VIA CRUCIS
del libro INVOCACIONES A LA VIRGEN MILAGROSA
del P. Hilario Orzanco, sacerdote de la Congregación de la Misión
Por la señal…
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador Padre y Redentor mío, en quien creo y espero, y a quien amo y estimo más que todas las cosas: me pesa con todo mi corazón de haberos ofendido, por ser Vos quien sois, Bondad infinita: una y mil veces me pesa de haberos agraviado, y también me pesa porque me podíais castigar con las penas eternas del infierno. Y esperando en los méritos de vuestra preciosísima Sangre, propongo con vuestra gracia nunca más pecar, comenzar de ahora una vida nueva, confesar y cumplir la penitencia que me fuere impuesta por el confesor. Amén.
ORACION PREPARATORIA
¡Oh Divino Redentor! Vengo a meditar tu dolorosa Pasión, siguiendo el camino del Calvario. Imprimid en mi corazón sentimientos de afecto a vuestra divina persona, que tanto ha padecido por mí y de dolor por mis pecados, causa de vuestros sufrimientos. Virgen dolorosísima, haced que mi alma acompañe a Jesús y llore amargamente mis culpas. Amén.
Al principio de cada estación se dice:
V/. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.
Después de la meditación de cada estación puede rezarse un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
Pater noster, qui es in caelis,
sanctificétur nomen tuum,
adveniat regnum tuum,
fiat volúntas tua, sicut in caelo et in terra.
Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie,
et dimitte nobis débita nostra,
sicut et nos dimittímus debitóribus nostris;
et ne nos indúcas in tentationem,
sed libera nos a malo. Amen.
***
Ave María, gratia plena,
Dominus tecum,
benedicta tu in muliéribus,
et benedictus fructus ventris tui, Iesus.
Sancta Maria, Mater Dei,
ora pro nobis peccatoribus,
nunc et in ora mortis nostrae.
Amen.
***
Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto.
Sicut erat in principio, et nunc et semper,
et in saeccula saeculorum. Amen.
Y al final de cada estación:
V/. Señor, pequé.
R/. Tened piedad y misericordia de mí y de todos los pecadores.
V/. Bendita y alabada sea la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo
R/. Y los Dolores de su Santísima Madre al pie de la cruz.
Primera Estación:
Jesús es condenado a muerte.
¡Pilatos sentado en el tribunal, y el Hijo de Dios a sus pies como un gran malhechor! ¡Un vil pecador sobre un trono! La inocencia misma, el Santo de los Santos, todo un Dios a sus pies! ¡Qué contradicción! ¡Oh pecado! He ahí tus consecuencias,
Segunda Estación:
Jesús carga con la cruz.
En ella estaba el peso de todas las iniquidades del mundo. Y sin embargo, Jesús, todo cariño, todo amor, todo deseo de redimirnos, la recibe con una santa alegría sólo por mi salvación. Y yo ¿no he de querer sufrir nada por mi Dios?
Tercera Estación:
Jesús cae bajo la pesada cruz.
¡Qué triunfo para sus enemigos! ¡Qué burlas y blasfemias al verle caer! Y yo ¿cuántas veces he escandalizado a otros, y no los he corregido en sus burlas y blasfemias? Fortificad, Señor, mis pasos y mi espíritu en el camino de vuestros santos mandamientos.
Cuarta Estación:
Jesús encuentra a su Santísima Madre.
¡Que martirio tan cruel! Al encontrarse los dos frente a frente! Los corazones del Hijo y de la Madre, traspasados de dolor, se ofrecen entonces por mí a tan doloroso sacrificio. Y yo ¿no amaré toda mi vida a Jesús y María?
Quinta Estación:
El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz.
Si el Papa nos mandase de Roma una reliquia de la verdadera cruz, nos llenaríamos de gozo. Pues bien: cuando nos sucede una aflicción, el mismo Jesús es el que nos manda su cruz. ¿Y no la llevaremos con alegría?
Sexta Estación:
La Verónica limpia el rostro de Jesús.
¡Qué valor el de esta santa mujer! Cómo atraviesa por medio de todos pisoteando el respeto humano! Pero ¡qué hermosa recompensa recibió por su fe! El Rostro del Hijo de Dios quedó impreso en su velo. Contémplalo, alma mía, y no te avergüences jamás de confesar a Jesús.
Séptima Estación:
Jesús cae por segunda vez.
A esta nueva caída, nuevas burlas, nuevos ultrajes. Os contemplo, Jesús mío, cubierto de oprobios; y con ser éstos tantos y tantas vuestras humillaciones, ¿no aprenderé yo a sufrirlas?
Octava Estación:
Jesús habla a las mujeres de Jerusalén.
“No lloréis por Mí, les dice, sino por vosotras y por vuestros hijos”; eso es, por vuestros pecados. ¡Y yo pecando sin cesar; y mis confesiones tan frías, y mis recaídas tan prontas! ¡Oh Dios mío!, tocad mi duro corazón.
Novena Estación:
Jesús cae por tercera vez.
¿Cómo caéis tantas veces, Jesús mío, si sois la misma fortaleza de Dios? Y tú, hijo mío, ¿no has caído más de tres veces? Pues mira: Yo he caído para enseñarte a levantarte de tus caídas con el dolor de tus culpas, confesándolas humildemente y poniendo toda tu confianza en Mí.
Décima Estación:
Jesús es despojado de sus vestiduras.
¿En qué pensabais, Jesús mío, cuando os arrancaban vuestros vestidos juntamente con los pedazos de vuestra carne? Yo lo ofrecía todo a mi Padre Eterno para que tú no sintieses arrancar de ti aquel objeto, aquella ocasión, aquel vicio que te esclavizaba. Ya sabes que toda tu fuerza está en mis sufrimientos.
Undécima Estación:
Jesús es clavado en la cruz.
¿Oyes, alma mía, los golpes del martillo? ¿No ves taladrada ya la diestra de todo un Dios? ¡Llora! que tú eres la causa. ¡Maldito pecado; antes morir que volver a cometerle!
Duodécima Estación:
Jesús muerto en la cruz.
Míralo: sus pies clavados para sujetar los tuyos. Sus brazos extendidos para abrazarte; su costado abierto para recibirte. Bajó su cabeza para darte el beso de reconciliación… ¿Cuándo os amaré, Jesús mío, como vos me habéis amado?
Decimotercera Estación:
Jesús es colocado muerto en los brazos de su Madre.
Madre mía de los Dolores, dejadme adorar el cadáver de vuestro Hijo… Ven, hijo mío; mira su rostro desfigurado, sus ojos amarillos, su boca ensangrentada, sus manos y pies taladrados, su costado abierto, todo su cuerpo destrozado. ¡He ahí la justicia de Dios! ¡He ahí la enormidad de tu pecado!
Decimocuarta Estación:
Jesús es colocado en el sepulcro.
También mi alma es sepulcro de Jesús en la Santa Comunión. Haceos, Señor, en ella un sepulcro todo nuevo, purificándolo de sus manchas; y no permitáis que en adelante vuelva a daros más la muerte con mis pecados.
Por las intenciones del Romano Pontífice
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
INDULGENCIA PLENARIA DEL VIERNES SANTO AL BESAR LA CRUZ Y DIARIA POR EL REZO DEL VIACRUCIS
Se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que:
1. el Viernes Santo de la Pasión y Muerte del Señor asista piadosamente a la adoración de la cruz en la solemne Acción litúrgica.
2. practique el piadoso ejercicio del Vía Crucis o se una piadosamente al que practica el Sumo Pontífice y que es retransmitido por la radio o la televisión.
Con el piadoso ejercicio del Vía Crucis se actualiza el recuerdo de los sufrimientos que soportó el divino Redentor en el camino desde el pretorio de Pilato, donde fue condenado a muerte, hasta el monte de la Calavera o Calvario, donde murió en la cruz por nuestra salvación.
Para ganar indulgencia plenaria se establece lo siguiente:
1. El piadoso ejercicio debe practicarse ante las estaciones del Vía Crucis legítimamente erigidas.
2. Para erigir el Vía Crucis se requieren catorce cruces, a las que provechosamente se acostumbra añadir otros tantos cuadros o imágenes que representan las estaciones de Jerusalén.
3. Según la costumbre más extendida, este piadoso ejercicio consta de catorce lecturas piadosas, a las que se añaden algunas oraciones vocales. No obstante, para realizar este piadoso ejercicio, se requiere únicamente la piadosa meditación de la Pasión y Muerte del Señor, sin que sea necesaria una consideración sobre cada uno de los misterios de las estaciones.
4. Se requiere el paso de una estación a otra. Si el piadoso ejercicio se practica públicamente y el movimiento de todos los presentes no puede efectuarse sin evitar el desorden, basta con que quien dirige el ejercicio se traslade a cada estación, sin que los demás se muevan de su lugar.
5. Los que están legítimamente impedidos pueden ganar la misma indulgencia, si al menos por un tiempo, por ejemplo, un cuarto de hora, se dedican a la piadosa lectura y meditación de la Pasión y Muerte del Señor Jesucristo.
6. Al piadoso ejercicio del Vía Crucis se asimilan, también en lo que se refiere a la consecución de la indulgencia, otros piadosos ejercicios, aprobados por la autoridad competente, en los que se recuerda la Pasión y Muerte del Señor, manteniendo las dichas catorce estaciones.
7. Entre los Orientales, donde no hay costumbre de practicar este piadoso ejercicio, los patriarcas podrán establecer, para ganar esta indulgencia, otro piadoso ejercicio en recuerdo de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo.
VIA CRUCIS. P. Hilario Orzanco, sacerdote de la Congregación de la Misión by IGLESIA DEL SALVADOR DE TOLEDO (ESPAÑA)