lunes, 22 de junio de 2026

DÍA 23. MANSEDUMBRE DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 


DÍA VEINTITRÉS

MANSEDUMBRE DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 

MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

O

 

PRINCIPALES VIRTUDES

DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,

CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES

A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA

DEL DIVINO SALVADOR.

 

Traducido libremente

de la obra del

P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,

fundador del Apostolado de la Oración

 

 

EJERCICIO PRÁCTICO

PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

 

ORACIÓN PARA EMPEZAR.

 

¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.

Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.

Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.

Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.

 

DÍA VEINTITRÉS

(Ano veintitrés.)

MANSEDUMBRE DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 

Primer preludio. Representarse al Salvador como un manso cordero.

Segundo. Pedir a Dios esta virtud.

Punto primero. Mansedumbre de corazón. Segundo. Mansedumbre de palabras. Tercero. Mansedumbre de obras.

 

PUNTO PRIMERO.

 

Jesús es manso de corazón, como lo dice Él mismo. El corazón es el lugar en que la mansedumbre debe ejercer su imperio, porque el corazón es el blanco adonde asestan los tiros todas las pasiones, y cuando éstas se apoderan de él, mueven las más horribles tempestades. En él se sienten los choques de todas las injusticias y contradicciones de los hombres; en él, las penas amargas de la vida; en él, la ingratitud y deslealtad de las personas favorecidas: en él, se siente todo.

El Corazón de Jesús tenía perfectamente sujetas a la razón todas las pasiones humanas. Mas ¿qué amargura no debían causarle, y qué santa indignación no debían excitar en Él la dureza de los pecadores, el odio y las calumnias de sus enemigos, la baja hipocresía de los fariseos y tantas otras cosas? A pesar de todo, se le ve siempre lleno de dulzura y suavidad en su trato, y si alguna que otra vez usa expresiones fuertes contra los rebeldes y obstinados, no por eso deja de ser benignísimo con los pecadores. A los dos Apóstoles que querían hiciese bajar fuego del cielo contra el pueblo, que le cerraba las puertas, les dice: “No sabéis de qué espíritu debéis estar animados viniendo en mi compañía.”

Yo tampoco conozco, Señor, vuestro espíritu, y por eso miro con aversión al prójimo, juzgo temerariamente sus actos, le desprecio y me impaciento con él. ¡Cuántos movimientos siento en mi corazón que están en abierta oposición con la benignidad del Salvador! Jesús, que es todo un Dios infinitamente santo y perfecto, trata con la mayor dulzura a los pecadores, y yo, cargado de pecados, juzgo con la mayor severidad, no sólo a los pecadores, sino aun a los amigos de Dios y a las almas justas.

 

PUNTO SEGUNDO.

 

Jesús es manso en sus palabras. De la dulzura del lenguaje se deduce y saca el carácter blando de una persona, pues como dijo el Salvador: “De la abundancia del corazón, habla la lengua.” “La falsa caridad, dice San Gregorio, produce indignación, más la verdadera engendra compasión con los pecadores." Mira con qué bondad trataba el Señor a los Apóstoles, aunque tan toscos e ignorantes. No leemos que dijese una palabra de reprensión a San Pedro por su negación. A Judas le da el nombre de amigo, y permite que le abrace. Insultado por sus enemigos, no deja caer de lo alto de la cruz sino palabras de gracia y misericordia. “Perdónalos, Padre, que no saben lo que hacen.” Bendice a los que le maldicen y no piensa en la venganza, y calla como un cordero cuando le despojan de su lana. Bien puede decir, después de dar tales ejemplos: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.

Mas ¡qué pocos hay que aprendan esta doctrina! Créese deshonrado el que no responde a injurias con injurias y a desprecios con burlas y baldones. Nadie sabe callar cuando le ofenden, ni responder blandamente al que le habla con dureza. Pocos son los que piden por los enemigos que los persiguen y ultrajan.

Conozco, Señor, que es amargo mi celo, y que mi lenguaje es duro y violento, y que estoy muy lejos de vuestra divina suavidad.

 

PUNTO TERCERO.

 

Jesús es manso en sus obras. Nada más dulce que el nombre de Salvador. Pues no le pareció bastante llamarse así, y tomó el nombre de cordero de Dios, y obró de tal manera, que le llamaron amigo de pecadores. Si toma el título de Rey, es con la añadidura de Rey manso y pacífico, como le llaman los profetas y evangelistas. Fue dulce y suave en su infancia, pues refiere San Dionisio que iban a Él los demás niños diciendo: vamos a la suavidad.

Lo fue en su vida pública con los pecadores, por lo cual se dijo de Él que no acabaría de romper una caña quebrantada, ni acabaría de apagar una mecha que humease aún. Lo fue con los verdugos y con sus más encarnizados enemigos, ofreciendo por ellos su sangre y sacrificando su vida. Lo es en la Eucaristía con los que van a insultarle y ultrajarle.

Examina tu proceder con la gente que tratas. Indigna cosa sería que un esclavo y un vil pecador tratase con dureza a sus hermanos, y se indignase contra ellos, cuando Jesucristo los ha amado tanto, que ha muerto por ellos. No olvides que el Señor ha dicho: “Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la, tierra." Y esta tierra es, dice San Agustín, la que llama el Profeta tierra de los vivos.

Serás tratado por Dios como hubieres tratado a tu prójimo. Si eres benigno con tus hermanos, Jesús lo será contigo. ¡Palabra consoladora! Acostúmbrate a pensar bien de todos y hablar con dulzura a todos.

 

 

 

ORACIÓN FINAL.

Acto de consagración y desagravio

al Sagrado Corazón de Jesús.

 

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así    como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte.  Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

***

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