lunes, 27 de abril de 2020

ORACIÓN PARA CONSERVAR LA VERDADERA FE. Oración de San Pedro Canisio




ORACIÓN PARA CONSERVAR LA VERDADERA FE.
Oración de San Pedro Canisio
Oración escrita por San Pedro Canisio (1521-1597), de la Compañía de Jesús, apóstol de la Contrarreforma en Alemania, llamado “martillo de los herejes”. Fue beatificado por el Papa Pío IX en 1868 y canonizado por Pío XI en 1925, que lo nombró doctor de la Iglesia.
Para mi salvación, confieso en voz alta todo lo que los católicos, con razón han creído siempre en sus corazones. Aborrezco a Lutero, odio a Calvino, maldigo a todos los herejes; no quiero tener nada en común con ellos, porque no hablan ni escuchan rectamente, y no poseen la única regla de la verdadera fe propuesta por la Iglesia, una, santa, católica, apostólica y romana. Me uno en comunión con Ella, abrazo la fe, sigo la religión y apruebo la doctrina de los que escuchan y siguen a Cristo, no sólo cuanto se enseña en las Escrituras, sino incluso en los Concilios Ecuménicos y lo que se define por boca de la Cátedra de Pedro, testificándola con la autoridad de los Padres. También me declaro hijo de la Iglesia Romana, a la que los impíos y blasfemos persiguen, desprecian y abominan como si fuera anticristiana; no me alejo en ningún punto de su autoridad, ni me niego a dar la vida y derramar mi sangre en su defensa. Creo que la salvación por los méritos de Cristo sólo podemos alcanzarla en unidad de esta misma Iglesia.
Con San Jerónimo, declaro permanecer unido con todos los que están unidos a la Cátedra de Pedro, con San Ambrosio, prometo seguir en todo a la Iglesia Romana a la que reconozco respetuosamente, con San Cipriano, como la raíz y madre de la Iglesia universal . Me baso en esta fe en la doctrina que aprendí de niño, que de joven confirmé como me la enseñaron los adultos y que, hasta ahora, con mis débiles fuerzas defendí. Para hacer esta profesión no me mueve otra razón que la gloria y el honor de Dios, la conciencia de la verdad, la autoridad canónica de la Santa Escritura, el consenso de los Padres de la Iglesia, el testimonio de fe que debo dar a mis hermanos y, finalmente, la salvación eterna en el Cielo y la felicidad prometida a los verdaderos creyentes.
Si se da el caso de que debido a mi fe, soy despreciado, maltratado y perseguido, lo consideraré como una extraordinaria gracia y favor, porque significará que Vos, mi Dios, me concedéis la oportunidad de sufrir por la justicia y no queréis que me sean benévolos aquellos que, como enemigos declarados de la Iglesia y de la verdad católica, no pueden ser vuestros amigos. Sin embargo, perdonadlos, Señor, porque instigados por el diablo, y cegados por el brillo de una doctrina falsa, no saben o no quieren saber lo que hacen.
Concededme esta gracia, tanto en la vida y como en la muerte, y que siempre sea testigo fidedigno de la sinceridad y fidelidad que os debo a Vos, a la Iglesia y a la verdad, que no me aleje de vuestro santo amor y que permanezca en comunión con aquellos que temen y guardan vuestros preceptos en la Santa Iglesia Romana, a cuyo juicio me someto yo y todas mis obras, con ánimo pronto y respetuoso. Que todos los santos, triunfantes en el cielo o militantes en la tierra, unidos indisolublemente en el vínculo de la paz con la Iglesia Católica exaltando vuestra inmensa bondad, rueguen por mí. A Vos, que sois el principio y fin de todos mis bienes, sea todo honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 26 de abril de 2020

POR LA PUERTA ENTRARÁN LOS JUSTOS. San Jerónimo


Comentario al Evangelio
II Domingo de Pascua
San Jerónimo
Ésta es la puerta del Señor;  por ella entrarán los justos (Sal 117,20). Por esta puerta entro Pedro; por ella entro Pablo; por ella entraron todos los apóstoles; a diario entran por ella los santos. Precisamente por esta puerta hizo su entrada el primer ladrón, en compañía del Señor. Tened confianza y esperanza en algo similar. El salmo no dice “por ella entrarán los apóstoles y los mártires”, sino por ella entrarán los justos. Por tanto, todo aquel que obra con justicia y merezca ser contado entre los justos entrará por dicha puerta, ya que el Señor no exige la sangre de quienes creen en Él, sino la fe por la que esa sangre es derramada. Si tuviéramos una fe capaz de hacernos verter la sangre, esa efusión de sangre se contabilizaría a mayores en nuestro haber.

EVANGELIO DEL DOMINGO: YO SOY EL BUEN PASTOR


II DOMINGO DE PASCUA, DOMINGO DEL BUEN PASTOR
Forma Extraordinaria del Rito Romano

Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa;  y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. 

Jn 10, 11-16
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Homilía de maitines  AQUEL QUE ES BUENO DICE: “YO SOY EL BUEN PASTOR”. San Gregorio

LOS PASTORES Y EL PASTOR. Santo Tomás de Villanueva

DOMINGO DEL BUEN PASTOR CON SANTA TERESA DE JESÚS: OIR LOS SILBOS AMOROSOS
 San Juan Bautista de la Salle SOBRE EL MODO DE PROCEDER LOS MAESTROS CON SUS ESCOLARES

Benedicto XVI   BAJO LA GUÍA DEL PASTOR BUENO, CRISTO, DEBEMOS ESTAR SEGUROS
CHARLA JESUS EL BUEN PASTOR 
 SOBRE EL MODO DE PROCEDER LOS MAESTROS CON SUS ESCOLARES. san Juan Bautista de la Salle

viernes, 24 de abril de 2020

LETANÍAS MAYORES, LETANÍAS MENORES, ROGATIVAS...


LAS LETANÍAS MAYORES tienen origen en la fiesta pagana que se celebraba en Roma el 25 de abril llamada fiesta de las Robigalia, y ésta consistía principalmente en una procesión, que, saliendo de la ciudad por la puerta Flaminia, se encaminaba al puente Milvio, para terminar en un Templo suburbano, sito a la Vía Claudia, y allí se inmolaba una oveja en honor de un dios o de una diosa Robigo. Así que la Letanía Mayor no consistió sino en sustituir con una ceremonia cristiana la anterior pagana. El recorrido de la procesión lo conocecemos por una convocatoria de San Gregorio Magno, siendo casi el mismo que el de la procesión pagana. Todos los fieles cristianos de Roma iban a la Iglesia de San Lorenzo in Lucina, la más próxima a la puerta Flaminia. La procesión salía por esa misma puerta, hacía estación en San Valentín, atravesaba por el puente Milvio, y de allí torcía a la izquierda en dirección al Vaticano. Después de deternerse junto a una cruz, entraba en la Basílica de San Pedro, en donde se celebraban los Divinos Misterios. Estas letanías se rezaban en toda la Iglesia para ahuyentar los malos temporales y atraer las bendiciones de Dios sobre las mieses. "Dígnate, Señor, conservar y dar los frutos de la tierra; te rogamos, Señor que nos oigas" canta la Iglesia al recorrer procesionalmente los campos.
Las letanías mayores tienen ocurrencia perpetua con la fiesta de San Marcos Evangelista (II clase). En aquellos lugares donde se realice la procesión de las letanías, a continuación debe celebrarse la misa de las Rogativas EXAUDIVIT, con la conmemoración de la fiesta de san Marcos, evangelista. En misa que sigue a la procesión, se omite las oraciones al pie del altar hasta el Oramus te incluido. En el oficio, aquellos que están obligados al rezo del breviario y no participan en la Procesión deben recitarlas privadamente después del "Benedicamus Domino" de laudes.
Si el 25 de abril es domingo de Pascua o el Lunes de Pascua, se transfieren al martes, con la misa de la octava; lo mismo si la coincidiese con una fiesta de I clase.

LAS LETANÍAS MENORES O ROGATIVAS son las preces con las que Iglesia suplica a Dios el perdón de sus pecados y las bendiciones para las cosechas. Se llaman letanías menores para diferenciarlas de las letanías mayores (25 de abril) que son de carácter obligatorio.

La celebración litúrgica de las letanías consiste en una solemne procesión con el canto de las letanías de los santos y las preces que le siguen como aparecen en el Ritual Romano, la bendición de los campos y la Santa Misa estacional.
Su origen histórico se remonta al siglo V en la región del Delfinado en Francia. A causa de grandes calamidades públicas, el Obispo San Mamerto estableció una solemne procesión de penitencia en los tres días anteriores a la fiesta de la Ascensión. El Concilio de Orleáns (511) los prescribió para toda Francia. Posteriormente, el Papa León III en el año 816 la estableció para Roma y pronto se extendió a todo el Rito Latino.
El significado espiritual de estas rogativas hemos de entenderlo en la clave del Evangelio que el Uso Extraordinario se prescribe para el domingo anterior a la Ascensión (Jn 16, 23 ss): “En aquel tiempo, dijo Jesús: Os aseguro que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre él os lo concederá en mi Nombre. Hasta ahora, no habéis pedido nada en mi Nombre. Pedid y recibiréis, y tendréis una alegría que será perfecta.” Movida y animada por estas palabras del Divino Salvador, la Iglesia instituyó estos tres días de petición para que al ascender el Señor a los cielos lleve consigo nuestras súplicas ante el trono del Padre, Dios Misericordioso y Providente.
Si se celebran las rogativas, la misa que le siga ha de ser la propia  de las Rogativas EXAUDIVIT, con las conmemoraciones que procedan.  En misa que sigue a la procesión, se omite las oraciones al pie del altar hasta el Oramus te incluido.
El Ordinario puede establecer otros días según la diversidad o costumbre o necesidad de las regiones.
El canto o recitación de las letanías puede hacerse en lengua vernácula, y los clérigos que participan en ellas no están obligados a repetirlas en lengua latina.
Tanto en las letanías mayores y menores, si no es posible la realización de la procesión, el Ordinario puede ordenar súplicas especiales que incluyan el rezo o canto de las letanías dentro de la Iglesia

domingo, 19 de abril de 2020

LA GRACIA ENTERA DEL SÁBADO HA TROCADO EN EL DOMINGO. San Jerónimo


Comentario al Evangelio
Primer Domingo de Pascua
San Jerónimo
No tendría suficiente con un día si quisiera daros cuenta de todo lo relativo al misterio de este día. Me limitaré a decir que la gracia entera del sábado y aquella antigua festividad del pueblo judío fueron trocados por la solemnidad de esta fecha. Ellos no realizaban durante el sábado tarea servil alguna; para nosotros en cambio, esto sucede el domingo, es decir, el día de la resurrección, pues en ese día no servimos a los vicios ni al pecado. “Pues siervo es quien comete pecado” (Jn 8, 34). Ellos no salen de sus casas; nosotros, por nuestra parte, al estar en la Iglesia, no salimos de la casa de Dios. Ellos durante el sábado no encienden fuego alguno; nosotros, en cambio encendemos el fuego del Espíritu Santo, purificándonos de toda mácula y pecado; acerca de este fuego dice el Señor: “Fuego he venido a traer a la tierra. Y ¿qué quiero, sino que arda?  (Lc 12,49) El Señor desea que este fuego arda en nosotros y que, según, el apóstol Pablo lo avivemos con el Espíritu Santo para que el amor hacia Dios no se enfríe en nuestro corazón. Durante el sábado, ellos no salen a caminar, porque han perdido a Aquel que dijo: Yo soy el camino; nosotros en cambio, decimos: Bienaventurados quienes se mantienen sin tacha en su camino, quienes caminan ajustándose a la ley de Dios. Ellos coronaron de espinas al Señor; nosotros por el contrario como si fuéramos piedras preciosas, servimos de corona a nuestro Señor. Una diadema adorna la cabeza del emperador de este mundo, y precisamente para que adornemos la cabeza de nuestro Rey se nos ha colocado en ella. Ellos no aceptaron a Cristo, pero sí al Anticristo; nosotros, por nuestra parte, recibimos al humilde Hijo de Dios para poseerlo triunfante después.

ESTE ES EL DÍA. Homilía



ESTE ES EL DÍA. Homilía
Domingo de pascua 2020
“HAEC DIES, quam fecit Dóminus: exsultémus et laetémur in ea.”
“ESTE ES el día que ha hecho el Señor; alegrémonos y gocémonos en él.”  
Estas palabras están tomadas del salmo 117. Desde hoy y durante toda la octava serán repetidas insistentemente en la liturgia: en la santa misa y en el rezo del oficio.
Hoy es el día del Señor, el día que ha hecho, el día en que actúo: porque Jesucristo que fue crucificado ha resucitado. Es el anuncio del ángel a las mujeres: ¿Buscáis a Jesús Nazareno, que fue crucificado; pues bien, resucitó; no está aquí; ved el lugar en donde le pusieron. Cristo ha resucitado es el anuncio permanente de la Iglesia a lo largo de la historia, y es el anuncio que hoy nosotros recibimos.
Es un anuncio que ha de resonar para nuestra sociedad de hoy, para el hombre de hoy, que se ha dejado cautivar y convencer por aquellos que afirmaron la muerte de Dios. No, no es verdad. Dios no ha muerto, Él es el Resucitado, y vive para siempre.
Por eso, es la gran noticia, en este gran día, para todos aquellos que han perdido el sentido de su vida, para los que han perdido la fe, para aquellos que se encuentran esclavizados de su pecado, para todos aquellos que viven afligidos por la enfermedad y por esta pandemia, por la miseria y los problemas… Dios está vivo. Dios ha resucitado.
Este es el día en que actúo el Señor, alegrémonos y regocijémonos.
Queridos hermanos: quisiera invitaros a reflexionar sobre el simbolismo que encierran los días en que celebramos el misterio de nuestra redención.  
Si recordamos el primer texto de la creación, con el que se abre la sagrada Escritura, Dios crea todo cuanto existe en el periodo de una semana. Como sabéis, el pueblo judío como todo el oriente, siguen el ritmo de la luna para establecer los días, las semanas según las 4 fases lunares, y los meses…  En seis días Dios crea todo cuanto existe: lo escuchamos ayer en la primera lección de la Vigilia Pascual.
Al sexto día, el viernes, Dios después de crear a los animales y bestias del campo, decide a primera hora de la tarde, crear al hombre a su imagen y semejanza. Es un momento solemne, Dios se recoge y reflexiona: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Este hombre que Dios ha puesto como guardián de su creación y a quien ha creado para establecer un trato de amistad con él. “Lo hiciste poco inferior a los ángeles” –canta el salmo. Sí, Dios ha desbordado en amor en la creación del hombre y la mujer. Son la cumbre de la Creación visible, los ha dotado de la dignidad de ser su imagen y semejanza.
Jesucristo nuestro Señor es crucificado por nosotros y nuestra salvación en viernes, el día sexto de la semana, en el que Dios había creado al hombre y a la mujer. No es una simple casualidad. Dios lo quiso así. El  hombre y  la mujer pecaron, desobedecieron  al mando del Creador. En consecuencia,  perdieron inmediatamente, para sí y para todos sus descendientes, la gracia de la santidad y de la justicia originales, hallándose su naturaleza herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al poder de la muerte, e inclinada al pecado. Dios  no quiso abandonar su Creación ni a su criatura, el ser humano, al poder de la muerte y prometió la victoria. Aquellas palabras misteriosas que dieron comienzo a la esperanza de la Salvación: un descendiente de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente.
En Jesucristo, estas palabras se cumplen. En su muerte de cruz, en viernes, el día sexto, Cristo aplasta con la fuerza de su cruz la cabeza de Satanás. Son hermosas esas representaciones en las que a los pies de la cruz con la cabeza aplastada está la serpiente. Por la cruz, Jesucristo pagó nuestro pecado, saldó nuestra deuda, venció a Satanás. Por eso, la cruz se convierte estandarte de victoria, de triunfo, en gloria de la humanidad, porque es la victoria de nuestro Rey. Es el solemne canto del prefacio de la cruz: Padre santo, es digno y de justicia darte gloria porque “pusisteis la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que de donde salió la muerte, de allí renaciese la vida; y el que en un árbol venció, también en un árbol fuese vencido por Cristo nuestro Señor.”
El viejo Adán, creado en el día sexto, y herido por el pecado bajo el arbol –y ese viejo adán es la humanidad sin Dios- ha sido restaurado en el día sexto en el Calvario en Jesucristo crucificado en el árbol de la cruz: es el nuevo hombre, el nuevo Adán, según el cual nosotros somos revivificados por la gracia a la vida nueva de los hijos de Dios.
No ha sido casualidad, encierra todo un simbolismo, todo un misterio.
Continuemos con todo esto tan grande.
El séptimo día, Dios descansó de todo cuanto había hecho. Dios vio que todo lo que había creado era bueno y descansó. Es el sábado, día solemne y grande para el pueblo judío, en el que absteniéndose de todo trabajo, rendían en su descanso culto al Dios vivo. Sábado que comienza en el anochecer de nuestro viernes, en la mente judía.
Nuestro Señor Jesucristo será acusado por no respetar la ley de Moisés, y particularmente el sábado. Jesús recordará, frecuentemente  que el descanso del sábado no se quebranta por el servicio de Dios o al prójimo y es lo que él realiza con sus curaciones.  Y él, que no ha venido a abolir la ley, sino que ha venido a darle plenitud  y cumplimiento, descansará en su sepultura todo el sábado. Sábado santo en el que la iglesia –porque se han llevado a su Divino Esposo- ayuna y llora a su Señor; y acompañando a la Virgen María, Madre Dolorosa, en su soledad aguarda con esperanza de la resurrección. El atardecer que dará pasó al primer día de la semana.
Primer día de la semana, en el que solo la noche, como cantamos ayer en la Angélica, conoció y fue testigo de la resurrección de Nuestro Señor. El primer día de la creación cuando Dios creó la luz y  disipó las tinieblas y tiene su cumplimiento Cristo resucitado, Luz del mundo, que ilumina a todos los hombres, simbolizado en el bellísimo cirio pascual.
Primer día de la creación en la que todo comienza, donde la creación es restaurada, donde el hombre es redimido; porque Cristo resucitado ha recibido todo poder sobre el cielo y la tierra y él es Aquel que hace nuevas todas las cosas.
Primer día de la semana, que tendrá nombre propio: Domingo –dies Domini-  día del Señor.
Día del Señor del que habla la sagrada Escritura, sobre todo en los profetas, como día en que Dios se manifestará portentosamente,  de forma notoria. Este el día del Señor, porque el Resucitado es la manifestación de este Dios.
Día del Señor del que habla la sagrada Escritura, terrible y amargo, como día  en el que Dios se vengará de su enemigos. Sí, hoy el Dios de la venganza, se ha vengado… ¿De quién? De Satanás, del pecado y de la muerte.
Día del Señor del que habla la Escritura como día de juicio en que Dios descubrirá las intenciones del corazón de los hombres y podrá de manifiesto sus obras. La resurrección de Cristo es el día del Señor porque ya nadie puede ser indiferente ante él. Los que crean y se bauticen se salvarán, los que se resistan a creer, serán condenados. Incluso los modernos de hoy que dicen que pasan de todo y les da igual, ya han tomado parte rechazando la salvación del resucitado.
Domingo, día del Señor, primer día de la semana pero al mismo tiempo octavo día, siguiente al séptimo. Porque este primer día, se convierte en octavo porque ya la historia camina hacia su realización plena cuando Cristo vuelve glorioso al final de los tiempos. La historia no es sin sentido, un conjunto de acontecimientos aislados. La historia que comienza en el principio en Dios, tendrá también su conclusión en Dios. Él es –así lo hemos marcado en el cirio- el alfa y la omega, el principio y el fin. Dios teje nuestra historia y lleva hacia sí, hasta que todas las cosas sean recapituladas en Cristo y seamos uno en Dios.
Es la Pascua, Cristo ha resucitado. Acojamos la enseñanza del Apóstol en la epístola de la misa y vivamos vida nueva: “Purificaos de la antigua levadura, para convertiros en nueva masa como ázimos que sois. Pues ha inmolado Cristo, nuestro cordero pascual. Por tanto regalémonos no con vieja levadura, ni con levadura de malicia y de perversidad, sino con ázimos de sinceridad y de verdad.
Es la Pascua, Cristo ha resucitado. Y una vez más oigamos el mensaje del Ángel: No temáis; buscáis a Jesús Nazareno, que fue crucificado; pues bien, resucitó.