jueves, 25 de junio de 2026

De la pureza de conciencia y perfección de la vida.

 


Viernes de la IV semana después de Pentecostés.

De la pureza de conciencia y perfección de la vida.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes de la IV semana después de Pentecostés.

De la pureza de conciencia y perfección de la vida.

 

PUNTO PRIMERO. Ponte delante de los ojos del alma, una en pecado y otra en gracia: mira con atención y contempla la diferencia que hay de la una a la otra; la que está en gracia y amistad de Dios está hermosa y vistosa como los ángeles del cielo; la que está en pecado, fea y abominable como los demonios del infierno: la que está en gracia goza de mucha paz y tranquilidad interior, y la que está en pecado es combatida de todas partes de temores y sobresaltos, y padece continua guerra de sí misma; la que está en gracia es hija de Dios y heredera de su gloria, cuya esperanza la tiene gustosa y consolada en todos los sucesos que le acontecen; la que está en pecado está desheredada del cielo y condenada al infierno a donde teme caer a cada paso. La primera está en sumo descanso, y la segunda en sumo trabajo y continuos afanes; aquella logra sus buenas obras para el cielo, y esta las pierde todas. Contempla estos dos estados, y mira cuál de los dos quisieras tener para tú alma, y procúrale desde luego con la gracia del Señor.

PUNTO II. Considera en qué consiste la pureza del alma; conviene a saber, en la conciencia pura y limpia de toda mácula de pecado, sin admitir alguno por leve que sea, refrenando con la gracia divina todos los apetitos de la carne y las inclinaciones menos ordenadas, y sujetándolas a la razón y voluntad divina, procurando con todas las fuerzas del espíritu unirse con ella íntimamente, no deseando ni queriendo, sino lo que Dios gustare y quisiere, ajustándose en todo y por todo con su rectísima voluntad, y teniéndola por blanco de su intención en todo cuanto entiende, determina y obra. Piensa esto despacio, contempla este grado de perfección y vuelve los ojos á ti mismo y mira cuán lejos andas de llegar a ella, y cuán otra es tu vida de lo que debe ser, y pídele a Dios que te dé su santísima gracia para purificar tu conciencia de toda imperfección y aspirar a lo más alto hasta unirse íntimamente con la divina voluntad.

 

PUNTO III. Considera cuán grata es a Dios, a los ángeles y a los hombres esta perfección de vida, y la gloria que recibe el Señor de los que aspiran y llegan a este grado de perfección; pues dice que sus delicias son morar con ellos y deleitarse, como en un paraíso, en las almas adornadas con las flores de estas virtudes, como le fue revelado en nuestra edad a la gloriosa madre santa Teresa de Jesús; y esfuérzate con la gracia del Señor a darle este gusto y atraerle a tu casa con la fragancia de estas flores: acuérdate cuántas veces le has desterrado de ella con el mal olor de los vicios; limpia tu conciencia, adórnala de virtudes y serás un paraíso del Señor.

 

PUNTO IV. Contempla en la presencia de Dios con qué medios has de alcanzar, conservar y aumentar este grado de perfección, que son, como apuntamos, el aborrecimiento del pecado, el ardiente deseo de aprovechar, la mortificación del cuerpo, el silencio con los hombres y la oración con Dios, retirarse de lo terreno y acercarse a lo celestial, amar a Dios sobre todas las cosas con perfectísima caridad, y entregarse con fervor al estudio de todas las virtudes, empezando por el desprecio de sí mismo hasta llegar a la unión con Dios; por estos pasos se sube a la cumbre de la perfección; Dios está en la escala para dar la mano a los que suben por ella: pídele que la alargue y te la dé con firme confianza de alcanzarla, que a nadie la niega de los que se animan a subir; es fuérzate y sube, que él te ayudará.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones