De la Visitación de la Virgen María Señora nuestra a Santa Isabel.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
ORACIÓN PARA COMENZAR
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACIÓΝ
PUNTO PRIMERO. Contempla a la Beatísima Virgen que parte de su casa a pie y acompañada con su santo esposo San José y otras parientas suyas, y va camino de diez y seis leguas a las montañas de Judea, a donde habitaba santa Isabel, a visitarla y a darla el parabién del hijo que había concebido, y a santificarle en el vientre de su madre: atiende al paso tan apresurado que lleva, deseando llegar presto al recogimiento y a santificar la casa de Zacarías: oye los coloquios santísimos que tiene con las personas con quien camina, las palabras de vida tan dulces y provechosas que salen de su boca, el júbilo y consuelo de los que la acompañan: mira los ángeles que van con ella, gozándose de su compañía y cortejando a aquel Señor que lleva en sus entrañas: entra con la meditación en lo interior de su espíritu, y contempla el fuego divino que ardía en su pecho, los afectos de su alma, los coloquios que llevaba con Dios a quien tenía en su seno, y las mercedes que a cada paso recibía de su divina mano: júntate con aquella santa compañía, camina con la Beatísima Virgen, no la pierdas de vista, ni la dejes: pídela que te permita acompañarle, y oye, y gusta, y goza aquellos coloquios celestiales, y aprende juntamente los que has de tener en tus caminos; y cómo los has de hacer, y cómo te has de portar con Dios y con los hombres en ellos para bien y provecho de tu alma.
PUNTO II. Considera la caridad y humildad de la Virgen, que resplandece en esta visita, la caridad en dejar su recogimiento, que tanto amaba, por ir a santificar aquella casa, y en especial a San Juan que había de ser precursor de Cristo; y saca de aquí afectos de ayudar a tus prójimos en el bien de sus almas, aunque sea necesario dejar a veces el recogimiento, y (como dicen) a Dios por Dios, y a diligenciar su bien de tal suerte, que no pierdas el tuyo. Pondera su humildad, visitando la superior a la inferior, la Madre de Dios a su sierva, y entrando en su casa y saludándola primero, condenando con esta acción todos los pundonores humanos, y enseñándonos a humillarnos más cuanto a mayor dignidad fuéremos sublimados.
PUNTO III. Considera las palabras que dijo nuestra Señora a Santa Isabel y los efectos de ellas; las palabras fueron según San Buenaventura (1) :Salve sorór Elisabeth: Dios te salve mi hermana Isabel, y fueron tan operativas, que luego sin dilación estuvo nuestro Señor Dios en ella, y en el hijo que tenía en sus entrañas y en Zacarías su marido, y toda aquella casa se llenó del Espíritu Santo; porque como la Virgen estaba tan llena de él, de la abundancia de su corazón se llenó toda aquella casa, y San Juan, acelerado el uso de la razón, dio saltos de placer por el júbilo que recibió su alma con la gracia del Señor; y como dijo San Crisóstomo, empezó con aquella acción a predicar a Cristo y hacer oficio de precursor: tales efectos tuvieron las palabras breves de María. Exclama y di con encendido afecto de tu corazón: ¡Oh boca del Espíritu Santo y lengua encendida en fuego de caridad, hablad una palabra a este corazón helado, para que se encienda en fuego de divino amor! ¡Oh Reina del cielo, visitad mi alma, más necesitada que la de San Juan, y sacadla del pecado y de la tibieza en que está! Aprende, oh alma, a visitar a los hombres cuando fuere necesario: conoce cómo has de gastar el tiempo y las palabras en las visitas, y en qué te has de ocupar: contempla despacio lo que hizo y dijo la Beatísima Virgen tres meses que estuvo con santa Isabel, y aprende en su escuela lo que tú debes obrar.
PUNTO IV. Considera la respuesta de santa Isabel, tan humilde y reconocida a la merced que la Santísima Virgen la hizo: ¿De dónde a mí, que venga a mí la Madre de mi Señor? En llegando la voz de tu salutación a mis oídos ha saltado de placer el infante en mis entrañas: Bendita eres, que creíste, porque se cumplirá en ti lo que te ha dicho el Señor .Adonde tienes mucho que meditar y que aprender, sacando afectos de imitación, de gozo y devoción de cada palabra y misterio que en ella se encierra: reconoce la virtud de la devoción de esta Soberana Señora, y cuánto crecerán en virtud los que la trataren con familiaridad; pues una palabra sola la tuvo tan grande para con toda aquella casa ,que saltó San Juan de placer en recibiendo la gracia, saliendo del pecado; porque no hay júbilo ni contento verdadero sino en la gracia de Dios, ni puede tenerle quien se halla preso en las cadenas de la culpa: salió San Juan de ellas en visitándole la Virgen Santísima , porque es Madre de pecadores, y por su medio salen de los pecados; y añade santa Isabel, que fue bienaventurada la Virgen, porque creyó; para que reconozcas de cuanto peso es creer y confiar en Dios, el cual cumplió en ella sus promesas, porque las cumple en todos los que se fían de su Majestad.
ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.