Miércoles de la III semana después de la Epifanía.
Del primer pecado, que fue el de los ángeles.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
ORACIÓN PARA COMENZAR
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Miércoles de la III semana después de la Epifanía.
Del primer pecado, que fue el de los ángeles.
MEDITACIÓN
PUNTO PRIMERO. Para moverte más al aborrecimiento de la lepra del pecado, y a buscar con diligencia su remedio, considera su gravedad y malicia por la del primer pecado del mundo, que fue el de los ángeles, y contempla en primer lugar, cómo habiéndolos criado Dios en gracia y enriqueciéndolos de todos los dones naturales y sobrenaturales que podían desear, usando mal de ellos, se envanecieron y volvieron contra su Criador, haciendo armas contra él de los dones y gracias que les había dado para servirle. Pondera cómo no hay lugar seguro de caer, pues los ángeles cayeron en el cielo; y saca de esta verdad grande cautela y humildad en todas tus acciones y lugares, sin asegurarte en alguno.
PUNTO II. Considera qué pecado fue el de los ángeles, y hallarás que no fue más que un mal pensamiento de complacerse en sí mismos viéndose tan agraciados, y no querer sujetarse a Dios. Pondera luego cuántos pecados has hecho tú mayores, y cuántas veces le has ofendido de pensamiento, de palabra y de obra; y si en los ángeles halló Dios maldad y no la disimuló, ¿qué hará en ti, vilísimo gusano, por tantos pecados como has cometido contra su Majestad?
PUNTO III. Considera el estrago que hizo en los ángeles este mal pensamiento, porque en un instante los privó de todos los dones y gracias que tenían y de la amistad de Dios; y de ángeles se trocaron en demonios; y de las criaturas más nobles en las más viles del mundo; y de las más hermosas en las más feas; y del cielo fueron lanzados al infierno, porque el contagio de su lepra no inficionase a los demás. ¡Oh alma mía! contempla cuanta es la malicia de un pecado, que tal estrago causó en las criaturas más nobles y agraciadas que Dios crió: y si en los ángeles tuvo tales efectos, ¿qué hará en ti, vil gusano de la tierra? Y muévete a dolor y contrición de los que has cometido contra Dios.
PUNTO IV: Echa el sello a esta meditación, considerando el castigo que Dios ejecutó en aquellas nobles criaturas por un solo pecado de pensamiento en que cayeron, porque luego sin esperar a más plazos, ejecutó en ellos su ira y los lanzó del cielo a lo profundo del infierno a penar eternamente, sin dejarles esperanza de recuperar lo perdido, y le dio tan en rostro su pecado, que desde el principio del mundo hasta hoy le está aborreciendo y castigando, y le aborrecerá y castigará eternamente, sin moverse a piedad ni misericordia de ellos, siendo inmensa la suya y la que tiene de todos los miserables y pecadores que padecen en el mundo. ¡Oh inmensa malicia la del pecado! pues tan sin término ni tasa la castiga Dios. ¡Oh Señor! tenedme de vuestra mano, para que muera mil muertes antes que os ofenda en el más mínimo pecado. Pondera la merced que Dios te hizo en darte tiempo y medicina para la lepra de tus culpas, la cual no concedió a los ángeles; dale muchas gracias por ello, y propón firmísimamente de curar con toda diligencia la lepra de tus pecados.
ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.