ORACIÓN A DIOS PARA CONOCERLO, AMARLO Y SERVIRLO
San Gregorio Barbarigo, obispo y confesor
Del Diario Espiritual
¡Que todas las criaturas, Dios mío, te alaben y te bendigan! Que mi voluntad te bendiga también, complaciéndose únicamente en Ti. Me llena de alegría contemplar a mi Dios, ver el gozo con que obra en todas las cosas: en mí, en mi prójimo y en toda la creación.
Te doy gracias, Señor, por los dones que has puesto en mi prójimo. Mucho mejor que si me los hubieras dado a mí. Yo, Señor, los habría empleado mal...
Haz, Señor, que esta alegría mía no sea estéril, sino que fructifique en las obras; que encuentre mi gozo, Señor, en servirte siempre; que no me complazca ya en ninguna cosa creada, sino solamente en Ti. Y más aún, Señor: haz que todos te sirvan, que todos te conozcan...
Que te sirva con mis obras y no solo con palabras. Y que esto sea siempre, siempre: que no haya jamás un instante en que no te sirva; y que lo haga sin vacilar, de buena gana y con alegría, «no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría» (2 Co 9,7).
Considero el amor que Dios me tiene, pues desea verdaderamente que me abandone a la divina Providencia. También me tuvo a mí por objeto en la generación del Verbo. Y asimismo fui parte de aquello por lo que procedió el Espíritu Santo. ¡Qué grande es el amor de Dios! ¡Qué grande es también mi dignidad! Gocémonos en un amor tan inmenso. Alegrémonos en tanta bondad.
¡Démoslo todo a Dios, todo a Dios! Que mi entendimiento muera en su sabiduría, mi voluntad en su bondad y mis obras en su poder.
Sí, vive Tú solo, Señor, y concede esta gracia a mi entendimiento: que no piense sino en Ti; que te contemple a Ti; que busque únicamente los medios para amarte. Que mi entendimiento se pierda en tu divina sabiduría; mi voluntad, en la tuya; mis obras, en las tuyas. Y que desde ahora tu sabiduría gobierne mi entendimiento, tu bondad mi voluntad y tu poder mis acciones.
Que mi oración no sea más que una mirada amorosa a tus obras, a tu amor por nosotros, tus criaturas, a tus beneficios, para que no tenga que hacer otra cosa que regocijarme en ellos.
***
Tutte le creature, o mio Dio, ti lodino e ti benedicano… Ti benedica la mia volontà, compiacendosi solo in Te.. Esulto nel vedere il mio Dio, nel vedere l’allegrezza con la quale opera in tutte le cose, in me, nel mio prossimo, in tutto il creato.
Ti ringrazio, Signore, di quei doni che hai posto nel mio prossimo. Molto meglio che averli dati a me. Io me ne sarei, Signore, servito male…
Fa’,
Signore, che questa mia contentezza non sia vana, ma fruttifichi nelle opere –
che io riponga la mia gioia, Signore, nel servirti sempre – che non mi
compiaccia più di nessuna cosa creata, ma solo di Te.
Ma di più, Signore, fai che tutti Ti servano, tutti Ti conoscano…
Che io Ti serva con i fatti. E questo sempre, sempre: non vi sia mai un momento in cui non ti serva: e ciò senza esitazione, volentieri, gioiosamente, “non con tristezza, né per forza, perché Dio ama chi dona con gioia” (2Cor 9,7)…
Consideravo l’amore di Dio verso di me, che ben vuole ch’io mi abbandoni alla divina Provvidenza. Nella generazione del Verbo ha avuto anche per oggetto me. E, ancora, io fui parte di quell’oggetto per cui spirò lo Spirito Santo. O amore di Dio grande! O dignità grande mia! Godiamo di un così grande amore. Compiacciamoci di tanta bontà.
Diamo a Dio, tutto a Dio! Muoia il mio intelletto nella sua sapienza, la mia volontà nella sua bontà, le mie opere nella sua potenza.
Sì, vivi Tu solo, Signore, e dona questa grazia al mio intelletto, che non pensi, se non a Te. Contempli Te. Cerchi soltanto i mezzi per amare Te. Muoia il mio intelletto nella tua divina sapienza. La mia volontà nella tua, le mie opere nelle tue. E d’ora in poi la tua sapienza regga il mio intelletto; la tua bontà, la mia volontà; la tua potenza, le mie azioni.
La mia orazione non sia altro che uno sguardo amoroso alle tue opere, al tuo amore verso di noi, tue creature, ai tuoi benefici per non aver poi altro che compiacersene.
