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miércoles, 2 de agosto de 2023

LA SANTA MISA DARÁ VALOR Y EFICACIA A TODAS LAS OTRAS DEVOCIONES. Beato Salvi Huix Miralpeix, obispo y mártir

 


LA SANTA MISA DARÁ VALOR Y EFICACIA A TODAS LAS OTRAS DEVOCIONES.

Beato Salvi Huix Miralpeix, obispo y mártir

“Almas aprovechadas, o que tenéis hecho propósito de aprovechar de veras en vuestro perfeccionamiento espiritual, ante todas las devociones que tengáis, que no os falte la de una fe vivísima, una confianza ilimitada, una devoción tierna, un cariño apasionado por la Santa Misa. Oídla todos los días..., no seáis perezosos o negligentes en esta práctica sin igual. La Santa misa dará valor y eficacia a todas las otras devociones y sacrificios que practiquéis; ella dará bendición efectiva a todos vuestros actos y empresas y solidez a todas vuestras virtudes. No temáis pedir mucho, mucho, en la Santa Misa; porque es de valor inagotable. Repitamos en ella nuestras peticiones, siempre con nuevo fervor y confianza, porque el infinito mérito de ella nos es aplicado de una manera finita, en una medida que Dios solamente conoce, pero que es seguramente proporcionada a nuestra interior disposición, según sea la cantidad de devoción que tengamos, dice santo Tomás de Aquino. Pidamos mucho; a nadie olvidemos en el Altar: la Iglesia, nuestra patria espiritual; nuestra tierra nativa, patria del siglo; la diócesis, la parroquia, la familia, los amigos, nuestros difuntos; los pobres, los enfermos, todas las miserias del mundo. Muy en particular los pecadores, los indiferentes, los tibios, los vacilantes, dejémoslos encomendados y como bañados en la Sangre Salvadora del Cordero inmaculado. Tengamos un recuerdo especial para las almas que luchan por la virtud, por adquirirla, por no perderla, para acertar a perfeccionarla. En la Santa Misa nos da Jesucristo ejemplo perfecto de todas las virtudes, pero principalmente de aquellas, tan sublimes y divinas, que más resplandecieron en su Pasión y Muerte; de aquella humildad sin ejemplo, por la que hasta la humilde forma humana ha querido ocultar: In Cruce latebat sola Deitas; at hic late simul et Humanitas; de aquella paciencia y entregamiento total de sí mismo, de la obediencia inaudita a los que en el altar disponen de El, de resignación y conformidad perfectísimas y de amor infinito a Dios y a los hombres. Pidamos para nosotros estas virtudes cuando estamos celebrando u oyendo Misa, que es aquella hora tan propicia que no hay otra que más lo sea”.

De la carta pastoral, escrita siendo Obispo de Ibiza, sobre la Santa Misa. (Boletín Oficial del Obispado. Ibiza, 1929, págs. 295-296)

Impresiona la muerte de este presbítero del Oratorio de Sant Felipe Neri, administrador apostólico de Ibiza (1928) y obispo de Lleida (1935). En aquel julio trágico de 1936, huyendo de casa de unos conocidos, para no comprometerlos, fue reconocido por la calle. Encarcelado en el castillo de la capital del Segrià, el 5 de agosto, es cargado en un camión. Supuesto destino: Barcelona. Sin embargo, se detienen a las puertas del cementerio de Lleida. El obispo, consciente, pronuncia su famoso «Ya estamos en Sants». Pide ser ejecutado el último de sus 20 compañeros de cárcel para poder darles la absolución.

 

 

 

lunes, 6 de febrero de 2023

LA VISITA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO. San José Manyanet i Vives

 

 

LA VISITA AL SANTISIMO SACRAMENTO. San José Manyanet i Vives
 
Todos los cristianos sabemos y confesamos que Dios para salvarnos se dignó por un exceso de misericordia descender de los cielos, hacerse hombre pasible y sujetarse a todo género de penas, aceptando además gustosísimo dolorosísima muerte, y que para perpetuar su memoria entre nosotros y aprovechásemos mejor los frutos de esta redención, quiso quedar oculto bajo las sagradas especies de pan y vino en el sacramento de la Eucaristía, escondiendo así no solo su divinidad, para que el temor no nos alejara de él, sino también su misma humanidad, para mayor mérito de fe y confianza, con cuya fineza nos aseguró de la inmensidad de amor con que nos favorece y quiere, de tal modo que en su infinita sabiduría y poder no halló ni era posible hallar cosa mejor y de más valía.
Pues, amado cristiano, redimido con la preciosa sangre de Jesús y que te honras de ser hijo de la Sagrada Familia, si amor con amor se paga, ¿qué vergüenza no sería la tuya si en vez de ser agradecido a tanto amor y dignación, vivieses olvidado de tanto beneficio y alejado de la presencia real de aquel de quien todo lo recibes así en el orden de naturaleza como en el de gracia? ¡Ah, carísimo hermano mío!, si bien te examinas, quizá hallarás haber vivido hasta aquí bastante distraído en esta parte. Y si no, dime, ¿cuáles y cuántas son las pruebas de amor y agradecimiento?, ¿cuántas las adoraciones, alabanzas y acciones de gracias que por ello le rindes? Mas si por dicha tuya tuvieses ya la tan laudable y provechosa costumbre de visitar cada día a Jesús Sacramentado al objeto dicho, yo te ruego, por amor de este mismo Jesús y por el bien eterno que te deseo, no omitas sin causa muy justificada este obsequio cotidiano a tu Dios y Señor, que abrasado de amor para  contigo y para con todos los hombres está allí escondido, humillado, dispuesto a recibirte a todas horas, de noche y de día, a fin de derramar todas las sus gracias espirituales y temporales. Pero si por desgracia, carísimo que esto lees, fueses uno de aquellos que has vivido algunos o muchos años de su vida distraídos sin acordarse mucho de tributar a su eterno Amador este tan justo como debido obsequio, te conjuro, por el deseo de tu propia salud y salvación, emprendas esta santa provechosísima práctica y como un deber sagrado de visitarle a menudo (si no puedes en la iglesia, sea a lo menos desde tu casa) y, una vez postrado a su presencia, adórale, bendícele, alábale y ríndele acciones de gracias, permaneciendo así en su presencia cuanto te sea posible y en cuanto te lo permitan tus obligaciones. Suplícale por todas tus necesidades así de alma como de cuerpo; desagráviale de todos los olvidos, de las injurias, desprecios, irreverencias, sacrilegios y demás afrentas que recibe este tu Dios en el santísimo Sacramento no sólo de los incrédulos y herejes, sino también de tantos malos cristianos que no solo viven olvidados y pasan una vida tan distraída de las cosas del cielo, sino que algunas veces se acercan a recibirle o se presentan a su templo y presencia, le afligen más con sus distracciones voluntarias e inmodestias y vanidosos trajes, que no le honran y consuelan.
Al objeto, pues, de estimularte más y más a que continúes visitando todos los días a tu enamorado Jesús, si es que ya tienes la santa costumbre de obsequiarle por algún rato a Jesús Sacramentado, o bien para que te des a esta tan útil como provechosa práctica, te ofrezco para guía y ayuda este librito, por fortuna ya tan conocido, escrito de intento por uno de los santos más enamorados de este divino Sacramento, San Alfonso María de Ligorio, y como es lo más natural y conforme hasta a la buena educación que al visitar y obsequiar al hijo no se olvide a la Madre y al que es de verdad su Padre adoptivo y verdadero Esposo de la Madre: por eso a las Visitas a María que también escribió el citado Santo, hemos añadido también en esta edición una visita diaria al citado para cada día del mes a Santo José, ya que tan valiosa es la intercesión de este Santo para con Jesús al que tanto honró y obedeció durante su vida. Sólo te diré, amado lector, que si el ser devoto de María es, según común sentir de los Santos Padres, señal inequívoca de predestinación, serlo asimismo de veras de San José es prenda segura de que el alma aprovecha en la virtud, como lo asegura entre otros la seráfica Santa Teresa, que encarece a todos a que se lo prueben para si quieren experimentar la verdad de sus palabras.
Mucho más te diría, caro lector, pero creo te bastará lo indicado para aficionarte a ser muy devoto de la Sagrada Familia, y por consiguiente a visitarla todos los días; si no puedes en la iglesia delante del Santísimo Sacramento donde quiso el bondadoso Jesús quedarse en todo tiempo real y verdaderamente presente por tu amor, hazlo a lo menos desde tu casa u otro lugar decente, mirando hacia el punto donde reside corporalmente tu amado; y como Jesús mientras vivió sobre la tierra no se separó de María y José y les fue tan sumiso e hizo siempre su voluntad, también ahora no se separan de su compañía y despacha gustoso todas sus peticiones, por donde verás lo mucho que te importa acercarte a este amante Jesús por medio de María y José. Ni te contentes, amado querido devoto de la Familia, con practicar tú estas visitas, sino que debes procurar que otros hagan lo mismo y estimular a todos a la devoción e imitación de sus soberanas virtudes.
Ojalá, lector carísimo, que lo dicho te encienda en amor a Jesús Sacramentado y en ardientes deseos de honrar cuanto pudieres a María y a José que, si así lo haces, yo te aseguro paz y gozo acá en la tierra y eterna felicidad en el cielo. Ruega por mí como yo ruego y rogaré por ti.
 

jueves, 17 de junio de 2021

EL CULTO EUCARÍSTICO. (14) San Pedro Julián Eymard

 


§ V

DEL CULTO EUCARÍSTICO

 

CAPÍTULO SEGUNDO

Del servicio y culto eucarísticos

 

I

El servicio de nuestro Señor en el santísimo Sacramento debe ser litúrgico en su espíritu y en su forma.

No hay servicio que no tenga una ley que determine sus deberes, una regla que prescriba las cosas más menudas y el orden necesario. Así, por ejemplo, el ceremonial de la corte de un rey obliga de un modo absoluto a todos sus súbditos y servidores.

Dios mismo, después de haber promulgado en el Sinaí su gran ley para todos los hombres, quiso también determinar la práctica de su culto; reguló hasta los deberes más sencillos e impuso el cumplimiento de las reglas al sacerdocio y al pueblo, bajo severísimas penas. La razón de todo ello está en que todo es grande y divino en el servicio de Dios.

Y como Dios ha decretado el ceremonial de su culto, no quiere más obsequios que los que prescribe, ni hechos de otra manera que como los prescribe. El hombre no tiene otra cosa que añadir sino el homenaje de su amor respetuoso y de su leal obediencia. Jesucristo no nos dio leyes ceremoniales para su culto: se contentó con darnos la adorable Eucaristía como fin y objeto de nuestra religión, y el precepto del amor para regular nuestros homenajes interiores.

A los apóstoles y a la Iglesia romana confió el encargo de fijar el orden de su culto exterior y público.

Es, por tanto, soberanamente augusta y auténtica la santa liturgia romana. Nos viene de Pedro, jefe de los apóstoles y piedra fundamental de la fe y de toda la religión. Cada papa la ha transmitido con respeto a los siglos futuros, añadiendo, según las necesidades de la fe, de la piedad y de la gratitud, con la plenitud de su autoridad apostólica, nuevas fórmulas, oficios, oraciones y ritos sagrados.

Es santa la liturgia romana por el honor que rinde a Dios, por las virtudes que pone en ejercicio, por las gracias que de ella manan. Es católica por ser una en su ley, en su autoridad y en su culto. Esta uniformidad de rito causa identidad de vida en la Iglesia; por ella se ve en el mundo entero una misma fiesta y una misma oración.

Cuando oro con la liturgia, oro con toda la Iglesia de Dios. La santa liturgia romana es, pues, la regla universal e inflexible, del culto eucarístico. Hay que guardarla con religiosa piedad, estudiar sus reglas y meditar su espíritu, ya que en la ciencia y acertada práctica de su deber consiste la perfección de un servidor.

Esta ley litúrgica es el único culto legítimo y agradable a la majestad de Dios, la única expresión pura y perfecta de la fe y de la piedad de su Iglesia.

Todo lo que sea contrario a este culto se debe, por tanto, condenar y cercenar. Todo lo que sea extraño debe considerarse como cosa sin valor, como quiera que no tiene la gracia de la Iglesia y su sanción. Sólo lo que sea conforme a la letra y al espíritu o a la piedad del culto católico merece ser estimado y practicado. Siguiendo esta regla evitarán los adoradores el error en la fe práctica, la ilusión y la superstición, que tan fácilmente se deslizan en la devoción dejada a sí misma.

La ciencia más propia para alimentar la fe y la piedad de los adoradores es indudablemente la ciencia litúrgica que mira al espíritu de las ceremonias, las cuales honran los misterios de Jesucristo, sus gracias y sus virtudes. El cristiano que así los honra con el culto sagrado continúa las virtudes y el amor de los que fueron sus primeros adoradores, en los días mortales del Salvador. El culto es toda la religión en acto.

II

Propiedad inherente a la naturaleza del culto eucarístico es ser siempre festivo. La sagrada Eucaristía es la alegría incesante de la tierra. Mas este culto debe ser regio cuando el santísimo Sacramento está expuesto, porque entonces es como una fiesta del Corpus que se renueva; el divino rey se presenta en su trono de gracia, en todo el esplendor de su amor y rodeado de los piadosos obsequios de sus vasallos.

La santa Iglesia ha regulado la naturaleza y la cantidad de las luces que deben arder ante el santísimo. Quiere que todas las velas del altar de la exposición sean de cera pura y blanca, símbolo de la pureza de un alma y fruto de la abeja virgen. Es como esencia de todas las flores olorosas con que el Creador ha hermoseado la naturaleza, flores que a su vez son imagen perfecta de las virtudes, hermosísimas flores del amor divino.

Doce velas deben arder siempre delante del Santísimo solemnemente expuesto. Doce es el número apostólico. Estas luces arden y se consumen ante el trono del cordero. Así debe lucir, arder y consumirse la vida de un adorador, que es otro Juan Bautista de quien dijo Jesús que era luz ardiente y brillante. Y el humilde precursor no tenía más que un deseo, el encerrado en estas palabras: Es preciso que Jesús crezca y reine y que yo mengüe y desaparezca ante el sol divino.

La Iglesia ha escogido el color blanco como propio del culto del santísimo Sacramento. Los ornamentos de los ministros sagrados en las fiestas eucarísticas, los lienzos del altar, las cortinas del sagrario, el dosel que cubre el trono de la exposición, todo es blanco como el Dios de luz y pureza para cuya honra sirven.

Los manteles del altar deben ser de lino o de cáñamo, por respeto al santo sacrificio, y cuando menos uno de ellos debe pender hasta el suelo. Son como el sudario sagrado de la tumba del Salvador.

Es regla que en la exposición solemne de las Cuarenta Horas las reliquias, cuadros y estatuas que no sean de ángeles adoradores desaparezcan del altar y del santuario. Porque delante de Jesucristo presente todo culto secundario debe suspenderse. Los ojos del adorador, como también su corazón, sólo en la sagrada Hostia deben fijarse.

La Iglesia prescribe el mayor respeto delante del santísimo Sacramento, sobre todo cuando está expuesto, pues entonces el silencio debe ser aún más absoluto y más respetuosa la compostura.

Quisiera que no se sentara ante el santísimo expuesto, y aunque tolera esto no debe hacerse sin verdadera necesidad.

Durante la exposición lo que la santa liturgia exige no es genuflexión sencilla, sino genuflexión doble o de ambas rodillas, a semejanza de los veinticuatro ancianos delante del cordero celestial.

Por manera que en los actos del culto todo debe ordenarse a la significación del homenaje íntimo del alma, su respetuosa y profunda adoración.

Decía santa Teresa que daría su vida por la menor ceremonia de la Iglesia, porque bien conocía su valor. Que los adoradores le den por lo menos respeto, devoción y amor.

EL CULTO EUCARÍSTICO. (14) ... by IGLESIA DEL SALVADOR DE TOL...