IGLESIA DEL SALVADOR DE TOLEDO (ESPAÑA)

Forma Extraordinaria del Rito Romano

La santa misa diaria en su horario habitual de las 8:15.

*** Por las tardes no habrá culto todavía.

Los domingos, Santa misa cantada a las 10:00

Lunes 23 de septiembre. Fiesta del Padre Pío. 8:15 Santa Misa rezada. 18.00 Santa misa solemne.

***MISA MENSUAL EN LUGO.__ de octubre. Santa misa a las 17:30 horas, en la capilla del Carmen, sita en la calle del Carmen, en Lugo, justo a la salida de la puerta homónima de la muralla de la ciudad.

Para cualquier cuestión relacionada con la celebración de la Santa Misa por el modo extraordinario en Lugo, así como para recibir avisos, si lo desea, puede ponerse en contacto con nosotros mediante la siguiente dirección de correo electrónico: misatridentinalugo@hotmail.com

*** MISA MENSUAL EN ALBACETE. Domingo,______________. A las 17:30 horas, en la Parroquia Purísima Concepción.

domingo, 15 de septiembre de 2019

NOVENA AL PADRE PÍO DE PIETRELCINA. Folleto PDF

EL ABANDONO EN LAS MANOS DE LA PROVIDENCIA. San Juan Bautista de la Salle


Del descuido de sí en manos de la Providencia. 
MEDITACIÓN PARA EL DOMINGO DECIMOCUARTO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
San Juan Bautista de la Salle

A vosotros particularmente dirige Jesucristo las siguientes palabras del evangelio de este día: Buscad primero el Reino de Dios (1). En efecto: no habéis debido venir a esta casa si no es con el fin de buscar a Dios, primeramente, para vosotros y, en segundo lugar, para aquellos cuya instrucción Dios os ha encomendado. El establecimiento del Reino de Dios en vuestras almas para ésta y la otra vida, es lo que aquí habéis de buscar.
Durante la presente vida vuestra única preocupación ha de ser que reine Dios por la gracia y la plenitud de su amor en vuestros corazones. Para El debéis vivir, y la vida misma de Dios ha de ser vida de vuestras almas. Es necesario también que la alimentéis de Él manteniéndoos lo más que os fuere posible en su divina presencia.
Lo que constituye la vida de los santos es su atención constante a Dios, ésa debe ser también la vida de las almas que se han consagrado a Dios y ninguna otra cosa pretenden que cumplir su santa voluntad, amarle y procurar que otros le amen Tal ha de ser vuestra única ocupación en la tierra, y a ese fin deben enderezarse todos vuestros trabajos.
Empeñaos, pues, en que aquellos que instruís consideren el pecado como enfermedad vergonzosa que inficiona las almas, las hace indignas de acercarse a Dios y de comparecer en su presencia. Inspiradles el amor de la virtud; imprimid en ellos sentimientos piadosos, y daos trazas para que no cese Dios de reinar en ellos; porque si eso conseguís, romperán todo trato con la culpa o evitarán, al menos, los pecados graves que dan muerte al alma.
Ponderad con frecuencia interiormente cuál es el fin de vuestra vocación, y que ello os urja a trabajar por el establecimiento y consolidación del Reino de Dios en los corazones de los alumnos. ¿Pensáis en que uno de los mejores medios para procurarles esta ventura es conseguir, en primer término, que reine Dios de tal modo en los alumnos que ya no se dé en ellos acción ni impulso alguno que no proceda más que de Dios?
Para no ocuparos en otra cosa que en facilitar los medios de que Dios reine en vosotros y en las almas de vuestros discípulos, importa mucho que os despreocupéis de lo relativo a las necesidades del cuerpo; pues esos dos órdenes de cuidados son entre sí incompatibles; ya que la dedicación a las cosas externas extingue en el alma el interés por lo que atañe a Dios y a su servicio.
Ésa es la razón de que en este mismo evangelio recomiende Jesucristo a sus santos Apóstoles - encargados por Él de mirar por la salvación de las almas y el establecimiento de su Reinado en la tierra - que no vivan intranquilos diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos o con qué nos vestiremos? porque afanarse a causa de todo eso es propio de gentiles.
Tanto más, cuanto aquellos que hasta ese extremo viven desasosegados, muestran que se hallan carentes de fe; y, para ofrecer de ello una prueba convincente, añade el Señor: Mirad las aves del cielo: no siembran ni siegan ni amontonan cosa alguna en los graneros. Contemplad los lirios del campo; no trabajan ni hilan y, con todo, Salomón en toda su gloria no se vistió con tanto primor como uno de ellos.
¿Tenéis, pues, vosotros tan poca Le que vayáis a temer os falte algo de lo necesario para vivir y vestiros si, cumpliendo con vuestra obligación, os desveláis exclusivamente por que reine Dios en vuestros corazones y en el de los otros?
Jesucristo asegura que Dios mismo toma sobre Sí el cuidado de vuestro sustento y conservación: Vuestro Padre celestial, dice, sabe la necesidad que de todo eso tenéis. El alimenta las aves del cielo: pues ¿no valéis vosotros mucho más, sin comparación, y no sois mucho más queridos de Él que los pájaros? Y añade: Si Dios se cuida de vestir así la hierba de los campos, que hoy florece y mañana será cortada, ¡cuánto más cuidará de vestiros a vosotros, oh hombres de poca fe! Estad persuadidos, concluye Jesucristo, de que, si buscáis verdaderamente el Reino de Dios y su justicia, todo lo demás se os dará por añadidura, porque Dios mismo se encarga de suministrároslo.
No se pone bozal al buey que trilla, dice san Pablo (2). Si, pues, os interesáis con empeño por cosechar almas, ¿cómo podéis temer que, Quien os emplea en ello como operarios os rehúse luego el alimento que necesitáis para realizar su laborío?
Cuanto más os descuidéis en las manos de Dios, respecto a lo temporal, mayor será el cuidado que ponga Él en proporcionároslo. Si, al revés, echáis sobre vosotros dicha tarea, Dios la dejará a vuestro cargo, y podrá suceder que con frecuencia permita carezcáis de lo indispensable, para castigar vuestra falta de fe y de confianza.
Haced, por tanto, lo que dice David: Volved a Dios el pensamiento; poned en El toda vuestra esperanza, y El os sustentará (3).

EVANGELIO DEL DÍA. BUSCAD EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA

XIV DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
FORMA EXTRAORDINARIA DEL RITO ROMANO
Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura.
Mt 6, 24-33

COMENTARIOS AL EVANGELIO
EL QUE SE HACE ESCLAVO DE LAS RIQUEZAS, SE SUJETA A UN DUEÑO DURO Y A UN SEÑOR CRUEL. San Agustín
MODOS DE ADQUIRIR EL CIELO. Santo Tomas de Villanueva
EN PRIMER LUGAR, LA BÚSQUEDA DEL REINO. Benedicto XVI
HOMILÍA DEL XIV DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

domingo, 8 de septiembre de 2019

SOBRE LAS TENTACIONES DE IMPUREZA Y LOS MEDIOS PARA VENCERLAS. San Juan Bautista de la Salle

SOBRE LAS TENTACIONES DE IMPUREZA Y LOS MEDIOS PARA VENCERLAS
MEDITACIÓN PARA EL DOMINGO DECIMOTERCIO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
San Juan Bautista de la Salle
Los diez leprosos que, según el evangelio de este día, se presentaron a Jesucristo, figuran para nos otros las tentaciones de impureza; porque la lepra es enfermedad que mancha e inficiona el cuerpo. Y la manera como El los curó nos indica cuáles son los remedios más seguros que han de emplearse para quedar libres de ella.
Refiere el evangelio que, " divisando de lejos a Jesucristo, aquellos leprosos se detuvieron y, alzando la voz, exclamaron: Jesús, maestro, ten lástima de nosotros (1).
La distancia a que se mantenían los leprosos nos manifiesta cuán alejados del Señor se hallan los impúdicos: como Él es la pureza misma, no admite comunicación con quienes, por poco que sea, se ven aquejados de semejante vicio; al modo que no se permitía tenerla a los leprosos con ]os demás judíos.
Los del evangelio de hoy clamaron en voz alta para suplicar a Jesucristo que se apiadara de ellos. Esto nos recuerda lo que nos enseña el mismo Jesucristo en otro lugar del Evangelio; a saber, " que el primer remedio contra la impureza y contra las tentaciones que a ella arrastran es acudir a la oración " (2).
La voz elevada y apremiante es figura del fervor e instancias con que se debe orar para conseguir la curación de esta enfermedad; pues, no pudiendo el hombre, según el Sabio, conservarse continente si Dios no se lo otorga por su gracia " (3); nunca podrá pedirse la pureza con exceso, ni con demasiado ahínco, por constituir su falta un mal muy peligroso y de funestísimas consecuencias.
Por tanto, si alguna vez ocurriere que os vierais atormentados por pensamientos impuros, no ceséis de acudir a Dios hasta quedar enteramente libres de ellos.
El segundo remedio que el evangelio propone y que Jesucristo ordenó a los leprosos, es presentarse a los sacerdotes. Estaba prescrito en la antigua ley que los leprosos, una vez curados, fuesen en busca de los sacerdotes, a fin de que pudieran éstos cerciorarse de si la lepra había desaparecido realmente y, caso de ser así, permitirles la comunicación con los demás judíos.
Pero en la ley nueva, los mandatos de Jesucristo tienen virtud muy superior a los de Moisés; porque, si mandó Jesús a los diez leprosos que se presentaran a los sacerdotes, fue para que se vieran curados de su vergonzosa enfermedad, como de hecho quedaron perfectamente limpios, cuando hacia ellos se dirigían (*).
En las comunidades, al superior ha de acudirse para declararle la enfermedad, y darle a conocer lo que uno es: éste es el medio eficaz para curar prontamente, Es el que san Doroteo, tan hábil maestro en la dirección de las almas, dice haber experimentado en sí mismo. Según él, no hay cosa que tanto tema el espíritu inmundo como ser descubierto; y, una vez que lo ha sido, ya no puede hacer daño.
Por lo que agrega este Santo: " El alma se pone a salvo merced a la declaración que hace de todas sus disposiciones interiores; si le dice su superior: Haz tal cosa o no la hagas; esto es bueno y aquello malo; el demonio no halla ya resquicio por donde pueda entrar en el corazón del enfermo, y éste encuentra la salud en la diligencia que puso para descubrirse a su superior, y conformarse en todo con sus consejos ".
Sed fieles, por tanto, a este proceder, ya que resulta tan eficaz.
Ordenaba la ley antigua a los leprosos que, tan pronto sanaban y antes de ponerse en comunicación con las gentes, ofrecieran un sacrificio para purificarse exteriormente de la impureza legal que habían contraído por la lepra.
Este sacrificio simboliza la mortificación, que impone también Jesucristo a los leprosos de que hablamos; esto es, a los que se hallan cubiertos con la lepra de la impureza o se ven acosados por el demonio impuro. Jesucristo asegura aún más: " que de esta especie de dolencia, nadie puede sanar perfectamente; ni verse total mente libre de este espíritu tentador, sino mediante el ayuno " (4); esto es, por la mortificación.
Merced a este sacrificio se ofrece a Dios el propio cuerpo, en expresión de san Pablo, como hostia santa, viva y agradable a sus ojos (5). La mortificación procura efectivamente al cuerpo la ventaja de entrar a la parte en la vida del espíritu; por lo cual afirma el mismo san Pablo: Si por el espíritu mortificáis la carne y todas sus obras, viviréis; mientras que, añade el Apóstol, si vivís según la carne, y permitís al cuerpo que dé contento a sus sentidos moriréis (6). Quiere decir que, dando la impureza muerte a la gracia, embrutecerá vuestro espíritu; lo hará en alguna manera de todo punto material y, el alma, semejante a la de las bestias.
Sea, pues, la mortificación para vosotros aquel sacrificio perpetuo ordenado en la ley antigua; de forma que llevéis siempre en el cuerpo, como san Pablo, la mortificación de Jesucristo, para que la vida de Jesucristo se manifieste también en vuestros cuerpos mortales (7). Este es el admirable efecto que producirá en vosotros tan excelente sacrificio.

EVANGELIO DEL DOMINGO: JESÚS, MAESTRO, TEN COMPASIÓN DE NOSOTROS

XIII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
FORMA EXTRAORDINARIA DEL RITO ROMANO
Una vez, yendo camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».  Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?». Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».
Lc 17, 11-19
 COMENTARIO AL EVANGELIO
LA LEPRA ES FIGURA DE LA FALSA DOCTRINA, DE CUYA MANCHA CORRESPONDE SÓLO A UN BUEN MAESTRO EL PURIFICARNOS. San Agustín
LA CARIDAD, LA MEJOR ACCION DE GRACIAS. San Agustín
Benedicto XVI LA FE SALVA AL HOMBRE
 POR LA CONFESIÓN, NOS VEMOS LIBRES DE LA LEPRA DEL PECADO. Homilía

domingo, 1 de septiembre de 2019

SOBRE LA UNIÓN QUE DEBE REINAR ENTRE LOS HERMANOS. San Juan Bautista de la Salle


SOBRE LA UNIÓN QUE DEBE REINAR ENTRE LOS HERMANOS
PARA EL DOMINGO DUODÉCIMO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
San Juan Bautista de la Salle
En el evangelio de hoy nos propone Jesucristo un ejemplo de caridad. Se trata de acierto samaritano que, encontrando en el camino a un hombre me dio muerto, le venda las heridas y le pone en manos de un mesonero para que cuide de él hasta su total curación (1).
Al relatar minuciosamente el Salvador lo hecho por este hombre caritativo, nos da bien a entender cómo ha de ser nuestra caridad con los hermanos, y cuán unidos debemos vivir unos con otros. Es ésta una de las cosas que más a pechos debemos tomar también nosotros; pues, como enseña san Pablo, si no tuviereis caridad todo lo bueno que hiciereis, de nada os serviría (2). La simple experiencia nos descubre con luz suficiente cuánta verdad se encierra en tal proposición.
En efecto, la comunidad sin amor y unión es un infierno: el uno, por su parte, murmura; el otro desacredita a su hermano por estar ofendido con él; éste se incomoda porque alguien le acibara la vida con sus chanzas; aquél se queja a su superior de algo que cierto hermano ha hecho contra él. En resumen, no se oyen más que lamentos, críticas, maledicencias; de donde resultan muchas turbaciones e inquietudes.
El único remedio a todos estos desórdenes es la unión y caridad; pues, como escribe san Pablo, la caridad es paciente El santo Apóstol desea incluso que la paciencia, fruto de la caridad, llegue a soportarlo todo; (3) y quien dice " todo ", nada exceptúa.
Por tanto, si se tiene caridad y unión con los hermanos, puesto que todo ha de sobrellevarse de todos, no es lícito decir: " No puedo sufrir tal cosa en éste; tal defecto en aquél me resulta intolerable; es preciso que se avengan en algo con mi condición o mis flaquezas ". Porque hablar así no es soportarlo todo de todos.
Meditad esa máxima y ponedla por obra puntualmente.
La caridad es mansa (4). Es ésta la segunda condición que san Pablo atribuye a la caridad. El amor y la unión no se manifiestan, ciertamente, regañando, murmurando, lamentándose a gritos, disputando; sino hablándose de manera mesurada y afable, y hasta humillándose a los pies de los hermanos; pues la palabra blanda, dice el Sabio, quebranta la ira; al paso que las palabras duras excitan el furor (5).
Por eso, en el Sermón de la Montaña dijo a sus Apóstoles el Señor: Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra (6); es decir, el mundo entero; pues conquistan todo el mundo quienes se adueñan del corazón de todos los hombres. Esto lo consiguen fácilmente las personas de natural manso y comedido, las cuales se insinúan de tal modo en el corazón de aquellos con quienes conversan o tratan algún negocio, que los ganan insensiblemente y obtienen de ellos cuanto desean.
Así señorean los corazones y los inclinan a hacer cuanto de ellos solicitan, quienes nacieron con tan envidiable disposición o la han adquirido con ayuda de la gracia; y ése es el modo de hacerse dueños de los de más hasta manejarlos a su gusto.
¡Oh, cuántos provechos se siguen de comprender y practicar convenientemente esta lección de Jesucristo: Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón! (7)
Mas no es ése el único bien que procura la mansedumbre; el principal es que, merced a ella, se alcanzan fácilmente las más excelsas virtudes: por ella se sujetan las pasiones y se impide que se desmanden; por ella se logra mantener la unión entre los hermanos.
Nunca les habléis si no es con mansedumbre, y callaos cuando temáis hablarles de otro modo.
La caridad es benéfica (8). Esta es la tercera condición que a la caridad asigna san Pablo. Y por ella descubre también el Samaritano del Evangelio la bondad de su corazón. Porque hallando " cubierto de heridas, desamparado y casi muerto, a un pobre hombre, a quien los ladrones habían despojado de todo "; se conmovió tanto, que " tras de ungirle las llagas con vino y aceite, y de vendárselas, le montó en su caballo, y le condujo a un mesón, donde cuidó de él algún tiempo; cuando se vio obligado a alejarse, lo encomendó al mesonero para que lo atendiera con toda solicitud, le dio para ello dos denarios de plata y le prometió abonarle cuanto de más gastase con él ".
Admirad el extremado amor de este buen samaritano. Era extranjero para los judíos, que consideraban a los de su región como cismáticos, y se odiaban mutuamente Este, con todo, hizo por el desventurado viajero cuanto pudo, a pesar de que un sacerdote y un levita judíos no habían querido mirarle siquiera, y hasta manifestó mucho desinterés en su caridad; pues, con haber hecho tanto en favor de aquel hombre, aún dio dinero por él al amo del mesón, y le prometió abonar a su vuelta todo lo que por curarle gastara de más.
Tambien es ésta una de las condiciones exigidas por san Pablo a la caridad para considerarla auténtica: quiere el Santo que sea desinteresada (9). Ocurre, sin embargo, con frecuencia, aun en las comunidades, que se hacen favores a los hermanos por haber recibido de ellos algunos otros con antelación; o se les rehúsan ciertos servicios, o se hacen al menos a desgana, porque se advierte algo en ellos que molesta, o porque ha tenido uno que sufrir de su parte determinada incomodidad o disgusto.
¡Ah, cuán humana es esa caridad! ¡Cuán poco cristiana y qué poco merece llamarse benéfica!

EVANGELIO DEL DOMINGO: VETE Y HAZ TU OTRO TANTO


XII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Forma Extraordinaria del Rito Romano
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis. Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que  vosotros veis y no lo vieron, oír lo que vosotros oís y no lo oyeron. Levantóse en esto un doctor de la Ley y le dijo por tentarle: Maestro, ¿qué haré para poseer la vida eterna? y él le contestó:¿Qué es lo que se halla es­crito en la Ley? ¿Qué lees en ella? Respondió él: Amarás al Señor, tu Dios, con .todo tu corazón, y toda tu alma, con todas tus fuerzas; y todo tu entendimiento; y tu prójimo como a ti mismo. Bien has respondido, dijole Jesús: haz eso, y vivirás. Mas él, queriendo jus­tificarse, preguntó de nuevo: y ¿quién es mi prójimo? Entonces Jesús, tomando la palabra- dijo: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jeri­có y cayó en manos de unos ladrones, los cuales le despojaron y, después de herirle, se fueron, dejándole medio muerto. Llegó a pasar por el mismo camino un sacerdote; y, aunque le vio, pasó de largo. Asimismo, un levita, y llegando cerca de aquel lugar, le vio, y pasó también de largo. Mas llegó igualmente un viajero sama­ritano, y al verle, movióse a compasión. Y acercándose, le vendó las heridas, y echó en ellas aceite y vino; y montándole en su jumento, lo llevó a una venta y le cuidó. Y al día siguiente sacó dos denarios, y dióselos al posadero diciéndole: Cuídamelo, y cuanto gastares de más, te lo abonaré cuando vuelva. ¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Respondió el doctor: El que usó con él de misericordia. Dijole Jesús: Pues vete y haz tú otro tanto.
Lc 10, 23-37 
COMENTARIO AL EVANGELIO

domingo, 25 de agosto de 2019

La sordera espiritual. San Juan Bautista de la Salle


LA SORDERA ESPIRITUAL 
MEDITCIÓN PARA EL DOMINGO UNDECIMO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
Según el evangelio del día, Jesús curó a un hombre sordo y mudo (1). Éste representa para nos otros a tres clases de sordos que se hallan a veces en las comunidades.
La primera, son los sordos a las inspiraciones de Dios: ya les muevan a observar fielmente las Reglas, único medio capaz de conservar en si la gracia de su estado; ya los inviten a practicar ciertos ejercicios particulares que Dios exige de ellos.
La segunda clase de sordera es la de los sordos a la voz de sus superiores; y, como la obediencia es lo que atrae mayor número de gracias generales y particulares a la comunidad, y lo que mejor mantiene en ella la gracia de Dios; esta especie de sordera, resulta casi siempre incurable, si no se le aplica pronto remedio.
La tercera clase de sordos es la de aquellos que no pueden oír hablar de Dios ni gustar su palabra en la lectura de los libros sagrados o piadosos, por lo cual no acaban nunca de darse del todo a Dios; ya que, de ordinario, es la lectura de tales libros la que nos llena de su espíritu.
¡Cuanto le cuesta al Salvador curar tales sorderas! Y ello procede de que ya no halla en quienes las padecen la unción de la gracia. Es necesario que los aparte del bullicio - porque solo en el retiro se pondrán en condiciones de escuchar la voz de Dios -; que Jesús alce luego los ojos al cielo, arroje un suspiro, meta los dedos en las orejas del sordo y diga: Abríos.
¡Ah! ¡Cuán difícil y raro es curar un alma cuando su sordera es inveterada!
El hombre que Jesús curó era, a la vez, sordo y mudo. Como hay tres clases de sordos, hay también tres clases de mudos.
Los primeros son aquellos que no saben hablar a Dios, y la razón de ello es que falta correspondencia entre Dios y ellos: no se aprende a hablar a Dios sino escuchándole, porque saber hablar a Dios y conversar con Él nadie puede aprenderlo mas que de Dios, el cual tiene su idioma propio, que enseña a sus amigos y confidentes, a quienes dispensa el favor de conversar con Él a menudo.
La segunda clase de mudos es la de quienes no pueden hablar de Dios: son muchos los mudos de esta especie, los cuales, por pensar rara vez en Dios, apenas le conocen. Repletos de ideas mundanas y de pasatiempos del siglo no pueden, según san Pablo, percibir las cosas de Dios (2) y, por consiguiente, son tan incapaces de hablar de Él y de cuanto le concierne, como niños recién nacidos.
La tercera clase de mudos son los que no han recibido de Dios el don de lenguas, y no pueden hablar por Dios [en favor de Dios]. Tener el don de lenguas es saber hablar para atraer las almas a Dios, procurar su conversión y poder decir a cada una lo que le con viene; pues Dios no gana para Sí las almas utilizando idénticos medios; hay que saber decir a cada una lo que más le ayude para resolverse a ser totalmente de Dios.
Vosotros, como encargados de instruir a los niños, debéis ser hábiles en el arte de hablar a Dios, de hablar de Dios y de hablar por Dios. Mas, tened entendido que nunca conseguiréis hablar a vuestros discípulos de modo que los ganéis para Dios, sino en cuanto hayais aprendido a hablarle y a hablar de Él.
No basta conocer las diversas categorías de sordos y de mudos; hay que saber, además, qué remedios pueden curarlos. De ordinario, la sordera es causa de la mudez; por lo cual es más fácil curar a los mudos que a los sordos, pues tan pronto como el sordo es capaz de oír, fácilmente lo es de hablar.
Por esta razón, también el hombre de quien hace mención el evangelio recobró más fácilmente el uso de la lengua que el de los oídos. Para darle el habla Jesucristo no hizo otra cosa que ponerle en la boca saliva sobre la lengua, y enseguida ésta se le desató, y " habló muy distintamente ".
Mas, para curar la sordera, Jesucristo metió los de dos en las orejas del sordo, a fin de significar como es necesario que Jesús toque interiormente el alma para que oiga, comprenda y guste lo que Él le dice. Es menester que Jesús la lleve aparte, de suerte que el ruido del mundo no pueda impedirle escuchar y gustar sus palabras. Levanta luego los ojos al cielo y da un gran suspiro, para que entendamos cuánto lamenta Jesús delante de Dios la ceguera producida en el alma por la sordera espiritual. Hasta es necesario que haga un es fuerzo para decir en los oídos del sordo: Abríos; con el fin de que el alma abra bastantemente los suyos, para oír con facilidad las palabras de Jesucristo y ser dócil a ellas.
Cura al mundo poniéndole saliva en la lengua, a fin de significarle que de poco le valdría hablar, si no lo hiciere con sabiduría.
Tened, pues, siempre abiertos y atentos los oídos a la palabra de Dios, y aprended a hablar poco, y siempre con cordura.

EVANGELIO DEL DÍA: TODO LO HA HECHO BIEN

XI DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
FORMA EXTRAORDINARIA DEL RITO ROMANO
En aquel tiempo: Saliendo Jesús de tierras de Tiro, se fue por Sidón hacia el mar de Galilea, atravesando por mitad de la Decápolis. Y le trajeron un sordomudo, suplicándole pusiese la mano sobre él para curarle. Y apartándole del tropel de la gente, metió los dedos en sus oídos y con la saliva le tocó la lengua; y alzando los ojos al cielo, suspiró y díjole: ¡Éfeta!, que quiere decir abríos. Y al punto se le abrieron los oídos y se le soltó el impedimento de su lengua, y hablaba correctamente. Y les mandó que a nadie lo dijesen. Pero cuanto más se lo mandaba, tanto más lo divulgaban, y más crecía su pasmo; y decían: Todo lo ha hecho bien: ha hecho oír a los sordos, y hablar a los mudos.
Mc 7, 31-37
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lecturas de maitines  LOS DEDOS Y LA SALIVA DEL REDENTOR. San Gregorio 
EL PECADOR, UNICO SORDO. Santo Tomás de Villanueva
Benedicto XVI  EFFETÁ 
“TODO LO HA HECHO BIEN. HACE OÍR A LOS SORDOS Y HABLAR A LOS MUDOS.” Homilía