NOVENA
EN HONOR
AL GLORIOSO PADRE
PÍO
DE PIETRELCINA
Por
la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN
INICIAL
PARA
TODOS LOS DÍAS
Santísima
Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, espero y amo. Os adoro
profundamente, bendigo vuestra misericordia y confundido por mi ingratitud,
arrepentido de mis pecados, pido perdón y propongo confiando en vuestra gracia y
ayudado por la intercesión del glorioso San Pío de Pietrelcina, corresponder a
vuestro amor con el mío imitando tan gran ejemplo que me has dado con su vida,
enseñanzas, ejemplos y virtudes.
Ofrezco
esta novena a mayor gloria de Dios para la salvación de las almas, la
conversión de los pecadores y la mía propia.
Y
tú, glorioso Santo Padre Pío, defiéndeme de los enemigos de mi salvación e
intercede por mis necesidades, obligaciones e intenciones. Amén.
♦ Se lee lo propio de cada día.
ORACIÓN
FINAL
PARA
TODOS LOS DÍAS
Glorioso
san Pío de Pietrelcina, sacerdote humilde y fiel, tú que amaste profundamente a
Jesús crucificado y entregaste tu vida por la salvación y el consuelo de tus
hermanos, presenta al Señor las intenciones que te confiamos en esta novena.
Alcánzanos
un corazón sencillo para orar, valentía para convertirnos, amor al Santísimo
Sacramento y a la santa Misa, confianza filial en la Virgen María y compasión
verdadera ante el sufrimiento de los demás.
Enséñanos
a no huir de nuestras cruces, sino a vivirlas unidos a Cristo; a buscar siempre
la misericordia de Dios y a convertir nuestra fe en obras concretas de amor.
Intercede
especialmente por los enfermos, por quienes viven solos, por los que han
perdido la esperanza, por quienes viven en pecado alejados de Dios y por todos
los que se encomiendan a nuestra oración.
Que,
siguiendo tu ejemplo, podamos hacer de nuestra vida una ofrenda de amor y
llegar un día a la alegría eterna en la presencia de Dios. Amén.
San
Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.
San
Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.
San
Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.
TEXTO
PARA CADA DÍA
DÍA
1
PADRE
PÍO: EL NIÑO FRANCISCO
Francisco
Forgione, el que llegaría a ser conocido en todo el mundo como Padre Pío, nació
en Pietrelcina el 25 de mayo de 1887. Fue hijo de Grazio María Forgione y de
María Josefa De Nunzio: una familia sencilla, trabajadora y profundamente
creyente. En aquel ambiente de hogar, campo, iglesia y trabajo fue creciendo el
pequeño Francisco.
Era
un niño tranquilo, reservado y amante de la soledad, pero no triste ni aislado.
Era alegre, participaba en los juegos con otros niños y era querido por sus
compañeros. Desde pequeño destacó por su sencillez, su bondad y el deseo de
mantenerse alejado de aquello que pudiera apartarlo de Dios.
Detrás
de aquella vida aparentemente normal, Dios iba realizando su obra. Según el
testimonio de su director espiritual, desde muy pequeño nacieron en él el deseo
de consagrarse al Señor y un intenso amor por la oración. Mientras cuidaba las
ovejas de la familia rezaba con frecuencia el rosario. La oración fue
convirtiéndose en el centro de su vida hasta llegar a definirse como “un simple
fraile que ora”.
Desde
muy pronto tuvo una gran sensibilidad ante el sufrimiento de Cristo. El pequeño
Francisco realizaba penitencias y buscaba identificarse con Jesús en su Pasión.
Todavía no podía comprender plenamente el camino que le esperaba, pero aquella
disposición preparaba su corazón para una misión marcada por la entrega y el
sacrificio.
Antes
de entrar en el noviciado tuvo una experiencia que interpretó como una
anticipación del combate espiritual de su vida: se vio llamado a luchar contra
el mal, sostenido por Jesús. Comprendió que no debía apoyarse únicamente en sus
fuerzas, sino permanecer cerca del Señor y confiar en Él. Jesús colocó su mano
sobre su hombro, llenándolo de valor y fortaleza, mientras la Virgen María, con
una voz dulce y maternal, le habló directamente al corazón, colmándolo con una
paz profunda.
La
vida de Padre Pío nos enseña que para Dios cada uno de nosotros somos únicos e
importantes. Desde la eternidad, Dios ha pensado en nosotros, nos ha dado la
vida llenándonos de gracias y dones, ha querido morir por nosotros en la cruz.
Sólo espera una cosa de nosotros: nuestro amor, una voluntad del todo rendida a
la suya.
Padre
Pío tuvo la dicha de unir desde niño, la inocencia y la penitencia; cuidemos a
nuestros niños y nuestros jóvenes tan expuestos al mal en nuestros días;
imitemos a nuestro santo en la penitencia si no lo hemos hecho en la inocencia.
♦
Pídase
la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del
Glorioso Padre Pío.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
DÍA 2
FRAY PÍO, SACERDOTE CAPUCHINO
El
22 de enero de 1903 vistió el hábito de la orden capuchina en el convento de
Morcone y recibió el nombre de fray Pío de Pietrelcina. Su deseo era imitar al
humilde San Francisco de Asís, bajo la profesión de los votos religiosos de
obediencia, castidad y pobreza. Su deseo no fue buscar la comodidad sino seguir
a Cristo por el camino estrecho que conduce a la vida, negándose a sí mismo y
cargando la cruz.
Después
de la profesión temporal comenzó los estudios para prepararse al sacerdocio. Su
salud, sin embargo, fue siempre una dificultad importante. En 1908 tuvo que
regresar a su casa paterna y continuar allí los estudios. El 10 de agosto de
1910, en la Catedral de Benevento, fray Pío de Pietrelcina fue ordenado
sacerdote por monseñor Paolo Schinosi. Padre Pío, con un rostro rojo de emoción
y una cabeza inclinada, atravesó la multitud con humildad y alegría interior.
Esa noche escribió una oración que se convertiría en el programa de su vida
sacerdotal: “Oh Jesús, mi suspiro y vida, te ruego que me hagas un sacerdote
santo y una víctima perfecta.”
Para
san Pío, el sacerdocio era una entrega total e identificación con Cristo
víctima. El sacerdote hace ofrenda de sí mismo, en Cristo y con Cristo, como
expiación y reparación por los pecados de los hombres; ofrenda de toda una vida
que alcanza su máxima expresión en la celebración de la santa misa diaria.
Su
vida interior estuvo también marcada por grandes combates espirituales y
sugestiones del maligno. Con confianza acudía a Jesús y a la Virgen María para
pedirle su ayuda.
Padre
Pío quería ser sacerdote santo y víctima ofrecida, haciendo de toda su vida una
ofrenda con Cristo para la salvación de los hombres. Su ministerio sacerdotal
consistió principalmente en la confesión y dirección espiritual y la santa
misa.
A
la gran dignidad y poder de ser sacerdote, Padre Pío respondió con la santidad
de vida.
Jesús
nos pidió en el Evangelio que orásemos insistentemente al Dueño de la mies por
las vocaciones al sacerdocio y la vida consagrada, porque la mies es mucha y
los obreros pocos. Estimemos a nuestros sacerdotes y oremos por ellos. Señor,
danos sacerdotes, santos sacerdotes, muchos y santos sacerdotes que como Padre
Pío continúen tu obra salvadora en las almas.
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Pídase
la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del
Glorioso Padre Pío.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
DÍA 3
PADRE PÍO EN SAN GIOVANNI ROTONDO
En
febrero de 1916, fray Pío pudo incorporarse nuevamente a la vida conventual.
Después de una estancia en el convento de Foggia, llegó a San Giovanni Rotondo
en septiembre de aquel mismo año. El traslado parecía inicialmente provisional,
pero aquel pequeño lugar del Gargano terminaría siendo su hogar hasta su muerte
en 1968.
San
Giovanni Rotondo era un pequeño pueblo. Nada hacía pensar que acabaría
convirtiéndose en destino de peregrinos de todo el mundo buscando en el fraile
de los estigmas dirección espiritual, confesión, consejo y consuelo.
Padre
Pío dedicaba largas horas de su jornada al ministerio de la confesión. Le
pesaba el sufrimiento que encontraba en tantas vidas, pero al mismo tiempo se
alegraba como el buen pastor al encontrar la oveja perdida, cuando veía a
alguien regresar sinceramente a Dios.
Llegaban
personas de todas las edades, condiciones sociales y países muy distintos. Al
mismo tiempo, millones de cartas dirigidas al Padre Pío llegaron al convento
con peticiones de oración y consejo espiritual. Padre Pío gozó en vida de una
gran fama de santidad, motivada también con los estigmas y con dones
extraordinarios. Gracias extraordinarias que fueron causa de mucho sufrimiento
al ser investigado por sus superiores eclesiásticos y habérsele impuesto
restricciones al ejercicio de su ministerio sacerdotal.
Él
no buscaba seguidores, solamente quería acercar las almas a Cristo mediante la
oración, la confesión, la dirección espiritual y la Santa Misa.
Una
de sus obras que se extendió por todo el mundo fue los Grupos de oración:
"Orad -decía-, orad al Señor conmigo, porque todo el mundo tiene necesidad
de la oración. Y todos los días, cuando vuestro corazón más sienta la soledad
de la vida, rogad, rogad junto con el Señor, porque también Dios necesita de
nuestra oración». A la muerte del Padre Pío, en 1968, los Grupos eran 726 y no
han dejado de multiplicarse hasta el presente.
San
Giovanni Rotondo se convirtió así en una escuela de oración y fragua de
numerosas conversiones.
Oramos
poco y oramos mal, tenemos que orar más y orar mejor: nosotros lo necesitamos y
lo necesita nuestro mundo. "Lo que falta a la humanidad - repetía con
frecuencia el Padre Pío- es la oración.”
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Pídase
la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del
Glorioso Padre Pío.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
DÍA
4
PADRE PÍO, PADRE DE ALMAS
En
el Padre Pío vemos a un padre espiritual preocupado por la santidad de las almas
que le han sido encomendadas. Desde los primeros tiempos en San Giovanni
Rotondo comenzó a formar a un pequeño grupo de personas, enseñándoles a rezar,
a vivir con coherencia la fe y a avanzar por el camino de la santidad.
Como
buen padre de familia, trataba a cada uno según sus necesidades y estado: como
buen siervo de la casa del Señor daba a cada uno la ración de alimento a su
tiempo.
Dirigir
almas, acompañarlas en el camino de la santidad, corregir y enseñar no
significa decir siempre lo que alguien desea escuchar. San Pío era firme y
exigente, porque su objetivo era conducir las almas hacia Dios. La verdadera
caridad, para él, incluía la sinceridad y la llamada a la conversión, a dejar
todo aquello contrario al Evangelio.
Fue
especialmente en el confesionario donde esta entrega alcanzó dimensiones
extraordinarias. Durante décadas, miles de personas acudieron a confesarse con
él. La experiencia podía ser exigente: san Pío pedía sinceridad,
arrepentimiento y propósito de enmienda. Pero detrás de aquella firmeza estaba
el deseo de que cada persona conociera la misericordia de Dios.
Su
confesionario era, al mismo tiempo, lugar de verdad y de misericordia. No se
trataba de condenar al pecador, sino de ayudarle a abandonar el pecado y
comenzar una vida nueva.
Su
ejemplo nos recuerda que somos pecadores, que tenemos que convertirnos y volver
a Dios. Allí donde hay arrepentimiento sincero, la misericordia de Dios tiene
siempre la última palabra. El perdón de Dios no humilla: sana, levanta y
nuevamente nos da la oportunidad de ser santos.
La
conversión comienza cuando dejamos de justificarnos y con verdad y humildad
pedimos perdón a Dios: confiando en su gracia lo podemos todo.
“Los
mejores medios para protegerte de la tentación -decía- son los
siguientes: cuida tus sentidos para salvarlos de la tentación peligrosa, evita
la vanidad, no dejes que tu corazón se exalte, convéncete del mal de la
complacencia, huye del odio, reza cuando sea posible. Si el alma supiera el
mérito que uno adquiere en las tentaciones sufridas en la paciencia y
conquistado, estaría tentado a decir: Señor, envíame tentaciones.”
Pidamos
tener en gran estima el sacramento de la confesión y seamos fieles al examen de
conciencia diario, siguiendo el consejo de Padre Pío: “No os acostéis jamás sin
haber examinado antes vuestra conciencia sobre cómo habéis pasado el día, y sin
haber dirigido todos vuestros pensamientos a Dios, para hacerle la ofrenda y la
consagración de vuestra persona y de todos los cristianos.”
♦
Pídase
la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del
Glorioso Padre Pío.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
DÍA 5
PADRE PÍO, LA MISA Y LA VIRGEN MARÍA
La
vida de san Pío discurrió entre el coro, la celda y los momentos de vida comunitaria.
Sin embargo, en el centro de aquella aparente monotonía había dos lugares donde
parecía entrar el mundo entero: el confesionario y el altar.
La
santa misa era el momento central de su jornada. La celebraba muy temprano,
normalmente alrededor de las cuatro y media de la mañana. Celebraba con
atención, piedad y devoción, sin hacer nada fuera de las rúbricas, y sin
embargo aquella misa atraía a personas de todo el mundo que se agolpaban desde
antes a la puerta de la iglesia para asistir.
San
Pío vivía la santa misa profundamente unido al misterio de la Pasión y Muerte
de Cristo donde él participaba uniéndose en cuerpo y alma al sacrificio
redentor. Cuando le preguntaron si durante la celebración sufría por amor o por
dolor, respondió: «Más por amor». Esa frase permite comprender el corazón de su
sacerdocio.
Junto
al altar estaba siempre María. El rosario acompañó a san Pío durante toda su
vida y murió con él entre las manos. Dicen que rezaba en torno a 35 rosarios al
día, era la manera de permanecer unido a la Virgen y, por medio de ella, a
Jesús.
Hablaba
de la Virgen María con una ternura filial y acudía a ella especialmente en los
momentos de lucha. Al contemplarla al pie de la Cruz, acompañando a su Hijo en
el sufrimiento, tomaba fuerza para permanecer en su entrega en medio de las
duras pruebas. Poco antes de su muerte le dijo a su amigo, Fray
Modestino: «Amen a la Virgen y háganla amar. Recen siempre el Rosario».
Rosario
y Misa son la manifestación de la espiritualidad de Padre Pío y de todo
católico: por María a Jesús.
No
dejemos de rezar el rosario cada día y de asistir a la santa misa a diario. Es
la obra más importante podemos hacer en nuestra vida. Así se lo decía Padre Pío
a una hija espiritual: “Cada santa misa escuchada con atención y devoción
produce en nuestra alma efectos maravillosos, abundantes gracias espirituales y
materiales, que ni nosotros mismos conocemos. Para conseguir esto, no gastes
inútilmente tu dinero, sacrifícalo y sube hasta aquí para escuchar la santa
misa. El mundo podría subsistir incluso sin el sol, pero no podría existir sin
la santa misa.”
♦
Pídase
la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del
Glorioso Padre Pío.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
DÍA 6
PADRE PÍO, SUFRIR CON JESÚS Y COMO JESÚS
Para
comprender la vida de san Pío es necesario acercarse al misterio de la Cruz.
Toda su espiritualidad estuvo marcada por el deseo de unirse a Cristo en su
sufrimiento y ofrecerse por la salvación de los hombres.
Él
mismo resumió esta realidad diciendo que había sido encontrado digno de «sufrir
con Jesús y como Jesús». No entendía el sufrimiento como algo bueno en sí mismo
ni como una realidad que hubiera que buscar por capricho.
Le
preguntaron: Padre, tú amas aquello que yo temo. - Respuesta: Yo no amo el
sufrimiento por el sufrimiento; lo pido a Dios, lo deseo por los frutos que me
aporta: da gloria a Dios, me alcanza la salvación de mis hermanos en este
destierro, libra a las almas del fuego del purgatorio, ¿y qué más quiero yo?
-Padre, ¿qué es el sufrimiento? - Respuesta: Expiación. -Y para usted, ¿qué es?
- Respuesta: Mi alimento diario, mi ¡delicia!
La
vida de Padre Pío no fue fácil, atravesó también momentos de profunda oscuridad
interior. Experimentó períodos de desolación, abandono y ausencia de consuelo;
pero permaneció fiel. Su fe no se fundamentaba en los consuelos y gracias
extraordinarias. Así lo recomienda en una de sus cartas: “La profesión de fe
más bella es la que sale de tus labios en la oscuridad, en el sacrificio, en el
dolor, en el esfuerzo supremo por buscar decididamente el bien; es la que, como
un rayo, disipa las tinieblas de tu alma; es la que, en el relampaguear de la
tormenta, te levanta y te conduce a Dios.”
El
sufrimiento no lo encerró en sí mismo, todo lo contrario: imitando a Jesús en
la Pasión quiso ser consuelo ante el sufrimiento del prójimo.
Su
espiritualidad puede resumirse en una frase: «Me consume el amor de Dios y el
amor del prójimo». En la Cruz encontraba unidos esos dos amores. Por eso nos
enseña que nuestras enfermedades, preocupaciones y dificultades, cuando las
unimos a Cristo, pueden convertirse en oración y en una forma misteriosa de
cooperar a la salvación del mundo.
Padre
Pío nos enseña a no desperdiciar el dolor cuando llega: Unido a Cristo, el
sufrimiento puede ser atravesado con esperanza y ofrecido por amor.
He
aquí su consejo para nosotros: “Haz el bien, en todas partes, para que todos
puedan decir: "Este es un hijo de Cristo". Soporta por amor a Dios y
por la conversión de los pobres pecadores las tribulaciones, las enfermedades,
los sufrimientos. Defiende al débil, consuela al que llora.”
♦
Pídase
la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del
Glorioso Padre Pío.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
DÍA 7
PADRE PÍO, CRUCIFICADO SIN CRUZ
La
vida de san Pío estuvo marcada de manera extraordinaria por su unión con la
Pasión de Cristo. Antes de que aparecieran de forma permanente las heridas de
los estigmas, ya había experimentado durante años intensos sufrimientos físicos
y espirituales.
Los
primeros signos habían aparecido en 1910 y después desaparecieron
exteriormente, aunque continuaron los dolores. En 1918 su experiencia
espiritual se hizo todavía más intensa. El 30 de mayo, fiesta del Corpus
Christi, vivió lo que describió como un profundo toque de Dios, unido a una
nueva entrega por la Iglesia y por la paz.
Entre
el 5 y el 7 de agosto experimentó la llamada transverberación, una vivencia
mística que describió como una herida profunda. Poco después, el 20 de
septiembre de 1918, tras celebrar la misa, se encontraba en el coro cuando tuvo
una experiencia de profunda quietud y contempló una figura misteriosa con las
manos, los pies y el costado heridos.
Después
descubrió en su propio cuerpo heridas en las manos, los pies y el costado. San
Pío llamó repetidamente a aquella experiencia «mi crucifixión». Lejos de
producirle orgullo, los estigmas fueron para él motivo de confusión y
humillación.
Las
heridas fueron examinadas a lo largo de los años por distintos médicos. Durante
50 años permanecieron en su cuerpo: “profundas, sangrantes, sin infección ni
signos de curación”. En los últimos meses de su vida, los estigmas fueron
cerrándose hasta desaparecer por completo al morir.
Padre
Pío ha sido el único sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia. Ante
la duda de la integridad de Padre Pío como así también para evitar el fanatismo
de los fieles, el Santo Oficio le prohibió celebrar misa en público y
administrar sacramentos. Padre Pío aceptó con santa obediencia esas medidas,
afirmando: “Es la voluntad de Dios a través de su Iglesia.”
Padre
Pío entendía el sufrimiento como un don que Dios concede a las almas que ama.
Así escribía a una hija espiritual: “No temas por nada. Al contrario,
considérate muy afortunada por haber sido hecha digna y partícipe de los
dolores del Hombre-Dios. No es abandono, por tanto, todo esto, sino amor y amor
muy especial que Dios te va demostrando. No es castigo sino amor y amor
delicadísimo. Bendice por todo esto al Señor y acepta beber el cáliz de
Getsemaní.”
Y
así enseñaba en otra ocasión: “No queremos persuadirnos de que nuestra alma
necesita el sufrimiento; de que la cruz debe ser nuestro pan de cada día. Igual
que el cuerpo necesita alimentarse, así el alma necesita día tras día de la
cruz, para purificarse y separarse de las criaturas. No queremos comprender que
Dios no quiere, no puede salvarnos ni santificarnos sin la cruz, y que cuanto
más atrae a un alma hacia sí, más la purifica por medio de la cruz.”
Pidamos
crecer en el amor de Dios, para poder sufrir todo lo que en su voluntad quiera
permitir en nuestra vida. Pero hay una verdad que no podemos olvidar: “No
estamos solos”. A nosotros también van dirigidas estas palabras de Padre Pío:
“Sé que tu alma está siempre envuelta en las tinieblas de la prueba, pero que
te baste saber, mi querida hija, que Jesús está contigo y en ti.
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Pídase
la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del
Glorioso Padre Pío.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
DÍA 8
PADRE PÍO, CONSUMIDO POR EL AMOR
Toda
la vida de san Pío puede comprenderse desde una frase que él mismo utilizó: «Me
consume el amor de Dios y el amor del prójimo». Su profunda unión con Dios
nunca lo apartó de las personas. Al contrario, cuanto más crecía su relación
con Cristo, mayor era su preocupación por quienes sufrían.
En
sus cartas describió momentos de intensa unión con Jesús, hasta expresar que su
corazón y el de Cristo parecían haberse unido. Esa experiencia no permanecía
encerrada en una intimidad espiritual individualista: se convertía
inmediatamente en deseo de ayudar, consolar y acercar las almas a Dios.
San
Pío sentía una compasión extraordinaria ante la pobreza y la enfermedad.
Deseaba aliviar a quien sufría y, si hubiera sido posible, cargar él mismo con
sus penas. Con el paso de los años, esa caridad tomó formas muy concretas.
Se
promovieron ayudas de medicinas, alimentos, ropa y alojamiento; se impulsaron
escuelas y otras obras sociales. La expresión más conocida de esta caridad fue
la Casa Alivio del Sufrimiento, inaugurada en 1956 y concebida no solo como un
hospital moderno, sino como un lugar donde la ciencia y la caridad cristiana
sirvieran juntas a la persona enferma.
Para
san Pío, en cada necesitado debía reconocerse a Cristo. Curar el cuerpo era
importante, pero no suficiente: el enfermo debía sentirse amado, acompañado y
respetado en su dignidad. La atención a quien sufre se convertía así en una
forma concreta de hacer presente el amor de Dios.
La
fe que no se convierte en caridad corre el riesgo de quedarse en palabras. Amar
a Dios implica aprender a reconocer a Cristo en la persona concreta que
necesita nuestra ayuda, según la enseñanza del Apóstol San Juan: “Quien dice
que ama a Dios y no ama a su prójimo, es un mentiroso y la verdad no está en
él.”
El
cristiano ha de hacer el bien, siempre, a todos, sin cansarse. Con estas
palabras lo decía Padre Pío: “No os neguéis de ningún modo y por ningún motivo
a practicar la caridad con todos; más aún, si no se os presentan ocasiones
propicias, ofrecerla vosotros mismos. Mucho agrada esto al Señor y mucho os
debéis esforzar por hacerlo.”
Sobre
los pecados contra la caridad decía nuestro Santo: “Faltar a la caridad es como
herir a Dios en la pupila de sus ojos. ¿Hay algo más delicado que la pupila del
ojo? Faltar a la caridad es como pecar contra la naturaleza.” “Yo no puedo
soportar ni la crítica ni el hablar mal de los hermanos. La murmuración me
produce náuseas. Teniendo tantos defectos que criticar en nosotros, ¿para qué
perdernos en contra de los hermanos? Y en nosotros, al faltar a la caridad, se
corta la raíz del árbol de la vida, con peligro de que se seque.”
Imitemos
a Padre Pío practicando las obras de misericordia, seamos exquisitos y
delicados con nuestros prójimos porque como él mismo nos recuerda: “La caridad
es la medida con la que el Señor nos juzgará a todos.”
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Pídase
la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del
Glorioso Padre Pío.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
DÍA
9
PADRE PÍO: «O LA MUERTE O EL AMOR»
Después
de una larga vida entregada a Dios y a los hombres, con 81 años, Padre Pío
cerraba sus ojos a la luz de este mundo para abrirlos a la eternidad en la
presencia de Dios.
Durante
más de cincuenta años había permanecido en San Giovanni Rotondo, dedicado a la
oración, la santa misa, la confesión, la dirección espiritual y el servicio a
quienes acudían a él.
Muchos
años antes había escrito una frase que resume su deseo más profundo: «Yo no
deseo otra cosa que o morir o amar a Dios; o la muerte o el amor». Su deseo era
ser todo de Dios.
El
23 de septiembre de 1968, a las dos y media de la madrugada, murió el padre
Pío. Según los testimonios recogidos después de su muerte, las heridas de los
estigmas habían desaparecido y no quedaron cicatrices visibles en las manos,
los pies y el costado.
Se
calcula que más de 100 000 personas acudieron a los funerales del Santo de las
Llagas. Durante cuatro días, un discurrir continuo de fieles veló y honró su
cuerpo.
A
las 15:30 del 26 de septiembre se celebra el solemne funeral en el santuario de
Santa María de las Gracias. En el recorrido del convento al santuario pasando
por las calles del pueblo, helicópteros lanzan pétalos de rosas y las
multitudes se agolpan para poder acercarse al cuerpo santo. Esa misma noche,
fue sepultado en la cripta situada bajo el altar mayor del santuario.
Padre
Pío afirmó: “Haré más ruido muerto que vivo.” Palabras proféticas que se han
cumplido en los muchísimos milagros que Dios ha obrado por intercesión de san
Pío.
Los
preliminares de su Causa se iniciaron en noviembre de 1969. El 18 de diciembre
de 1997, S.S. Juan Pablo II lo nombró venerable. Fue beatificado el 2 de mayo
de 1999 y el 16 de junio del 2002, el mismo Juan Pablo II lo canoniza.
Roma
no recuerda en su historia una beatificación y canonización con tan numerosa asistencia
de fieles venidos de los cinco continentes. La Plaza de San Pedro y toda la
Avenida de la Conciliación hasta el río Tiber se hicieron pequeñas para acoger
tan gran multitud, sin contar los millones de personas que lo vieron por la
Televisión en el mundo entero.
San
Giovani Rotondo recibe anualmente más de 7 millones de peregrinos.
Los
grupos de oración de Padre Pío siguen creciendo, se hacen nuevas publicaciones
sobre sus escritos y sobre su persona, se multiplican sus imágenes al culto en
las iglesias de todo el mundo. Fieles de toda clase y condición lo siguen
tomando como padre espiritual e intercesor ante el trono de Dios, quizás por
aquellas palabras que dijo: «Cuando muera, le pediré al Señor que me permita
estar en el umbral del Cielo, y no entraré hasta que el último de mis hijos
espirituales haya entrado».
Seguros
de su intercesión, tomémosle nosotros también como padre espiritual, acudamos a
él en nuestras dudas e inquietudes, pidamos que nos consuele y que interceda en
nuestras necesidades. Seamos hijos obedientes y fieles devotos suyos. Entonces
se dará la obra de nuestra salvación: “Donde no hay obediencia no hay virtud,
no hay bondad ni amor. Y donde no hay amor no hay Dios. Sin Dios no podemos
alcanzar el cielo. Estas virtudes forman una escalera; si falta un paso, nos
caemos.”
♦
Pídase
la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del
Glorioso Padre Pío.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
LETANÍA
A SAN PÍO DE PIETRELCINA
GLORIA
A TI, PADRE PÍO
Himno a San Pío de Pietrelcina