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sábado, 12 de septiembre de 2026

DÍA 4. PADRE PÍO, PADRE DE ALMAS. NOVENA EN HONOR AL GLORIOSO PADRE PÍO DE PIETRELCINA

 

DÍA 4

PADRE PÍO, PADRE DE ALMAS

 

NOVENA

EN HONOR

AL GLORIOSO PADRE PÍO

DE PIETRELCINA

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

ORACIÓN INICIAL

PARA TODOS LOS DÍAS

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, espero y amo. Os adoro profundamente, bendigo vuestra misericordia y confundido por mi ingratitud, arrepentido de mis pecados, pido perdón y propongo confiando en vuestra gracia y ayudado por la intercesión del glorioso San Pío de Pietrelcina, corresponder a vuestro amor con el mío imitando tan gran ejemplo que me has dado con su vida, enseñanzas, ejemplos y virtudes.

Ofrezco esta novena a mayor gloria de Dios para la salvación de las almas, la conversión de los pecadores y la mía propia.

Y tú, glorioso Santo Padre Pío, defiéndeme de los enemigos de mi salvación e intercede por mis necesidades, obligaciones e intenciones. Amén.

 

♦ Se lee lo propio de cada día.

 

DÍA 4

PADRE PÍO, PADRE DE ALMAS

En el Padre Pío vemos a un padre espiritual preocupado por la santidad de las almas que le han sido encomendadas. Desde los primeros tiempos en San Giovanni Rotondo comenzó a formar a un pequeño grupo de personas, enseñándoles a rezar, a vivir con coherencia la fe y a avanzar por el camino de la santidad.

Como buen padre de familia, trataba a cada uno según sus necesidades y estado: como buen siervo de la casa del Señor daba a cada uno la ración de alimento a su tiempo.

Dirigir almas, acompañarlas en el camino de la santidad, corregir y enseñar no significa decir siempre lo que alguien desea escuchar. San Pío era firme y exigente, porque su objetivo era conducir las almas hacia Dios. La verdadera caridad, para él, incluía la sinceridad y la llamada a la conversión, a dejar todo aquello contrario al Evangelio.

Fue especialmente en el confesionario donde esta entrega alcanzó dimensiones extraordinarias. Durante décadas, miles de personas acudieron a confesarse con él. La experiencia podía ser exigente: san Pío pedía sinceridad, arrepentimiento y propósito de enmienda. Pero detrás de aquella firmeza estaba el deseo de que cada persona conociera la misericordia de Dios.

Su confesionario era, al mismo tiempo, lugar de verdad y de misericordia. No se trataba de condenar al pecador, sino de ayudarle a abandonar el pecado y comenzar una vida nueva.

Su ejemplo nos recuerda que somos pecadores, que tenemos que convertirnos y volver a Dios. Allí donde hay arrepentimiento sincero, la misericordia de Dios tiene siempre la última palabra. El perdón de Dios no humilla: sana, levanta y nuevamente nos da la oportunidad de ser santos.

La conversión comienza cuando dejamos de justificarnos y con verdad y humildad pedimos perdón a Dios: confiando en su gracia lo podemos todo. 

“Los mejores medios para protegerte de la tentación  -decía- son los siguientes: cuida tus sentidos para salvarlos de la tentación peligrosa, evita la vanidad, no dejes que tu corazón se exalte, convéncete del mal de la complacencia, huye del odio, reza cuando sea posible. Si el alma supiera el mérito que uno adquiere en las tentaciones sufridas en la paciencia y conquistado, estaría tentado a decir: Señor, envíame tentaciones.”

Pidamos tener en gran estima el sacramento de la confesión y seamos fieles al examen de conciencia diario, siguiendo el consejo de Padre Pío: “No os acostéis jamás sin haber examinado antes vuestra conciencia sobre cómo habéis pasado el día, y sin haber dirigido todos vuestros pensamientos a Dios, para hacerle la ofrenda y la consagración de vuestra persona y de todos los cristianos.”

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del Glorioso Padre Pío.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

ORACIÓN FINAL

PARA TODOS LOS DÍAS

Glorioso san Pío de Pietrelcina, sacerdote humilde y fiel, tú que amaste profundamente a Jesús crucificado y entregaste tu vida por la salvación y el consuelo de tus hermanos, presenta al Señor las intenciones que te confiamos en esta novena.

Alcánzanos un corazón sencillo para orar, valentía para convertirnos, amor al Santísimo Sacramento y a la santa Misa, confianza filial en la Virgen María y compasión verdadera ante el sufrimiento de los demás.

Enséñanos a no huir de nuestras cruces, sino a vivirlas unidos a Cristo; a buscar siempre la misericordia de Dios y a convertir nuestra fe en obras concretas de amor.

Intercede especialmente por los enfermos, por quienes viven solos, por los que han perdido la esperanza, por quienes viven en pecado alejados de Dios y por todos los que se encomiendan a nuestra oración.

Que, siguiendo tu ejemplo, podamos hacer de nuestra vida una ofrenda de amor y llegar un día a la alegría eterna en la presencia de Dios. Amén.

San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.

San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.

San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.

NOVENA EN HONOR AL GLORIOSO PADRE PÍO DE PIETRELCINA

 


NOVENA

EN HONOR

AL GLORIOSO PADRE PÍO

DE PIETRELCINA

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

ORACIÓN INICIAL

PARA TODOS LOS DÍAS

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, espero y amo. Os adoro profundamente, bendigo vuestra misericordia y confundido por mi ingratitud, arrepentido de mis pecados, pido perdón y propongo confiando en vuestra gracia y ayudado por la intercesión del glorioso San Pío de Pietrelcina, corresponder a vuestro amor con el mío imitando tan gran ejemplo que me has dado con su vida, enseñanzas, ejemplos y virtudes.

Ofrezco esta novena a mayor gloria de Dios para la salvación de las almas, la conversión de los pecadores y la mía propia.

Y tú, glorioso Santo Padre Pío, defiéndeme de los enemigos de mi salvación e intercede por mis necesidades, obligaciones e intenciones. Amén.

 

♦ Se lee lo propio de cada día.

 

ORACIÓN FINAL

PARA TODOS LOS DÍAS

Glorioso san Pío de Pietrelcina, sacerdote humilde y fiel, tú que amaste profundamente a Jesús crucificado y entregaste tu vida por la salvación y el consuelo de tus hermanos, presenta al Señor las intenciones que te confiamos en esta novena.

Alcánzanos un corazón sencillo para orar, valentía para convertirnos, amor al Santísimo Sacramento y a la santa Misa, confianza filial en la Virgen María y compasión verdadera ante el sufrimiento de los demás.

Enséñanos a no huir de nuestras cruces, sino a vivirlas unidos a Cristo; a buscar siempre la misericordia de Dios y a convertir nuestra fe en obras concretas de amor.

Intercede especialmente por los enfermos, por quienes viven solos, por los que han perdido la esperanza, por quienes viven en pecado alejados de Dios y por todos los que se encomiendan a nuestra oración.

Que, siguiendo tu ejemplo, podamos hacer de nuestra vida una ofrenda de amor y llegar un día a la alegría eterna en la presencia de Dios. Amén.

San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.

San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.

San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.

 

TEXTO PARA CADA DÍA

DÍA 1

PADRE PÍO: EL NIÑO FRANCISCO

Francisco Forgione, el que llegaría a ser conocido en todo el mundo como Padre Pío, nació en Pietrelcina el 25 de mayo de 1887. Fue hijo de Grazio María Forgione y de María Josefa De Nunzio: una familia sencilla, trabajadora y profundamente creyente. En aquel ambiente de hogar, campo, iglesia y trabajo fue creciendo el pequeño Francisco.

Era un niño tranquilo, reservado y amante de la soledad, pero no triste ni aislado. Era alegre, participaba en los juegos con otros niños y era querido por sus compañeros. Desde pequeño destacó por su sencillez, su bondad y el deseo de mantenerse alejado de aquello que pudiera apartarlo de Dios.

Detrás de aquella vida aparentemente normal, Dios iba realizando su obra. Según el testimonio de su director espiritual, desde muy pequeño nacieron en él el deseo de consagrarse al Señor y un intenso amor por la oración. Mientras cuidaba las ovejas de la familia rezaba con frecuencia el rosario. La oración fue convirtiéndose en el centro de su vida hasta llegar a definirse como “un simple fraile que ora”.

Desde muy pronto tuvo una gran sensibilidad ante el sufrimiento de Cristo. El pequeño Francisco realizaba penitencias y buscaba identificarse con Jesús en su Pasión. Todavía no podía comprender plenamente el camino que le esperaba, pero aquella disposición preparaba su corazón para una misión marcada por la entrega y el sacrificio.

Antes de entrar en el noviciado tuvo una experiencia que interpretó como una anticipación del combate espiritual de su vida: se vio llamado a luchar contra el mal, sostenido por Jesús. Comprendió que no debía apoyarse únicamente en sus fuerzas, sino permanecer cerca del Señor y confiar en Él. Jesús colocó su mano sobre su hombro, llenándolo de valor y fortaleza, mientras la Virgen María, con una voz dulce y maternal, le habló directamente al corazón, colmándolo con una paz profunda. 

La vida de Padre Pío nos enseña que para Dios cada uno de nosotros somos únicos e importantes. Desde la eternidad, Dios ha pensado en nosotros, nos ha dado la vida llenándonos de gracias y dones, ha querido morir por nosotros en la cruz. Sólo espera una cosa de nosotros: nuestro amor, una voluntad del todo rendida a la suya.

Padre Pío tuvo la dicha de unir desde niño, la inocencia y la penitencia; cuidemos a nuestros niños y nuestros jóvenes tan expuestos al mal en nuestros días; imitemos a nuestro santo en la penitencia si no lo hemos hecho en la inocencia.

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del Glorioso Padre Pío.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

DÍA 2

FRAY PÍO, SACERDOTE CAPUCHINO

El 22 de enero de 1903 vistió el hábito de la orden capuchina en el convento de Morcone y recibió el nombre de fray Pío de Pietrelcina. Su deseo era imitar al humilde San Francisco de Asís, bajo la profesión de los votos religiosos de obediencia, castidad y pobreza. Su deseo no fue buscar la comodidad sino seguir a Cristo por el camino estrecho que conduce a la vida, negándose a sí mismo y cargando la cruz.

Después de la profesión temporal comenzó los estudios para prepararse al sacerdocio. Su salud, sin embargo, fue siempre una dificultad importante. En 1908 tuvo que regresar a su casa paterna y continuar allí los estudios. El 10 de agosto de 1910, en la Catedral de Benevento, fray Pío de Pietrelcina fue ordenado sacerdote por monseñor Paolo Schinosi. Padre Pío, con un rostro rojo de emoción y una cabeza inclinada, atravesó la multitud con humildad y alegría interior. Esa noche escribió una oración que se convertiría en el programa de su vida sacerdotal: “Oh Jesús, mi suspiro y vida, te ruego que me hagas un sacerdote santo y una víctima perfecta.”

Para san Pío, el sacerdocio era una entrega total e identificación con Cristo víctima. El sacerdote hace ofrenda de sí mismo, en Cristo y con Cristo, como expiación y reparación por los pecados de los hombres; ofrenda de toda una vida que alcanza su máxima expresión en la celebración de la santa misa diaria.

Su vida interior estuvo también marcada por grandes combates espirituales y sugestiones del maligno. Con confianza acudía a Jesús y a la Virgen María para pedirle su ayuda.

Padre Pío quería ser sacerdote santo y víctima ofrecida, haciendo de toda su vida una ofrenda con Cristo para la salvación de los hombres. Su ministerio sacerdotal consistió principalmente en la confesión y dirección espiritual y la santa misa.

A la gran dignidad y poder de ser sacerdote, Padre Pío respondió con la santidad de vida.

Jesús nos pidió en el Evangelio que orásemos insistentemente al Dueño de la mies por las vocaciones al sacerdocio y la vida consagrada, porque la mies es mucha y los obreros pocos. Estimemos a nuestros sacerdotes y oremos por ellos. Señor, danos sacerdotes, santos sacerdotes, muchos y santos sacerdotes que como Padre Pío continúen tu obra salvadora en las almas.

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del Glorioso Padre Pío.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

DÍA 3

PADRE PÍO EN SAN GIOVANNI ROTONDO

En febrero de 1916, fray Pío pudo incorporarse nuevamente a la vida conventual. Después de una estancia en el convento de Foggia, llegó a San Giovanni Rotondo en septiembre de aquel mismo año. El traslado parecía inicialmente provisional, pero aquel pequeño lugar del Gargano terminaría siendo su hogar hasta su muerte en 1968.

San Giovanni Rotondo era un pequeño pueblo. Nada hacía pensar que acabaría convirtiéndose en destino de peregrinos de todo el mundo buscando en el fraile de los estigmas dirección espiritual, confesión, consejo y consuelo.

Padre Pío dedicaba largas horas de su jornada al ministerio de la confesión. Le pesaba el sufrimiento que encontraba en tantas vidas, pero al mismo tiempo se alegraba como el buen pastor al encontrar la oveja perdida, cuando veía a alguien regresar sinceramente a Dios.

Llegaban personas de todas las edades, condiciones sociales y países muy distintos. Al mismo tiempo, millones de cartas dirigidas al Padre Pío llegaron al convento con peticiones de oración y consejo espiritual. Padre Pío gozó en vida de una gran fama de santidad, motivada también con los estigmas y con dones extraordinarios. Gracias extraordinarias que fueron causa de mucho sufrimiento al ser investigado por sus superiores eclesiásticos y habérsele impuesto restricciones al ejercicio de su ministerio sacerdotal.

Él no buscaba seguidores, solamente quería acercar las almas a Cristo mediante la oración, la confesión, la dirección espiritual y la Santa Misa.

Una de sus obras que se extendió por todo el mundo fue los Grupos de oración: "Orad -decía-, orad al Señor conmigo, porque todo el mundo tiene necesidad de la oración. Y todos los días, cuando vuestro corazón más sienta la soledad de la vida, rogad, rogad junto con el Señor, porque también Dios necesita de nuestra oración». A la muerte del Padre Pío, en 1968, los Grupos eran 726 y no han dejado de multiplicarse hasta el presente.

San Giovanni Rotondo se convirtió así en una escuela de oración y fragua de numerosas conversiones.

Oramos poco y oramos mal, tenemos que orar más y orar mejor: nosotros lo necesitamos y lo necesita nuestro mundo. "Lo que falta a la humanidad - repetía con frecuencia el Padre Pío- es la oración.”

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del Glorioso Padre Pío.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

 

DÍA 4

PADRE PÍO, PADRE DE ALMAS

En el Padre Pío vemos a un padre espiritual preocupado por la santidad de las almas que le han sido encomendadas. Desde los primeros tiempos en San Giovanni Rotondo comenzó a formar a un pequeño grupo de personas, enseñándoles a rezar, a vivir con coherencia la fe y a avanzar por el camino de la santidad.

Como buen padre de familia, trataba a cada uno según sus necesidades y estado: como buen siervo de la casa del Señor daba a cada uno la ración de alimento a su tiempo.

Dirigir almas, acompañarlas en el camino de la santidad, corregir y enseñar no significa decir siempre lo que alguien desea escuchar. San Pío era firme y exigente, porque su objetivo era conducir las almas hacia Dios. La verdadera caridad, para él, incluía la sinceridad y la llamada a la conversión, a dejar todo aquello contrario al Evangelio.

Fue especialmente en el confesionario donde esta entrega alcanzó dimensiones extraordinarias. Durante décadas, miles de personas acudieron a confesarse con él. La experiencia podía ser exigente: san Pío pedía sinceridad, arrepentimiento y propósito de enmienda. Pero detrás de aquella firmeza estaba el deseo de que cada persona conociera la misericordia de Dios.

Su confesionario era, al mismo tiempo, lugar de verdad y de misericordia. No se trataba de condenar al pecador, sino de ayudarle a abandonar el pecado y comenzar una vida nueva.

Su ejemplo nos recuerda que somos pecadores, que tenemos que convertirnos y volver a Dios. Allí donde hay arrepentimiento sincero, la misericordia de Dios tiene siempre la última palabra. El perdón de Dios no humilla: sana, levanta y nuevamente nos da la oportunidad de ser santos.

La conversión comienza cuando dejamos de justificarnos y con verdad y humildad pedimos perdón a Dios: confiando en su gracia lo podemos todo. 

“Los mejores medios para protegerte de la tentación  -decía- son los siguientes: cuida tus sentidos para salvarlos de la tentación peligrosa, evita la vanidad, no dejes que tu corazón se exalte, convéncete del mal de la complacencia, huye del odio, reza cuando sea posible. Si el alma supiera el mérito que uno adquiere en las tentaciones sufridas en la paciencia y conquistado, estaría tentado a decir: Señor, envíame tentaciones.”

Pidamos tener en gran estima el sacramento de la confesión y seamos fieles al examen de conciencia diario, siguiendo el consejo de Padre Pío: “No os acostéis jamás sin haber examinado antes vuestra conciencia sobre cómo habéis pasado el día, y sin haber dirigido todos vuestros pensamientos a Dios, para hacerle la ofrenda y la consagración de vuestra persona y de todos los cristianos.”

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del Glorioso Padre Pío.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

DÍA 5

PADRE PÍO, LA MISA Y LA VIRGEN MARÍA

La vida de san Pío discurrió entre el coro, la celda y los momentos de vida comunitaria. Sin embargo, en el centro de aquella aparente monotonía había dos lugares donde parecía entrar el mundo entero: el confesionario y el altar.

La santa misa era el momento central de su jornada. La celebraba muy temprano, normalmente alrededor de las cuatro y media de la mañana. Celebraba con atención, piedad y devoción, sin hacer nada fuera de las rúbricas, y sin embargo aquella misa atraía a personas de todo el mundo que se agolpaban desde antes a la puerta de la iglesia para asistir.  

San Pío vivía la santa misa profundamente unido al misterio de la Pasión y Muerte de Cristo donde él participaba uniéndose en cuerpo y alma al sacrificio redentor. Cuando le preguntaron si durante la celebración sufría por amor o por dolor, respondió: «Más por amor». Esa frase permite comprender el corazón de su sacerdocio.

Junto al altar estaba siempre María. El rosario acompañó a san Pío durante toda su vida y murió con él entre las manos. Dicen que rezaba en torno a 35 rosarios al día, era la manera de permanecer unido a la Virgen y, por medio de ella, a Jesús.

Hablaba de la Virgen María con una ternura filial y acudía a ella especialmente en los momentos de lucha. Al contemplarla al pie de la Cruz, acompañando a su Hijo en el sufrimiento, tomaba fuerza para permanecer en su entrega en medio de las duras pruebas.  Poco antes de su muerte le dijo a su amigo, Fray Modestino: «Amen a la Virgen y háganla amar. Recen siempre el Rosario».

Rosario y Misa son la manifestación de la espiritualidad de Padre Pío y de todo católico: por María a Jesús.

No dejemos de rezar el rosario cada día y de asistir a la santa misa a diario. Es la obra más importante podemos hacer en nuestra vida. Así se lo decía Padre Pío a una hija espiritual: “Cada santa misa escuchada con atención y devoción produce en nuestra alma efectos maravillosos, abundantes gracias espirituales y materiales, que ni nosotros mismos conocemos. Para conseguir esto, no gastes inútilmente tu dinero, sacrifícalo y sube hasta aquí para escuchar la santa misa. El mundo podría subsistir incluso sin el sol, pero no podría existir sin la santa misa.”

 ♦

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del Glorioso Padre Pío.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

DÍA 6

PADRE PÍO, SUFRIR CON JESÚS Y COMO JESÚS

Para comprender la vida de san Pío es necesario acercarse al misterio de la Cruz. Toda su espiritualidad estuvo marcada por el deseo de unirse a Cristo en su sufrimiento y ofrecerse por la salvación de los hombres.

Él mismo resumió esta realidad diciendo que había sido encontrado digno de «sufrir con Jesús y como Jesús». No entendía el sufrimiento como algo bueno en sí mismo ni como una realidad que hubiera que buscar por capricho.

Le preguntaron: Padre, tú amas aquello que yo temo. - Respuesta: Yo no amo el sufrimiento por el sufrimiento; lo pido a Dios, lo deseo por los frutos que me aporta: da gloria a Dios, me alcanza la salvación de mis hermanos en este destierro, libra a las almas del fuego del purgatorio, ¿y qué más quiero yo? -Padre, ¿qué es el sufrimiento? - Respuesta: Expiación. -Y para usted, ¿qué es? - Respuesta: Mi alimento diario, mi ¡delicia!

La vida de Padre Pío no fue fácil, atravesó también momentos de profunda oscuridad interior. Experimentó períodos de desolación, abandono y ausencia de consuelo; pero permaneció fiel. Su fe no se fundamentaba en los consuelos y gracias extraordinarias. Así lo recomienda en una de sus cartas: “La profesión de fe más bella es la que sale de tus labios en la oscuridad, en el sacrificio, en el dolor, en el esfuerzo supremo por buscar decididamente el bien; es la que, como un rayo, disipa las tinieblas de tu alma; es la que, en el relampaguear de la tormenta, te levanta y te conduce a Dios.”

El sufrimiento no lo encerró en sí mismo, todo lo contrario: imitando a Jesús en la Pasión quiso ser consuelo ante el sufrimiento del prójimo.

Su espiritualidad puede resumirse en una frase: «Me consume el amor de Dios y el amor del prójimo». En la Cruz encontraba unidos esos dos amores. Por eso nos enseña que nuestras enfermedades, preocupaciones y dificultades, cuando las unimos a Cristo, pueden convertirse en oración y en una forma misteriosa de cooperar a la salvación del mundo.

Padre Pío nos enseña a no desperdiciar el dolor cuando llega: Unido a Cristo, el sufrimiento puede ser atravesado con esperanza y ofrecido por amor.

He aquí su consejo para nosotros: “Haz el bien, en todas partes, para que todos puedan decir: "Este es un hijo de Cristo". Soporta por amor a Dios y por la conversión de los pobres pecadores las tribulaciones, las enfermedades, los sufrimientos. Defiende al débil, consuela al que llora.”

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Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del Glorioso Padre Pío.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

 

DÍA 7

PADRE PÍO, CRUCIFICADO SIN CRUZ

La vida de san Pío estuvo marcada de manera extraordinaria por su unión con la Pasión de Cristo. Antes de que aparecieran de forma permanente las heridas de los estigmas, ya había experimentado durante años intensos sufrimientos físicos y espirituales.

Los primeros signos habían aparecido en 1910 y después desaparecieron exteriormente, aunque continuaron los dolores. En 1918 su experiencia espiritual se hizo todavía más intensa. El 30 de mayo, fiesta del Corpus Christi, vivió lo que describió como un profundo toque de Dios, unido a una nueva entrega por la Iglesia y por la paz.

Entre el 5 y el 7 de agosto experimentó la llamada transverberación, una vivencia mística que describió como una herida profunda. Poco después, el 20 de septiembre de 1918, tras celebrar la misa, se encontraba en el coro cuando tuvo una experiencia de profunda quietud y contempló una figura misteriosa con las manos, los pies y el costado heridos.

Después descubrió en su propio cuerpo heridas en las manos, los pies y el costado. San Pío llamó repetidamente a aquella experiencia «mi crucifixión». Lejos de producirle orgullo, los estigmas fueron para él motivo de confusión y humillación.

Las heridas fueron examinadas a lo largo de los años por distintos médicos. Durante 50 años permanecieron en su cuerpo: “profundas, sangrantes, sin infección ni signos de curación”. En los últimos meses de su vida, los estigmas fueron cerrándose hasta desaparecer por completo al morir.

Padre Pío ha sido el único sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia. Ante la duda de la integridad de Padre Pío como así también para evitar el fanatismo de los fieles, el Santo Oficio le prohibió celebrar misa en público y administrar sacramentos. Padre Pío aceptó con santa obediencia esas medidas, afirmando: “Es la voluntad de Dios a través de su Iglesia.”   

Padre Pío entendía el sufrimiento como un don que Dios concede a las almas que ama. Así escribía a una hija espiritual: “No temas por nada. Al contrario, considérate muy afortunada por haber sido hecha digna y partícipe de los dolores del Hombre-Dios. No es abandono, por tanto, todo esto, sino amor y amor muy especial que Dios te va demostrando. No es castigo sino amor y amor delicadísimo. Bendice por todo esto al Señor y acepta beber el cáliz de Getsemaní.”

Y así enseñaba en otra ocasión: “No queremos persuadirnos de que nuestra alma necesita el sufrimiento; de que la cruz debe ser nuestro pan de cada día. Igual que el cuerpo necesita alimentarse, así el alma necesita día tras día de la cruz, para purificarse y separarse de las criaturas. No queremos comprender que Dios no quiere, no puede salvarnos ni santificarnos sin la cruz, y que cuanto más atrae a un alma hacia sí, más la purifica por medio de la cruz.”

Pidamos crecer en el amor de Dios, para poder sufrir todo lo que en su voluntad quiera permitir en nuestra vida. Pero hay una verdad que no podemos olvidar: “No estamos solos”. A nosotros también van dirigidas estas palabras de Padre Pío: “Sé que tu alma está siempre envuelta en las tinieblas de la prueba, pero que te baste saber, mi querida hija, que Jesús está contigo y en ti.

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del Glorioso Padre Pío.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

DÍA 8

PADRE PÍO, CONSUMIDO POR EL AMOR

Toda la vida de san Pío puede comprenderse desde una frase que él mismo utilizó: «Me consume el amor de Dios y el amor del prójimo». Su profunda unión con Dios nunca lo apartó de las personas. Al contrario, cuanto más crecía su relación con Cristo, mayor era su preocupación por quienes sufrían.

En sus cartas describió momentos de intensa unión con Jesús, hasta expresar que su corazón y el de Cristo parecían haberse unido. Esa experiencia no permanecía encerrada en una intimidad espiritual individualista: se convertía inmediatamente en deseo de ayudar, consolar y acercar las almas a Dios.

San Pío sentía una compasión extraordinaria ante la pobreza y la enfermedad. Deseaba aliviar a quien sufría y, si hubiera sido posible, cargar él mismo con sus penas. Con el paso de los años, esa caridad tomó formas muy concretas.

Se promovieron ayudas de medicinas, alimentos, ropa y alojamiento; se impulsaron escuelas y otras obras sociales. La expresión más conocida de esta caridad fue la Casa Alivio del Sufrimiento, inaugurada en 1956 y concebida no solo como un hospital moderno, sino como un lugar donde la ciencia y la caridad cristiana sirvieran juntas a la persona enferma.

Para san Pío, en cada necesitado debía reconocerse a Cristo. Curar el cuerpo era importante, pero no suficiente: el enfermo debía sentirse amado, acompañado y respetado en su dignidad. La atención a quien sufre se convertía así en una forma concreta de hacer presente el amor de Dios.

La fe que no se convierte en caridad corre el riesgo de quedarse en palabras. Amar a Dios implica aprender a reconocer a Cristo en la persona concreta que necesita nuestra ayuda, según la enseñanza del Apóstol San Juan: “Quien dice que ama a Dios y no ama a su prójimo, es un mentiroso y la verdad no está en él.”

El cristiano ha de hacer el bien, siempre, a todos, sin cansarse. Con estas palabras lo decía Padre Pío: “No os neguéis de ningún modo y por ningún motivo a practicar la caridad con todos; más aún, si no se os presentan ocasiones propicias, ofrecerla vosotros mismos. Mucho agrada esto al Señor y mucho os debéis esforzar por hacerlo.”

Sobre los pecados contra la caridad decía nuestro Santo: “Faltar a la caridad es como herir a Dios en la pupila de sus ojos. ¿Hay algo más delicado que la pupila del ojo? Faltar a la caridad es como pecar contra la naturaleza.” “Yo no puedo soportar ni la crítica ni el hablar mal de los hermanos. La murmuración me produce náuseas. Teniendo tantos defectos que criticar en nosotros, ¿para qué perdernos en contra de los hermanos? Y en nosotros, al faltar a la caridad, se corta la raíz del árbol de la vida, con peligro de que se seque.”

Imitemos a Padre Pío practicando las obras de misericordia, seamos exquisitos y delicados con nuestros prójimos porque como él mismo nos recuerda: “La caridad es la medida con la que el Señor nos juzgará a todos.”

 

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del Glorioso Padre Pío.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

DÍA 9

PADRE PÍO: «O LA MUERTE O EL AMOR»

Después de una larga vida entregada a Dios y a los hombres, con 81 años, Padre Pío cerraba sus ojos a la luz de este mundo para abrirlos a la eternidad en la presencia de Dios.

Durante más de cincuenta años había permanecido en San Giovanni Rotondo, dedicado a la oración, la santa misa, la confesión, la dirección espiritual y el servicio a quienes acudían a él.

Muchos años antes había escrito una frase que resume su deseo más profundo: «Yo no deseo otra cosa que o morir o amar a Dios; o la muerte o el amor». Su deseo era ser todo de Dios.

El 23 de septiembre de 1968, a las dos y media de la madrugada, murió el padre Pío. Según los testimonios recogidos después de su muerte, las heridas de los estigmas habían desaparecido y no quedaron cicatrices visibles en las manos, los pies y el costado.

Se calcula que más de 100 000 personas acudieron a los funerales del Santo de las Llagas. Durante cuatro días, un discurrir continuo de fieles veló y honró su cuerpo.

A las 15:30 del 26 de septiembre se celebra el solemne funeral en el santuario de Santa María de las Gracias. En el recorrido del convento al santuario pasando por las calles del pueblo, helicópteros lanzan pétalos de rosas y las multitudes se agolpan para poder acercarse al cuerpo santo. Esa misma noche, fue sepultado en la cripta situada bajo el altar mayor del santuario.

Padre Pío afirmó: “Haré más ruido muerto que vivo.” Palabras proféticas que se han cumplido en los muchísimos milagros que Dios ha obrado por intercesión de san Pío.  

Los preliminares de su Causa se iniciaron en noviembre de 1969. El 18 de diciembre de 1997, S.S. Juan Pablo II lo nombró venerable. Fue beatificado el 2 de mayo de 1999 y el 16 de junio del 2002, el mismo Juan Pablo II lo canoniza.

Roma no recuerda en su historia una beatificación y canonización con tan numerosa asistencia de fieles venidos de los cinco continentes. La Plaza de San Pedro y toda la Avenida de la Conciliación hasta el río Tiber se hicieron pequeñas para acoger tan gran multitud, sin contar los millones de personas que lo vieron por la Televisión en el mundo entero.

San Giovani Rotondo recibe anualmente más de 7 millones de peregrinos.

Los grupos de oración de Padre Pío siguen creciendo, se hacen nuevas publicaciones sobre sus escritos y sobre su persona, se multiplican sus imágenes al culto en las iglesias de todo el mundo. Fieles de toda clase y condición lo siguen tomando como padre espiritual e intercesor ante el trono de Dios, quizás por aquellas palabras que dijo: «Cuando muera, le pediré al Señor que me permita estar en el umbral del Cielo, y no entraré hasta que el último de mis hijos espirituales haya entrado».

Seguros de su intercesión, tomémosle nosotros también como padre espiritual, acudamos a él en nuestras dudas e inquietudes, pidamos que nos consuele y que interceda en nuestras necesidades. Seamos hijos obedientes y fieles devotos suyos. Entonces se dará la obra de nuestra salvación: “Donde no hay obediencia no hay virtud, no hay bondad ni amor. Y donde no hay amor no hay Dios. Sin Dios no podemos alcanzar el cielo. Estas virtudes forman una escalera; si falta un paso, nos caemos.”

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del Glorioso Padre Pío.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

LETANÍA A SAN PÍO DE PIETRELCINA

GLORIA A TI, PADRE PÍO

Himno a San Pío de Pietrelcina