Del Canto del Magníficat, y nacimiento de San Juan.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
ORACIÓN PARA COMENZAR
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACIÓN
Del Canto del Magníficat, y nacimiento de San Juan.
PUNTO PRIMERO. Considera, que oyéndose alabar la Beatísima Virgen de boca de Santa Isabel, prorrumpió en alabanzas de Dios, dándole la gloria de todo, no negó lo que Santa Isabel dijo; porque la humildad, como enseña Santo Tomás, se funda en la verdad, mas refirió todas sus alabanzas a Dios como a fuente y origen de la gracia por quien las obraba, y de quien le venía todo el bien; y siendo medida en sus palabras, se alargó en estas copiosamente; porque como eran alabanzas de Dios, en cuyo amor se abrasaba su alma, no le permitió ser corta, antes todo le parecía poco para engrandecer y glorificar al Señor, que los santos hablan poco con los hombres, y mucho con Dios: de lo cual debes sacar afectos de humildad y reconocimiento a Dios, confesando (como es verdad)que de ti no tienes más que pecado, y cuánto bueno tuvieres es de su divina mano, dándole continuas gracias por las mercedes que te hace, y pidiendo a los ángeles y a la Reina de ellos y a todos los santos, que se las den por ti, y que suplan lo que a ti te falta.
PUNTO II. Medita palabra por palabra todas las que pronunció en esta ocasión la Santísima Virgen, que todas están llenas de misterios y enseñanza. La primera fue: Mi alma engrandece al Señor. En que declara y enseña, que no solo alababa a Dios con la boca, sino con el espíritu y el alma y con todas sus potencias; y no dice que engrandeció de pretérito, sino que engrandecía de presente, porque siempre le estaba engrandeciendo y alabando y glorificando sin cesar, y a más de sus alabanzas, ni aun durmiendo, según aquello de los cantares (1): Yo duermo, y mi corazón vela: en que debes aprender, y alabar a Dios en todo tiempo y con todas tus obras y acciones , no solamente con el cuerpo, sino también con el alma. La segunda fue: Mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador. Aquí declara la Virgen cómo todo su bien reconoce de la mano de Dios, y nos enseña que no hay gozo verdadero sino es en él, y que este tiene su raíz en el alma, y de ella redunda en el cuerpo y en todas las potencias sensitivas; y así decía aquel santo (2): Si tienes buena conciencia , siempre tendrás alegría; y al contrario, si la tuvieres mala, no podrás tener gozo cumplido: mas siempre tendrás tristeza; y dice que se alegró en Dios su Salvador, porque de él, como de tal, le viene toda la gracia y alegría espiritual.
PUNTO III. En este punto se han de ponderar diez títulos que la Santísima Virgen declaró para ensalzar y engrandecer a Dios, significados en los versos siguientes. Primero, porque miró la pequeñez de su esclava: este título mira por una parte a Dios, y por otra a María; a Dios, que pone los ojos en los humildes, y los aparta de los soberbios; y a María que siempre se humilló, y se tuvo por esclava, por lo cual Dios la miró siempre, y ella le alaba por ello. El segundo: Desde este punto me llamarán bienaventurada todas las generaciones. De donde sacarás cuánta dicha es mirar Dios a un alma, pues todas las gentes la predican por bienaventurada. Pondera cuánta felicidad es alcanzar la bienaventuranza, y pon los medios que puso la Beatísima Virgen para alcanzarla. Tercer título: Porque ha hecho en mis cosas grandes el que es poderoso, y su santo nombre. Las cosas que Dios obró en la Virgen Santísima fueron tales, que no se resuelve a decirlas, ni le parece que podrá declararlas como son, y así solo dice por mayor, que fueron grandes. Pondera despacio las grandezas y prerrogativas de esta celestial Reina y Señora, y gózate de que sean tales y tan grandes y tan digna de ellas quien las recibió, y dale con la Sacratísima Virgen mil alabanzas por ellas. Cuarto: Su misericordia pasa de generación en generación a los que le temen. En que declara, que no se limita a tiempos, sino que se extiende su infinita misericordia a todos los siglos. Ruégale que llegue a ti, y que por tu intercesión te alcance alguna parte de la misericordia que usa con todos. Quinto: Hizo obras poderosas con su brazo. Ninguna mayor que hacerse hombre, en que echó el resto de su poder y sabiduría. Sexto: Desbarató á los soberbios en su mente y corazón. Esta es obra de su justicia y nos da motivo para bendecir a Dios, no solamente por la misericordia que usa con los buenos, sino también por la justicia que ejecuta en los malos, humillando a los soberbios y ensalzando los humildes. El séptimo y octavo concuerdan con este: Echó de su silla los poderosos, y ensalzó a.los humildes: llenó de bienes a los hambrientos, y dejó vacíos a los ricos. Por lo cual debe ser alabado y ensalzado; y pondera para tu provecho, cómo se carea Dios con los humildes y pobres, y los hace; y la ojeriza que tiene a los soberbios y los ricos y regalados del siglo, y cómo aparta de ellos los ojos, y los deja vacíos. En el último verso declara otros dos títulos, diciendo: Recibió a Israel su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había dicho a nuestros Padres, Abrahán, y sus descendientes por todos los siglos. Adonde engrandece a Dios, y nos da motivos de alabarle; lo uno por la providencia y cuidado que tiene de los suyos, y lo otro por la fidelidad con que cumple sus promesas; pues aunque se tarde por sus ocultos juicios que nosotros no alcanzamos, nunca se olvida y a su tiempo visita a los suyos, y los consuela y enriquece de sus gracias como lo hizo con santa Isabel, dándola en la vejez por hijo a San Juan; y con el mundo, dándole al Mesías prometido, por medio de la Reina del cielo. Aprende tú a bendecir a Dios, y a perseverar en tus deseos, y esperar la misericordia de las manos del Señor.
PUNTO IV. En el último punto se ha de considerar lo que haría la Beatísima Virgen aquellos tres meses en casa de Santa Isabel, sus pláticas y coloquios, sus acciones, y el agrado y diligencia con que la asistiría, ocupándose en las cosas domésticas de la casa. Pondera con cuánta prisa fue por el camino, y con cuánto espacio se detuvo en la casa, para el consuelo de todos, y cómo los negocios espirituales se han de tomar despacio; y últimamente, según dice San Bernardo, nació San Juan en las manos de la Virgen, de donde recibió la mayor parte de sus dichas. Pídela que te reciba en sus manos, ofrécela todas tus obras, pensamientos y palabras, y verás buen logro de ella.
(1) Cant. 5 (2) Thomas de Kempis.
ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.