Viernes de la II semana después de Pentecostés.
Para disponerse antes de la comunión para recibir a Dios
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Viernes de la II semana después de Pentecostés.
Para disponerse antes de la comunión para recibir a Dios.
Aunque las meditaciones pasadas pueden aprovechar para disponerse con fervor para la sagrada Comunión, y también por acción de gracias, después de haber comulgado, ha parecido conveniente añadir aquí las dos siguientes para disponerse antes y dar gracias después, a ejemplo de Zaqueo, conforme a lo que dice san Lucas en el cap. 19.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo andando Cristo por Jericó, Zaqueo, que era rico y principal, deseó sumamente verle y tratarle, e hizo las diligencias que pudo para ello. En que te enseña la primera diligencia que debes hacer para recibir a este Señor dignamente en tu casa; conviene a saber, el deseo de recibirle; porque el pan que se come con hambre entra en provecho, y para esto has de avivar la fe y el conocimiento de este Señor, y con él la estimación de su persona y de la merced que te hace, y despertar en tu alma vivos deseos de recibirle y lograr esta merced.
PUNTO II. Considera las diligencias que hizo Zaqueo, entre las cuales la primera fue subirse en un árbol alto para verle, por ser pequeño de estatura. Este árbol frondoso, dice san Ambrosio, que fue símbolo de la vanidad y soberbia del mundo, raíz de muchos vicios, los cuales conviene pisar cómo Zaqueo, purificando la conciencia de todo pecado para recibir a Cristo; era pequeño y rico, porque ha de ser pequeño por la humildad, y rico por las virtudes el que le hubiere de recibir; aquí debes entrar en tu conciencia y examinarla rigurosamente, limpiándola de toda imperfección, regándola con lágrimas de contrición y adornándola de virtudes para que sea digna posada del Señor.
PUNTO III. Considera la atención, gusto y devoción con que Zaqueo miró a Cristo sin perturbarle tanta multitud de gente como concurrió a ver al Salvador y ser él tan pequeño, todo lo venció para mirarle, y mereció por esto que Cristo le mirase y llamase entre todos; en que tienes documento de lo que has de hacer antecedentemente a la sagrada comunión; conviene a saber, mirar al Señor que pretendes recibir con los ojos de la meditación y contemplación, recogiéndote a la oración sin dar lugar a que te perturbe la muchedumbre de los negocios seglares, ni las visitas de los hombres. Considera quién es el Señor que ha de venir a tu casa, y quién eres tú que le has de recibir. Pondera su alteza en vista de tu bajeza, y tu indignidad a vista de su majestad. Mírale en el cielo, adorado de los ángeles en el trono de su grandeza, y la pequeñez de tu humilde posada, tan indigna de tan alto Señor, y pídele que te disponga con su gracia y que te envíe los ángeles sus aposentadores para que aperciban tu pobre casa y la adornen de manera que sea digna posada para venir a ella.
PUNTO IV. Considera cómo miró Cristo a Zaqueo y le llamó y mandó que bajase con presteza; porque le convenia entrar en su casa; y Zaqueo obedeció al mandato del Señor y bajó con mucha diligencia y le recibió en su casa; en que tienes otro documento de preparación para recibirle en la tuya; conviene a saber, de obediencia y diligencia en su servicio, avivando tu fervor y no llegándote a recibir a Cristo sin su obediencia, intimada por medio de tu Padre espiritual. Llora tu tibieza y pídele a Dios nuestro Señor que te dé aquel fervor de espíritu y aquel fuego de amor con que le han recibido los mayores santos en la tierra, y le aman, adoran y reverencian en el cielo; y llega con temblor y reverencia a recibirle en tu pobre casa, reconociéndote por indigno de tan grande merced.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones