PRIMER DOLOR
LA PROFECÍA DE SIMEÓN
SEPTENARIO
A LA VIRGEN
DE LOS DOLORES
P. Francesco María Pecoroni
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
PRIMER DOLOR
LA PROFECÍA DE SIMEÓN
“Una espada atravesará tu propia alma”.
(Luc. 2, 35)
Considera cómo se presenta en el templo el Niño Jesús y es recibido en los brazos del viejo Simeón. Este, después de bendecir al Dios supremo por tal favor, se vuelve hacia María con tono de miedo y le dice:
No creas, oh María, que, por ser tu Hijo el Salvador del Mundo, debería ser reconocido por todos y servido. Este Niño, que para muchos será salvación y vida, para muchos otros será perdición y ruina. ¡Muchos y muchos, en lugar de adorarlo, le resultarán ingratos! El propósito y objetivo de sus persecuciones y de su odio será darle muerte, y muerte cruel e infame, muerte de cruz; y entonces será que tú, pobre Madre, que también estarás presente y verás todo, sentirás, ¡oh Dios!, el alma atravesada por la espada agudísima del dolor: “Y una espada atravesará tu alma.”
Así Simeón le dijo a María. Ahora, ¿quién podrá concebir, ni siquiera explicar, cómo ante estas funestísimas palabras se contrajo y oprimió el corazón de la Virgen, escuchando el anuncio no solo de la ruina de su pueblo judío, sino de la muerte de su amadísimo Hijo?
Ah, estas no fueron palabras, no, sino rayos de dolor atroz: “Palabras que hacen resonar el dolor” -dice aquí San Anselmo.
Si María previó en ese momento la ingratitud y, por ende, la masacre que haría el pueblo hebreo, el cual sería el autor de la ignominiosa y afrentosa muerte de su Dios, también preveía mi ingratitud, con la que, en lugar de corresponder a la Sangre preciosa que Jesús ha derramado para salvarme, he hecho un desperdicio de ella, convirtiéndola en veneno para darme la muerte eterna.
Oh afligidísima y piadosísima Virgen, ya que tan inoportunamente te he causado tan acerbo dolor, haz que, con un verdadero arrepentimiento de mis culpas y con una tierna compasión por tus dolores, yo endulce el ajenjo de tus penas.
Dame, querida Madre, dolor de tu dolor; no dejes que olvide que el fruto de esa Pasión, a ti anunciada y causándote tanta aflicción, fue causado por mí.
Oh Madre, dame amor,
hazme sentir vivo dolor,
y llorar con aflicción.
GRACIA QUE DEBE PEDIRSE
Oh María, Madre de la misericordia, como siempre tuviste fija en tu mente y en tu corazón la muerte de tu Hijo, que te fue predicha por Simeón, y por lo tanto siempre sentiste dolor, haz, te suplico, que yo siempre tenga fija en mi mente y en mi corazón esa gran máxima: “Tienes que morir”, recordatorio muy útil para no pecar nunca más.
FRUTO A RECOGERSE
EN ESTE PRIMER DOLOR
I. Después de cuarenta días de su nacimiento, la Virgen le presentó a Dios en el templo lo más querido y mejor que tenía, es decir, su único Hijo. Así que debes consagrar a Dios lo que más aprecias, lo que más te gusta y cuanto más ames en este mundo y, ante todo, ofrecerle tu corazón y todo tu ser.
II. Aunque la Virgen, como inmune a todo pecado y por haber concebido por obra del Espíritu Santo, no estaba obligada a la purificación, quería, sin embargo, en cumplimiento de la ley, someterse a ella; y esto para no parecer superior, ni más merecedora, ni mejor que las otras mujeres. Así, aprende tú a humillarte siempre, aunque Dios te haya privilegiado con la nobleza de nacimiento o con otros dones de la naturaleza y de la gracia.
III. Debido a su pobreza, la Santísima Virgen no pudo hacer una rica ofrenda en esa presentación de su Hijo, sino solo dos tórtolas. De aquí aprende que Dios se sentirá feliz con lo poco que le ofrezcas si se lo ofreces con buen corazón.
***
Nuestra Señora prometió a santa Brígida que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:
1. “Yo concederé la paz a sus familias.”
2. “Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios.”
3. “Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus trabajos.»
4. “Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino Hijo o a la salvación de sus almas.”
5. “Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y las protegeré cada instante de sus vidas.”
6. “Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Madre.
7. “He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores, sean llevadas directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo y gozo eterno.”
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Ofrezcamos el rezo de siete avemarías en recuerdo de los siete dolores de nuestra Señora.
7 Avemarías
Bendita y alabada sea la pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo,
y los Dolores de su Santísima Madre
al pie de la cruz.
ORACIÓN
Imprimid, Señora, vuestras llagas en mi corazón, para que en ellas recoja dolor y amor: dolor, para soportar por vos todos los dolores, amor, para despreciar por vos todos los amores. Amén.
Finalmente, no olvides recitar la Corona de los Siete Dolores en este día y visitar con devoción y recogimiento el altar de la Santísima Virgen de los Dolores. Por decreto de su S.S. León XIII la corona de los siete dolores de la Virgen satisface el rezo del rosario.
TEXTO Y VIDEO DE LA CORONA DE LOS SIETE DOLORES
https://misagregorianatoledo.blogspot.com/2023/09/corona-de-los-siete-dolores-de-la.html
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado, Purísimo y Doloroso Corazón de María, sed la salvación mía.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.