del templo. En aquellos días de la Pascua, lo mandado por la ley era que todos acudieran al templo, de modo que si alguien no lo hiciera, fuera excomulgado de su pueblo. Imaginaos, por tanto, a todo el pueblo allí congregado, proveniente de toda la provincia de Palestina, de Chipre, de las demás provincias, de todas las regiones de alrededor: imagináoslo y haceos una idea en vuestro interior de cuán grande era la multitud allí reunida entonces.
Haremos una explicación en primer lugar de acuerdo con el sentido literal de este pasaje. Se maravillan algunos de que Lázaro fuese resucitado, se maravillan de que fuese resucitado el hijo de la viuda, se maravillan ante otros signos (realizados por Jesús), y en realidad es cosa admirable que a un cuerpo muerto se le devuelva el alma. Pero yo me maravillo más ante el presente signo. Un hombre, al que se le consideraba hijo de un carpintero, un mendigo que no tenía casa, que no tenía dónde reclinar su cabeza, que no tenía ejército: no era un general, no era un juez. Y ¡qué autoridad tuvo, para hacerse un azote de cuerdas y expulsar a tan gran multitud! ¿Un solo hombre, digo, expulsar a tan gran multitud? ¿Y qué multitud era la que él expulsaba? La de los que vendían y obtenían sus ganancias en el templo. Nadie se le opuso, nadie se atrevió a enfrentársele, nadie se atrevió a resistir al hijo, que defendía a su Padre de la injuria.
Me parece a mí que en los mismos ojos y en el mismo rostro del Señor y Salvador había algo divino. Y la razón de por qué me parece esto así, voy a decirla a continuación. «Y sucedió, dice, que caminando Jesús junto al mar de Galilea, vio a los dos hijos de Zebedeo, que remendaban sus redes, y les dijo: dejadlo, venid y seguidme. Y ellos, al instante, dejando la red, la barca, y a su padre Zebedeo, le siguieron.»  Si no hubiera habido algo divino en el rostro del Salvador, hubieran actuado de modo irracional al seguir a alguien, de quien nada habían visto. ¿Deja, acaso, alguien a su padre y se va tras uno, en quien no ve nada más de lo que ve en su padre? Mas ellos dejan al padre carnal y siguen al padre espiritual. Es más, no dejan al padre, sino que encuentran al padre.
¿Por qué he dicho todo esto? Para hacer ver que en el rostro del Salvador había algo divino, que hacía que, al mirarlo, los hombres le siguieran. Añadamos también otro testimonio. «Y he aquí, dice, que, pasando, vio Jesús a un hombre de nombre Mateo, y le dijo: Sígueme. Y lo dejó todo, y le siguió.» No vio ningún signo Mateo, mas la autoridad con que le habla Jesús fue el signo.
«Se puso a expulsar a los que vendían y compraban en el templo.» Si esto es así entre los judíos, ¡cuánto más lo será entre nosotros! Si es así en la ley, ¡cuánto más lo será en el Evangelio! «Se puso a expulsar a los que vendían y compraban.» El pobre Cristo expulsa a los ricos judíos. Y tanto el que vende como el que compra es igualmente expulsado. Nadie debe decir: yo ofrezco lo que es mío, y traigo presentes a los sacerdotes, como Dios tiene ordenado. Leemos en otro lugar esto, que está escrito: «Gratis lo recibisteis, dadlo gratis.» La gracia de Dios, en efecto, no se vende, sino que se da. Por ello, no sólo tiene culpa el que vende, sino también el que compra. Simón Mago, por ejemplo, fue condenado, no porque vendió, sino porque quiso comprar. Hoy hay también muchos que venden en el templo. Desgraciado el que vende, desgraciado el que compra, porque la gracia de Cristo no se puede comprar con oro y plata.
«Y (derribó) las mesas de los cambistas.» «Las mesas.» Donde deberían estar los panes de la proposición y de las gracias de Dios, allí está lo que se sacrifica a la avaricia. «Las mesas de los cambistas»: por la avaricia de los sacerdotes los altares no son altares, sino mesas de los cambistas.
«Y derribó los asientos (cathedras) de los vendedores de palomas.» A las palomas no se les encierra en asientos o cátedras, sino en jaulas. A nadie, efectivamente, se le ocurre meterlas en asientos, sino en jaulas. ¿Y por qué dice ahora: «derribó los asientos de los vendedores de palomas»? Observad lo que dice: son los que vendían quienes se sentaban en asientos o cátedras. «En la cátedra de Moisés, dice Jesús, se han sentado los escribas y los fariseos.» De estas cátedras habla también el salmo: «Y no se sienta en la cátedra de la pestilencia.» Verdadera cátedra de la pestilencia, que vende palomas, es la que vende la gracia del Espíritu Santo. También hoy existen muchas cátedras de éstas, que venden palomas. El que vende palomas no está de pie, sino sentado: no está plantado, sino encogido. Precisamente porque vende la gracia de Dios, está encogido y humillado. Pero nuestro Señor, que vino para salvar lo que había perecido, derribó no a los que vendían, sino las cátedras de los que vendían, es decir, derribó su autoridad, pero salvará a las personas.
Y no permitía, dice el Evangelio, que transportasen fardo alguno por el templo. No permitía entonces transportar fardo alguno en aquel templo carnal, ¿y hoy?, ¿cuántos fardos inmundos se amontonan en el templo de Dios? No estaba permitido entonces transportar fardos, y no dice inmundos, sino simplemente fardos cualesquiera, ¿y ahora?, ¿cuántos fardos se almacenan en el interior?

Está escrito —dice Jesús—: Mi casa será casa de oración para todas las gentes. Esto se lee, efectivamente, en el profeta. Pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones. ¡Oh infelices de nosotros! ¡Somos dignos de ser llorados con todas las lágrimas del mundo! La casa de Dios es una cueva de ladrones. Esta es la casa, de la que Jeremías dice: «¿Es posible que mi casa se haya convertido para mí en una cueva de hiena?»  A lo que aquí se dice que «vosotros habéis convertido en cueva de ladrones», o sea, a la casa de Dios, en Jeremías se dice cueva de hiena. Debemos conocer la naturaleza de este animal. Por la naturaleza de la bestia, podremos saber por qué llama cueva de hiena a la, en otro tiempo, casa de Dios. A la hiena nunca se la ve de día, sino siempre de noche, nunca a la luz, sino siempre en la oscuridad. Su instinto natural la lleva a desenterrar los cuerpos de los muertos y destrozarlos. De modo que, si alguien entierra a un muerto sin demasiadas precauciones, ella lo desentierra de noche, se lo lleva, y lo come. Por ello, donde quiera haya sepulcros, donde quiera estén los huesos de los muertos, allí tiene la hiena su cubil. También por instinto natural prefiere sobre todo a los perros, de modo que los arrebata y devora. Ved lo que os digo, fijaos cuidadosamente. La hiena es una bestia, a la que gusta la sangre y se deleita en los cadáveres: no busca otra cosa más que los cuerpos de los muertos y los perros. A éstos trata de matarlos, cuando guardan la casa. Se dice también que la hiena tiene este instinto natural, porque tiene la espina dorsal de una sola pieza y no puede doblarla. De modo que, si quiere volverse, se vuelve toda entera: no puede volver la cabeza, como los demás animales. Véis, por tanto, que ésta, que vive siempre en la noche, que está siempre en las tinieblas, no puede volverse. Pues esto precisamente es lo que se dice de los sacerdotes judíos. A un judío fácilmente se le puede inducir a penitencia, pero a uno de los sacerdotes o doctores no, porque únicamente se deleitan en los cadáveres de los muertos, a los que ellos mismos engañaron. Y no les basta con no vivir ellos en la luz, sino que intentan matar a los que apaciblemente viven en ella. Tienen la espina dorsal rígida y no se vuelven, o lo que es lo mismo: no hacen penitencia, porque están ocupados en los cadáveres de los muertos.
Esto que aquí leemos así: «vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones», en el Evangelio de Juan es: «vosotros la habéis convertido en casa de contratación». «Casa de contratación.» Donde están los ladrones, allí está la casa de contratación. ¡Ojalá se leyera esto de los judíos, y no también de los cristianos! Lo sentiríamos ciertamente por ello, pero nos alegraríamos por nosotros. Mas, también en muchos sitios, la casa de Dios, la casa del Padre, se convierte en casa de contratación. Veis con qué temblor os hablo. La cosa es tan notoria, que no necesita explicación. Ojalá fuese algo oscuro, que no entendiéramos. En muchos sitios la casa del Padre es casa de negociación. Yo mismo, que os estoy hablando, así como cualquiera de vosotros, sea presbítero, diácono, u obispo, que fuera pobre ayer y hoy sea rico, rico en la casa de Dios, ¿no os parece que ha convertido la casa del Padre en casa de negociación? De éstos dice el apóstol: «tienen la piedad por materia de lucro». Así, pues, también el apóstol habla de éstos. Cristo es pobre, ruboricémonos. Cristo es humilde, avergoncémonos, Cristo fue crucificado, no reinó. Es más, fue crucificado, para reinar. Venció al mundo no con la soberbia, sino con la humildad; venció al diablo no riendo, sino llorando; no azotó, sino que fue azotado; recibió bofetadas, mas él no golpeó. Por tanto, imitemos también nosotros a nuestro Señor.

EVANGELIO DEL DOMINGO: AY SI CONOCIESES EL MENSAJE DE LA PAZ

IX DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
FORMA EXTRAORDINARIA DEL RITO ROMANO
En aquel tiempo: Al llegar Jesús cerca de Jerusalén mirando a la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: ¡Ah, sí conocieses también tú, en este día, el mensaje de la paz! Mas ahora está oculto a tus ojos. Sí, vendrán días sobre ti, en que te circunvalaran tus enemigos y te rodearán y te estrecharán por todas partes, y te arrasarán con tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por no haber conocido el tiempo en que Dios te ha visitado. Y habiendo entrado en el templo comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en él, diciéndoles: Escrito está: ¡Mi casa es casa de oración; Y vosotros la tenéis convertida en cueva de ladrones! y enseñaba todos los días en el templo
Lc 19, 41-47
COMENTARIOS AL EVANGELIO 
-LAS LÁGRIMAS DE JESÚS. Homilía IX domingo después de Pentecostés

sábado, 1 de agosto de 2020

SANTO ROSARIO EN REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZON DE MARIA CON SAN ALFONSO MARÍA


 Santo Rosario.
Por la señal... 
Monición inicial: En este primer sábado de mes, ofrecemos este rosario en reparación al Corazón Inmaculado de María respondiendo así a su llamamiento en la ciudad de Pontevedra por medio de Sor Lucía, vidente de Fátima: "Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación".
Meditamos el rosario de hoy con san Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia, que insigne por el celo de las almas, por sus escritos, por su palabra y ejemplo, trabajó infatigablemente predicando y escribiendo libros, en especial sobre teología moral, en la que es considerado maestro, para fomentar la vida cristiana en el pueblo. Entre grandes dificultades fundó la Congregación del Santísimo Redentor, para evangelizar a la gente iletrada. Elegido obispo de santa Águeda de los Godos, se entregó de modo excepcional a esta misión, que dejaría quince años después, aquejado de graves enfermedades, y pasó el resto de su vida en Nocera dePagani, en la Campania, aceptando grandes trabajos y dificultades (1787).
Señor mío Jesucristo... 

MISTERIOS GOZOSOS
1.- La encarnación del Hijo de Dios en las entrañas purísimas de la Virgen María.
“"No temas, María, porque has hallado la gracia" (Lc 1,30). Pero si María nunca estuvo privada de la gracia, ¿cómo dice el ángel que la encontró? Se dice de una cosa que se ha encontrado cuando antes no se tenía. La Virgen estuvo siempre con Dios y llena de gracia, como el mismo ángel se lo manifestó al saludarla: "Alégrate, María, llena de gracia; el Señor está contigo". Si, pues, María no encontró la gracia para ella porque siempre la tuvo completa, ¿para quién la encontró? Y responde el cardenal Hugo: "La encontró para los pecadores que la habían perdido. Corran por tanto -dice el devoto escritor-, corran los pecadores que habían perdido la gracia, a la Virgen y encontrarán la gracia junto a ella. Digan sin miedo: devuélvenos la gracia que has encontrado". Corran los pecadores que han perdido la gracia a María, que en ella la encontrarán; y díganle: Señora, la cosa ha de restituirse a quien la ha perdido; la gracia que has encontrado no es tuya porque tú nunca la has perdido; es nuestra porque nosotros la habíamos perdido; por eso nos la debes devolver.”
OFREZCAMOS este misterio en reparación por las blasfemias y ultrajes que se comenten contra la Inmaculada Concepción de María.
2.-La Visitación de Nuestra Señora a su prima santa Isabel.
“Cuando María fue a visitar a santa Isabel y a colmar de gracias a toda aquella familia no anduvo con demoras, sino que, como dice el Evangelio: "Se levantó María y se marchó con prontitud a la montaña" (Lc 1,39). Lo cual no se dice que hiciera a la vuelta. Por eso también se lee que las manos de María son como torneadas, porque, como dice Ricardo de San Lorenzo, así como labrar a torno es la manera más fácil y rápida, así María está más pronta que los demás santos a ayudar a sus devotos. Ella tiene supremos deseos de consolar a todos, y en cuanto se siente invocada, al instante, con sumo placer, acepta las plegarias y socorre al instante. Con razón, san Buenaventura llamaba a María "salvación de los que la invocan", queriendo decir que para salvarse basta invocar a esta Madre de Dios.”
OFREZCAMOS este misterio en reparación por las blasfemias y ultrajes que se comenten con la Virginidad perpetua de la Nuestra Señora.
3.-El nacimiento del Niño Dios en el portal de Belén
“La Virgen tuvo más fe que todos los hombres y todos los ángeles juntos. Veía a su hijo en el establo de Belén y lo creía creador del mundo. Lo veía huyendo de Herodes y no dejaba de creer que era el rey de reyes; lo vio nacer y lo creyó eterno; lo vio pobre, necesitado de alimentos, y lo creyó señor del universo. Puesto sobre el heno, lo creyó omnipotente. Observó que no hablaba y creyó que era la sabiduría infinita; lo sentía llorar y creía que era el gozo del paraíso.”
OFREZCAMOS este misterio en reparación por las blasfemias y ultrajes que se comenten contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como madre de los hombres.
4.-La purificación de Nuestra Señora y presentación del Niño Jesús en el templo
"El anciano Simeón le anunció que un día su bendita alma se vería traspasada de una espada muy dolorosa. "Y tu misma alma será traspasada por una espada de dolor" (Lc 2,35). Esa espada fue la lanza que traspasó el costado de Cristo, que era el alma de María. En aquella ocasión, con sus dolores, nos dio a luz para la vida eterna, por lo que todos podemos llamarnos hijos de los dolores de María. Nuestra madre amorosísima estuvo siempre y del todo unida a la voluntad de Dios, por lo que -dice san Buenaventura- viendo ella el amor del eterno Padre hacia los hombres que aceptó la muerte de su Hijo por nuestra salvación, y el amor del Hijo al querer morir por nosotros, para identificarse con este amor excesivo del Padre y del Hijo hacia los hombres, ella también, con todo su corazón, ofreció y consintió que su Hijo muriera para que todos nos salváramos."
OFREZCAMOS este misterio en reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada.
5.- El niño Jesús perdido y hallado en el templo
“"Busquemos la gracia, pero busquémosla por medio de María". Si hemos tenido la desgracia de perder la amistad de Dios, esforcémonos por recobrarla, pero por medio de María, porque si la hemos perdido ella la ha encontrado; que por ello la llama el santo "la que halló la gracia.”
OFREZCAMOS este misterio en reparación por aquellos ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima.

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PARA RECIBIR LA PROMESA DE LOS CINCOS PRIMEROS SÁBADOS ES NECESARIO, DURANTE CINCO SÁBADOS SEGUIDOS: 1) Rezar el rosario y meditar en sus misterios y 2) Confesar y comulgar con esta intención.