jueves, 14 de julio de 2022

14 de julio. San Buenaventura, obispo, confesor y doctor de la Iglesia

 


14 de julio. San Buenaventura, obispo, confesor y doctor de la Iglesia

Buenaventura, natural de Bagnorea, Toscana, de niño fue curado de una enfermedad mortal por las oraciones de San Francisco, a cuya Orden su madre hizo voto de consagrarle si sanaba. Fiel a esta promesa, siendo adolescente, entró en la Orden de los Frailes Menores, donde alcanzó, dirigido por Alejandro de Halés, una ciencia tan elevada que, después de siete años, obtenido en París el título de Maestro, explicó públicamente con éxito, los libros de las Sentencias, que luego fue ilustrando con sus famosos comentarios. Mas no sólo se distinguió por la profundidad de su ciencia, sino también por la pureza de sus costumbres, inocencia de vida, humildad, mansedumbre, desprecio de las cosas de la tierra y aspiración a las del cielo; mereció ser considerado, con toda justicia, como un dechado de perfección, y ser llamado santo por su íntimo amigo el bienaventurado Tomás de Aquino, pues habiéndole éste encontrado mientras escribía la vida de San Francisco, exclamó: “Dejemos al santo que trabaje para un santo”.

Inflamado en el amor divino, honraba la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, objeto constante de sus meditaciones, y a la Virgen Madre de Dios, a la cual se había consagrado; y procuró con todas sus fuerzas propagar estas devociones entre los demás, con sus palabras y ejemplos, y explanarlas en sus libros y opúsculos. De su piedad nacía su dulzura para con el prójimo, la gracia de sus palabras y aquella caridad desbordante que atraía todos los corazones. Gracias a estas virtudes, cuando apenas tenía 35 años fue elegido por unanimidad, en Roma, ministro general de la Orden, cargo que desempeñó durante 22 años con admirable prudencia y reputación de santidad. Dictó diversas disposiciones útiles para la disciplina regular y la propagación de la Orden, a la cual, como a las demás Órdenes mendicantes, defendió contra las calumnias proferidas por sus detractores.

Enviado por San Gregorio X al concilio de Lión, y promovido Cardenal Obispo de Albano, desplegó el Santo en los asuntos del concilio, notable actividad. Gracias a sus trabajos, mitigáronse las discusiones cismáticas y triunfaron los dogmas de la Iglesia. En esto, murió, a los 53 años de edad, en el año de gracia 1274, causando profunda tristeza, viéndose sus funerales realzados por la presencia de todos los asistentes al concilio y del Papa. Sus muchos y brillantes milagros movieron al papa Sixto IV a inscribirle en el número de los santos. Escribió muchas obras, en las cuales se juntan una ardiente devoción a una erudición profunda, por lo cual conmueven al lector a la vez que le instruyen. Así pues, Sixto V le adjudicó con mucha justicia el título de Doctor Seráfico.

 

Oremos.

¡Oh Dios, que pusiste a San Buenaventura al servicio de tu pueblo, para que lo guiase a la salvación eterna!; concédenos que este maestro de vida en la tierra sea nuestro intercesor en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

 

 

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