8 de enero
Del Niño perdido. (Lc. 2.)
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
ORACIÓN PARA COMENZAR
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
8 de enero
MEDITACIÓN VIII.
Del Niño perdido. (Lc. 2.)
Subieron el glorioso San José y la Santísima Virgen de Nazaret a Jerusalén a celebrar la Pascua como lo tenían de costumbre, y llevaron consigo a su preciosísimo Hijo, el cual sin decirles nada se quedó en Jerusalén: buscáronle tres días con dolor entre los parientes y amigos y halláronle en el templo en medio de los doctores, y se volvió con ellos a Nazaret.
PUNTO PRIMERO. Considera el documento que dan Cristo y su Santísima Madre de frecuentar los templos y venir a las festividades, y guardar las santas costumbres de los mayores, viniendo ellos de tantas leguas a celebrar la fiesta al templo de Jerusalén, y aprende en qué has de gastar las de la Iglesia, no en comidas y bebidas ni en juegos y delicias, como dice el apóstol San Pablo, sino en orar en el templo y ofrecer a Dios el sacrosanto sacrificio de la misa, y asistir a los oficios divinos y a la predicación de su palabra, que son las obras con que se sirve Dios, y con qué has de honrar sus fiestas para gloria suya y bien de tu alma.
PUNTO II. Considera cómo la Santísima Virgen y el glorioso San José perdieron a Cristo en el templo aunque sin culpa suya, para que vivas con temor de perderle, no asegurándote en lugar alguno por santo que sea, porque en cualquiera le puedes perder si te descuidas en su santo servicio: el primer ángel le perdió en el cielo y Adán en el paraíso con ser lugares tan santos; ¿qué harás tú frágil y miserable en medio de tantas ocasiones del mundo si te descuidas? Vive con temor y tiembla de perder a Dios, y clama a su Divina Majestad pidiendo con humildad que te tenga de su mano, para que no le pierdas jamás ni te apartes un punto de su presencia.
PUNTO III. Considera el dolor y lágrimas con que la Santísima Virgen y el glorioso San José buscaron al Santísimo Niño: entra en sus corazones con la meditación y contempla el sobresalto que tendrían aquellos tres días recelando si habría caído en manos de los ministros del rey que le buscaban para quitarle la vida: mira cómo no descansaron un punto de día ni de noche, buscándole por todas partes por la grandeza del amor que le tenían, no pudiendo tomar descanso en cosa alguna, porque era el descanso de sus corazones; y mete tú la mano en el tuyo, y considera cuántas veces pierdes a Dios, no como la Virgen Santísima, sino por culpa tuya, y no tienes dolor de haberle perdido porque no le tienes amor, comes y duermes y descansas y te das a pasatiempos, habiendo perdido a este Divino Señor: la mayor perdición de tu alma es no sentir su pérdida; los ángeles la sienten y los santos la lloran, y todas las criaturas gimen su pérdida, y tú solo pasas sin dolor que eres el interesado y el que más lo debes sentir: acompaña pues, alma mía, a estos santos amantes, camina con ellos a buscar a tu Dios y Señor, y pídeles a ambos que te den de su amor para saberle buscar, y no los dejes hasta hallarle y darle albergue y acogida en tu corazón.
PUNTO IV. Considera el gozo y alegría que tuvieron la Santísima Virgen y el glorioso San José cuando hallaron al Niño Jesús en el templo en medio de los doctores, y mira cómo en llegando se despidió de ellos y se vino desalado a los brazos de su Madre uniéndose íntimamente con ella: llega con reverencia y dala el parabién de haber halla; do la joya que había perdido, y contempla a aquel Cordero Inmaculado pendiente con los brazos del cuello de su Madre hablándose los corazones y derramando los ojos dulces lágrimas nacidas del júbilo de sus almas: recoge aquellas perlas que caen de sus ojos, no las dejes caer en tierra sino llévalas a tu corazón y lava con ellas las manchas de tus imperfecciones, y aprende y conoce el júbilo y alegría que tiene el alma cuando haya a su Dios, y enciende tu espíritu en llamas vivas de fervorosísimos deseos de hallarle y temerle y no dejarle jamás.
ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.