miércoles, 17 de junio de 2026

De la perfección infinita de Dios.

 


Jueves de la III semana después de Pentecostés.

De la perfección infinita de Dios.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Jueves de la III semana después de Pentecostés.

De la perfección infinita de Dios.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo nuestro Redentor nos mandó que fuésemos perfectos como nuestro Padre celestial lo es: para lo cual es necesario contemplar y meditar la infinita perfección de Dios y aspirar a imitarla en todo cuanto alcanzaren nuestras fuerzas con su divina gracia. Considera, pues, lo primero cómo Dios es perfectísimo en sí mismo, sin que le falte ni pueda faltar perfección alguna ni pueda tener imperfección, y esto por sí mismo y por su infinita bondad, sin participar esta perfección de otro, ni depender de alguno para conservarla en sumo grado, sobre todo cuanto se puede imaginar. Contempla este piélago inmenso de bondad, y este campo ancho y dilatado sin fin, y esta luz inaccesible, y admírate y gózate de que sea Dios quien es; y saca de aquí un grande afecto de amor y alabanza, y deseo de escusar en tu alma y en todas tus acciones la más mínima mancha de imperfección, y hacer todas tus obras con la perfección posible para imitar como pudieres la suma perfección de Dios.

 

PUNTO II. Considera que en Dios están todas las perfecciones de las criaturas en subidísimo grado, tanto que no tienen número ni fin, porque todo lo que está en Dios es Dios infinito e incomprensible como él, y no solamente abraza la perfección de todas, sino que todas participan las que tienen de Dios. Contempla aquel mar amplísimo, profundísimo e inagotable de las perfecciones divinas, de donde salen como arroyos y se levantan como vapores todas las perfecciones de hermosura, grandeza, entendimiento, sabiduría, fuerzas, bondad, liberalidad, etc., que se reparten entre todas las criaturas, y todas juntas no son una gota comparadas con el mar de la perfección de Dios, y absorto en admiración de su inmensa bondad y perfección, hazte lenguas en alabanza y pídele juntamente que pues todo lo llena no te deje vacío, sino que te comunique alguna parte de su grande bondad y suma perfección.

 

PUNTO III. Desciende en particular por las perfecciones de todas las criaturas, así corporales como espirituales: contempla la hermosura del sol, de la luna y estrellas; la grandeza de los cielos, la diafanidad del aire, y el agua; el orden del universo, la belleza y fragancia de las flores, la fecundidad de los árboles y animales; el entendimiento de los hombres; la sabiduría y perfección de los ángeles, y la bondad que se halla en todo cuanto hay criado, y luego sube a mirar la perfección del Altísimo, y mira un ramillete compuesto de todas estas y otras infinitas perfecciones, y no llegarás a comprender cuál y cuánta es la de Dios: humíllate con los ángeles en su acatamiento, conociendo que eres una hormiga, y menos que un mosquito, y una asquerosidad en su comparación; y mira luego cómo te has atrevido a ofenderle, y cuán lejos estás de amarle y servirle como debes, y aniquílate en su presencia con la consideración, admirándote de su grandeza, de su bondad y sufrimiento, y de que te permita a ti, vilísimo gusanillo, amarle y servirle, y que te exhorte a imitarle, habiendo infinita distancia entre los dos.

 

PUNTO IV. Habiendo contemplado lo dicho, y cómo Dios abraza todas las perfecciones posibles sin mota de imperfección, vuelve los ojos al engaño de los hombres, y llora su ceguedad y la tuya, que dejando la suma bondad os abatís a la imperfectísima de las criaturas, llevados del deleite y de la hermosura aparente, dejando la verdadera y suma del Omnipotente Dios; llora tu ceguedad y pídele perdón de tu yerro, y di con san Agustín: Deus meus, et omnia: vos sois mi Dios y todas mis cosas, todas las tengo en Dios en subidísimo grado, no apetezca mi alma cosa alguna fuera de vos; tenedme de vuestra mano para que no me ciegue ni engañe el mundo, ni lo que resplandece en él; dad, Señor, luz a los hombres paraque os conozcan y busquen y desprecien todo lo terreno por vos.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones