lunes, 7 de septiembre de 2026

DÍA 8 PADRE PÍO, CONSUMIDO POR EL AMOR NOVENA EN HONOR AL GLORIOSO PADRE PÍO DE PIETRELCINA

 


DÍA 8

PADRE PÍO, CONSUMIDO POR EL AMOR

 

NOVENA

EN HONOR

AL GLORIOSO PADRE PÍO

DE PIETRELCINA

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

ORACIÓN INICIAL

PARA TODOS LOS DÍAS

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, espero y amo. Os adoro profundamente, bendigo vuestra misericordia y confundido por mi ingratitud, arrepentido de mis pecados, pido perdón y propongo confiando en vuestra gracia y ayudado por la intercesión del glorioso San Pío de Pietrelcina, corresponder a vuestro amor con el mío imitando tan gran ejemplo que me has dado con su vida, enseñanzas, ejemplos y virtudes.

Ofrezco esta novena a mayor gloria de Dios para la salvación de las almas, la conversión de los pecadores y la mía propia.

Y tú, glorioso Santo Padre Pío, defiéndeme de los enemigos de mi salvación e intercede por mis necesidades, obligaciones e intenciones. Amén.

 

♦ Se lee lo propio de cada día.

DÍA 8

PADRE PÍO, CONSUMIDO POR EL AMOR

Toda la vida de san Pío puede comprenderse desde una frase que él mismo utilizó: «Me consume el amor de Dios y el amor del prójimo». Su profunda unión con Dios nunca lo apartó de las personas. Al contrario, cuanto más crecía su relación con Cristo, mayor era su preocupación por quienes sufrían.

En sus cartas describió momentos de intensa unión con Jesús, hasta expresar que su corazón y el de Cristo parecían haberse unido. Esa experiencia no permanecía encerrada en una intimidad espiritual individualista: se convertía inmediatamente en deseo de ayudar, consolar y acercar las almas a Dios.

San Pío sentía una compasión extraordinaria ante la pobreza y la enfermedad. Deseaba aliviar a quien sufría y, si hubiera sido posible, cargar él mismo con sus penas. Con el paso de los años, esa caridad tomó formas muy concretas.

Se promovieron ayudas de medicinas, alimentos, ropa y alojamiento; se impulsaron escuelas y otras obras sociales. La expresión más conocida de esta caridad fue la Casa Alivio del Sufrimiento, inaugurada en 1956 y concebida no solo como un hospital moderno, sino como un lugar donde la ciencia y la caridad cristiana sirvieran juntas a la persona enferma.

Para san Pío, en cada necesitado debía reconocerse a Cristo. Curar el cuerpo era importante, pero no suficiente: el enfermo debía sentirse amado, acompañado y respetado en su dignidad. La atención a quien sufre se convertía así en una forma concreta de hacer presente el amor de Dios.

La fe que no se convierte en caridad corre el riesgo de quedarse en palabras. Amar a Dios implica aprender a reconocer a Cristo en la persona concreta que necesita nuestra ayuda, según la enseñanza del Apóstol San Juan: “Quien dice que ama a Dios y no ama a su prójimo, es un mentiroso y la verdad no está en él.”

El cristiano ha de hacer el bien, siempre, a todos, sin cansarse. Con estas palabras lo decía Padre Pío: “No os neguéis de ningún modo y por ningún motivo a practicar la caridad con todos; más aún, si no se os presentan ocasiones propicias, ofrecerla vosotros mismos. Mucho agrada esto al Señor y mucho os debéis esforzar por hacerlo.”

Sobre los pecados contra la caridad decía nuestro Santo: “Faltar a la caridad es como herir a Dios en la pupila de sus ojos. ¿Hay algo más delicado que la pupila del ojo? Faltar a la caridad es como pecar contra la naturaleza.” “Yo no puedo soportar ni la crítica ni el hablar mal de los hermanos. La murmuración me produce náuseas. Teniendo tantos defectos que criticar en nosotros, ¿para qué perdernos en contra de los hermanos? Y en nosotros, al faltar a la caridad, se corta la raíz del árbol de la vida, con peligro de que se seque.”

Imitemos a Padre Pío practicando las obras de misericordia, seamos exquisitos y delicados con nuestros prójimos porque como él mismo nos recuerda: “La caridad es la medida con la que el Señor nos juzgará a todos.”

 

Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del Glorioso Padre Pío.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

 

ORACIÓN FINAL

PARA TODOS LOS DÍAS

Glorioso san Pío de Pietrelcina, sacerdote humilde y fiel, tú que amaste profundamente a Jesús crucificado y entregaste tu vida por la salvación y el consuelo de tus hermanos, presenta al Señor las intenciones que te confiamos en esta novena.

Alcánzanos un corazón sencillo para orar, valentía para convertirnos, amor al Santísimo Sacramento y a la santa Misa, confianza filial en la Virgen María y compasión verdadera ante el sufrimiento de los demás.

Enséñanos a no huir de nuestras cruces, sino a vivirlas unidos a Cristo; a buscar siempre la misericordia de Dios y a convertir nuestra fe en obras concretas de amor.

Intercede especialmente por los enfermos, por quienes viven solos, por los que han perdido la esperanza, por quienes viven en pecado alejados de Dios y por todos los que se encomiendan a nuestra oración.

Que, siguiendo tu ejemplo, podamos hacer de nuestra vida una ofrenda de amor y llegar un día a la alegría eterna en la presencia de Dios. Amén.

San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.

San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.

San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.