DÍA 8
LA HUMILDAD NO BUSCA PREMIOS EN LA TIERRA
TREINTENA
DE LA
HUMILDAD
Adaptación del Tratado de la Humildad
de san Juan Bautista de la Concepción,
reformador de la Orden de la Santísima Trinidad
DÍA 8
LA HUMILDAD NO BUSCA PREMIOS EN LA TIERRA.
La humildad es una virtud muy delicada, pues pocas veces sale libre y entera con los premios y pagas que ofrece el mundo. No hay nieve tan fácil de derretir ni licor que tan pronto se corrompa como la humildad, particularmente cuando no tomó posada en un corazón muy bien pulido. Por eso es necesario que esté bien guardada y que no salga fuera, donde todo es carne, codicia o soberbia.
El verdadero humilde tiene mucho cuidado de conservarla. Como las abejas, que guardan su fruto dentro de la colmena, el humilde labra en su corazón fruto para Dios y procura poner tierra en todas las partes de su persona donde el conocimiento pone los ojos. Pero, con todas estas cautelas, puede caer y perderse, porque dentro de nosotros hay un principio de perdición heredado de nuestros primeros padres, un pensamiento altivo que, como zángano, come, desbarata y desperdicia lo que el alma humilde ha labrado en mucho tiempo. También el demonio, mundo y carne saben dar una humareda con que echan fuera los pensamientos humildes.
Según esto, la humildad es para uno y no para jugar al descubierto con ella ni para salir fuera. Como animalillo pequeño y delicado, no puede resistir las inclemencias del cielo. Así también el corazón humilde, conociendo su flaqueza, vuelve los ojos al cielo de donde le ha de venir socorro y tiende sus alas en la tierra para que no se las lleve el viento de la presunción y soberbia.
Por eso mal hace quien pide muestras de humildad, puesto que la humildad está escondida y tapada, retirada en los rincones más desechados y ocultos de la casa. Es como la buena sierva y esclava que sirve a todos los de la casa; y cuando quiere salir de paseo, ya no es esclava ni sierva, sino señora. La Virgen, siendo la más humilde de todas las criaturas, dijo: «He aquí la esclava del Señor». Aunque fue escogida por Reina y Madre de Dios, se llamó sierva y esclava para no perder la humildad.
La humildad no busca premios, honras ni grandezas en la tierra. Cristo mismo, cuando le quisieron hacer rey y lo alababan como gran profeta, se escondió y huyó. La humildad en la tierra no quiere ser coronada con rosas y flores, sino con espinas y abrojos; tiene y quiere por premios las afrentas y las injurias. Como la rosa entre espinas, que aunque las espinas la punzan y hieren, son las que la guardan y defienden, así las injurias y afrentas conservan y aumentan la humildad.
El que de veras desea ser humilde no se aflige por la injuria ni considera que no es merecedor de aquel trato. Estimarse por encima de los demás es soberbia. La verdadera humildad consiste en una verdadera desestimación y desprecio de uno mismo. Por eso el justo está enfrentado con que lo alaben, honren y pongan en lugares privilegiados, pues sabe lo poco que vale para ello y estima los últimos lugares, considerando que a cada cosa se le da el lugar que merece.
JACULATORIA: Te busco de todo corazón, no consientas que me desvíe de tus mandamientos.
LETANÍAS DE LA HUMILDAD
Venerable Cardenal Merry del Val
Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.
Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.
Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.
Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.
Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Oración:
Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.
***
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.