DÍA 9
LA HUMILDAD, VIRTUD DIFICULTOSA DE HALLAR Y MÁS DE CONSERVAR
TREINTENA
DE LA
HUMILDAD
Adaptación del Tratado de la Humildad
de san Juan Bautista de la Concepción,
reformador de la Orden de la Santísima Trinidad
DÍA 9
LA HUMILDAD, VIRTUD DIFICULTOSA DE HALLAR Y MÁS DE CONSERVAR
La humildad de san Pablo le hizo estimar sus cárceles, cadenas, trabajos y desprecios, diciendo: «Hemos venido a ser, hasta ahora, como la basura del mundo y el desecho de todos». El que era considerado desecho de los hombres fue subido y levantado sobre los encumbrados cielos cuando Dios le subió allá. Así se entiende que las deshonras pueden ser para el justo un camino hacia la verdadera grandeza.
Cristo Jesús no quiso admitir el título de rey de los judíos hasta que se vio desnudo, clavado y coronado de espinas en la cruz. Porque los humildes son reyes cuando están cargados de injurias y afrentas, cuando les quitan la vida y la honra. Entonces dejan el corazón libre para que en él quepa la corona que solo se da al verdadero humilde.
Como los reinos y títulos son de este mundo, Dios quiere que los justos vayan libres de ellos, pues les quiere dar una honra verdadera que no se acaba. Mientras viven en este mundo, los quiere desnudos antes que mal vestidos con las glorias y alabanzas que el mundo les ofrece. La verdadera recomendación del justo no está en recomendarse a sí mismo, sino en que sea Dios quien lo recomiende.
Por eso, si la humildad es opuesta a la majestad y grandeza del mundo, uno será verdaderamente humilde cuanto menos fuere honrado, menos estimado y levantado, y cuanto más pobre y desprendido de las cosas de la tierra. La humildad no se conserva con las alabanzas, las riquezas o los honores, sino en el desprecio de sí mismo, en las afrentas y en el desprendimiento de todo aquello que puede alimentar la soberbia.
La humildad es una virtud dificultosa de hallar y más dificultosa de conservar. Por eso el alma humilde debe guardarla en lo secreto, sin querer mostrarla ni buscar reconocimiento. Su alimento son aquellas cosas que el mundo desprecia: las injurias, los desprecios y los últimos lugares. Allí la humildad se conserva y crece.
Dios nos dé verdadero conocimiento de estas verdades para que busquemos la humildad por el camino que se debe y entendamos que, aunque es virtud dificultosa de hallar y más dificultosa de conservar, los premios que trae consigo son grandes. A los humildes Dios ya no quiere tenerlos en la tierra, porque toda la tierra no basta para premiar al verdadero humilde. Solo Dios puede llenar los grandes y profundos vacíos que se hallan en un corazón humilde.
JACULATORIA: Señor, tú eres mi lámpara; Dios mío, tú alumbras mis tinieblas
LETANÍAS DE LA HUMILDAD
Venerable Cardenal Merry del Val
Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.
Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.
Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.
Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.
Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Oración:
Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.
***
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.