Lunes de la III semana después de Pentecostés.
De la oveja perdida.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Lunes de la III semana después de Pentecostés.
De la oveja perdida.
PUNTO PRIMERO. El bienaventurado san Gregorio dice que esta oveja perdida es el hombre que perdió el cielo por el pecado; las noventa y nueve, los coros de los ángeles, que no necesitan de penitencia; el Pastor es Cristo que dejó a los ángeles y bajó a este desierto a buscar al hombre y reducirle a los apriscos del cielo; sobre lo cual pondera lo primero la piedad inmensa de Dios, que sin necesitar de ti para cosa alguna, dejó los cielos y bajó a la tierra, y se entregó a tantas incomodidades, y padeció tantos trabajos por reducirte a su gloria. Exclama y di con todo el afecto de tu corazón: bendito seáis, Señor, por tan grande piedad; alaben os los ángeles y todas las criaturas por la misericordia que habéis usado conmigo, indignísimo de recibirla; dadme gracia para que sea agradecido a tan grande merced; carga el peso de la consideración en el empeño en que te ha puesto, y mira despacio la obligación en que le estás, y cómo y en qué le has de servir.
PUNTO II. Considera los riesgos de una oveja que se aparta del rebaño, deja a su pastor y anda por el desierto descarriada, para dará cada paso en los dientes de las fieras que la despedacen, y a riesgo de caer en despeñaderos y pantanos y acabar con la vida; y luego vuelve los ojos a ti mismo, y considera los riesgos en que caes cuando te apartas de Dios y dejas el rebañó de los buenos; cuán errado andas y sin camino, a pique de caer a cada pasó en mil despeñaderos, y de dar en las manos de los lobos infernales por los muchos pecados que cometes; abre los ojos y resuélvete en este punto a padecer millares de trabajos, incomodidades, mortificaciones y afrentas, pobreza y desprecios y todos los trabajos del mundo, antes que dejar a Dios. Pídele que no te deje, ni aparte los ojos de ti, ni permita desviarte un punto de su rebaño y de los que viven debajo de su protección en su santo servicio.
PUNTO III. Pon los ojos en el buen pastor que anda por el desierto buscando la oveja perdida, a costa de soles, cansancios, aires, sudores y fatigas; todas las cuales da por bien empleadas cuando la halla, y la toma con gozo, la pone sobre sus hombros y la trae con alegría, haciéndosele dulces los trabajos y gustosa la carga, por hallar la oveja perdida; y luego carga la consideración en el cuidado que tiene Cristo Señor nuestro en buscarte; mira cuantas fatigas le has costado, los regates que le has dado cuando iba en pos de ti; los caminos, los sudores, las espinas, la sangre que ha derramado por ti, y luego el gozo de su alma cuando te halló en el desierto y te puso sobre los hombros para traerte a su aprisco, que es el rebaño escogido de los ángeles del cielo. Vuelve sobre ti, y llora las fatigas que has causado a este Señor, y venle a buscar porque no se fatigue más en buscarte a ti; la cruz llevó sobre un hombro y la oveja perdida en ambos; más fatiga le has dado que su cruz, porque siente más la pérdida de un alma que se aparta de él por el pecado, que todos los dolores que padeció en el cuerpo en su pasión; no le fatigues más con tus pecados, redúcete a su rebaño, llora, gime y pídele perdón de toda tu vida pasada, y gracia para nunca más pecar.
PUNTO IV. Considera lo que dice Cristo, que hay más gozo en el cielo por un pecador que hace penitencia, que por noventa y nueve justos que no necesitan de ella. Mira lo que estima Dios un pecador que se convierte, y da este gozo a Dios y a sus ángeles. Lo primero haciendo tú penitencia de tus pecados; lo segundo buscando los pecadores y reduciéndolos al rebaño del Señor a costa de cualesquiera fatigas, estimándolas como gustosas por traer las almas a Dios y sacarlas del cieno de sus vicios; contempla tu buen Pastor por campos y riscos, por páramos y desiertos, por zarzas y espinas, fatigado y sudando, buscando la oveja perdida. Compadécete de él y ayúdale a buscarla, y no le dejes ir solo: camina en su compañía, deja las comodidades por el bien de tus hermanos, y no las noventa y nueve, como Cristo por una perdida, sino una por noventa y nueve perdidas que puedes traer a su servicio; pues sin duda es mayor el número de los pecadores perdidos, que de los justos que le sirven: acuérdate de lo mucho que debes a los ángeles y págales con este servicio, dándoles tantos buenos días cuantos pecadores trajeres a Dios
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones