lunes, 5 de octubre de 2026

DE LA VESTIDURA NUPCIAL. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Martes de la XIX semana después de Pentecostés

DE LA VESTIDURA NUPCIAL.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Martes de la XIX semana después de Pentecostés

DE LA VESTIDURA NUPCIAL.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo, a la sazón que comían, entró el rey en las bodas a ver y examinar los convidados; lo cual, como dice san Juan Crisóstomo, significa el juicio que Cristo ha de hacer de los que han sido llamados y han entrado en su Iglesia, y de los que han venido a su servicio; porque no todos han de ser escogidos, sino aquellos que con la fe juntaren la caridad y buenas obras.

Pondera sobre este paso que ha de haber día de juicio y de cuenta, y que la ha de pedir Dios a ti y a todos muy estrecha de la vocación a su Iglesia y de los empleos de su servicio; y que no bastará haber sido cristiano, ni religioso, ni sacerdote, para ser escogido para las bodas del cielo, sino corresponder el vestido de las obras a la profesión de la vida.

Atiende, pues, a la que has traído hasta aquí, y mira cuál te hallarás en aquel juicio, y qué cuenta darás de ti, y procura ajustarla ahora para darla después como conviene.

 

PUNTO II. Considera cómo el rey puso los ojos en uno que entró sin ropas de boda, y le reprendió por ello, y enmudeció de manera que no tuvo palabra que responder.

Esta vestidura nupcial, dice san Hilario, que es la gracia (1); san Jerónimo, que la guarda de los preceptos divinos; san Agustín, que la humildad con que el alma busca la gloria de Dios, y no la suya en sus obras; san Gregorio, que la caridad, que ha de acompañar la fe para merecer entrar en la gloria celestial; Orígenes, que es la mudanza de las costumbres, desnudándonos de las vestiduras de Adán y vistiéndonos de las de Cristo.

¡Oh pecador! Entra la mano en tu pecho y mira si te has desnudado de las costumbres de Adán y vestídote de las de Cristo; y mira si vive en ti el amor sensual, y la voluntad propia, y el deseo de la honra, y la codicia de la hacienda, y la ambición y la sensualidad, y el regalo y el aprecio de él, y el desprecio de los demás; y reconoce que no tienes ropas de bodas para entrar en las del cielo, ni es posible, como dice san Bernardo, vestirlas ambas juntas, unas sobre otras, sino que es inexcusable desnudarte las del viejo Adán para vestirte las de Cristo.

Resuélvete, pues, a dejar los vicios por las nuevas de las virtudes; a mudar las costumbres y despojarte de la ambición por la humildad; de la gula por el ayuno; de la ira por la paciencia; del regalo por la mortificación; del descanso por la cruz, y de las riquezas por la pobreza y la púrpura del Salvador.

 

PUNTO III. Considera cómo éste enmudeció; y no solo él, porque ni tuvo excusa que dar, ni otro alguno rogó por él; en que nos enseña, como dice san Crisóstomo, que en el juicio de Dios ninguno tendrá excusa que dar de no haberle servido, ni habrá otro que ruegue por él, y la palabra que echare el Juez por la boca será luego ejecutada sin réplica ni apelación.

Carga la consideración sobre este caso, y mira qué será de ti si fueses tan desgraciado como éste, que entre tantos buenos y escogidos fueses condenado tú por no tener vestidura nupcial.

¡Oh miserable! ¿Quién responderá por ti, cuando entre tantos no se halló quien dijese una palabra por éste? Él enmudeció y tú enmudecerás. Habla ahora al Señor, y pídele que te juzgue, pues tienes lugar de mejorar tus cuentas y corregir los yerros que has cometido hasta aquí; pide a los santos que no enmudezcan, sino que hablen por ti y te alcancen gracia y plazo de vida del Señor para enmendar tu vida y recuperar las pérdidas pasadas.

 

PUNTO IV. Considera el fallo de la sentencia y la ejecución tan puntual de ella, porque mandar y ejecutar todo fue uno. De la mesa y del convite le sacaron al fuego inextinguible y a las tinieblas palpables. Mandó el rey que le atasen de pies y manos y le lanzasen en las tinieblas, y luego le ataron; porque está imposibilitado para merecer ni obrar el que fuere condenado al infierno.

Obra ahora que tienes las manos libres, y ejercítate en penitencia y caridad, y allega riquezas eternas, porque después tendrás atadas las manos y no podrás.

En las tinieblas echaron al que no se aprovechó de la luz, en pena de su delito, para que carezca de ella eternamente. Considera esta desdicha y aprovéchate de la luz que te da el Señor para adelantarte en su servicio.

Obra ahora que tienes luz, antes que llegue la noche y te cubra de tinieblas. Piensa y medita en aquellas penas horribles, y mira qué diera éste por haber tenido vestidura nupcial y gozado de las bodas de que gozan los demás; y prevente con tiempo, pues Dios te le da, para prepararte y merecer.

(1) Apud S. Thom. in Caten.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.