DÍA
30
MARÍA,
HIJA, MADRE Y ESPOSA
MES DE
OCTUBRE
EN HONOR DE LA
SANTÍSIMA VIRGEN
DEL ROSARIO
Por
la señal de la santa cruz…
ORACIÓN
INICIAL
Soberana
Reina de los cielos, abogada de los pecadores y consuelo de todos los
afligidos, que quisiste inspirar al gran Patriarca Santo Domingo de Guzmán, tu
fiel siervo, la devoción del Santísimo Rosario. Alcánzanos de tu Divino Hijo,
nuestro adorable Redentor, que hagamos este santo ejercicio con la mayor
piedad, atención y recogimiento, para que, por este medio, consigamos ser
durante toda nuestra vida incansables devotos del Santísimo Rosario. ¡Oh, Virgen
María, cuyas gracias y misericordias para con los que te invocan no se agotan
jamás! Haz que en estos días participemos de ellas con mayor abundancia, a fin
de que podamos cantar tus alabanzas en la gloria por toda una eternidad. Amén.
DÍA
30
MARÍA,
HIJA, MADRE Y ESPOSA
Mas,
para que los cielos vieran la justicia con que a María se la elevaba con tan
grande dignidad, el Padre Eterno manifiesta que aquella es su Hija; el Hijo la
aclama por su Madre, y el Espíritu Santo inspira a aquellas celestiales
inteligencias que Él la ha aceptado por Esposa.
Los
espíritus angélicos se postran reverentes y entonan a María este himno sagrado:
«Dios
te salve, Hija de Dios Padre; Dios te salve, Madre de Dios Hijo; Dios te salve,
Esposa del Espíritu Santo; Dios te salve, templo y sagrario de la Santísima
Trinidad; sea dada gloria a Ella por los siglos de los siglos».
Espectáculo
más grandioso no han presenciado el cielo ni la tierra, tratándose de una pura
criatura.
***
La
Virgen prometió a Santa Matilde que asistirá en la vida y en la hora de la
muerte a quienes recen diariamente tres Avemarías.
Avemaría (x3)
Oración
Final
Reina
del Santísimo Rosario,
esperanza
de los cristianos,
Madre
de Misericordia,
dulzura
de mi vida.
A
ti suspiro desterrado en este valle de lágrimas.
Ayúdame,
Señora, en mis trabajos;
defiéndeme
en los peligros;
esfuérzame
en los desmayos,
y
haz que por el rezo y meditación de tu Rosario
merezca
la gracia para esta vida
y
después, de la eterna dicha en el Cielo. Amén.
***
Nuestra
Señora del Rosario, ruega por nosotros.
Ave
María Purísima, sin pecado concebida.