lunes, 2 de febrero de 2026

EVANGELIO DEL DÍA: LUZ PARA ALUMBRAR A LAS NACIONES

2 de febrero 
LA PURIFICACIÓN DE NUESTRA SEÑORA 
Rito Romano 1962
 

Continuación del Santo Evangelio según San Lucas  2, 22-32

Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones». Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».


TEXTOS DE LA MISA
 
COMENTARIOS AL EVANGELIO

domingo, 1 de febrero de 2026

LOS OBREROS DE LA VIÑA DE CRISTO #meditacion #evangelio

Lunes de Septuagésima.

Los obreros de la viña de Cristo.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE  

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Lunes de Septuagésima.

Los obreros de la viña de Cristo.

PUNTO PRIMERO. Considera cómo el padre de familias que salió al amanecer a coger obreros para su viña, es Dios, que llama a todas horas a los hombres a su servicio y que ninguno viene a su viña sino es llamado por él, y si tú te hayas en ella, dale muchas gracias por la merced que te ha hecho sin haberla merecido, habiendo dejado a otros muchos los cuales si los hubiera llamado, le hubieran servido mucho más que tú. Considera a cuántos ha dejado fuera de esta viña de su iglesia la ceguedad de la idolatría y herejía y de otras sectas que los engañan y despeñan en lo profundo del infierno: pide a los ángeles que le alaben por esta merced incomparable quete ha hecho, y dale tú con ellos millares de loores cada día, y pídele gracia para serle agradecido y servirle por tan grande beneficio.

PUNTO II. Considera que tú eres uno de los obreros a quien Dios nuestro Señor ha llamado para labrar su viña, y mira que te llamó para trabajar y no holgar: acuérdate que el padre de familias reprendió a los que estaban ociosos; porque siente Dios mucho que lo estén en su servicio los que llamó para él: huye de este vicio como de enemigo capital tuyo y anímate a trabajar con aliento en la viña del Señor, acordándote de las mercedes que te ha hecho y del premio que te tiene preparado por los servicios que le hicieres.

PUNTO III. Considera cómo prefirió en la paga a los que vinieron los últimos y no trabajaron más que una hora en su viña; pero con tal fervor que merecieron ser preferidos a los primeros que trabajaron flojamente todo el día, porque en la casa de Dios no se atiende al tiempo sino a las obras, y si tú hace muchos años que estás, mira con atención lo que has obrado en su servicio; y si otros en una hora han aprovechado más que tú en toda tu vida al tiempo de la paga serán preferidos y les dará el Señor mayor y mejor premio que a ti, y si ha poco que viniste a su servicio esfuérzate a trabajar que en una hora podrás merecer tanto como los que hace mucho tiempo que sirven.

PUNTO IV. Considera la sentencia con que remata Cristo: Muchos son los llamados, y pocos los escogidos: la cual entiende san Crisóstomo de los llamados a la fe y escogidos para el cielo; porque aún de los cristianos son muchos los que se condenan y pocos los que se salvan ¡Oh alma mía y cuánto tienes que meditar en esta palabra! ¡Oh, si con la luz del cielo contemplases qué cosa es condenarse para siempre y qué es salvarse y entrar en el reino de la gloria! baja con la consideración al infierno y mira lo que allí pasa y la triste suerte irrevocable de los condenados, y luego sube con la misma consideración al cielo y contempla la gloria de los bienaventurados, coteja la una con la otra, y hallarás mayor distancia que hay del cielo a la tierra y que es cosa tan triste y desdichada, que si uno solo se hubiera de condenar en el mundo habíamos todos de temblar de que nos cayese tal suerte; pues cuánto más debemos temblar oyendo de boca del Salvador que son muchos los que se condenan y pocos los que se salvan. Da un paso más adelante y considera que forzosamente has de ser de los unos o los otros sin que haya medio ni modo para eximirse de este número, para en este pensamiento y vuélvete a Dios con íntima contrición de tu alma y dile; pequé Señor contra vos y me pesa en el alma de haberos ofendido por ser vos quien sois, y os suplico que me tengáis de vuestra mano y me deis vuestra gracia para que empiece desde hoy a serviros, y sea de los pocos y uno de los escogidos.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.

2 de febrero PURIFICACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN Y PRESENTACIÓN DE SU DIVINO HIJO EN EL TEMPLO

La Purificación de la Santísima Virgen y la Presentación de su divino Hijo en el Templo. —2 de febrero.

 

La Purificación de Nuestra Señora y la Presentación de su divino Hijo en el templo nos la refiere el sagrado Evangelio por estas palabras: «Cumplidos los cuarenta días (del nacimiento de Cristo) y llegado el día de la purificación de la madre, según la Ley de Moisés, José y María llevaron el Niño a Jerusalén para presentarle el Señor, conforme está escrito en la ley del Señor: Todo varón que nazca el primogénito, será consagrado al Señor, y para ofrecer un par de tórtolas, o dos palominos.

Vivía a la sazón en Jerusalén un hombre justo y temeroso de Dios, llamado Simeón, el cual esperaba de día en día la consolación de Israel y la venida del Mesías prometido. Y el Espíritu Santo estaba en él con gracia de profecía, y le había revelado que no había de morir antes de ver al templo, y al entrar con el Niño Jesús sus padres José y María, para cumplir lo prescrito por la ley, Simeón tomó al Niño con grande gozo en sus brazos, diciendo: Ahora, Señor, dejas a tu siervo en paz, según la promesa de tu palabra; porque ya han visto mis ojos al Salvador que has enviado para que, manifiesto a la vista de todos los pueblos, sea la lumbre de las naciones y la gloria de tu pueblo de Israel.

Escuchaban admirados y gozosos José y María las cosas que decía del Niño, y Simeón bendijo a entrambos, y dijo a la Madre: Mira que este Niño está destinado para caída y para levanta miento de muchos en Israel y para señal a la que se hará contradicción, lo cual será para ti una espada que atravesará tu alma, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones. Hallábase así mismo en Jerusalén una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel de la tribu de Asser, la cual era ya de edad muy avanzada. Habíase casado en su juventud y vivido con su marido siete años; pero después se había conservado en su viudez hasta los ochenta y cuatro años, no saliendo del templo y sirviendo en él a Dios día y noche con ayunos y oraciones. Esta, pues, llegándose en aquella hora, prorrumpió en alabanzas de Dios, y en hablar maravillas de aquel Niño a todos los que esperaban la Redención de Israel. (S. LUC. II).  

 

Reflexión: Represéntanos cada año la santa Iglesia el misterio de este día en la procesión que hace hoy con las candelas encendidas, que es ceremonia antiquísima y de grande devoción, instituida por instinto del Espíritu Santo para enseñarnos a tomar a Cristo y llevarle en nuestras manos como luz del mundo y hacha encendida; suplicándole que alumbre e inflame con su divino amor nuestros corazones. Recibamos, pues, con sencillez de niños, la luz de su santa doctrina, y practiquémosla con buena voluntad porque contradecirla y despreciarla es señal de reprobación; creerla humildemente y practicarla es prenda de eterna vida. En este misterio es muy digna de ponderarse aquella profecía del venerable anciano Simeón, el cual, teniendo en los brazos al divino Infante, dijo que aquel Niño sería para unos salud, y para otros piedra de tropiezo y escándalo. Estas dos cosas se han visto cumplidas en todos los siglos, y se verán hasta el fin del mundo. ¡Tremendos juicios de Dios!

 

Oración: Todopoderoso y sempiterno Dios, rogamos humildemente a vuestra Majestad, que así como vuestro unigénito Hijo fue presentado hoy en el templo, vestido de nuestra carne, así nos concedáis la gracia de presentarnos a Vos con la pureza que debemos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.