Martes de la IV semana después de Pentecostés.
De la enseñanza y doctrina del Salvador.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Martes de la IV semana después de Pentecostés.
De la enseñanza y doctrina del Salvador.
PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Lucas, que estando Cristo en la nave enseñaba a la gente sentado y de asiento y con espacio, no de corrida y en pie como quien pasa de paso: saca de aquí afectos de enseñar a tus prójimos, no de corrida sino despacio, atendiendo a su provecho espiritual con afecto de verdadera caridad y deseo de su aprovechamiento a ejemplo de Cristo, y también saca documento para tu alma de tomar despacio y no de prisa las cosas de tu salvación y de tu aprovechamiento: mira qué atropelladamente tomas el rezo, la misa, la oración, y la confesión, y comunión, y las cosas espirituales y con qué espacio, y qué de propósito las temporales y terrenas, caducas y perecederas: llora tus yerros en la presencia de Dios; pídele perdón de ellos y gracia para tomar diferente camino en lo que te resta de vida.
PUNTO II. Considera lo que dice el Evangelio, que cargaron de tantos peces que rompían la red; en que tienes otro documento, conviene a saber, que no has de cargar de tanta ocupación, por buena que sea, que se rompa la red y peligres tú, por ayudar a otros; mira y considera que la caridad bien ordenada ha de empezar por sí mismo, y que no se sirve Dios de que procures el bien ajeno con daño propio: pídele a Dios prudencia para vacar de tal suerte a las obras de caridad, así espirituales como corporales, que no recibas detrimento en tu espíritu, sino antes aumento con el que tuvieren tus hermanos.
PUNTO III. Considera el pasmo de san Pedro viendo un lance tan copioso, y el que tuvieron los otros discípulos, y cómo todos se rindieron a Cristo, y tomaron firmísima resolución de dejar padre y madre, navíos y redes y cuanto poseían, y seguir pobres y desnudos al Señor: avergüénzate tú en su acatamiento, viendo que ellos se rindieron a la primera maravilla que le vieron hacer, y tú no te rindes a tantas como ha hecho y hace cada día delante de ti ¡Oh Señor! y cuán obstinado está mi corazón y qué ciegos mis ojos, pues nunca me rindo del todo a vos, ni acabo de arrancar del mundo y renunciar sus honras, sus deleites y riquezas: dadme vuestra mano para que salga de su dominio, le pise y desprecie, y os siga pobre y desnudo como vuestros discípulos.
PUNTO IV. Contempla cómo Cristo enseña al mundo y le está enseñando siempre desde la nave de su cruz: ponte la imagen del crucifijo delante, y oye lo que te predica desde aquel árbol mayor de la nave de san Pedro; oye las exhortaciones que te hace de paciencia, de humildad, de caridad, de desprecio del mundo, de constancia y sufrimiento en tanto diluvio de penas, y como a fuer de nave sube y se levanta en medio del mar de sus tormentos, al paso que crecen las aguas amargas que le combaten. Contempla lo que padece y cómo lo padece; medita y piensa despacio lo que te predica, y escribe sus palabras en tu corazón, y pídele gracia y espíritu para ponerlas en ejecución.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones