Miércoles de la XV semana después de Pentecostés
DE LA RESURRECCIÓN DEL PECADOR A LA VIDA DE LA GRACIA
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Miércoles de la XV semana después de Pentecostés
DE LA RESURRECCIÓN DEL PECADOR A LA VIDA DE LA GRACIA
PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice el venerable Beda, citado por santo Tomás (1), que así como en este difunto se representó, como en un espejo, la muerte del pecador a la vida de la gracia, así en su resurrección se dibujó la del pecador de la muerte del pecado a la vida espiritual del alma.
Considera, pues, que el primer paso para la resurrección de este mancebo fueron las lágrimas de los que le lloraban. Por las lágrimas empezó su restauración, por las cuales se movió Cristo a piedad de él; y por las lágrimas ha de empezar la resurrección del pecador y la restauración de la gracia perdida, llorando con verdadera contrición sus pecados y con propósitos firmes de enmendarse.
Considera los tuyos y las ofensas que has hecho contra Dios; mírate difunto en el alma y contempla el estrago que han hecho en ti. Llora con amargura tu muerte en la presencia de Dios, y Él tendrá misericordia de ti y te restituirá la vida, dándote la gracia que perdiste.
PUNTO II. Considera cómo toda la dicha de este difunto estuvo en encontrarse con Cristo cuando le sacaban a enterrar, y toda la del pecador está en encontrarse con Él cuando está muerta su alma.
¡Oh, si te pusieses en su presencia y dejases que te mirase con los ojos de su piedad! Pero ¿cómo le buscará quien tantas veces ha huido de Él y se ha apartado de la vida para entregarse a la muerte?
¡Oh, vida de mi alma! ¡Qué ciego he andado cuando he huido de Vos! ¿Adónde pude ir apartándome de Vos?
Salisteis al encuentro de este difunto para darle vida; salid al encuentro de este pecador, más que difunto y ya hediondo con la podredumbre de los pecados, para darme la vida. No os dé en rostro mi fealdad y mal olor, como no os lo dio el de Lázaro, muerto ya de cuatro días; mucho más tiempo hace que lo estoy yo, pero mayor es vuestra misericordia que mis pecados.
Tened, Señor, misericordia de mí; tocadme y detenedme antes que me sepulten en el infierno.
PUNTO III. Considera cómo Cristo tocó y llamó a este difunto y con su voz le resucitó. Así toca Dios y llama al pecador para que resucite de la muerte de sus vicios.
Mete la mano en tu pecho; considera cuántos toques te ha dado Dios al corazón para que vuelvas en ti, y cuántas voces para que despiertes y salgas del sueño de los pecados en que estás sumido; y cuán obstinado y rebelde has estado a sus inspiraciones, y más que sordo a sus voces, volviéndote contra tu Criador.
Despierta, que ya es tiempo de oír su voz. Podrá ser que te cite de remate y que, si ahora no le oyes y obedeces, no te llame más.
Pondera que los muertos obedecen a su voz y vuelven de la muerte a la vida con ella. No seas tú más duro que los muertos, ni más sordo que los difuntos. Oye que te llama y te dice, como a este: «A ti te digo: levántate».
Levántate de los vicios en que estás; levántate de las malas costumbres; levántate de los regalos; levántate del olvido de Dios y de tu salvación; levántate al conocimiento de Dios, a la oración y a la penitencia; levántate a la nueva vida que Dios te quiere dar.
Ríndete a sus pies y di con Samuel (1): «Hablad, Señor, porque vuestro siervo oye». Tocad mi corazón y dadme una voz, que yo ofrezco humildemente obedecerla luego en todo lo que me mandareis.
PUNTO IV. Considera cómo luego se levantó y habló este difunto; y lo que diría serían alabanzas de Cristo, que le había resucitado, muestras claras, como dice santo Tomás, de su resurrección.
Las mismas te pide Dios a ti: que des la tuya espiritual, levantándote de los vicios y dejando las ocasiones de pecar; empezando las alabanzas de Dios y desatando la lengua para confesar tus culpas; comenzando una vida nueva, como la empieza el que resucita de la muerte.
Medita esto con atención y considera cuánto te importa. Dispón todas tus acciones en la presencia de Dios, ordenándolas a su servicio y al bien de tu alma, que Él te ayudará y lograrás los frutos de su gracia y de tu resurrección.
(1) Santo Tomás, Catena Aurea; cf. 1 Samuel 3.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.