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viernes, 24 de abril de 2020

LETANÍAS MAYORES, LETANÍAS MENORES, ROGATIVAS...


LAS LETANÍAS MAYORES tienen origen en la fiesta pagana que se celebraba en Roma el 25 de abril llamada fiesta de las Robigalia, y ésta consistía principalmente en una procesión, que, saliendo de la ciudad por la puerta Flaminia, se encaminaba al puente Milvio, para terminar en un Templo suburbano, sito a la Vía Claudia, y allí se inmolaba una oveja en honor de un dios o de una diosa Robigo. Así que la Letanía Mayor no consistió sino en sustituir con una ceremonia cristiana la anterior pagana. El recorrido de la procesión lo conocecemos por una convocatoria de San Gregorio Magno, siendo casi el mismo que el de la procesión pagana. Todos los fieles cristianos de Roma iban a la Iglesia de San Lorenzo in Lucina, la más próxima a la puerta Flaminia. La procesión salía por esa misma puerta, hacía estación en San Valentín, atravesaba por el puente Milvio, y de allí torcía a la izquierda en dirección al Vaticano. Después de deternerse junto a una cruz, entraba en la Basílica de San Pedro, en donde se celebraban los Divinos Misterios. Estas letanías se rezaban en toda la Iglesia para ahuyentar los malos temporales y atraer las bendiciones de Dios sobre las mieses. "Dígnate, Señor, conservar y dar los frutos de la tierra; te rogamos, Señor que nos oigas" canta la Iglesia al recorrer procesionalmente los campos.
Las letanías mayores tienen ocurrencia perpetua con la fiesta de San Marcos Evangelista (II clase). En aquellos lugares donde se realice la procesión de las letanías, a continuación debe celebrarse la misa de las Rogativas EXAUDIVIT, con la conmemoración de la fiesta de san Marcos, evangelista. En misa que sigue a la procesión, se omite las oraciones al pie del altar hasta el Oramus te incluido. En el oficio, aquellos que están obligados al rezo del breviario y no participan en la Procesión deben recitarlas privadamente después del "Benedicamus Domino" de laudes.
Si el 25 de abril es domingo de Pascua o el Lunes de Pascua, se transfieren al martes, con la misa de la octava; lo mismo si la coincidiese con una fiesta de I clase.

LAS LETANÍAS MENORES O ROGATIVAS son las preces con las que Iglesia suplica a Dios el perdón de sus pecados y las bendiciones para las cosechas. Se llaman letanías menores para diferenciarlas de las letanías mayores (25 de abril) que son de carácter obligatorio.

La celebración litúrgica de las letanías consiste en una solemne procesión con el canto de las letanías de los santos y las preces que le siguen como aparecen en el Ritual Romano, la bendición de los campos y la Santa Misa estacional.
Su origen histórico se remonta al siglo V en la región del Delfinado en Francia. A causa de grandes calamidades públicas, el Obispo San Mamerto estableció una solemne procesión de penitencia en los tres días anteriores a la fiesta de la Ascensión. El Concilio de Orleáns (511) los prescribió para toda Francia. Posteriormente, el Papa León III en el año 816 la estableció para Roma y pronto se extendió a todo el Rito Latino.
El significado espiritual de estas rogativas hemos de entenderlo en la clave del Evangelio que el Uso Extraordinario se prescribe para el domingo anterior a la Ascensión (Jn 16, 23 ss): “En aquel tiempo, dijo Jesús: Os aseguro que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre él os lo concederá en mi Nombre. Hasta ahora, no habéis pedido nada en mi Nombre. Pedid y recibiréis, y tendréis una alegría que será perfecta.” Movida y animada por estas palabras del Divino Salvador, la Iglesia instituyó estos tres días de petición para que al ascender el Señor a los cielos lleve consigo nuestras súplicas ante el trono del Padre, Dios Misericordioso y Providente.
Si se celebran las rogativas, la misa que le siga ha de ser la propia  de las Rogativas EXAUDIVIT, con las conmemoraciones que procedan.  En misa que sigue a la procesión, se omite las oraciones al pie del altar hasta el Oramus te incluido.
El Ordinario puede establecer otros días según la diversidad o costumbre o necesidad de las regiones.
El canto o recitación de las letanías puede hacerse en lengua vernácula, y los clérigos que participan en ellas no están obligados a repetirlas en lengua latina.
Tanto en las letanías mayores y menores, si no es posible la realización de la procesión, el Ordinario puede ordenar súplicas especiales que incluyan el rezo o canto de las letanías dentro de la Iglesia

miércoles, 13 de julio de 2016

LA LITURGIA ES LA OBRA PASTORAL POR EXCELENCIA. Beato Carlos Manuel Rodriguez




 LA LITURGIA ES LA OBRA PASTORAL POR EXCELENCIA. 
Beato Carlos Manuel Rodriguez
¡Qué de esfuerzos hacen los católicos, sacerdotes y seglares, para organizar tantas obras en sí útiles, pero de segunda importancia! ¡Qué de tiempo, trabajo y afanes a ellas dedicados! ¡Cual no sería el resultado si se tomasen el mismo interés y dedicasen el mismo afán para promover el retorno a las cosas esenciales mediante un nuevo descubrimiento de la Liturgia! ¡Cuánto no lograrían si laborasen porque ésta fuese comprendida, practicada, vivida y amada a plenitud por todo el pueblo cristiano! No se diga que el pueblo no puede entender, pues la Liturgia es para el Pueblo Santo de Dios y no para un grupo selecto de eruditos y estetas. En la Iglesia primitiva el pueblo entendía, ¿por qué?.. Si en la educación litúrgica del pueblo se hubiese empleado el mismo interés y afán que ordinariamente se emplea en la propaganda de tantas devociones y prácticas de piedad, algunas muy excelentes y otras no tanto, hoy la Liturgia sería la devoción popular, como lo fue en el pasado. Los fieles también forman parte del Cuerpo Místico y mora en ellos el Espíritu Santo, quien suplirá por lo que a ellos falte. Siendo la Liturgia la obra pastoral por excelencia, los sacerdotes deben ser los primeros en estar convencidos de su valor, no sólo en cuanto a los fieles se refiere, sino para su propia vida espiritual y para su apostolado. Para emprender todo lo que envuelve la renovación litúrgica es necesario estudiar a fondo la materia, para ver realmente de qué se trata, pues es algo más profundo y santamente revolucionario de lo que aparece a primera vista. La Liturgia no es un detalle, aunque importante, sino el centro y, hasta cierto punto, el todo de la vida cristiana, por tanto, no es una utopía irreal, lo que proponemos; no es entusiasmo de exaltado lo que nos mueve al apostolado litúrgico. Lo que los documentos de la Iglesia ofrecen es algo muy deslumbrante y espiritual y supone una fe muy profunda, madura y muy asimilada. Ya es hora de que despertemos de nuestro letargo y entremos de lleno en esta renovación que el Espíritu Santo suscita en la Iglesia. No nos resistamos por ignorancia y terquedad. Retomemos a la fuente primaria e indispensable del verdadero espíritu cristiano. Sintamos con la Iglesia en todo. Hay que participar a plenitud, con la inteligencia y con el corazón, con el alma y con el cuerpo, con el rezo y con el canto, es decir, con todo nuestro ser. Hay que darle meditación seria y estudio a este asunto de tan vital importancia. Aquellos que tienen mayor preparación, sean sacerdotes o seglares, deben decidirse a estudiar seriamente los documentos que a este respecto han emitido los últimos pontífices y si es posible, leer y estudiar las obras de mayor importancia que sobre la materia han escrito los sabios y estudiosos en este campo de la Liturgia. Sólo así comprenderemos de qué se trata. Es algo más que cambio de prácticas, es el cambio de toda una mentalidad.

lunes, 11 de mayo de 2015

LAS LETANÍAS MENORES - ROGATIVAS


Las letanías menores o rogativas son las preces con las que Iglesia suplica a Dios el perdón de sus pecados y las bendiciones para las cosechas. Se llaman letanías menores para diferenciarlas de las letanías mayores (25 de abril) que son de carácter obligatorio. 
La celebración litúrgica de las letanías consiste en una solemne procesión con el canto de las letanías de los santos y las preces que le siguen como aparecen en el Ritual Romano, la bendición de los campos y la Santa Misa estacional. 
Su origen histórico se remonta al siglo V en la región del Delfinado en Francia. A causa de grandes calamidades públicas, el Obispo San Mamerto estableció una solemne procesión de penitencia en los tres días anteriores a la fiesta de la Ascensión. El Concilio de Orleáns (511) los prescribió para toda Francia. Posteriormente, el Papa León III en el año 816 la estableció para Roma y pronto se extendió a todo el Rito Latino. 
El significado espiritual de estas rogativas hemos de entenderlo en la clave del Evangelio del domingo anterior a la Ascensión (Jn 16, 23 ss): “En aquel tiempo, dijo Jesús: Os aseguro que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre él os lo concederá en mi Nombre. Hasta ahora, no habéis pedido nada en mi Nombre. Pedid y recibiréis, y tendréis una alegría que será perfecta.” Movida y animada por estas palabras del Divino Salvador, la Iglesia instituyó estos tres días de petición para que al ascender el Señor a los cielos lleve consigo nuestras súplicas ante el trono del Padre, Dios Misericordioso y Providente.

martes, 24 de marzo de 2015

LA VELACIÓN DE LAS IMÁGENES Y REPORTAJE FOTOGRÁFICO DEL I DOMINGO DE PASIÓN

Ofrecemos una selección de fotografías, gentileza de Dña. Ana María Galvez, de la Santa Misa cantada del I domingo de Pasión en la Iglesia del Salvador. Como algo característico de este tiempo es la velación de las imágenes. Ofrecemos a continuación un acercamiento a esta costumbre del liturgista P. Azcárate:
¿Por qué se cubren la cruz y las imágenes en el Tiempo de Pasión?
El rito litúrgico que hace más sensible a los ojos de los fieles esta actitud dolorosa de la Iglesia en Tiempo de Pasión, es el de la velación de las imágenes, que prescribe el Ceremonial y que se efectúa el sábado anterior.
Históricamente, creemos hallar la clave de este rito en el de la penitencia pública. Como ya hemos dicho, el primer día de Cuaresma se presentaban los penitentes en traje y en actitud humilde a la iglesia, de la que el obispo les despedía, después de imponerles la ceniza y vestirlos de saco y de cilicio como Dios despidió a Adán y Eva del paraíso enviándolos hasta el Jueves Santo a algún monasterio de las afueras de la ciudad. El rito de la expulsión perduró hasta el siglo XVI, en que, extendiéndose, por devoción, la penitencia pública y la recepción de la ceniza a la generalidad de los fieles, no fue ya posible expulsar del templo a todos los penitentes, que formaban mayoría. Para recordarles, no obstante, el suprimido rito y mantenerlos en la humildad, se les aisló, ya que no de la iglesia, del presbiterio, mediante una cortina roja suspendida de la bóveda. Poco a poco, sin duda por no hallar práctico este sistema que deslucía y embarazaba las ceremonias litúrgicas, dicha cortina se fue acortando y reduciendo al velo actual, que apenas cubre las imágenes y la cruz. He aquí, pues el origen histórico y la razón de ser del cortinaje, de diversas hechuras y tamaños, según los países e iglesias, que se usa en la actualidad.
Los liturgistas simbolistas han visto en este rito un recurso piadoso para representar materialmente el hecho de haber tenido que esconderse el Señor en el templo para escapar al furor de sus enemigos que intentaron apedrearlo.
Tal, en efecto, autoriza a suponerlo la costumbre medioeval de cubrir el Crucifijo, justamente en el momento preciso de cantarse en la Misa el texto mismo del Evangelio alusivo a ese hecho. Al propio tiempo le atribuyen la virtud de recordar a los fieles que, durante esta temporada, Nuestro Señor veló su divinidad, dejándose prender y torturar como si sólo fuese hombre, y hombre criminal. Y conforme a esto, la razón de cubrir las imágenes de los Santos a la vez que la del Crucifijo, sería la de hacer ver que también los hijos participan de la confusión y oprobios del Padre, y que deben ellos también ocultar su gloria cuando la del Señor se desvanece a los ojos de los hombres. Que es la misma razón por la cual también se omiten en el oficio de Pasión los sufragios de los Santos.





jueves, 23 de octubre de 2014

EXPLICACIÓN DE LOS ORNAMENTOS. San Antonio María Claret


“El cíngulo significa la soga con que lo ataron cuando le prendieron en el huerto. El Manípulo significa los cordeles con que le amarraron a la columna para azotarle. La estola recuerda la soga que llevaba al cuello cuando iba al Clavario.  El sacerdote revestido con los ornamentos sagrados representa a Jesucristo nuestro Redentor en su sagrada pasión. El cáliz y la patea representan el sepulcro y  los corporales sábana con que fue amortajado”

sábado, 4 de octubre de 2014

SAN FRANCISCO Y EL CUIDADO DE LA LITURGIA


Por consiguiente, todos aquellos que administran tan santísimos ministerios, y sobre todo quienes los administran sin discernimiento, consideren en su interior cuán viles son los cálices, los corporales y los manteles donde se sacrifica el cuerpo y la sangre de nuestro Señor. Y hay muchos que lo abandonan en lugares viles, lo llevan miserablemente, y lo reciben indignamente, y lo administran a los demás sin discernimiento. (...) Enmendémonos de todas estas cosas y de otras pronta y firmemente; y dondequiera que estuviese indebidamente colocado y abandonado el santísimo cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, que se retire de aquel lugar y que se ponga en un lugar precioso y que se cierre. (...) Estamos obligados por encima de todo a observar todas estas cosas según los preceptos del Señor y las constituciones de la santa madre Iglesia. 
CARTA A LOS CLÉRIGOS II 

Os ruego, más que si se tratara de mí mismo, que, cuando os parezca bien y veáis que conviene, supliquéis humildemente a los clérigos que veneren sobre todas las cosas el santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo y sus santos nombres y sus palabras escritas que consagran el cuerpo. Los cálices, los corporales, los ornamentos del altar y todo lo que concierne al sacrificio, deben tenerlos preciosos. Y si el santísimo cuerpo del Señor estuviera colocado en algún lugar paupérrimamente, que ellos lo pongan y lo cierren en un lugar precioso según el mandato de la Iglesia, que lo lleven con gran veneración y que lo administren a los otros con discernimiento. (...) Cuando es consagrado por el sacerdote sobre el altar y cuando es llevado a alguna parte, que todas las gentes, de rodillas, rindan alabanzas, gloria y honor al Señor Dios vivo y verdadero.  Y sepan que tienen la bendición del Señor Dios y la mía todos mis hermanos custodios a los que llegue este escrito y lo copien y lo tengan consigo, y lo hagan copiar para los hermanos que tienen el oficio de la predicación y la custodia de los hermanos, y prediquen hasta el fin todo lo que se contiene en este escrito. Y que esto sea para ellos como verdadera y santa obediencia. Amén.
Carta a los clérigos
Amonesto a todos mis hermanos y los animo en Cristo para que, en cualquier parte en que encuentren palabras divinas escritas, las veneren como puedan, y, por lo que a ellos respecta, si no están bien guardadas o se encuentran indecorosamente esparcidas en algún lugar, las recojan y las guarden, honrando al Señor en las palabras que habló (3 Re 2,4). Pues muchas cosas son santificadas por las palabras de Dios (cf. 1 Tim 4,5), y el sacramento del altar se realiza en virtud de las palabras de Cristo.

He pecado por mi grave culpa, especialmente porque no he guardado la Regla que prometí al Señor, ni he rezado el oficio como manda la Regla, o por negligencia, o con ocasión de mi enfermedad, o porque soy ignorante e iletrado. (...) que los clérigos recen el oficio con devoción en la presencia de Dios, no atendiendo a la melodía de la voz, sino a la consonancia de la mente, de forma que la voz concuerde con la mente, y la mente concuerde con Dios, para que puedan aplacar a Dios por la pureza del corazón y no recrear los oídos del pueblo con la sensualidad de la voz. 
Carta a los hermanos
FUENTE: http://www.franciscanos.org/esfa/escritossf.html#adm

viernes, 26 de septiembre de 2014

LAS TEMPORAS. P. Azcárate

Las Cuatro Témporas están en uso en la Iglesia romana desde el siglo IV o V, y de ella pasaron poco a poco a las iglesias de otros países, hasta imponerse definitivamente. Son cuatro semanas, pero, no completas sino al estilo antiguo, dedicadas al ayuno, a la abstinencia y a la oración, con ocasión de las cuatro Estaciones del año, para dar gracias a Dios por las cosechas recibidas, ofreciéndole las primicias, y para pedirle sus bendiciones sobre las venideras. Era una manera de reconocer y adorar la Divina Providencia.
Primitivamente sólo eran tres las Témporas: las del cuarto mes (verano), las del séptimo (otoño) y las del décimo (invierno), pues las del primero (primavera), las suplía el ayuno cuaresmal.
Hay autores que demuestran con bastantes argumentos que las Cuatro Témporas son la transformación de las fiestas, o mejor, de las ferias paganas (ferias de la sementera, de la cosecha y de la vendimia), celebradas en sus respectivas estaciones para granjearse el favor de los dioses.
Los días consagrados por las Cuatro Témporas son: el miércoles, el viernes y el sábado, los únicos días, con el domingo, de la semana litúrgica primitiva. Los tres cuentan con Misa propia y el sábado está ahora destinado a las Ordenaciones mayores y menores, si bien antiguamente las del diácono y sacerdote se reservaban para las de diciembre.