DÍA 4
PADRE PÍO, PADRE DE ALMAS
NOVENA
EN HONOR
AL GLORIOSO PADRE PÍO
DE PIETRELCINA
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN INICIAL
PARA TODOS LOS DÍAS
Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, espero y amo. Os adoro profundamente, bendigo vuestra misericordia y confundido por mi ingratitud, arrepentido de mis pecados, pido perdón y propongo confiando en vuestra gracia y ayudado por la intercesión del glorioso San Pío de Pietrelcina, corresponder a vuestro amor con el mío imitando tan gran ejemplo que me has dado con su vida, enseñanzas, ejemplos y virtudes.
Ofrezco esta novena a mayor gloria de Dios para la salvación de las almas, la conversión de los pecadores y la mía propia.
Y tú, glorioso Santo Padre Pío, defiéndeme de los enemigos de mi salvación e intercede por mis necesidades, obligaciones e intenciones. Amén.
♦ Se lee lo propio de cada día.
DÍA 4
PADRE PÍO, PADRE DE ALMAS
En el Padre Pío vemos a un padre espiritual preocupado por la santidad de las almas que le han sido encomendadas. Desde los primeros tiempos en San Giovanni Rotondo comenzó a formar a un pequeño grupo de personas, enseñándoles a rezar, a vivir con coherencia la fe y a avanzar por el camino de la santidad.
Como buen padre de familia, trataba a cada uno según sus necesidades y estado: como buen siervo de la casa del Señor daba a cada uno la ración de alimento a su tiempo.
Dirigir almas, acompañarlas en el camino de la santidad, corregir y enseñar no significa decir siempre lo que alguien desea escuchar. San Pío era firme y exigente, porque su objetivo era conducir las almas hacia Dios. La verdadera caridad, para él, incluía la sinceridad y la llamada a la conversión, a dejar todo aquello contrario al Evangelio.
Fue especialmente en el confesionario donde esta entrega alcanzó dimensiones extraordinarias. Durante décadas, miles de personas acudieron a confesarse con él. La experiencia podía ser exigente: san Pío pedía sinceridad, arrepentimiento y propósito de enmienda. Pero detrás de aquella firmeza estaba el deseo de que cada persona conociera la misericordia de Dios.
Su confesionario era, al mismo tiempo, lugar de verdad y de misericordia. No se trataba de condenar al pecador, sino de ayudarle a abandonar el pecado y comenzar una vida nueva.
Su ejemplo nos recuerda que somos pecadores, que tenemos que convertirnos y volver a Dios. Allí donde hay arrepentimiento sincero, la misericordia de Dios tiene siempre la última palabra. El perdón de Dios no humilla: sana, levanta y nuevamente nos da la oportunidad de ser santos.
La conversión comienza cuando dejamos de justificarnos y con verdad y humildad pedimos perdón a Dios: confiando en su gracia lo podemos todo.
“Los mejores medios para protegerte de la tentación -decía- son los siguientes: cuida tus sentidos para salvarlos de la tentación peligrosa, evita la vanidad, no dejes que tu corazón se exalte, convéncete del mal de la complacencia, huye del odio, reza cuando sea posible. Si el alma supiera el mérito que uno adquiere en las tentaciones sufridas en la paciencia y conquistado, estaría tentado a decir: Señor, envíame tentaciones.”
Pidamos tener en gran estima el sacramento de la confesión y seamos fieles al examen de conciencia diario, siguiendo el consejo de Padre Pío: “No os acostéis jamás sin haber examinado antes vuestra conciencia sobre cómo habéis pasado el día, y sin haber dirigido todos vuestros pensamientos a Dios, para hacerle la ofrenda y la consagración de vuestra persona y de todos los cristianos.”
♦
Pídase la gracia particular que se quiere alcanzar en esta novena por intercesión del Glorioso Padre Pío.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
ORACIÓN FINAL
PARA TODOS LOS DÍAS
Glorioso san Pío de Pietrelcina, sacerdote humilde y fiel, tú que amaste profundamente a Jesús crucificado y entregaste tu vida por la salvación y el consuelo de tus hermanos, presenta al Señor las intenciones que te confiamos en esta novena.
Alcánzanos un corazón sencillo para orar, valentía para convertirnos, amor al Santísimo Sacramento y a la santa Misa, confianza filial en la Virgen María y compasión verdadera ante el sufrimiento de los demás.
Enséñanos a no huir de nuestras cruces, sino a vivirlas unidos a Cristo; a buscar siempre la misericordia de Dios y a convertir nuestra fe en obras concretas de amor.
Intercede especialmente por los enfermos, por quienes viven solos, por los que han perdido la esperanza, por quienes viven en pecado alejados de Dios y por todos los que se encomiendan a nuestra oración.
Que, siguiendo tu ejemplo, podamos hacer de nuestra vida una ofrenda de amor y llegar un día a la alegría eterna en la presencia de Dios. Amén.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.
San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.