14 de enero
De las virtudes que Cristo ejercitó en su bautismo.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
ORACIÓN PARA COMENZAR
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
14 de enero
MEDITACIÓN
De las virtudes que Cristo ejercitó en su bautismo.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo siendo Cristo tan superior a San Juan, vino a ser bautizado de él, el Criador a la criatura y el que era la misma pureza a su inferior, para condenar los pundonores del mundo y la vanidad de los hombres, que tanto rehúsan sujetarse unos a otros y ceder en las mayorías y precedencias. Pondera cuán lejos estuvo el Salvador de perder por este camino, no solo para con Dios sino también para con los hombres, pues su Eterno Padre le honró públicamente, y el Espíritu Santo vino sobre su cabeza a vista de todos, y San Juan le pregonó por el Salvador del mundo, a quien él no era digno de servir, y resuélvete a su ejemplo de menospreciar los pundonores humanos, dando a todos la precedencia y el mejor lugar, persuadido que si imitares en esto a Cristo , también Dios te honrará como le honró a él; y si no le imitares, perderás la honra de Dios y de los hombres. Pondera que Cristo se humilló a sus inferiores, y tú te quieres preferir a los que son superiores a ti.
PUNTO II. Considera cómo Cristo quiso recibir el bautismo de mano de San Juan para acreditar su predicación y santidad, y desterrar con su ejemplo la envidia y emulación que puede haber entre los maestros y predicadores, desdorando los unos las acciones de los otros: gózate de tener un maestro tan santo como Cristo y tan honrador de sus siervos, y dale gracias por la enseñanza que te da en su santa vida, y toma sus documentos, y en adelante no tengas envidia ni emulación con alguno, antes honra a todos de obra y de palabra acreditando sus acciones, como Cristo acreditó las de San Juan Bautista.
PUNTO III. Pondera lo que dijo Cristo a San Juan cuando rehusó bautizarle juzgándose por indigno de tan alta dignidad: Conviene que nosotros cumplamos toda justicia : esto es, ejercitemos todas las virtudes sin dejar alguna: toma estas palabras como dichas a ti mismo, y no te contentes con una u otra virtud, sino advierte que te importa ejercitarlas todas, pues tienes más necesidad que tuvieron estas dos lumbreras del mundo, Cristo y San Juan Bautista: da una vista a tu alma y mira las que te faltan, y hallarás que son sin comparación más que las que tienes, y date prisa a conseguirlas porque no te enseñoreen los vicios; pídeselas a Dios y al glorioso San Juan, que te las alcance de su Divina Majestad, y a todos los santos que te ayuden a merecerlas y a cumplirlas, y procura ejercitarlas todos los días de tu vida.
PUNTO IV. En recibiendo Cristo el bautismo, dice San Lucas, que salió el Salvador del agua y se puso en oración, y estando en ella se abrió el cielo y se oyó la voz del Padre, que le confesó por su Hijo, y bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma. Considera cómo todas estas mercedes recibió después del bautismo, para enseñarnos que ha de preceder la purificación de las culpas a las mercedes de Dios, y que si Cristo, que no las tuvo, se lavó primero con las aguas del bautismo, mucho más debes tú purificarte siendo tan pecador, para recibir las mercedes de Dios: ¿cómo quieres que te confiese el Eterno Padre por hijo suyo siendo su enemigo, y por el pecado hijo de ira y perdición (1); y cómo bajará el Espíritu Santo sobre ti, siendo él la suma pureza y tú la suma inmundicia manchado con tantos pecados? Llora tus culpas y bautízate con lágrimas nacidas de verdadera contrición, y ruega al Señor que te limpie y purifique, y te haga digno de sus gracias: mira cuántas has perdido por no hallarte dispuesto para recibirlas, y el Señor las ha dado a otro más digno que tú, perdiendo tan grande tesoro por tu descuido y negligencia.
(1) Ef. 2, 3.
ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.