DÍA DIECIOCHO
PAZ DEL CORAZÓN DE JESUS.
MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
O
PRINCIPALES VIRTUDES
DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,
CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES
A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA
DEL DIVINO SALVADOR.
Traducido libremente
de la obra del
P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,
fundador del Apostolado de la Oración
EJERCICIO PRÁCTICO
PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.
Por la señal, etc.
Señor mío Jesucristo, etc.
ORACIÓN PARA EMPEZAR.
¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.
Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.
Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.
Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.
DÍA DIECIOCHO
(Año dieciocho.)
PAZ DEL CORAZÓN DE JESUS.
Primer preludio. Ver a Jesús lleno de dulzura y suavidad.
Segundo. Pedirle la paz del corazón.
Punto primero. Paz en su vida. — Segundo. Paz en el Sacramento. — Tercero. Paz en nosotros.
PUNTO PRIMERO.
Paz en su vida. ¿Qué quiere decir paz? Tranquilidad en el orden, dice San Agustín. Donde hay orden, hay paz; luego en paz hubo de estar siempre el Corazón de Jesús, porque siempre estuvo en orden. En paz estaba cuando el bendito seno de María le servía de morada, y desde allí veía aquel concurso de gente en movimiento que, por servir a la vanidad de un monarca, iba de un punto a otro a empadronarse. En paz iba al destierro de Egipto, y dormía tranquilo en los brazos de su Madre. En los tiempos de su predicación, querían los judíos arrojarle de la cima de un peñasco, y el Señor pasa por en medio de ellos sin turbarse, y desaparece de su vista como una sombra. ¡Qué paz conserva en los oprobios y tormentos de la Pasión! Ya pueden descargar humillaciones y dolores sobre su cabeza: no los teme, no los rehúsa. Nada puede turbar su ánimo en el seno de aquella paz, que goza un Corazón unido a la divinidad y conforme en un todo con la voluntad divina. Goza una paz a prueba de vicisitudes de la vida, a prueba de penalidades sin cuento, a prueba de persecuciones, a prueba de tribulaciones interiores como las del huerto de Getsemaní y de la cruz. Las del huerto le hacen pedir que le libre el Cielo de beber el cáliz; pero con gran sosiego añade que no se haga su voluntad, sino la del Padre. En la cruz se queja del abandono en que el Padre le deja; pero queda tranquilo, y, diciendo que todo está acabado, encomienda a Dios su espíritu, inclina la cabeza y expira.
Si alguna vez se turba, es porque quiere; porque en Jesús las pasiones obedecían a la razón, no la razón a las pasiones, como sucede en nosotros.
Del Corazón de Jesús se puede decir lo del Salmo (XLV:)) “Dios está en medio de él y no se perturbará."
¿Te sucede a ti otro tanto? ¿No vives siempre agitado con pasiones, deseos y temores?
PUNTO SEGUNDO.
Paz en el Sacramento. En vano se conmueven los hombres, arden las guerras y se hunde el mundo. Nada turba la tranquilidad del Dios oculto en el sagrario. Todo está sujeto a mudanza en el orden físico y moral, menos el Señor, que habita en el templo. Pueden cambiar los moradores de los pueblos, el Sacramento no cambia. A sus pies irán a postrarse todas las generaciones que se van sucediendo unas a otras, y el mismo Señor las recibirá a todas. A Él acudirán los pechos agitados y los corazones afligidos, y en Él hallarán paz y consuelo. Del Corazón de Jesús, como de un manantial, sale un río de paz que baña la ciudad de Dios, y por esto es llamada la divina Eucaristía Sacramento de paz, y se da la paz al pueblo cristiano antes de la comunión en el Sacrificio, y se pide, en la oración que se dice antes de consumir ambas especies, la pacificación de toda la Iglesia.
¡Oh alma desconsolada! Al pie de los altares es donde has de recobrar las fuerzas perdidas, el consuelo y la alegría. Ve a la escuela del divino Corazón, que en Él hallarás la paz, porque es el Dios de la paz.
PUNTO TERCERO.
Paz en nosotros quiere poner el obrador de paz; y para qua logre sus intentos, debes aplicarte a la imitación del Corazón de Jesús, conformando tu querer y no querer con la regla de toda buena voluntad, que es la de Dios. “¿De dónde salen las guerras y contiendas, dice el Apóstol, sino de vuestros desordenados apetitos?” Tal vez hasta aquí no te has aplicado lo bastante al exacto cumplimiento de tus deberes; tal vez no has sido fiel a los impulsos de la gracia, y sobre todo, tal vez no has trabajado por vencer esas pasiones que causan tempestades en el corazón, como son la ira y la soberbia. Ten presente que la paz es fruto precioso de la mansedumbre y humildad. Bien claro lo dice Cristo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde, y hallaréis descanso,” No se logra la paz cediendo el campo a las pasiones, sino derrotándolas. No se logra dejando errar como potro indómito el corazón con todos sus deseos, sino encauzando los afectos y dirigiéndolos al verdadero centro de nuestras aspiraciones. No consigue la paz el que no resiste al ánimo impaciente, que se deja llevar de una impetuosidad natural en cuanto proyecta y ejecuta. Cada cosa a su tiempo, y bien hecha sobre todo. Siempre se hace a tiempo lo que se hace bien. Mucho hace quien bien hace, dice el Kempis.
Por fin, si quieres paz busca a Dios y conténtate con agradarle. Si logras la aprobación de Dios ¿para qué quieres más? No te metas en lo que no te toca. Corta todo deseo o temor natural y humano.
Si a costa de algún sacrificio alcanzas la paz, tendrás un cielo anticipado. Lograrás el espíritu de oración y la vida interior, que es tan dulce como meritoria, y podrás decir con el Profeta que en el Corazón de Jesús hallarás el lecho de tu descanso. (Salm. IV.)
ORACIÓN FINAL.
Acto de consagración y desagravio
al Sagrado Corazón de Jesús.
¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte. Amén.
***
Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.
Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.
Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
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