viernes, 5 de agosto de 2022

5 de agosto. Dedicación de santa María de las Nieves

 


5 de agosto. Dedicación de santa María de las Nieves

En tiempo del Sumo Pontífice Liberio, el patricio romano Juan y su noble esposa, no teniendo hijos que pudieran heredar sus bienes, hicieron voto de consagrarlos a la bienaventurada Virgen María, a la cual suplicaban continuamente les manifestara de alguna manera a qué obra pía era su voluntad que los destinasen. Oyó la bienaventurada Virgen estas súplicas y votos sinceros, y les dio cumplimiento por un milagro.

En las nonas de agosto, tiempo de los máximos calores en Roma, parte del monte Esquilino quedó cubierta de nieve durante la noche. La Madre de Dios apareció en sueños, separadamente, a Juan y a su esposa comunicándoles su voluntad de que edificasen una iglesia en el lugar cubierto de nieve, y la dedicasen con el nombre de la Virgen María, queriendo, así, constituirse en heredera de sus bienes. Juan lo puso en conocimiento del Papa Liberio, quien afirmó había tenido también el mismo sueño.

Se dirigió, pues, Liberio, a la colina nevada, en procesión de letanías, acompañado del clero y del pueblo, señalando allí el sitio que debía ocupar la iglesia que se edificó por la munificencia de Juan y de su esposa. Más adelante fue restaurada por Sixto III. Se la designó primero con varios nombres: basílica de Liberio, de Santa María del Pesebre. Pero como en Roma había muchas iglesias consagradas a la Virgen María, acabó por llamársela Santa María la Mayor, que por sí solo ya indicaba la preeminencia que tenía sobre las demás, por lo insólito del milagro y mayor dignidad. Cada año, en memoria de la milagrosa nieve que en este día cayó, se celebra su dedicación.

 

Oremos.

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión gloriosa de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo, y concédenos las alegrías del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

jueves, 4 de agosto de 2022

DÍA 5. EL CORAZÓN DE MARÍA ES EL CORAZÓN DE NUESTRA MADRE

 

DÍA 5.

EL CORAZÓN DE MARÍA ES EL CORAZÓN DE NUESTRA MADRE

 

MES DE AGOSTO  EN HONOR

AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

 

wOraciones para comenzar todos los días:

+Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Con el Ángel de la Paz que enseñó a los tres pastorcitos de Fátima-Lucía, Francisco y Jacinta- a rezar para desagraviar los Corazones de Jesús y de María, decimos:

Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo.

Os pido perdón por los que no creen, no adoran,

 no esperan y no os aman. (3 veces)

***

Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo,

Os adoro profundamente y Os ofrezco

el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma

y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo,

presente en todos los sagrarios de la tierra,

en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias

con que Él mismo es ofendido

y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón

y del Corazón Inmaculado de María,

os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén.

 

w Consideración diaria.

DÍA 5.

EL CORAZÓN DE MARÍA ES EL CORAZÓN DE NUESTRA MADRE

El Corazón Inmaculado de María es el Corazón de aquella que es Madre de Dios, pero también Madre de todos los hombres. En la persona del discípulo amado, al pie de la Cruz, Jesús entregó su Madre a toda la Iglesia y a la misma humanidad: “Hijo, ahí tienes a tu madre.”

En el Corazón santísimo de María todos los hombres tienen cabida, a todos nos ama como a hijos suyos; siendo siempre para todos amor, ayuda, consuelo, fortaleza y compasión. Decía el Santo Cura de Ars: “El Corazón de María es tan grande para con nosotros que, si reuniéramos el amor de los corazones de todas las madres, ese amor, con ser tan grande, parecería un pedazo de hielo comparado con el inmenso amor que en el Corazón de María arde hacia nosotros sus hijos”.

¿Cuál es el deseo del hijo hacia su Madre? Corresponder a su amor. Amor con amor se paga –solemos decir-. Por eso la devoción y veneración al Corazón Inmaculado de María ha de ser un verdadero deseo de corresponder a su amor, de ser un fiel y amante hijo de la Virgen. El verdadero devoto de la Virgen María quiere ser santo imitándola a Ella en todo.

San Antonio María Claret se decía a sí mismo: “Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abraza por donde pasa; que desea eficazmente y procura, por todos los medios, encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos”.

 

wOraciones para terminar todos los días:

Terminemos nuestra oración, haciendo un acto de reparación al Inmaculado Corazón de María:

·        En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Inmaculada Concepción de María. (Avemaría)

·        En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la Virginidad perpetua de Nuestra Señora. (Avemaría)

·        En reparación por las blasfemias y ultrajes que se cometen contra la maternidad divina de María, rechazando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres. (Avemaría)

·        En reparación por aquellos que infunden en los niños y en los jóvenes el desprecio hacia la Virgen Inmaculada. (Avemaría)

·        En reparación por aquellos que ultrajan, desprecian y maltratan las imágenes y representaciones de la Virgen Santísima. (Avemaría)

***

CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN

de San Antonio María Claret

¡Oh, María! Madre de Dios y Madre nuestra, a Vos acudimos para consagrarnos a vuestro Inmaculado Corazón para que reines en nuestros corazones y en nuestra familia y nos ponemos bajo tu protección maternal.

Os consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestra familia, nuestro hogar; todo cuanto somos y tenemos. Y para que esta consagración sea eficaz y verdadera, renovamos a vuestros pies las promesas que en nuestro nombre hicieron nuestros padres en el bautismo.

Renunciamos a las seducciones del mundo, enemigo de Dios y nuestro; sus criterios de riquezas, honores y placeres; sus escándalos y pecados. Renunciamos a nuestras malas pasiones y a las intrigas del demonio.

Y nos comprometemos a conservar nuestra fe, santificar nuestras costumbres y seguir los dictados del Magisterio de la Santa Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo y frecuentar los Santos Sacramentos. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.

Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

El CORAZÓN DE JESÚS ESTÁ REPITIENDO SU NOCHEBUENA. San Manuel González

 


El CORAZÓN DE JESÚS ESTÁ REPITIENDO SU NOCHEBUENA. 

San Manuel González

 

Una gran alegría os anuncio: os ha nacido el Salvador. (Lc 2, 10-11)

 

Cada vez que paso junto a un Sagrario, los ángeles que en torno de él revolotean y adoran podrían cantarme como en la Nochebuena: ¡Gran alegría! ¡El Salvador os ha nacido!

En realidad, para los cristianos que gozamos del Sagrario perpetuo, siempre es Nochebuena y por consiguiente Pascua ¡hasta con sus aguinaldos!

¡Aguinaldos! Es la palabra de los días de Navidad.

Es tan elocuente y, si vale decirlo así, tan arrollador el sermón de generosidad que se viene predicando hace veinte siglos en Belén, que hasta los más apartados y sordos sienten sus influencias. Hablemos, pues, de aguinaldos.

¿De quién y a quién?

De todo el que tenga algo que dar, sea lo que sea, y a todo el que necesite algo, sea también lo que sea.

Y como todos podemos dar algo, por muy pobres e indigentes que seamos, y todos, quien más, quien menos, algo necesitamos, todos estamos en situación de dar y tomar aguinaldos.

Y aquí surge como por encanto un tema muy fecundo para un rato de meditación pascual ante mi Sagrario.

A saber: ¿qué puedo yo dar de las cosas que necesitan los que a mi alrededor viven?

Y desarrollando la meditación, comienzo por hacer lista de necesidades que veo en los que me rodean.

Y la primera necesidad que salta a mi vista es la que Tú padeces, Jesús Sacramentado, necesidad de adoradores, falta de amadores, ausencia de delicadezas y de calor de corazones... sigo mirando a mi alrededor y miro la iglesia en que estoy, tan pobre, tan descuidada de limpieza, tan oliendo a vacía... paso por la calle de regreso de la iglesia y veo a los ancianitos aburridos y, casi diría arruinados, por inservibles, al rayito del sol; a los golfillos encargados de recoger los malos tratos y malas palabras que se pierden en el arroyo, y, ya en mi casa, el pariente menos atendido, el criado más fría y desdeñosamente tratado, el enfermo o el abuelo injustamente algo preterido, y en mis asuntos, los retrasa-dos, desatendidos por la inconstancia, la dejadez, el miedo a lo que molesta a mi amor propio, y en mis obras de celo, mi Catecismo irregularmente servido, mi suscripción al periódico bueno no pagada o regateada, mi Apostolado tan fríamente ejercido y con tan poco celo, mi cooperación personal o de ayuda económica tan escatimada, ¡cuántas necesidades a mi alrededor y cuántas peticiones de cada una de ellas no tanto de dinero como de cariño, de interés, de atención, de orden, de mortificación, en una palabra, de generosidad! ¿Y mi vida de María, no tiene necesidades de aguinaldo?

Y ¡qué buen rato de meditación el que se ocupara en oír cada una de esas peticiones y estudiar y prometer seriamente, decididamente atenderlas!

¡Qué buenos aguinaldos íbamos a dar!

¡Y a tomarlos también!

Que el Divino Niño de Belén se apresurará a cumplir en nosotros su «dad y se os dará» con unos réditos y unas creces...

Yo los quisiera para las Marías y Discípulos de san Juan de varias clases: Aguinaldos para los pies, las manos, los ojos, la cabeza y el corazón de cada uno de nuestra extensa familia reparadora.

 

Para los pies

de las Marías y de los Discípulos de san Juan quiero y pido al dulce Niño de Belén fuerzas y agilidad para andar sólo por las calles de la modestia, la caridad que no espera paga, la laboriosidad útil y por las plazas del honesto recreo y de la limpieza de conciencia, calles y plazas que todas desembocan en el atrio del Sagrario...

 

Para las manos

de las Marías y Discípulos quiero y pido prontitud para abrirlas para coger el Evangelio y el Catecismo, dar limosna y moverlas en obras buenas, y dureza para rasgar periódicos malos y novelas frívolas y peligrosas.

 

Para los ojos

quiero y pido que vean todo lo que han de ver y muchas cosas más a las que su vista no alcanzaría, a través de la Hostia consagrada.

 

Para la cabeza

quiero y pido que se acaben de enterar de esto sólo: que el buenísimo Jesús está solo en el Sagrario y no debe estar así.

 

Para el corazón

de las Marías y Discípulos quiero y pido, por último, que lo tengan tan limpio, tan blando y tan de fuego para con el de Jesús Sacramentado, que le hagan olvidar y si fuera posible, no sentir la suciedad, la dureza y la frialdad que rodean y en que dejan a sus Sagrarios abandonados...

 

Madre Inmaculada, que en esta gran noche nos regalas el aguinaldo de los aguinaldos, a tu Jesús, enséñanos a recibirlo, a tratarlo, a guardarlo y, sobre todo, a darnos cuenta de Él... 

4 de agosto. Santo Domingo de Guzmán, confesor

 


4 de agosto. Santo Domingo de Guzmán, confesor

Domingo, nacido en Caleruega, España, de la ilustre familia de los Guzmán, estudió en Palencia las bellas letras y la teología con tanto aprovechamiento, que obtuvo la dignidad de Canónigo regular de la iglesia de Osma. Después fundó la Orden de Predicadores. Su madre, estando de él encinta, soñó que su hijo era como un cachorro con una antorcha en la boca, con la cual incendiaría el universo; prefiguraba a Domingo inflamando a los pueblos con el esplendor de la santidad y de la doctrina para conducirlos a la práctica de la piedad cristiana. El presagio se realizó del todo, pues Domingo lo cumplió primero por sí mismo, y después por los religiosos de su Orden.

Su talento y virtud brillaron sobre todo al combatir a los herejes que, con sus perniciosos errores, intentaban pervertir a los tolosanos. En esta labor invirtió siete años, después de los cuales vino a Roma con el obispo de Tolosa y se presentaron al concilio de Letrán para que Inocencio III confirmarse la Orden que había fundado. Mientras el concilio deliberaba sobre este asunto, el Pontífice le aconsejó que voliese a sus discípulos para darles una Regla. Vuelto a Roma, bajo el pontificado de Honorio III, sucesor inmediato de Inocencio, logró la confirmación de la Orden de Predicadores. Fundó en Roma dos monasterios, uno de varones y otro de mujeres. Resucitó tres muertos e hizo muchos otros milagros que contribuyeron singularmente a propagar su Orden.

Gracias a sus trabajos, se habían edificado en todas partes monasterios, y un gran número de personas habían abrazado en ellos la vida religiosa. Estando en Bolonia, en el año 1221, se vio atacado de la fiebre. Sintiéndose cercano a la muerte, reunió a todos sus hermanos y a sus discípulos, y les exhortó a vivir en la inocencia y en el cumplimiento de los deberes de estado. En testamento les dejó, como seguro patrimonio, la caridad, la humildad y la pobreza; y en el momento en que sus hermanos, en oración, pronunciaban las palabras: “Santos de Dios, venid en su ayuda; Ángeles, venid a recibirle”, se durmió en el Señor, en el día octavo de los idus de agosto. El Papa Gregorio IX le puso en el catálogo de los Santos.

 

Oremos.

Oh Dios, que te dignaste esclarecer a tu Iglesia con los méritos y doctrina del bienaventurado Domingo, Confesor tuyo; concédenos que, por su intercesión, no se vea privada de los auxilios temporales, y que siempre vaya progresando espiritualmente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. R. Amén.