IGLESIA DEL SALVADOR DE TOLEDO (ESPAÑA)

Forma Extraordinaria del Rito Romano

Jueves 14 de noviembre. Santa misa a las 8:15. *** Por la tarde no habrá culto.

Viernes 15 y sábado 16. No habrá culto en la Iglesia.

Domingo, 17 de noviembre. XXIII domingo después de Pentecostés Santa misa cantada a las 10:00

NUEVO HORARIO PROVISIONAL. El horario de lunes a sábado, será el siguiente: 17:45 rezo del rosario, 18:00 Santa Misa y adoración del Santísimo hasta las 19:30. La misa dominical se mantiene a las 10:00h.

***MISA MENSUAL EN LUGO. 16 de noviembre. Santa misa a las 17:30 horas, en la capilla del Carmen, sita en la calle del Carmen, en Lugo, justo a la salida de la puerta homónima de la muralla de la ciudad.

Para cualquier cuestión relacionada con la celebración de la Santa Misa por el modo extraordinario en Lugo, así como para recibir avisos, si lo desea, puede ponerse en contacto con nosotros mediante la siguiente dirección de correo electrónico: misatridentinalugo@hotmail.com

lunes, 18 de noviembre de 2019

EL TRANSFORMARÁ NUESTRA CONDICIÓN HUMILDE. Homilía



Homilía del XXIII domingo después de Pentecostés 
17 de octubre de 2019
El Evangelio de hoy nos sitúa ante dos realidades de la vida, de la que ningún hombre puede librarse. San Francisco, en el cántico de las criaturas, hablando de la muerte, dice “ningún viviente escapa de su persecución”.
Antes o después, la enfermedad y luego la muerte llamarán a nuestra casa, sin más remedio que el de abrirle la puerta.
Son experiencias desagradables, provocan en nosotros sufrimiento físico y moral, sentimos miedo ante la enfermedad y ante la muerte.
Y parece contradictorio, porque es enfermedad y muerte son experiencias universales y cotidianas de la vida de los hombres.
La enfermedad nos rodea: hospitales llenos, listas de espera, gente enferma de manera crónica postrada en sus camas. ¡Cuántas veces la enfermedad se convierte en crisol de la amistad! Es en esos momentos, donde comprobamos las personas que nos aman de verdad y que están a nuestro lado. ¡Cuántas experiencias negativas de desentendimiento, olvido, abandono ante la prueba por parte de la falsa amistad!
La muerte está presente también en nuestro día. Miremos tan solo los periódicos y veremos la cantidad de esquelas. En los tanatorios y en los cementerios no hay paro.
Y a pesar de ello, sentimos un fuerte rechazo a pensar  en la enfermedad y en la muerte. Con ansia buscamos remedio a nuestros males, pronto nos alarmamos… queremos, necesitamos tener  en “seguro” nuestra vida.
¿Qué es lo que refleja esta actitud tan nuestra? ¿Qué nos manifiesta?
En definitiva: buscamos la inmortalidad, el no dejar de ser y existir, el mantener nuestra vida… Es el anhelo del don que Dios había concedido a nuestros padres en el paraíso cuando dotó a nuestro cuerpo por su gracia del don de la inmortalidad. EL hombre destinado a la vida eterna con un alma inmortal y con un cuerpo que no habría de corromperse en el sepulcro.
Pero hemos perdido este don por el pecado original. El apóstol san Pablo exclamará: Por el pecado entró la muerte en el mundo. Y con la muerte, podemos decir la enfermedad, porque la muerte no deja de ser el último episodio de la enfermedad que se convierte en anuncio de ella.
¿Dónde podemos encontrar remedio?
El jefe de la sinagoga y la mujer hemorroísa nos dan una lección sublime. Ante la muerte de su hija y ante una enfermedad crónica que no encontraba remedio en la medicina, acuden a Jesús.
Como Simón Pedro en otra ocasión, el hombre principal y la hemorroísa bien pudieron decir: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».
Se acercan a Jesús confiados de que en él puede encontrar remedio ante tan grandes males. Lo hacen con profunda fe, con adoración, con humildad.
“Señor, mi hija acaba de morir. Ven tu e impón tu mano sobre ella y vivirá.”
La hemorroísa desde lo profundo de su ser sale al encuentro de Cristo esperando que con solo tocar la orla  de su manto quedará sana.
Y se realizan ambos milagros. La mujer queda sana, la niña resucita.
Jesucristo resplandece como el Salvador de todos los hombres. Él es el único que puede salvarnos, liberarnos del mal y de la muerte.
Pero es necesario corregir una imagen errónea e infantil que podemos tener de Dios. Y es pensar que es nuestra seguridad social eterna que está para librarnos de todos los problemas de la vida.
Jesucristo nos ha salvado, pero no ha querido “librarnos” de nuestra condición débil y frágil de criaturas. Es cierto, obró muchos milagros y lo sigue haciendo en la actualidad por la intercesión de los santos, pero el don de la salvación sobrepasa nuestra pequeñez.
No son las enfermedades del cuerpo las peores, sino las del alma, y la peor de todas es el pecado… enfermedades en las que Jesús opera su sanación a través de la gracia que se nos da en el sacramento de la reconciliación. Somos curados y se nos devuelve la salud del alma.
No es la muerte del cuerpo la que debemos temer, sino la muerte de cuerpo y alma, la muerte eterna. Jesucristo nos libra de la muerte porque nos ofrece la vida eterna y la resurrección. De qué forma tan bella lo expresa el rey David en el salmo: Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
El mismo apóstol san Pablo en la epístola manifiesta esta fe y esta esperanza: “Nosotros, por el contrario, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo.”
En estos días en los que se acerca el fin del año litúrgico con el acompañamiento del ocaso de la naturaleza en el otoño, la Iglesia nos insiste en considerar nuevamente las realidades últimas de nuestra existencia. No lo hace para caigamos en un pesimismo existencial o en la desesperación, sino para que renovemos nuestra fe. Cada domingo lo hacemos solemnemente cantando el credo: “Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.”
Mis queridos hermanos: sí, renovemos nuestra fe en Jesucristo único Salvador de los hombres. Renovemos nuestra fe  en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna.
Pero no dejemos pasar por alto otra lección importante del Evangelio de hoy: Jesús se levantó.  Ante esa situación dolorosa  de la muerte y de la enfermedad, Jesús no se queda indiferente, cómodamente en sus quehaceres. Jesús se compadece, Jesús atiende la petición de ese padre, Jesús se pone en camino hacia la casa del velatorio. Y en el camino, realiza otro milagro al acercarse aquella mujer.
Como cristianos, discípulos del Señor, no podemos mantenernos indiferentes e indolentes ante el sufrimiento que nos rodea. Como Nuestro Señor, también nosotros estamos obligados a levantarnos y acudir ante las situaciones de enfermedad y de muerte. ¡Cuántas veces nos habremos hecho los ignorantes o despistados y nos hemos sido capaces de acercarnos al dolor! ¿No podrá Cristo el día del juicio reprocharnos “estuve enfermo y no vinisteis a verme”?
Las obras de misericordia no están para que las enumeremos, sino para que las practiquemos. Visitar a los enfermos, dar consuelo al que sufre, rezar por los muertos…
 Acercarnos, llamar, preocuparnos, estar, perder (–sí- perder) el tiempo al lado de un enfermo y de una persona que sufre son nuestro mejor testimonio como cristianos. A veces, parece que cuando hablamos de testimonio de la fe, es imprescindible un micrófono y las cámaras… y nos olvidamos del precioso testimonio del bien realizado en lo oculto, en el silencio y la discreción.
La desgracia de la muerte y de la enfermedad se convirtió en ocasión de gracia abundante y de  verdadero milagro para los personajes del evangelio de hoy.  También las muchas desgracias que hay a nuestro alrededor pueden convertirse –si imitamos a Jesús, si lo acercamos a esas personas- en ocasión de gracia, de salvación, y ¿por qué no?, de milagro. Sí, Dios puede hacer milagros  y los hace.
En el evangelio de hoy, la desgracia se convirtió en gracia, pero también conocemos muchos casos de personas que ante estas situaciones dolorosas de la vida, han perdido la fe, se han alejado de Dios. ¿Qué hacer por ellas?
En primer lugar, orar, rezar, acompañar nuestra oración con algún sacrificio. Es la tarea más grande y la ayuda más eficaz para todas las cosas. La oración es el medio que Dios nos ha dejado para que también nosotros podamos hacer milagros.  
En segundo lugar, seguir acompañando, no abandonar a esas personas. La amistad es también un medio por el que Dios puede hacerse presente y actuar.
En tercer lugar, presentar la imagen verdadera de Dios: del Dios que siendo omnipotente, por amor nuestro y por nuestra salvación asumió nuestra débil naturaleza y nuestra condición de criaturas. La imagen de Dios que como nosotros sintió la fatiga y el cansancio. La imagen de Dios que sufrió la injusticia y la maldad de los hombres. La imagen del Dios Crucificado… “Muchos, nos decía el apóstol, andan como enemigos de la Cruz de Cristo.”  
Es a la luz de Jesucristo como podemos entrever el misterio de nuestra propia existencia. Es a luz del misterio de la Pasión, muerte y resurrección del Señor como podemos comprender el misterio de nuestra propia muerte y nuestro destino a la resurrección.
“Si morimos con Cristo, viviremos con él”.
“Si sufrimos con Cristo, reinaremos con él.”

domingo, 17 de noviembre de 2019

RENUNCIAR AL ESPÍRITU DEL MUNDO. San Juan Bautista de la Salle


RENUNCIAR AL ESPÍRITU DEL MUNDO
MEDITACIÓN PARA EL DOMINGO VIGÉSIMO TERCERO DESPUÉS DE PENTECOSTÉ 
San Juan Bautista de la Salle   
Llegado Jesús a la casa de un príncipe de la sinagoga con el fin de resucitar a la hija de éste, mandó salir fuera al tropel de gente que allí se encontraba, y dijo: La niña no está muerta sino dormida (1).
Puede afirmarse también de muchos que han dejado el mundo para vivir en comunidad, que no están muertos, sino sólo dormidos; porque, si efectivamente dejaron el siglo, no han renunciado de todo punto a él, como lo manifiestan a las claras con su conducta.
En primer lugar, no están muertos sus sentidos. Es muy cierto que algunos se muestran recatados delante de sus superiores y, otros, en presencia de sus hermanos cuando están en casa o durante los ejercicios de piedad; pero, si salen a la calle, han de enterarse de cuanto en ella ocurre.
Los hay que parecen más comedidos; pero ¿sucede algo fuera de lo corriente?, luego levantan la vista para mirarlo; o bien, cuando van de viaje, se apartan del camino, si a mano viene, para satisfacer la curiosidad y ver lo interesante que puedan hallar a su paso, como iglesias y edificios hermosos, o amenos jardines.
Otros parecen muy mortificados en la mesa: toman indistintamente cuanto se les coloca delante, sin quejar se de nada; pero, si han de ponerse en camino, se las arreglan para comer lo mejor que encuentran y, si caen enfermos, cuesta lo suyo complacerlos.
Los sentidos de todos éstos no han muerto; están sólo adormecidos; por eso se despiertan con suma facilidad. No imitéis a los israelitas quienes, salidos de Egipto por señalado favor de Dios, se olvidaron pronto de los males que allí pasaron, y echaban de menos las cebollas que comían en aquel país.
Sus pasiones tampoco están muertas. Algunos soportan cuanto les dicen en las calles para humillarlos; pero se disgustan si en casa los reprenden o avisan sus faltas, o se los humilla en alguna ocasión. Otros se niegan a tolerar cosa alguna, tanto dentro como fuera de casa: refunfuñan, vuelven la cabeza o hacen otros gestos que dan a conocer su disgusto, y aun amenazan.
Otros soportan lo que les venga de sus superiores, y cumplen puntual y exteriormente las penitencias que les imponen; pero, si alguno de sus hermanos les dice una palabra áspera o les molesta lo más mínimo, inmediatamente los veréis incomodados. En el ejercicio de su empleo, algunas veces se enojan con los escolares y los golpean con la mano, lo que acarrea muchas veces malas consecuencias difíciles de remediar.
Las pasiones de todas esas personas no han muerto; duermen tan sólo por algún tiempo, después del cual se despiertan, en unos con mucho vigor; en otros, con alguna mayor moderación; en éstos, más a menudo; en aquéllos, más rara vez.
Vosotros, con todo, no debisteis dejar el mundo sino para dar muerte completa a las pasiones; sin lo cual nunca tendréis verdadera virtud. Aplicaos a ello decididamente y con todo el empeño de que sois capaces.
Muchos, aunque han dejado el mundo, no han muerto absolutamente a cuanto hay en él; ya que, para estar de todo en todo muertos al siglo, nada en él ha de parecer bello ni bueno. A pesar de eso, los hay que se hallan muy a gusto en compañía de los mundanos, y cuando no pueden andar entre ellos, suplen su falta, o platicando del mundo, o solicitando gustosos noticias de él, u ocupándose de sus cosas.
Otros se complacen en usar o, al menos, ambicionan tener ciertos vestidos, ropas, telas, sombreros, medias, zapatos, etc. que se parecen a los llevados por los seglares y, si no pueden hacerse con ellos, adoptan un no sé qué en la manera de vestir o en sus modales, que deja transparentar los aires mundanos.
Otros leen con frecuencia libros buenos; mas leerían de buena gana los que tratasen, no de cosas prohibidas, pero si curiosas. Hasta podría acontecer que, no obstante tenerlo prohibido los superiores, hubiese algunos tan descomedidos que leyeran periódicos, usaran tabaco y aun se lo proporcionaran por medios ilícitos.
Nada de esto conviene de ningún modo a personas que se consagraron a Dios renunciando a todo comercio con el mundo y eligieron un estado que les compromete a llevar vida observante en el seno de su comunidad.
Y aun cuando estas personas se apliquen a los ejercicios piadosos que en la comunidad se practican, y al desempeño de sus funciones; puede afirmarse con razón, dado su modo de vivir, que no han muerto al mundo, sino que sólo están como adormilados en relación con la vida mundana.
Eso no obstante, sólo para morir y para renunciar a cuanto los mundanos practican, se abraza la vida de comunidad. Pensadlo bien y, en lo sucesivo, no viváis en ella sino con esa persuasión y con ese propósito (*).

EVANGELIO DEL DOMINGO: ANIMO HIJA TU FE TE HA CURADO

XXIII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Forma Extraordinaria del Rito Romano
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, se acercó un personaje que se postró ante y le dijo; Mi hija acaba de morir. Pero ven, pon tu mano sobre ella, y vivirá. Jesús se levantó y lo acompañaba con sus discípulos. Entonces una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto. Porque se decía: Con sólo tocar su manto, me curaré. Jesús se volvió, y al verla le dijo: ¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado. Y desde aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa del personaje y cuando vio a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo; ¡Fuera! La niña no está muerta, sino dormida. Y se reían de Él. Cuando echaron a la gente, entró Él, tomó la niña de la mano, y ella se levantó. Y se divulgó la noticia por toda aquella región.
Mt 9, 18-26
COMENTARIO AL EVANGELIO
 EL OCTAVO MILAGRO. San Jerónimo

domingo, 10 de noviembre de 2019

NO OBRAR POR RESPETO HUMANO. San Juan Bautista de la Salle


 NO OBRAR POR RESPETO HUMANO 
MEDITACIÓN PARA EL DOMINGO VIGÉSIMO SEGUNDO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS 
San Juan Bautista de la Salle
 Los fariseos y los herodianos, según refiere el evangelio de hoy, al acercarse a Jesucristo le alabaron porque enseñaba el camino de Dios con verdad, sin dársele nada de nadie, y sin consideración a la calidad de las personas (1).
Los que viven en comunidad son quienes han de seguir particularmente este proceder del Señor. Pues, habiendo renunciado al mundo, deben obrar siempre con la mira puesta en Dios, sin hacer caso de cuanto puedan decir los demás.
En primer término, deben imitar esa conducta de Jesucristo los superiores. Como son los únicos con quienes se relacionan tanto los de dentro como los de fuera, son también los más expuestos a la censura ajena en su modo de proceder.
Los que, dentro de casa, viven ansiosos de libertad juzgan, a veces, que el superior es harto puntual y exigente. Si es cuerdo y grave, dirán que es serio en demasía; si tiene exterior afable y atrayente, que es expansivo y acomodaticio en exceso; si reprende a menudo y no tolera nada, que es demasiado brusco; si disimula ciertas faltas en algunos, que permite la total relajación: si procede bien a juicio de unos, obrará mal según otros; de forma que ninguna de sus acciones se verá libre de reproche.
Lo único que el superior debe hacer a este respecto es no inquietarse por lo que digan de él; aunque ha de velar sobre si para no hacer cosa alguna que pueda dar mal ejemplo o esté en oposición a los deberes de su ministerio, y para no tener afición particular con ninguno, y poder presentarse como modelo de todos por la pie dad y la observancia.
Los inferiores deben, a su vez, obrar igual mente sin respetos humanos, por ser ésa una de las cosas que en mayor grado vician las acciones de los hombres. Dios los ha creado exclusivamente para El; no quiere, por tanto, que los mueva a obrar la consideración de criatura alguna. De modo que toda acción ejecutada por un fin creado, la considera Dios como injuriosa para Él, y de ninguna forma tendrá en cuenta el bien aparente que de ella pudiera seguirse
Si ocurriere, pues, que alguno de los hermanos faltase a la regularidad, no le imitéis por respeto humano: la ley y la voluntad de Dios han de servirnos de regla; no el ejemplo de los otros ni la estimación natural y humana que ellos nos merezcan. Si obráis con el fin de agradar a los hombres, no recibiréis otra recompensa por ello sino la bien ruin, efímera y pasajera que podrán daros los hombres.
Sobre todo, nada obréis ni omitáis por complacer a los mundanos, pues de ellos habla el Apóstol cuando afirma: Si pretendiera agradar a los hombres, no seria siervo de Jesucristo (2). A su vez, dice Jesucristo: Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, por eso el mundo os aborrece (3).
Puesto que es necesario, según Jesucristo y según san Pablo, despreocuparse de agradar a los mundanos, y aun de ser aborrecido por ellos; nada debéis hacer con la intención de complacerles; máxime que los procederes e intenciones de la gente del mundo son diametral mente opuestos a los que vosotros debéis adoptar. Cuando, pues, os asalten pensamientos de respeto humano, traed a la memoria estas palabras de san Pablo: Si pretendiera agradar a los hombres, no sería yo siervo de Jesucristo.
Ni basta abstenerse de obrar con el fin de agradar a los hombres. Es necesario que " se proceda en todo con la única mira de tener contento a Dios y serle grato " (4), como dice el Apóstol - " haciendo todas las cosas de manera digna de Dios " (5); y que, con este fin, " caminéis por los senderos de Dios, de modo que, según enseña en otra parte san Pablo, los sigáis de continuo y progreséis en ellos de día en día "; porque, añade, la voluntad de Dios es que seáis santos y puros (6); esto es, que vuestras obras sean sin mancha, por no proponeros otro fin en ellas que a Dios.
Este será el auténtico y más seguro medio de andar por las veredas de Dios y de adelantar en ellas de continuo. Porque, así como en la otra vida ha de ser Dios el fin y término de todas vuestras acciones, así debe serlo ya también en la presente. Sobre todo en vuestro estado, que exige de vuestra parte mucha perfección; pues, como dice el Apóstol: No os llamó Dios a la impureza; o sea, a realizar obras indignas de vuestro estado, a causa de estar contaminadas y corrompidas por el mal fin que les imprimáis al hacerlas; sino que os llamó Dios para ser santos " (7).
Quien no se esmera, pues, por obrar con la mira puesta en Dios, no menosprecia a algún hombre, sino a Dios mismo.

EVANGELIO DEL DOMINGO: DAD PUES AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS.

XXII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Forma Extraordinaria del Rito Romano
En aquel tiempo: Fueron los fariseos y se confabularon para sorprender a Jesús en lo que hablase. Para lo cual le enviaron sus discípulos juntamente con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres veraz y que ense­ñas el camino de Dios según, la verdad, y sin consideración a quienquiera que sea, porque no miras a la calidad de las personas. Dinos, pues, ¿qué te parece, es lícito pagar tributo al César, o no? Mas Jesús, conociendo su perversidad, repuso: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos te ofrecieron un denario. Les dijo entonces Jesús: ¿De quién es esta figura e inscripción? Y al responderle ellos: Del César, dijo entonces Jesús: Dad pues al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Mc 22,15-21

COMENTARIOS AL EVANGELIO

 Homilía de maitines DEBEMOS DAR A DIOS TAMBIÉN LOS QUE LE PERTENECE. San Hilario

NADA MÁS JUSTO NI MÁS RAZONABLE. San Juan María Vianney
EL HOMBRE DESCONOCE SU VALOR. Santo Tomás de Villanueva
DAD AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS. Homilía

jueves, 7 de noviembre de 2019

EL OCTAVO MILAGRO. San Jerónimo

 
HOMILÍA DEL OFICIO DE MAITINES SOBRE EL EVANGELIO DEL DOMINGO
XXIII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Forma Extraordinaria del Rito Romano

Homilía de San Jerónimo, Presbítero.
El octavo milagro consiste en que el jefe de la Sinagoga, que no quiere ser excluido del sacramento de la verdadera circuncisión, pide a Jesús la resurrección de su hija. Más he aquí que una mujer afligida de una pérdida de sangre, se desliza por entre el cortejo, y es curada en el octavo lugar, de suerte que la hija del jefe de la Sinagoga, perdiendo su turno, es postergada al noveno, de conformidad con las palabras del salmista: “La Etiopía alzará la primera sus manos hacia Dios”, y con las del Apóstol: “Cuando haya entrado la plenitud de los gentiles, entonces se salvará todo Israel”.
Cuando he aquí que una mujer, “que hacia ya doce años que padecía un flujo de sangre, vino por detrás y tocó el ruedo de sus vestidos”. Leemos en el Evangelio de San Lucas que la hija del jefe de la Sinagoga tenia doce años. Advierte, pues, que esta mujer, osea el pueblo gentil, comienza a sentirse enferma al mismo tiempo en que el pueblo judío nacía la fe. Y ciertamente, el vicio no distingue si no se en comparación con las virtudes.
Pero no fue en el interior de una casa, ni en la ciudad ( en semejantes casos la ley excluía de las poblaciones) en donde esta la mujer, afligida de una perdida de sangre, se acercó al Salvador, sino en el camino por donde él iba; de suerte que al ir a visitar a una persona curaba otra. Por lo que también dicen los Apóstoles: “A vosotros debía ser primeramente anunciada la Palabra de Dios; más ya que os juzgáis indignos de la salvación, nos pasamos a los gentiles”.

DEBEMOS DAR A DIOS TAMBIÉN LOS QUE LE PERTENECE. San Hilario

 
HOMILÍA DEL OFICIO DE MAITINES SOBRE EL EVANGELIO DEL DOMINGO
XXII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Forma Extraordinaria del Rito Romano
Homilía de San Hilario, Obispo.
Con frecuencia se agitan los fariseos, y en vano escudriñan el pasado buscando pretexto para acusar a Jesús. Era imposible, en efecto, hallar ninguna falta ni en sus actos ni en sus palabras; pero su maldad les impulsaba a proseguir sus investigaciones para descubrir algo de qué acusarle. Y como procuraba apartar a todos de los vicios de este mundo y de las supersticiones de las religiones inventadas por los hombres, predicando el reino celestial, le proponen, para tentarle, que resuelva esta cuestión: “¿Es conveniente pagar el tributo al César?”, sondeándole por si acaso atacaba a los poderes de la tierra.
Pero conociendo él los más secretos pensamientos (porque nada hay oculto en el hombre que Dios no vea), manda que le muestren un denario, y pregunta de quién era aquella imagen y aquella inscripción. Los fariseos le respondieron que era del César; y él les contesta: “lo que devuelvan al César lo que es del César”, pero que den también a Dios lo que es de Dios. ¡Oh respuesta verdaderamente admirable y solución perfecta, la de esta sentencia celestial! El Señor concilia tan perfectamente el desprecio de siglo con el honor debido al César, que, obstante obliga a dar al César lo que le pertenece, desliga las almas consagradas a Dios de todos los cuidados y obligaciones del mundo.
Porque si nada nos queda que pertenezca al César, ya no tenemos obligación de darle lo que es suyo. Pero si nos mezclamos en sus cosas, si recurrimos a su poder y nos sometemos a él como mercenarios nos ligamos a la administración de un patrimonio ajeno: no podemos entonces lamentar como una injusticia la obligación de dar al César lo que es del César. Debemos, empero, dar también a Dios lo que le pertenece: nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestra voluntad. Porque todas estas cosas de él nos vienen, y por él las conservamos y mejoramos. Es justo, pues, que todas ellas vuelvan por entero a Aquel a quien reconocen  por autor de su ser y de su perfección.

martes, 5 de noviembre de 2019

CALENDARIO LITÚRGICO DE LA FORMA EXTRAORDINARIA DEL RITO ROMANO 2019-2020

CALENDARIO LITÚRGICO DE LA FORMA EXTRAORDINARIA DEL RITO ROMANO 2019-2020
(193 páginas). Encuadernación en espiral con tapas duras e impresión en color. Este calendario contiene el ordo diario de la misa y del oficio divino de todo el año litúrgico, con introducciones a los tiempos litúrgicos y sus normas, a las fiestas más importantes y a algunas peculiaridades de la forma extraordinaria del Rito Romano. Además contiene esquemas introductorios sobre las nociones fundamentales del Año Litúrgico y sus normas, así como esquemas explicativos del oficio. En Apéndice se recogen las lecciones contratas de la fiesta de los santos aprobadas para el Calendario Nacional del Reino de España (1963). El presente calendario trae las citas de las lecturas diarias de la Santa Misa con una frase resumen, con los títulos de las misas correspondientes a cada celebración.

PRECIO: 12,50 euros + gastos de envío.

PEDIDOS:
Iglesia del Salvador de Toledo
Email: misagregorianatoledo@gmail.com
Tlfno. (00 34) 622 53 45 16
Dirección postal: Pasaje de las Hazas, 2 Bº N. 45002 TOLEDO (ESPAÑA)

LA VIRGEN MARÍA RECIBIÓ TODAS LAS GRACIAS. San Jerónimo


María recibió todas las Gracias
San Jerónimo
Las cualidades y la grandeza de la bienaventurada Virgen María nos las declaró el Angel cuando dijo: "Salve, llena de gracia; el Señor está contigo, tú eres bendita entre todas las mujeres". En efecto, debía poseer la plenitud de la gracia aquella que dio la gloria a los cielos y el Señor a la tierra, aquella que hizo brillar la paz, que dio la fe a las naciones, que puso término a los vicios, que dio una regla de vida y una disciplina a las costumbres. María fue llena de gracia porque la recibió plenamente, mientras que a los demás se les concede parcialmente. Ella fue en verdad llena de gracia, porque si bien la gracia estaba en los santos Padre y en los Profetas, no la poseían plenamente; pero María recibió todas las gracias que se hallan en Cristo, aunque de una manera diferente. Por eso el Angel le dijo: "Tú eres bendita entre todas las mujeres", es decir bendita más que todas las mujeres. Y por eso todas las maldiciones traídas por Eva fueron borradas por la bendición de María. A Ella se dirigen las alabanzas de Salomón en el Cantar de los Cantares: "Ven, paloma mía, inmaculada mía; ya ha pasado el invierno y han cesado las lluvias", y añade "Ven del Líbano y serás coronada."
Con razón es invitada a bajar del Líbano, ya que Líbano significa blancura refulgente. María refulgía en méritos y en virtudes innumerables, y era más blanca que la nieve más pura. Colmada con los dones del Espíritu Santo, ella muestra en todo la simplicidad de la paloma, porque la pureza y la simplicidad están en todo cuanto obra; todo en ella es verdad y gracia, todo es misericordia y justicia, justicia celestial; ella es inmaculada, en ella no hay mancha alguna. Concibió a un hombre en su seno, como lo atestigua Jeremías, sin perder su virginidad. "El Señor -dice este Profeta- ha creado un nuevo prodigio sobre la tierra: una mujer rodeará a un hombre." Novedad verdaderamente inaudita, novedad de las virtudes, la mas excelente de todas las novedades: Dios, a quien el mundo no puede contener, y al cual nadie puede ver sin morir, entra en el seno de una Virgen, como en un albergue santo, sin ser prisionero de este cuerpo y, no obstante, en él está contenido entero y de él sale, como dice Ezequiel, estando cerradas las puertas.
Por eso dice el Cantar de los Cantares refiriéndolo a María: "Jardín cerrado, fuente sellada, manatial de delicias del paraíso." Verdadero jardín de delicias que reúne toda especie de flores y todos los perfumes de las virtudes; tan bien cerrado que ni la violencia ni la astucia pueden forzar su entrada; fuente sellada con el sello de toda la Trinidad.

domingo, 3 de noviembre de 2019

SOPORTAR CON PACIENCIA LOS DEFECTOS DEL PRÓJIMO. San Juan Bautista de la Salle



De la obligación que tienen los que viven en comunidad de soportar las faltas de sus hermanos. 
MEDITACIÓN PARA EL DOMINGO VIGÉSIMO PRIMERO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS 
San Juan Bautista de la Salle
Cierto señor perdonó una deuda de diez mil talentos a uno de sus criados, que le rogó esperase un poco para pagársela; mas luego, quedó muy sorprendido al saber que este mismo servidor había encarcelado a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, a pesar de haberle éste pedido con insistencia que le diese tan sólo tiempo para pagarle. ¡Criado inicuo!, le dijo entonces su señor, ¿no era justo que tuvieses compasión de tu compañero como yo la tuve de ti? (1).
Dios os ha perdonado una deuda muy crecida, y espera en justa retribución que perdonéis vosotros aquello poquito de que, tal vez, los hermanos pudieran seros deudores.
No es posible que vivan juntas varias personas sin que hayan de soportarse entre sí. El uno será de temperamento atrabiliario, el otro de humor tornadizo; éste tendrá modales poco delicados; aquél, genio difícil, y el de más allá, excesiva condescendencia; quién manifestará con excesiva facilidad lo que piensa; aquél se mostrará en extremo reservado y cauteloso; éste será fácil a la critica
Raro será que tales diferencias de condición, e índoles tan distintas no acarreen dificultades entre los hermanos; de modo que, si la gracia no acude con su ayuda, resulta casi imposible que se avengan unos con otros, y que la caridad no sufra gravísimo detrimento.
El medio de mantener la unión en el seno de la comunidad, no obstante esa diversidad de humores, es soportar caritativamente a cada uno sus faltas, y estar dispuesto a excusar a los otros como queremos que ellos nos disculpen. A eso necesariamente se obligan los que se deciden a vivir en comunidad.
Recapacitad bien sobre ello en el día de hoy, y en todo el resto de vuestra vida.
La caridad que se nos exige supone en nosotros paciencia a toda prueba. Todos tienen sus defectos, que los acompañan por doquier. Sólo, pues, disimulándoselos mutuamente pueden subsistir la paz y la unión en las sociedades mejor concertadas. Por eso dice san Pablo que " la caridad lo soporta todo " (2); y para convencernos de que no se engaña al decirlo ni lo afirma a la ligera, lo reitera por dos veces.
Dirá alguno: yo aguantaría gustoso esto de mi hermano, mas aquello no puedo resolverme a sufrirlo; o acaso: mi natural es demasiado opuesto al suyo. Por el hecho de no querer tolerar esto o aquello en vuestro hermano, renunciáis a amarle y vivir en unión con él; ya que la caridad todo lo soporta.
¡Pensadlo bien! Si pretendéis haber venido a la comunidad sin veros en la precisión de tolerar las faltas de vuestros hermanos, vivís engañados y os engañasteis al ingresar en ella. Tomad medidas a este respecto para lo venidero y durante toda vuestra vida.
Lo que os debe mover también a sobrellevar las faltas de los hermanos, es la obligación que de hacerlo os ha impuesto Dios. Cuando os llamó el Señor a la vida de comunidad cargó sobre vosotros un fardo difícil de llevar. ¿Qué fardo es ése? Son las faltas de los demás. Por pesada que resulte, san Pablo quiere que llevemos esa carga, si queremos cumplir la ley de Jesucristo (3).
¿Habéis oído bien esa lección? ¿La comprendéis bien? ¡Pues a practicarla!
Dios mismo os da ejemplo: Él os ha aguantado tantas cosas en lo pasado, y todavía os tolera muchas otras todos los días. Le habéis ofendido con muchas culpas, a pesar de serle deudores de tantas gracias; con todo, si acudís a Él, " os lo remitirá todo; aunque sólo a condición, dice, de que perdonéis también a vuestros hermanos ", y que no guardéis resentimiento alguno por todas las molestias que os hayan inferido o puedan causaros en adelante (4). Esto os asegura en el evangelio del presente día, y constituye tanto su preludio como su conclusión.
Si, pues, no queréis tolerar nada en los hermanos, Dios no tolerará nada en vosotros, y os castigará de manera terrible por las ofensas cometidas contra Él. Si por el contrario lo sobrelleváis todo en vuestros hermanos, Dios os perdonará cuanto le hayáis ofendido. Os medirá, según dice en otra parte, con la misma medida con que vosotros midiereis a los demás (5).