domingo, 5 de abril de 2020

Cristo es la única voz: a él alaban, a él aclaman al unísono. San Jerónimo



COMENTARIO AL EVANGELIO
San Jerónimo
DOMINGO DE RAMOS
Este pollino, que estaba atado, ¿cómo es que, según el Evangelio de Lucas, tenía muchos dueños? ¿Por qué se les quita a muchos dueños y es llevado a un solo señor? ¿Por qué estaba delante de la puerta y por qué en la calle?
Delante de la puerta significa que estaba preparado para la fe, mas no podía entrar sin los apóstoles; y en la calle significa que estaba entre la gentilidad y el judaísmo, no sabiendo a quién seguir. ¿Por qué en el Evangelio de Marcos se dice que era un pollino, al que nadie había montado nunca? Realmente nadie lo había montado nunca. Todos lo habían querido domar y montar, pero nadie había podido. No habían podido montarlo, evidentemente, porque no había sido domado. ¡Cosa sorprendente: había sido atado, sin haber podido ser domado! De muy diverso modo actúa Jesús: lo desata y así precisamente, lo doma.
Este mismo pollino es llevado desde Betania a Betfagé. Jesús estaba en Betania, si bien los evangelistas hablan de modo diverso. Unos dicen que estaba en Betania y otros que estaba en Betfagé. Betania es el lugar, la aldea, donde hoy está Lázaro, la aldea de Marta y María, la aldea de Lázaro. Tened en cuenta también todo esto. Aquel pollino indómito es llevado al lugar donde Lázaro había sido resucitado, a Betania, que significa «casa de obediencia». Era indomable y es llevado a la obediencia, a fin de que en él pueda montar Jesús.
Hemos hablado de Betania, hablemos ahora de Betfagé. Betfagé significa «casa de la quijada». Fijaos en el proceso de la fe. Primero creemos y llegamos a Betania, es decir, a la casa de la obediencia; y después, a la casa de las quijadas, casa de la confesión, o casa sacerdotal. Pues los sacerdotes, en efecto, solían recibir la quijada. Tal vez alguien pregunte: ¿por qué los sacerdotes reciben precisamente la siagona, esto es, la quijada? El sacerdote no recibe otra cosa más que la siagona, el pecho y el hombro. Daos cuenta de lo que reciben los sacerdotes: la quijada, el pecho, y el hombro. Fijaos bien en ello. Lo propio del oficio sacerdotal es poder enseñar a los pueblos. De ahí que diga el profeta: «Pregunta a los sacerdotes sobre la ley de Dios.» Es propio de los sacerdotes, por tanto, responder a las preguntas sobre la ley. Por ello, reciben la palabra, que está en la quijada; reciben también el pecho, esto es, el conocimiento de las Escrituras, pues de nada aprovecha tener las palabras, si no se posee este conocimiento. Y una vez has recibido la siagona y el pecho, entonces recibes también los brazos, es decir, las obras, pues de nada te aprovecha que tengas las palabras y que tengas el conocimiento, si no tienes las obras. ¿Por qué he dicho todo esto? A propósito de este pollino de asna, llevado a la «casa de las quijadas», que es lo que significa Betfagé. No es llevado primero a los brazos, ni es llevado tampoco al pecho, sino a la quijada, a la palabra, para que de ella reciba enseñanza.
Así, pues, sobre este pollino monta el Salvador: monta porque estaba cansado. Desde Samaria de Galilea había venido a Jericó, y desde Jericó hasta Betania; había subido incluso un monte y no se había cansado, y sin embargo, en dos millas se cansa y pide el asno. De Jerusalén iba a Galilea, caminando siempre a pie hasta Samaria, y no pudo caminar dos millas. Mas todo lo que hizo Jesús es un sacramento, todo es nuestra salvación. Si el apóstol nos dice: «Ya comáis, ya bebáis, ya hagáis lo que sea, hacedlo todo en el nombre del Señor», ¿cuánto más será para nosotros un signo que el Salvador camine, o se siente, o coma, o duerma? Tenemos, pues, que monta una asna. Pero otro evangelista dice que monta un pollino, y otro que tanto una asna como un pollino.
Voy a decir una cosa ridícula: ¿podía poner un pie en cada uno de los asnos? En todo esto hablo contra los judíos. Si, pues, vino en una asna, no vino en un pollino. Sin embargo, las dos cosas ocurrieron en realidad, aunque precedidas por un signo. Montó Jesús en un pollino de asna indomable, al que no habían podido poner frenos, ni nadie había montado nunca, en el pueblo gentil, y montó en una asna en aquellos creyentes, que procedían de la sinagoga. Fíjate en lo que dice: Montó en una asna sujeta al yugo, que tenía el cuello y la cerviz molidos por la ley.
Y se le acercó, dice el Evangelio, la multitud. Mientras estaba en el monte, no podía acercársele la multitud: comienza a descender y la turba se le acerca. Y la turba que lo precedía y lo seguía —dice— clamaba: Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en el nombre del Señor, hosanna en las alturas. Tanto los que precedían, como los que le seguían, gritan a una sola voz . ¿Quiénes son los que le preceden? Los patriarcas y profetas. ¿Quiénes los que le siguen? Los apóstoles y el pueblo de los gentiles. Mas, tanto en los que le preceden como en los que le siguen Cristo es la única voz: a él alaban, a él aclaman al unísono. ¿Y qué dicen? «Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en el nombre del Señor, hosanna en las alturas». Dicen tres cosas: «Hosanna al Hijo de David», a los incipientes; «bendito el que viene en el nombre del Señor», a los perfectos; «hosanna en las alturas», a los que reinan.