viernes, 4 de abril de 2025

VIA CRUCIS. P. Hilario Orzanco

 


VIA CRUCIS

del libro INVOCACIONES A LA VIRGEN MILAGROSA

del P. Hilario Orzanco, sacerdote de la Congregación de la Misión

 

Por la señal…

 

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador Padre y Redentor mío, en quien creo y espero, y  a quien amo y  estimo más que todas las cosas: me pesa con todo mi corazón de haberos ofendido, por ser Vos quien sois, Bondad infinita: una y mil veces me pesa de haberos agraviado, y también me pesa porque me podíais castigar con las penas eternas del infierno. Y esperando en los méritos de vuestra preciosísima Sangre, propongo con vuestra gracia nunca más pecar, comenzar de ahora una vida nueva, confesar y cumplir la penitencia que me fuere impuesta por el confesor. Amén.

 

ORACION PREPARATORIA

¡Oh Divino Redentor! Vengo a meditar tu dolorosa Pasión, siguiendo el camino del Calvario. Imprimid en mi corazón sentimientos de afecto a vuestra divina persona, que tanto ha padecido por mí y de dolor por mis pecados, causa de vuestros sufrimientos. Virgen dolorosísima, haced que mi alma acompañe a Jesús y llore amargamente mis culpas. Amén.

 

Al principio de cada estación se dice:

V/. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

Después de la meditación de cada estación puede rezarse un Padrenuestro, Avemaría y Gloria. 

 

Pater noster, qui es in caelis,

sanctificétur nomen tuum,

adveniat regnum tuum,

fiat volúntas tua, sicut in caelo et in terra.

Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie,

et dimitte nobis débita nostra,

sicut et nos dimittímus debitóribus nostris;

et ne nos indúcas in tentationem,

sed libera nos a malo. Amen.

***

Ave María, gratia plena,

Dominus tecum,

benedicta tu in muliéribus,

et benedictus fructus ventris tui, Iesus.

Sancta Maria, Mater Dei,

ora pro nobis peccatoribus,

nunc et in ora mortis nostrae.

Amen.

***

Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto.

Sicut erat in principio, et nunc et semper,

et in saeccula saeculorum. Amen.

 

Y al final de cada estación:

V/. Señor, pequé.

R/. Tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores.

V/. Bendita y alabada sea la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo

R/. Y los Dolores de su Santísima Madre al pie de la cruz.

 

 

Primera Estación:

Jesús es condenado a muerte.

¡Pilatos sentado en el tribunal, y el Hijo de Dios a sus pies como un gran malhechor! ¡Un vil pecador sobre un trono! La inocencia misma, el Santo de los Santos, todo un Dios a sus pies! ¡Qué contradicción! ¡Oh pecado! He ahí tus consecuencias,

 

Segunda Estación:

Jesús carga con la cruz.

En ella estaba el peso de todas las iniquidades del mundo. Y sin embargo, Jesús, todo cariño, todo amor, todo deseo de redimirnos, la recibe con una santa alegría sólo por mi salvación. Y yo ¿no he de querer sufrir nada por mi Dios?

 

Tercera Estación:

Jesús cae bajo la pesada cruz.

¡Qué triunfo para sus enemigos! ¡Qué burlas y blasfemias al verle caer! Y yo ¿cuántas veces he escandalizado a otros, y no los he corregido en sus burlas y blasfemias? Fortificad, Señor, mis pasos y mi espíritu en el camino de vuestros santos mandamientos.

 

Cuarta Estación:

Jesús encuentra a su Santísima Madre.

¡Que martirio tan cruel! Al encontrarse los dos frente a frente! Los corazones del Hijo y de la  Madre, traspasados de dolor, se ofrecen entonces por mí a tan doloroso sacrificio. Y yo ¿no amaré toda mi vida a Jesús y María?

 

Quinta Estación:

El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz.

Si el Papa nos mandase de Roma una reliquia de la verdadera cruz, nos llenaríamos de gozo. Pues bien: cuando nos sucede una aflicción, el mismo Jesús es el que nos manda su cruz. ¿Y no la llevaremos con alegría?

 

Sexta Estación:

La Verónica limpia el rostro de Jesús.

¡Qué valor el de esta santa mujer! Cómo atraviesa por medio de todos pisoteando el respeto humano! Pero ¡qué hermosa recompensa recibió por su fe! El Rostro del Hijo de Dios quedó impreso en su velo. Contémplalo, alma mía, y no te avergüences jamás de confesar a Jesús.

 

Séptima Estación:

Jesús cae por segunda vez.

A esta nueva caída, nuevas burlas, nuevos ultrajes. Os contemplo, Jesús mío, cubierto de oprobios; y con ser éstos tantos y tantas vuestras humillaciones, ¿no aprenderé yo a sufrirlas?

 

Octava Estación:

Jesús habla a las mujeres de Jerusalén.

“No lloréis por Mí, les dice, sino por vosotras y por vuestros hijos”; eso es, por vuestros pecados. ¡Y yo pecando sin cesar; y mis confesiones tan frías, y mis recaídas tan prontas! ¡Oh Dios mío!, tocad mi duro corazón.

 

Novena Estación:

Jesús cae por tercera vez.

¿Cómo caéis tantas veces, Jesús mío, si sois la misma fortaleza de Dios? Y tú, hijo mío, ¿no has caído más de tres veces? Pues mira: Yo he caído para enseñarte a levantarte de tus caídas con el dolor de tus culpas, confesándolas humildemente y poniendo toda tu confianza en Mí.

 

Décima Estación:

Jesús es despojado de sus vestiduras.

¿En qué pensabais, Jesús mío, cuando os arrancaban vuestros vestidos juntamente con los pedazos de vuestra carne? Yo lo ofrecía todo a mi Padre Eterno para que tú no sintieses arrancar de ti aquel objeto, aquella ocasión, aquel vicio que te esclavizaba. Ya sabes que toda tu fuerza está en mis sufrimientos.

 

Undécima Estación:

Jesús es clavado en la cruz.

¿Oyes, alma mía, los golpes del martillo? ¿No ves taladrada ya la diestra de todo un Dios? ¡Llora! que tú eres la causa. ¡Maldito pecado; antes morir que volver a cometerle!

 

Duodécima Estación:

Jesús muerto en la cruz.

Míralo: sus pies clavados para sujetar los tuyos. Sus brazos extendidos para abrazarte; su costado abierto para recibirte. Bajó su cabeza para darte el beso de reconciliación…  ¿Cuándo os amaré, Jesús mío, como vos me habéis amado?

 

Decimotercera Estación:

Jesús es colocado muerto en los brazos de su Madre.

Madre mía de los Dolores, dejadme adorar el cadáver de vuestro Hijo… Ven, hijo mío; mira su rostro desfigurado, sus ojos amarillos, su boca ensangrentada, sus manos y pies taladrados, su costado abierto, todo su cuerpo destrozado. ¡He ahí la justicia de Dios! ¡He ahí la enormidad de tu pecado!

 

Decimocuarta Estación:

Jesús es colocado en el sepulcro.

También mi alma es sepulcro de Jesús en la Santa Comunión. Haceos, Señor, en ella un sepulcro todo nuevo, purificándolo de sus manchas; y no permitáis que en adelante vuelva a daros más la muerte con mis pecados.

 

Por las intenciones del Romano Pontífice

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

INDULGENCIA PLENARIA DEL VIERNES SANTO AL BESAR LA CRUZ Y DIARIA POR EL REZO DEL VIACRUCIS

Se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que:

1.       el Viernes Santo de la Pasión y Muerte del Señor asista piadosamente a la adoración de la cruz en la solemne Acción litúrgica.

2.       practique el piadoso ejercicio del Vía Crucis o se una piadosamente al que practica el Sumo Pontífice y que es retransmitido por la radio o la televisión.

Con el piadoso ejercicio del Vía Crucis se actualiza el recuerdo de los sufrimientos que soportó el divino Redentor en el camino desde el pretorio de Pilato, donde fue condenado a muerte, hasta el monte de la Calavera o Calvario, donde murió en la cruz por nuestra salvación.

Para ganar indulgencia plenaria se establece lo siguiente:

1.     El piadoso ejercicio debe practicarse ante las estaciones del Vía Crucis legítimamente erigidas.

2.     Para erigir el Vía Crucis se requieren catorce cruces, a las que provechosamente se acostumbra añadir otros tantos cuadros o imágenes que representan las estaciones de Jerusalén.

3.     Según la costumbre más extendida, este piadoso ejercicio consta de catorce lecturas piadosas, a las que se añaden algunas oraciones vocales. No obstante, para realizar este piadoso ejercicio, se requiere únicamente la piadosa meditación de la Pasión y Muerte del Señor, sin que sea necesaria una consideración sobre cada uno de los misterios de las estaciones.

4.     Se requiere el paso de una estación a otra. Si el piadoso ejercicio se practica públicamente y el movimiento de todos los presentes no puede efectuarse sin evitar el desorden, basta con que quien dirige el ejercicio se traslade a cada estación, sin que los demás se muevan de su lugar.

5.     Los que están legítimamente impedidos pueden ganar la misma indulgencia, si al menos por un tiempo, por ejemplo, un cuarto de hora, se dedican a la piadosa lectura y meditación de la Pasión y Muerte del Señor Jesucristo.

6.     Al piadoso ejercicio del Vía Crucis se asimilan, también en lo que se refiere a la consecución de la indulgencia, otros piadosos ejercicios, aprobados por la autoridad competente, en los que se recuerda la Pasión y Muerte del Señor, manteniendo las dichas catorce estaciones.

7.     Entre los Orientales, donde no hay costumbre de practicar este piadoso ejercicio, los patriarcas podrán establecer, para ganar esta indulgencia, otro piadoso ejercicio en recuerdo de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo.

VIA CRUCIS. P. Hilario Orzanco, sacerdote de la Congregación de la Misión by IGLESIA DEL SALVADOR DE TOLEDO (ESPAÑA)

VIERNES DE LA CUARTA SEMANA DE CUARESMA. Dom Prospero Gueranger

 


VIERNES DE LA CUARTA
SEMANA DE CUARESMA
Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger

 

La Estación se celebra en la Iglesia de S. Eusebio, sacerdote romano. Vivió en el siglo IV, y sufrió por la fe en la persecución de los arríanos en tiempo del emperador Constancio.

COLECTA

Oh Dios, que renuevas el mundo con tus inefables Sacramentos: suplicámoste hagas que tu Iglesia progrese en las enseñanzas eternas, y no se vea destituida de temporales auxilios. Por el Señor.

 

EPISTOLA

Lección del libro de los Reyes.

En aquellos días enfermó el hijo de una mujer, madre de familia, y era la dolencia fortísima; tanto, que no podía respirar. Dijo entonces ella a Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios? ¿Has venido a mí para recordarme mis iniquidades, y para que se muriese mi hijo? Y dijóle Elías: Dame tu hijo. Y lo tomó de su seno, y lo llevó al cuarto donde él estaba, y lo puso sobre su cama, y clamó al Señor, y dijo: Señor, Dios mío: ¿también a la viuda, en cuya casa estoy hospedado, has afligido, matándole su hijo? Y se tendió, y se midió tres veces sobre el niño, y clamó al Señor, y dijo: Señor, Dios mío, vuelva, te suplico, el alma de este niño a sus entrañas. Y oyó el Señor la voz de Elías: y tornó el alma del niño a su interior, y revivió. Y tomó Elías el niño, y lo bajó de su habitación a la parte inferior de la casa, y lo entregó a su madre, y díjole: He aquí a tu hijo vivo. Y dijo la mujer a Elías: ahora reconozco en esto que eres un varón de Dios, y la palabra del Señor es verdadera en tu boca.

 

RESURRECCIÓN ESPIRITUAL. — También hoy es una madre la que viene desecha en llanto, a pedir la resurrección de su hijo. Esta madre es la viuda de Sarepta; ya la vimos anteriormente representada como figura de los gentiles. En su vida pasada fue pecadora; fue idólatra y por, lo tanto, la inquieta el recuerdo del pasado; mas el Señor, que la ha purificado y llamado para que sea su esposa, la anima resucitando a su hijo. La caridad de Elías es imagen de la del Hijo de Dios. Notad cómo este gran profeta se coloca sobre el cuerpo del hijo; cómo procura adaptarse a su medida, como vimos hacerlo también a Elíseo. Reconozcamos también aquí el misterio de la Encarnación. Toca tres veces al cadáver, y tres veces sumergirán a los catecúmenos en la pila bautismal invocando en el acto los nombres de las tres personas de la Adorable Trinidad. En la noche solemne de Pascua dirá también Jesús a la Iglesia su Esposa: “Mira a tus hijos dotados de nueva vida”; y la Iglesia llena de alegría, sentirá más que nunca la veracidad de las promesas de Jesús. Los mismos paganos los comprenden a su modo. Ante los efectos morales de este nuevo pueblo regenerado por las aguas del bautismo, reconocieron que la divinidad podía ser únicamente el principio de tan excelsa virtud en los hombres. En medio del imperio romano entregado a todas las pasiones, apareció una raza pura y celestial y los hijos dé esta raza tan santa daban la última batalla a todas las aberraciones paganas. ¿Dónde habían aprendido esta virtud? En la doctrina de Jesús y en los remedios sobrenaturales que aplica a la degradación del hombre. Entonces los fieles corrían en turbas desafiando la prueba del martirio y la Iglesia se dilataba para acoger a todas estas generaciones que decían con cariño: Reconocemos sois de Dios y vuestra palabra es verdadera, venida de Dios.

 

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Juan.

En aquel tiempo había un enfermo, llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta. (Y María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era la que había ungido al Señor con ungüento, y enjugado sus pies con sus cabellos.) Enviaron, pues, sus hermanas aviso a Él, diciendo: Señor, el que amas está enfermo. Y, al oírlo Jesús les dijo: Esta enfermedad no es de muerte, sino por la gloria de Dios, para que por ella sea glorificado el Hijo de Dios. Y amaba Jesús a Marta, y a su hermana María, y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, quedóse aún dos días en aquel lugar. Luego, después de esto, dijo a sus discípulos: Vayamos otra vez a Judea. Dícenle sus discípulos: Rabbí, hace poco te buscaban los judíos, para apedrearte, ¿y ahora vuelves allá? Respondió Jesús: ¿No tiene doce horas el día? El que caminare de día, no tropezará, porque verá la luz de este mundo: pero, el que caminare de noche, tropezará, porque no tendrá luz. Dijo esto: y, después de esto, les dijo a ellos: Lázaro, nuestro amigo, duerme: pero voy a despertarle del sueño. Dijéronle entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. Jesús hablaba de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del reposar del sueño. Entonces les dijo Jesús claramente: Lázaro ha muerto: y me alegro, por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis: pero vayamos a él. Dijo entonces Tomás, el llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vayamos también nosotros, para que muramos con El. Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que estaba en el sepulcro. (Y estaba Betania como a unos quince estadios (3 km.) de Jerusalén.) Y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas de la muerte de su hermano. Marta, pues, cuando oyó que venía Jesús, le salió al encuentro: María en cambio, quedó sentada en casa. Dijo entonces Marta a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano: pero sé también ahora que, todo lo que pidieres a Dios te lo dará Dios. Díjole Jesús: Resucitará tu hermano. Díjole Marta: Sé que resucitará en la resurrección del último día, Díjole Jesús: Yo soy la resurrección, y la vida: el que cree en mí, aunque hubiere muerto, vivirá: y, todo el que vive, y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Díjole: Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el hijo de Dios vivo, que has venido a este mundo. Y, dicho esto, se fue, y llamó en silencio a su hermana María, diciendo: Está aquí el Maestro, y te llama. Ella, cuando lo oyó, se levantó en seguida, y vino a El: aún no había llegado Jesús a la aldea, sino que estaba todavía en aquel lugar donde le salió al encuentro Marta. Entonces los judíos que estaban con ella en casa, y que la consolaban, cuando vieron a María, que se levantó rápida, y salió, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro, para llorar allí. Pero María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies, y dijóle: Señor, si hubieses estado aquí, no hubiera muerto mi hermano. Y Jesús, cuando la vio llorando, y a los judíos, que habían venido con ella, llorando también, se conmovió en espíritu, y se turbó y dijo: ¿Dónde le habéis puesto? Dijéronle: Señor, ven y ve. Y lloró Jesús. Dijeron entonces los judíos: ¡Ved cómo le amaba! Pero algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos del ciego de nacimiento, hacer que éste no muriera? Mas Jesús, estremeciéndose otra vez, fue al sepulcro. Era éste una gruta, cerrada con una piedra. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Díjole Marta, la hermana del que había muerto: Señor, ya hiede, pues es de cuatro días. Díjole Jesús: ¿No te dije que, si creías verías la gloria de Dios? Quitaron, pues, la piedra: y Jesús, elevados los ojos al cielo, dijo: Padre, te doy gracias porque me has oído. Yo ya sabía que tú me oyes siempre, pero lo digo por el pueblo que me rodea: para que crean que tú me has enviado. Habiendo dicho esto, clamó con gran voz: Lázaro, ven fuera. Y al punto salió, el que había muerto, ligado de pies y manos con las vendas, y envuelta su cara en el sudario. Díjoles Jesús: Soltadle, y dejadle ir. Entonces muchos de los judíos, que habían venido a, María y a Marta, y que vieron lo que hizo Jesús, creyeron en El.

 

LÁZARO, IMAGEN DEL PECADOR. — Leamos confiados este admirable relato que nos cuenta la obra de Jesús en las almas; recordemos el bien que ha hecho a la nuestra y prometámosle finalmente tener compasión numerosos en toda la tierra, se preparan a recibir el perdón que les devolverá la vida. Hoy no es una madre la que pide la resurrección; son dos hermanas que imploran esta gracia para su querido hermano; la Iglesia con este ejemplo nos induce a orar por nuestros hermanos. Mas sigamos la narración de nuestro Evangelio.

Lázaro estuvo primero enfermo y agonizante; Analmente murió. El pecador comienza dejándose llevar de la pereza a la indiferencia y luego recibe una herida mortal. Jesús no ha querido curar la enfermedad de Lázaro; para hacer a sus enemigos inexcusables, quiere obrar un prodigio portentoso a las mismas puertas de Jerusalén. Quiere probar cómo es dueño de la vida á aquellos que, pocos días después se escandalizarán de su muerte. En el sentido moral Dios permite algunas veces a su Sabiduría, que se abandone a un alma ingrata a pesar de que sabe caerá en el pecado. Más tarde la levantará, y la confusión de su caída, la servirá para mantenerse en la humildad que la habría preservado.

Las dos hermanas, Marta y María, aparecen aquí muy distintas de lo que eran por naturaleza; las dos desconsoladas pero llenas de confianza. Jesús anuncia cómo El mismo es la Resurrección y la Vida; quien espere en El no morirá eternamente, pues es lo único que hay que temer. Mas cuando ve llorar a María, cuyo amor conocía muy bien, se conmueve y se turba. La muerte, castigo del pecado del hombre, fuente de tantas lágrimas, conmueve su corazón divino. Llegado al sepulcro que guarda el cuerpo de su amigo Lázaro, llora, santificando de este modo las lágrimas que el amor cristiano nos arranca al borde la tumba de los que amamos. Ha llegado el momento de levantar la piedra, de demostrar en pleno día el triunfo de la muerte. Cuatro días hacía que Lázaro se hallaba en el sepulcro: es imagen del pecador envejecido en su pecado. No importa; Jesús no rechaza este espectáculo. Con voz que estremece a cualquier hombre, y hace temblar al infierno, grita: Lázaro, sal fuera, y el cadáver salta del sepulcro. La muerte ha oído su voz, pero sus miembros están aún enfajados y su rostro cubierto, no puede moverse, sus ojos no ven. Jesús manda quitarle las vendas; y a su mandato manos humanas devuelven a los miembros de Lázaro su antigua libertad y a sus ojos la vista del sol. Esta es también la historia del pecador reconciliado. Una sola palabra de Jesús hubiera sido suficiente para convertirle, para conmover su corazón e inducirle a confesar su pecado; mas Jesús deja en manos de sus sacerdotes el desatarle, iluminarle y devolverle el movimiento.

Este prodigio, obrado en los días en que nos hallamos, exacerbó el furor de los judíos. Este último beneficio le convirtió en blanco de su rabia. En adelante ya no se alejará de Jerusalem; Betania, donde acaba de obrar este milagro, no ; está muy distante de allí. Nueve días más tarde i la ciudad infiel contemplará el triunfo del Mesías; luego volverá a la casa de sus amigos de Betania; pero pronto entrará de nuevo en la ciudad para consumar en ella el sacrificio, cuyos méritos infinitos son el principio de la resurrección del pecador.

 

RECUERDOS HISTÓRICOS. — Esta esperanza consoladora fué causa de que los primeros cristianos multiplicasen en las pinturas de las catacumbas la figura de Lázaro en el momento de su resurrección; y este tipo de la reconciliación del alma pecadora esculpida igualmente en el mármol de los sarcófagos de los siglos IV y v se reprodujo hasta en las vidrieras de nuestras catedrales. Antiguamente Francia honraba este símbolo de la resurrección espiritual en una piadosa costumbre conservada en la célebre abadía de la Trinidad de Vendóme, hasta que fueron aboliéndose nuestras instituciones católicas. Todos los años en este día se llevaba a la iglesia abacial un criminal conducido por la justicia humana. Llevaba una soga al cuello y en la mano sostenía una antorcha que pesaba treinta. y tres libras, en recuerdo de los años del divino Libertador. Los monjes hacían una procesión a la que asistía el criminal, así como el sermón que la seguía. Se le llevaba entonces a las gradas del altar; allí el abad, después de una exhortación, imponía como penitencia la peregrinación a S. Martín de Tours. Se le quitaba entonces la cuerda del cuello y quedaba libre. Este uso litúrgico, tan cristiano y tan patético, se remontaba a los tiempos de Luis de Borbón, conde de Vendóme. En 1426, durante su cautividad en Inglaterra, hizo voto, si Dios le devolvía la libertad, de establecer en la iglesia de la Trinidad, en testimonio de reconocimiento este homenaje anual a Cristo que libertó a Lázaro de la tumba. El cielo se compadeció del príncipe y pronto obtuvo la gracia que con tan gran fe pedía.

ORACION

Humillad vuestras cabezas a Dios.

Suplicámoste, oh Dios omnipotente, hagas que, puesto que conocemos nuestra debilidad y confiamos en tu poder, nos alegremos siempre de tu bondadosa piedad. Por el Señor.