martes, 14 de junio de 2016

MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS (DÍA 14)


 

PENSAMIENTO DE SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE

Hemos de procurar en lo posible penetrar dentro de este Corazón adorable, haciéndonos muy pequeños, por la humilde confesión de nuestra nada.

MEDITACIÓN:
Después de ponerte en presencia de Dios y disponerte para la meditación confundiéndote, dando gracias, pidiendo perdón y las gracias necesarias para sacar el mayor fruto posible; considera: 
1. Jesús ha dicho: "Yo soy el camino, la verdad y la vida." El conocimiento de la grandeza de Dios y al mismo tiempo de nuestra pequeñez, nos ha de llevar a la confesión de Pedro: "Señor, ¿a quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna." Tenemos que procurar entonces buscar siempre y en todo momento al Señor, su amistad y su voluntad para caminar en su presencia... Podemos recordar la respuesta del salmista ante la pregunta de quién puede subir a la presencia de Dios: 
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?
El que procede honradamente 
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo 
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. (Salmo 14)
2. Jesús ha dicho: "Si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos." He aquí el modo de poder entrar muy adentro en el reino, en el Corazón de Jesús: "Hacernos niños: renunciar a la soberbia, a la autosuficiencia; reconocer que nosotros solos nada podemos, porque necesitamos de la gracia, del poder de nuestro Padre Dios para aprender a caminar y para perseverar en el camino. Ser pequeños exige abandonarse como se abandonan los niños, creer como creen los niños, pedir como piden los niños. Y todo eso lo aprendemos tratando a María. (...) Porque María es Madre, su devoción nos enseña a ser hijos: a querer de verdad, sin medida; a ser sencillos, sin esas complicaciones que nacen del egoísmo de pensar sólo en nosotros; a estar alegres, sabiendo que nada puede destruir nuestra esperanza. (San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 143)
Da gracias al Señor por este momento de meditación y antes de terminar haz algún propósito concreto, realista y firme para vivir lo meditado.