IGLESIA DEL SALVADOR DE TOLEDO (ESPAÑA)

Forma Extraordinaria del Rito Romano

Sábado 7 de diciembre. Primer sábado de mes. 17:45 I Vísperas de la Inmaculada, seguida la Santa misa y adoración y rezo del rosario meditado *** No habrá misa de 8:15.

Domingo, 8 de diciembre. LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN. Santa misa cantada a las 10:00..

***MISA MENSUAL EN LUGO. 7 de diciembre. Santa misa a las 17:30 horas, en la capilla del Carmen, sita en la calle del Carmen, en Lugo, justo a la salida de la puerta homónima de la muralla de la ciudad.

Para cualquier cuestión relacionada con la celebración de la Santa Misa por el modo extraordinario en Lugo, así como para recibir avisos, si lo desea, puede ponerse en contacto con nosotros mediante la siguiente dirección de correo electrónico: misatridentinalugo@hotmail.com

jueves, 12 de diciembre de 2019

EL ROCÍO DE LA GRACIA.(80.1) Hora santa con San Pedro Julián Eymard

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lunes, 9 de diciembre de 2019

LLÉVANOS TRAS DE TI, OH VIRGEN INMACULADA. Homilía



Solemnidad de la Inmaculada 2019
El tiempo litúrgico del Adviento coincide con el ritmo natural del fin del otoño y el comienzo del invierno, última estación del año solar. La muerte de la naturaleza, el frio del invierno, los días tan pequeños y las noches largar evocan de forma natural el estado del hombre tras el pecado original. Una situación desgraciada y triste, destinada a la muerte eterna.
Adán y Eva, con la transgresión del mandamiento de Dios, pierden la gracia, pierden el paraíso, pierden la vida y la amistad con Dios. Con ese Dios que los hizo a su imagen y semejanza para entablar con ellos una relación de amistad, pues a la hora de la brisa salía a buscarlos para pasear con ellos.
Pero Dios no quiso dejar su Creación destinada a la muerte. En el mismo instante que pecaron insuflo en la historia de la humanidad la esperanza. En las palabras dirigidas a la serpiente –figura de Satanás-, Dios anuncia la buena noticia para la humanidad pobre y desgraciada. “Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya. Ella te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el calcañal.”
Es lo que los Padres llaman el Protoevangelio: la primera buena noticia, la promesa de salvación, la promesa de un Salvador.
La historia de la salvación será un desarrollo de aquella primera promesa, que se irá concretando, desvelando, renovando, hasta “la plenitud de los tiempos en los que Dios envío a su Hijo nacida de una mujer.”  
Y, ¿qué celebramos hoy? La concepción inmaculada de esa mujer, que el apóstol san Juan describirá en el libro del apocalipsis como un gran portento, vestida de sol, con la luna por pedestal, adornada con doce estrellas.
La fiesta de la Inmaculada tiene todo su sentido litúrgico en medio del tiempo del Adviento, porque en esta fiesta celebramos el comienzo, la aurora, el cumplimiento de la promesa de Salvación para la humanidad. Hoy es concebida la Virgen que dará a luz al Emmanuel. Ella es la mujer que aplastará la cabeza de la serpiente.
Es un día de gozo y de alegría, por eso hoy la iglesia exulta con cantos, con ornamentos azules, con flores… y nosotros hemos de llenarnos también de este gozo profundo e interior que brota de la sagrada liturgia.  
Pero preguntémonos: ¿Qué significa que la Virgen María es Inmaculada Concepción? Lo declara solemnemente el Papa Pio IX en la definición del dogma: “la Santísima Virgen María en el primer instante de su concepción fue preservada de toda culpa original, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, atendidos los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, Salvador del género humano; ha sido revelada por Dios, y, por tanto debe creerse firme y constantemente por todos los fieles.”
¡Sí! Aquella que va a ser Madre de Dios, es concebida –como excepción a toda la humanidad- Inmaculada, preservada de toda culpa original, y sin contacto alguno con el pecado.
Cantad al Señor un cantico nuevo porque ha hecho maravillas –dice el salmista. Maravillas hizo en mí el Poderoso, cantará nuestra Señora en su Magnificat. Y nosotros, hemos también de cantar con la antífonas de la Iglesia: Tota pulchra es Maria. Toda hermosa eres María y no hay en ti mancha de pecado. Tienen tus vestidos la blancura de la nieve y tu rostro los esplendores del Sol. Tú eres la gloria de Jerusalén, tú, la alegría de Israel, tú el honor de nuestro pueblo. Llévanos tras de ti, oh Virgen Inmaculada, correremos al olor de tus perfumes.
Y, ¿puede haber alguien que no se alegre en este día? ¿Podrá alguno de nosotros considerar: Dios es injusto, hace acepción de personas; porque ha a la Virgen la ha preservado de la culpa original y al resto de los hombres no?
Este razonamiento solo puede nacer de un desconocimiento de nuestra nada y pecado y de la santidad de Dios. Este razonamiento no puede brotar más que de un corazón soberbio y engreído. Esto solo lo puede decir una mente torpe incapaz de comprender tan gran misterio y el designio de Dios en la historia.
El beato Duns Scotto, fraile franciscano, fue en el siglo XIII uno de los más grandes defensores de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.  Es conocido su argumento en esta defensa, resumido en esta expresión: Potuit, decuit, ergo fecit. Dios podía hacerlo, convenía hacerlo, pues lo hizo.
Dios podía hacer a la Virgen Inmaculada, porque para él nada hay imposible y su omnipotencia no conoce límite. El que creó todo cuanto existe de la nada y aquel que ha de resucitar del polvo de la tierra nuestros cuerpos, ¿cómo no iba a poder preservar a la Virgen Santísima de la culpa original?
Podía hacerlo, y convenía que los hiciese.
Convenía que la Virgen María fuese Inmaculada porque ella era la que iba a engendrar y dar al mundo al Cordero inocente que borrase nuestro pecado. Dios Padre quiso preparar en la Virgen María una digna morada a su Hijo que había de encarnarse.
Convenía que la Virgen María fuese Inmaculada pues ella es la Nueva Eva, que había de aplastar la cabeza de la serpiente maligna, aceptando la voluntad de Dios por medio de la obediencia. La Virgen María había de parecerse los más cerca al estado primero de nuestros padres en el paraíso.
Convenía que la Virgen María fuese Inmaculada, pues ella ha sido constituida como madre de la nueva humanidad renacida por los méritos de la pasión y muerte de su Hijo. Era necesario que aquella que había de ser Reina de los santos, fuera toda excelsa en santidad y pureza.
Convenía que la Virgen María fuese Inmaculada, porque había de ser Reina de los Ángeles; y no podía ser inferior a estos en gracia.
Convenía que la Virgen María fuese Inmaculada, porque había de ser la tesorera y dispensadora universal de la gracia para la humanidad; y no sería propio que cumpliese tal oficio y no tuviese la plenitud de la gracia. “Llena de gracia” le saluda el Ángel Gabriel  y “bendita entre todas las mujeres” –dice su prima santa Isabel porque es modelo perfecto para nosotros. Ella nos enseña a ser hombres y mujeres según el deseo de Dios.
¿Quién de nosotros no se asombra y maravilla ante la belleza inmaculada de una Madre así? ¿Cómo podemos quejarnos si por ella nos ha venido el don más grande que podemos recibir que es el mismo Jesucristo, Señor y Salvador nuestro? ¿Cómo no vamos a alegrarnos si fue por su obediencia por la que nosotros recibimos la salvación y la redención de su Hijo que nos da a través de los sacramentos? ¿Cómo no vamos a vivir confiados en tal Madre, que nos ama como a hijos verdaderos,  que quiere nuestra salvación, que está deseosa de darnos las gracias del cielo que su Hijo le ha confiado?
Queridos hermanos:
Admiremos y contemplemos tan gran misterio; y renovando nuestro bautismo donde rechazamos a Satanás y a sus obras y nos adherimos a Cristo, pidamos con sincera humildad detestar y odiar el pecado; para que a través de una vida santa, podamos llegar a la presencia de Dios purificados de toda inmundicia, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santos e inmaculados.

LA FE EN LA LEY CORROBORÓ LA FE EN EL EVANGELIO. San Jerónimo


Comentario al Evangelio
San Jerónimo
II domingo de Adviento
«Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea». El domingo pasado decíamos en nuestra explicación que Juan se identifica con la ley y Jesús con el Evangelio. Juan, en efecto, dice: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias». Y en otro lugar: «Es preciso que él crezca y que yo disminuya» . Aquí establece una comparación entre la
ley y el Evangelio. Y dice también: «Yo os bautizo con agua», esto es la ley, «pero él os bautizará con Espíritu Santo, esto es el Evangelio. Vino, por ello, Jesús, porque Juan había sido encarcelado. La ley ha sido encarcelada y ya no goza de su antigua libertad, pero de la ley hemos pasado al Evangelio. Fijaos bien en lo que dice: «Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea». No a Judea, ni a Jerusalén, sino
a la Galilea de los gentiles. «Marchó Jesús a Galilea». Galilea significa en nuestra lengua cataquilioté (llanura circular). Pues antes de la venida del Salvador no había allí nada elevado, antes bien todo lo que arrastra hacia abajo: pululaban allí la lujuria, la suciedad, la impureza y los vicios inmundos. Predicando el Evangelio del reino de Dios. En cuanto puedo recordar, del reino de los Cielos no he oído hablar nunca, leyendo la ley, leyendo los profetas o leyendo el salterio, sino sólo en el Evangelio. El reino de Dios ha quedado abierto sólo después de que haya venido aquel que dijo: «El reino de Dios está dentro de vosotros».
«Predicando el Evangelio del reino de Dios». «Desde los días de Juan el Bautista, el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan». Antes de la venida del Salvador y de la luz del Evangelio, antes de que Cristo, acompañando al buen ladrón, abriese la puerta del paraíso, todas las almas de los santos eran conducidas a los infiernos. Como dice Jacob: «Llorando y gimiendo bajaré a los infiernos». Si Abraham fue a los infiernos, ¿quién no irá allí? 17. En la ley, Abraham va a los infiernos, en el Evangelio, el ladrón va al paraíso. No desdeñamos a Abraham, en cuyo seno deseamos todos descansar, mas preferimos Cristo a Abraham, preferimos el Evangelio a la ley. Leemos que después de la resurrección de Cristo muchos santos se aparecieron en la ciudad santa. Nuestro Señor y Salvador predicó no sólo en la tierra, sino también en los infiernos. Por esto murió y por esto descendió a los infiernos, para liberar las almas que allí habían sido encarceladas.
Predicando el Evangelio del reino de los Cielos y diciendo: se ha cumplido el tiempo de la ley, llega el comienzo del Evangelio, el reino de Dios está cerca. No dijo: ya está presente el reino de Dios, sino el reino de Dios está cerca. Antes de que yo padezca y derrame mi sangre, no será inaugurado el reino de Dios. Por tanto, está cerca, porque yo aún no he padecido. Convertíos y creed en el Evangelio: no en la ley, sino en el Evangelio; mejor aún: por la ley en el Evangelio, tal como está escrito: «de fe en fe». La fe en la ley corroboró la fe en el Evangelio.

EVANGELIO DEL DOMINGO: ID Y DECIDLE A JUAN LO QUE HABÉIS VISTO Y OIDO

II DOMINGO DE ADVIENTO

Forma Extraordinaria del Rito Romano
En aquel tiempo: Al oír Juan desde la cárcel las obras de Cristo, envió dos de sus discípulos a preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro? Y, respondiendo Jesús, les dijo: Id y contad a Juan lo que habéis oído y visto. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia el Evangelio a los pobres y bienaventurado el que no se escandalice en mí. Luego que se fueron éstos, comenzó Jesús a hablar de Juan al pueblo: ¿Qué sa­listeis a ver al desierto? ¿Una caña movida del viento? O ¿qué salisteis a ver, a un hombre vestido con ro­pas delicadas? Los que visten finos vestidos están en casas de reyes. ¿Qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Ciertamente, y a uno más que profeta. El es de quien está escrito: He aquí que envío mi ángel ante tu faz, para que prepare tu camino ante ti.
Mt 11, 2-10
COMENTARIOS AL EVANGELIO
Benedicto XVI ¿ERES TÚ, SEÑOR, EL QUE HAS DE VENIR?
 DISPONER VUESTROS CORAZONES. San Juan Bautista de la Salle

domingo, 8 de diciembre de 2019

POR TU SANTA E INMACULADA CONCEPCIÓN, ¡OH VIRGEN MARÍA! LÍBRANOS DE TODO PECADO A TODOS TUS HIJOS Y DE LA MUERTE ETERNA. San Enrique de Ossó




8 de diciembre
MEDITACIÓN PARA EL DÍA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN. San Enrique de Ossó
Punto primero. María Inmaculada a sus hijos. –“Yo me regocijaré con sumo gozo en el Señor, y el alma mía se llenará de placer en mi Dios, porque me ha revestido con el ropaje de salud, de justicia y de alegría, como esposa ataviada con sus joyas. Venid a mí todos los que me amáis, y os contaré cuántas y cuán grandes cosas ha hecho el Señor omnipotente en mi alma, porque llenó en mí su misericordia”. Con estas palabras, hijo mío, te convido con la Iglesia a celebrar mis glorias en este día grande y santo, el más grande y glorioso para mi corazón, porque en este día, en el primer instante de mi Inmaculada Concepción, fui preservada inmune de toda mancha de pecado original, por singular privilegio de Dios y en vista de los méritos de Jesucristo, salvador del género humano. Esta es la verdad dogmática o artículo de fe que todos debéis creer firmemente, después que mi pontífice, el inmortal Pio IX, la definió solemnemente el día 8 de diciembre de 1854. Sí, hijo mío, asóciate con todo el gozo de tu alma al gozo sincero y solemne y universal con que celebra esta mi fiesta, la primera y más amada de mi corazón, la santa Madre Iglesia, y procura sacar gran provecho de esta bella verdad, de esta solemnidad excelsa, singular. A este fin, considera, hijo mío, como yo fui preservada inmune de toda mancha de pecado original, por singular privilegio de Dios omnipotente. Todos, hijo mío, habéis sido, a lo menos un instante, pecadores, hijos de ira, de maldición, objeto de horror a los ojos de Dios. Todos habéis estado sujetos a la serpiente infernal y habéis sido sus esclavos, y vuestra alma hermosa ha sido afeada por la culpa original. Todos fuisteis anegados en las aguas de la culpa del diluvio universal, menos yo, que como arca santa floté sobre la superficie de sus aguas cenagosas y no fui anegada en este universal naufragio. Mas, para esto fue necesario un singular privilegio de Dios, y Dios, que me amaba más que a todos los ángeles y santos, me hizo esta gracia. Tú también, hijo mío, por una singular providencia de Dios fuiste llamado a la luz de la fe, a la gracia del santo bautismo. ¡Cuántos herejes e idólatras no han tenido esta gracia, este privilegio! ¿Qué has hecho, qué haces, qué debes hacer para corresponder a esta fineza de predilección de tu Dios? ¿Has sabido, a lo menos, después de purificado, conservar esta gracia? ¿Eres puro, eres santo, o a lo menos pecador arrepentido?
Punto segundo. Mi Concepción Inmaculada, hijo mío, es el fundamento de todas mis grandezas, excelencias, gracias y glorias. Un edificio, por magnífico y precioso que sea, si no tiene buen fundamento siempre está en peligro de ruina; pero si tiene buen fundamento, subsiste y puede edificarse sobre él cuanto convenga. Pon por fundamento de mis glorias que he sido Inmaculada desde el primer instante de mi Concepción, y todas las gracias y privilegios que edificó el poder, sabiduría y amor de Dios sobre mí, tienen un buen asiento y conveniente explicación. Llámame Reina de los ángeles y de los hombres, llena de gracia, enemiga irreconciliable de la serpiente infernal y aplastadora de su cabeza, abismo de las gracias y Madre de Dios; todo se explica, todo sienta bien en mi alma. Si no hubiese sido Inmaculada, nada de esto se puede decir bien. Viste o adorna de pedrerías a una estatua preciosa que sea de oro; si le pones los pies de sucio barro, cuanto más la hermosees, si no corriges este defecto, peor lo harás. Pues así, hijo mío, por más que me reconocieras adornada de todos los tesoros y gracias del Rey de la gloria, si pusieres mis pies, mis fundamentos amasados y hechos de sucio barro del pecado original, más me afearías. Si mis pies son de oro purísimo, bien está que me adornes con ricas preseas. Más aún, hijo mío: si estuviese en la mano de un buen hijo el escoger para madre suya la madre más noble, más rica, más pura, más agraciada y santa, ¿podría caber en su entendimiento sano, que estando en su mano así escogerla con solo querer, la escogiese fea, necia, haraposa y mala? pues Cristo Jesús, Hijo de Dios e hijo de mis entrañas, que me poseyó ya en los principios de sus caminos, podía escogerme toda bella, hermosa, pura, agraciada y santa, porque es infinitamente poderoso, sabio y bueno. ¿Pudo hacerlo? ¿Supo hacerlo? ¿Era decoroso hacerlo? Luego lo hizo, luego me crió toda pura, toda santa, toda hermosa. Así discurrían, hijo mío, tus buenos padres, para quienes este misterio de mi Concepción Inmaculada fue misterio del corazón antes que misterio de fe: misterio de amor y de buen sentido católico, antes que misterio de creencia dogmática. Yo soy escogida con mi hijo Jesús y para mi hijo Jesús en otro orden de cosas y de predestinación que en el común de los hombres. Yo soy María, toda de Jesús y toda para Jesús, Hijo de Dios, y por ende Inmaculada siempre, purísima siempre, toda hermosa y santa. Dime, pues, siempre y repítelo muchas veces en este día, el más feliz y glorioso de mi vida, si quieres contentarme: Toda hermosa sois ¡oh María! y mancha original no hay en vos, y procura, para más agradarme, conservar también tu alma pura y limpia de todo pecado.
Punto tercero. Los hijos de María a su Madre. –Ave María purísima: sin pecado concebida. ¡Qué día más hermoso es el día de mi amada Madre María Inmaculada en su Concepción! ¡Qué día más santo, más alegre, más lleno de gozo purísimo que se derrama en los senos más íntimos de los corazones de todos los católicos y en especial de los españoles que os aclamamos por nuestra patrona! ¡Qué inmenso rio de celestial dulzor y amor penetra en todas las almas que os aman! Nuestros campos ¡oh María! se ven ya tapizados de verde alfombra, nuestras casas llenas se ven de luz y claridad, la atmósfera es más diáfana y trasparente, la luna más bella, las estrellas más brillantes, el sol más espléndido, y todo nos anuncia el día grande que ha hecho el Señor de su Madre Inmaculada, porque todos nos alegremos y gocemos en él. Salve ¡oh María Inmaculada! vida, dulzura, gloria, honor y esperanza nuestra. Salve ¡oh María Inmaculada! llena de gracia desde el primer instante de tu Purísima Concepción. Salve ¡María Inmaculada! adornada desde el primer instante con todas las gracias, dones, prerrogativas y privilegios de la divina largueza de Dios entre todos los ángeles y santos. Salve ¡María Inmaculada! vencedora de Satanás, quebrantadora de su cabeza, terror del infierno y de todos los que obran la iniquidad. Por tu santa e Inmaculada Concepción, ¡oh Virgen María! líbranos de todo pecado a todos tus hijos y de la muerte eterna. No permitas que el demonio con sus engaños nos seduzca, ni con sus asechanzas nos haga caer en pecado. Aplástale la cabeza, y que nunca nos pueda dañar. Haz que tengamos un perpetuo horror a todo pecado y a toda ocasión de pecar, porque solo el pecado es el único mal, el sumo mal, el verdadero mal. ¡Oh bendita entre todas las criaturas, Inmaculada María! Vos sois nuestra gloria y nuestro honor. Aceptad, pues, nuestros pequeños obsequios de amor hacia vos: aceptad nuestras súplicas, y por la inmensa bondad de que rebosa vuestro corazón maternal, guardadnos, como a hijos vuestros muy queridos, como a la niña de vuestros ojos, en lo más recóndito de ese vuestro Inmaculado corazón. Nosotros queremos a toda costa agradaros, contentaros, honraros y glorificaros, Madre querida: por esto unimos en este día inmaculado nuestro gozo y nuestras alabanzas a las de todos los ángeles y santos del cielo y tierra, y os proclamamos Inmaculada, purísima, sin mancha de pecado ni de imperfección. Bendita seáis siempre ¡oh Virgen Inmaculada! por todos. Bendito sea vuestro santo nombre, bendito vuestro dulcísimo corazón; bendita vuestra alma purísima y santísima; bendita vuestra santa e Inmaculada Concepción. ¡Oh, María! ¡Oh, Virgen! ¡Oh, Madre! salvad y defended a la Iglesia y al sumo pontífice, que así os honran y adornan vuestra cabeza con hermosa corona de estrellas. Salvad a España, la hija primogénita de vuestra Concepción, ya que sois su excelsa patrona. Salvad al mundo; salvadnos, que perecemos ¡oh María Inmaculada! ¡Viva vuestra Concepción Inmaculada!
Jaculatoria. ¡Oh María Inmaculada! Haced que todos los que honramos vuestra Concepción, sintamos y experimentemos vuestra ayuda y protección.
Obsequio. Repetiré hoy doce veces a lo menos: Toda hermosa eres ¡oh María! y mancha original no hay en ti. ¡Viva la Inmaculada Concepción de María!

EVANGELIO DEL DÍA: ALEGRATE, LLENA DE GRACIA


8 de diciembre
LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
Forma Extraordinaria del Rito Romano

En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Lc 1, 26-28
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