martes, 30 de junio de 2026

De las penas del juicio y del infierno que señala Cristo en el Evangelio.

 

Miércoles de la V semana


después de Pentecostés.

De las penas del juicio y del infierno que señala Cristo en el Evangelio.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Miércoles de la V semana después de Pentecostés.

De las penas del juicio y del infierno que señala Cristo en el Evangelio.

 

PUNTO PRIMERO. Considera la primera pena con que amenaza Cristo a los que se airaren contra sus prójimos, que es el juicio; en el cual dice que serán condenados como reos de grave culpa: pondera la rectitud del juez en aquel tribunal, los acusadores, que son los demonios, la estrechura de la cuenta, tal y tan menuda que se ha de hacer cargo de una palabra ociosa y de la menor seña que hubiere hecho un hombre en este mundo; у que como dice el santo Job, de mil cargos, con dificultad podrá responder a solo uno; ¿pues qué cuenta darás de los de toda tu vida? Y de las palabras que has dicho a tus prójimos y las veces que te has airado contra ellos; acuérdate y considera que no es posible evitar este pleito ni hay modo como componerle después, sino que indubitablemente te has de ver en aquel tribunal y te han de hacer los cargos de toda tu vida y has de responder a ellos, y prevente con tiempo ajustando ahora tus cuentas para darlas bien después.

 

PUNTO II. Considera la pena del infierno con que amenaza Cristo aquí a los discordes y los que injurian a sus prójimos, la cual es tan acerba, que no hay lengua humana que la pueda declarar, ni el entendimiento alcanza su grandeza por más que tire la barra a pensarla o discurrir en ella: baja con la consideración a aquellos calabozos oscuros y tenebrosos; mira la horribilidad de aquella habitación; las tinieblas palpables que padecen los condenados sin ver jamás la luz, el número sin número en tan estrecho lugar, el hedor intolerable, la compañía de los demonios que lo están atormentando, la confusión de sus habitadores, las voces y alaridos sin cesar un punto, el fuego abrasador que los atormenta, las congojas, las ansias, la sed rabiosa que padecen, la junta de todos los tormentos, enfermedades y dolores que cada uno de los condenados padece, sin alivio, consuelo, ni esperanza de tenerle; el gusano roedor de la conciencia que los está royendo el corazón, y sobre esto carga la consideración en la eternidad de estas penas para siempre, para siempre, sin término ni fin, para mientras Dios fuere Dios; mira y pondera qué dieran los condenados por salir de ellas, y qué darás tú por no ir allá, y prevente con tiempo escusando los pecados, los rencores y las palabras injuriosas de que habla aquí Cristo porque no te condenes por ellas.

 

PUNTO III. Considera lo que pondera san Juan Crisóstomo que hizo aquí el Redentor mención del reino de los cielos y de las penas del infierno, porque campease más lo uno a vista de lo otro. Vuelve los ojos a ambas partes, carea el un lugar con el otro, la gloria de los buenos con la pena de los malos, y mira la diferencia que hay de los unos a los otros, y que forzosamente te ha de caber una de las dos moradas; o reinar con Cristo en el cielo con los bienaventurados para siempre, o penar con los demonios y condenados en el infierno; y saca de aquí deseos vivos de tu salvación, temor de Dios y de sus penas, y ansias de alcanzar sus premios, y pídele a Dios la mano para no caer en el infierno y subir con su gracia al cielo.

 

PUNTO IV. Últimamente considera lo que dijo san Juan Crisóstomo sobre aquellas palabras: quien dijere a su hermano necio será digno del infierno; que aquel de verdad es necio que ignora a Dios y no guarda sus mandamientos; y aquel es sabio, que sabe servirle y salvarse ¡Oh qué alta ciencia es esta! y cuántos son estimados por sabios en los ojos del mundo, que son reprobados por necios en los ojos de Dios; porque ignoran lo que más les importa, que es su salvación; y cuántos al contrario son tenidos en el mundo por necios, que son sapientísimos a juicio de Dios y de toda la corte celestial, porque saben despreciar lo caduco y perecedero, amar y buscar lo eterno. Vuelve sobre ti, y mírate a ti y el porte de vida en que te hayas, y reconoce tu estado y mira el concepto que tiene Dios de ti, y no cuides del juicio de los hombres, no seas tan necio que dejes el oro por el lodo, y las piedras preciosas por las falsas, y lo verdadero por lo aparente; pide a Dios luz para conocer la verdadera, y fuerzas para abrazarla y seguirla, y estimar lo que es de estima que es la virtud, y despreciar lo que el mundo adora engañado con la falsedad de lo aparente.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones