lunes, 29 de junio de 2026

Del amor que nos tiene Cristo y quiere nos tengamos unos a otros.

 


Martes de la V semana después de Pentecostés.

Del amor que nos tiene Cristo y quiere nos tengamos unos a otros.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Martes de la V semana después de Pentecostés.

Del amor que nos tiene Cristo y quiere nos tengamos unos a otros.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo en el Evangelio se hace celador de nuestras vidas y de nuestras honras, prohibiendo con gravísimas penas que ninguno nos ofenda, ni de obra, ni de palabra, ni de pensamiento, teniéndonos mala voluntad; exhortando a todos al amor y fraterna caridad. Saca de aquí este afecto de reconocimiento al Señor y de cumplir su voluntad y mirar por su honra y gloria como él mira por la nuestra, y muy especial por la tuya, poniéndote en esta obligación y también de celar la de tus prójimos como la tuya propia.

 

PUNTO II. Considera que como pondera san Juan Crisóstomo, manda Cristo Señor nuestro que dejemos el sacrificio en el altar y vayamos primero a reconciliarnos con nuestro prójimo porque no le agrada el sacrificio de los discordes ni le quiere recibir de su mano; y siendo así que por el sacrificio se aplaca Dios y se mueve a perdón de nuestras culpas, le da tan en rostro la discordia que no le admite de los que no están unidos con fraterna caridad. Pondera con el santo la misericordia de Dios que antepone nuestra utilidad a su honra, no admitiendo la que se le da por el sacrificio, si primero no interviene nuestra concordia y amistad ¡Oh buen Dios, y quién supiera alabaros y bendeciros por tan señalado amor y encendida caridad! quiere primero nuestra amistad que la suya, porque no la tendrá con Dios quien no la tuviere con su prójimo. Pondera estas verdades y saca de ellas vivos afectos de amor y caridad con tus prójimos y suma estimación de esta virtud.

 

PUNTO III. Considera que para establecer esta paz que Dios desea entre los hombres, para tenerla con ellos conviene olvidar injurias y perdonar agravios y ofensas unos a otros, y trocar la saña y el rencor en amor y benevolencia por amor de Cristo; pon los ojos en su cruz y mírale clavado en ella por tu amor, rogando a su Eterno Padre por sus enemigos, y aprende a perdonar y rogar por los tuyos; mira cuántas ofensas y con cuánta facilidad te perdona Dios a ti, y no seas tú difícil en perdonar a tus hermanos, porque no perdonará Dios al que no perdonare a sus prójimos: carga la consideración sobre este punto y resuélvete a perdonar a todos por amor de Cristo y por el amor de la paz.

 

PUNTO IV. Levanta los ojos a la celestial Jerusalén del cielo, de quien hace Cristo mención en este evangelio, y contempla la paz y concordia de todos sus moradores, el amor tan cordial que se tienen unos a otros, mil veces más que si hubieran nacido de un vientre y fueran hijos de una madre, porque se aman todos en Dios, en quien están unidos con indisoluble vínculo de amor, sin dar lugar a obra, ni a palabra, ni a pensamiento de discordia o perturbación, y pídele a Dios gracia para imitarlos tú con tus prójimos; pídele afectuosamente que los una y enlace a todos en sí mismo con el vínculo del perfecto amor, y con un lazo indisoluble de eterna y perpetua caridad, que empezando desde aquí se continúe en la otra vida por todos los siglos de los siglos. Amen.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones