7 de enero
De la venida de los reyes del Oriente a adorar a Cristo.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
ORACIÓN PARA COMENZAR
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
7 de enero
MEDITACIÓN
De la venida de los reyes del Oriente a adorar a Cristo.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo en naciendo Cristo en Belén, nació su estrella en el Oriente, la cual vieron todos los pueblos, y solos tres reyes se movieron a venir a reconocer a Cristo: adonde has de ponderar lo primero, cuánta verdad es lo que enseña el Salvador (1), que son muchos los llamados y pocos los escogidos, pues de tanto número de gente como vieron la estrella solos tres vinieron a servirle; y procura tú ser de los pocos y de los escogidos, buscándole y sirviéndole en compañía de estos santos reyes: lo segundo, pondera la razón por qué estos reyes vinieron, y fue porque eran sabios y gastaban su vida en la contemplación de las estrellas, por las cuales recibieron luz para conocer a Cristo; de que has de sacar grande estima de la contemplación de las cosas celestiales y del estudio de las sagradas letras, pues por su medio alcanzarás luz para conocer y seguir a Cristo: pondera lo tercero cómo los extraños vinieron adorarle, y de los suyos propios que moraban en Jerusalén, ninguno se movió á buscarle; en que conocerás cuán poco hay que fiar en sangre ni amistad humana, y que cuando Dios quiere en los más extraños se halla mayor amparo: fía en su Majestad y no en los hombres caducos y engañosos, en quien, como dice David, no se halla verdad, y ofrécete a tu Dios de corazón pidiéndole que te ampare debajo de su protección.
PUNTO II. Considera lo que dice el evangelista San Mateo, que en oyendo Herodes la nueva de que había nacido Cristo, se turbó y con él toda su corte. Pondera que los reyes no se turbaron aunque tuvieron más ocasión, hallándose en tierra extraña sin el rey a quien buscaban; pero turbóse Herodes porque tenía mala conciencia, y los reyes no, porque la tenían buena; de lo cual conocerás que no hay paz ni seguridad como la buena con- ciencia, y que si tienes todos los reinos y señoríos del mundo, te hallarás turbado y en un mar de congojas y aflicciones si tu conciencia te reprende; y al contrario, aunque todo el mundo se arme contra ti, te hallarás en tranquilidad y alegría con la paz de la buena conciencia: pídele a Dios gracia para tenerla limpia de toda culpa y purificada de toda mancha, con que alcanzarás gozo y seguridad en todas tus acciones.
PUNTO III. Dice el evangelista, que hallaron a Cristo con su Santísima Madre, porque siempre se halla con ella, y el que alcanza su devoción verdadera tiene a Cristo en su alma. Pondera que son como la aurora y el sol, que el uno sigue necesariamente al otro, así Cristo a la devoción de su Madre: establécela en tu corazón, arrójate a sus pies con estos santos reyes, y pídele que te abrigue debajo de su manto recibiéndote por hijo suyo; y considera el gozo que tendría en su corazón viendo con sus ojos las primicias de la gentilidad y establecerse el reino de su Hijo: dale la enhorabuena, gózate de su gozo y enciéndete en vivos deseos de amplificar el reino de Cristo cuanto en ti fuere, trayéndole muchas almas a su servicio.
PUNTO IV. Contempla a estos santos reyes postrados a los pies de Cristo ofreciéndole con devotísimo corazón liberalmente sus dones: conviene a saber, el oro, el incienso y la mirra, y acompáñalos con el afecte de tu alma postrándote a los pies del Salvador: ofrécele el oro de la caridad amándole de todo tu corazón y por él a tus prójimos, socorriendo sus necesidades con toda liberalidad; y el incienso de la oración dándole gracias por los beneficios recibidos y haciéndote todo lenguas en alabanzas de Dios; y la mirra de la mortificación, refrenando tus apetitos, macerando tu carne y mortificando tus deseos por su amor; y si eres religioso, ofrécele estos tres dones en los tres votos esenciales de tu profesión: el oro, por el voto de la pobreza, renunciando todas las riquezas por Dios; el incienso, por el de la obediencia, ofreciéndote en sacrificio a su divina voluntad; y la mirra, por el de la castidad, preservando tu alma y cuerpo de la corrupción del pecado, y viviendo en suma pureza sin dar lugar en tu corazón a pensamiento malo; discurre por los cinco sentidos y por las potencias de tu alma, y ofrece a Dios todas tus acciones, pensamientos, palabras y obras, y pídele gracia para cumplir con tus obligaciones y perseverar hasta el fin en su servicio.
(1) Mt. 20.
ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.