12 de enero
De la religión que profesó Cristo viviendo.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
ORACIÓN PARA COMENZAR
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
12 de enero
MEDITACIÓN
De la religión que profesó Cristo viviendo.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo predicó tres años de palabra y treinta de obra con su ejemplo, y pondera cuánto más eficaz y provechosa es esta predicación que la otra, pues Cristo la usó tanto tiempo; y con ser tan útil es común a todos, porque cada uno puede dar ejemplo en su estado a sus prójimos, viviendo santamente y guardando con exactitud la ley santa de Dios y las reglas y ordenaciones de su profesión, y convierte esta doctrina a ti mismo; mira si la cumples y qué ejemplo das en tu estado, si exhortas con tu vida a la virtud o si escandalizas con ella; si atraes a tus hermanos al servicio de Dios, o si los apartas de él por tu mal proceder: considera la cuenta que has de dar a Dios de esto, y qué cargo sería tan grande contra ti si alguno o algunos se hubiesen condenado por tu mal ejemplo; y humíllate y compúngete delante de Dios, y pídele gracia para seguir su enseñanza y los pasos de su santa vida, y dar el ejemplo que debes según tu estado y profesión.
PUNTO II. Considera que, como dicen Justino mártir y Nicéforo Calixto (1), Cristo nuestro Señor en llegando a los diez y nueve años de su edad abrazó la religión de los Nazarenos, que fue perfectísima en la ley antigua, y se consagró a Dios con voto perpetuo, como lo probamos en el segundo tomo de la Guía de la virtud (2), y la imitación de nuestra Señora, a donde conviene ponderar cómo el Redentor del mundo nos enseñó a aspirar siempre a lo más perfecto y no contentarnos con la medianía en la virtud; porque los que no aspiran a lo más, raras veces alcanzan lo menos: anímate con el ejemplo de Cristo a abrazar lo más perfecto, y ofrécete a su servicio en lo que te quisiere emplear; y si te llama para ser religioso, óyele y síguele con toda presteza, y confía que te dará fuerzas para lo que te ordenare, y no descaezcas en su santo servicio .
PUNTO III. Considera cómo Cristo, según enseñan los autores citados, se retiró de veinte y cinco años al desierto, y estuvo en él hasta los veinte y nueve de su edad, dándose a la contemplación y penitencia y echando los fundamentos de la vida eremítica y monástica que había de establecer en su Iglesia, honrando todos los estados que hay en ella y autorizándolos con su persona y dejándoles forma de vivir perfectamente con su ejemplo: acompáñale con el alma y no le dejes ir solo; considera las inclemencias de los tiempos a que se sujetó por ti; mira la vida que allí hace retirado de toda conversación humana por gozar de la divina; atiende a su oración y penitencia, y aprende a vivir a Dios, retirándote de todo lo que te puede impedir el aprovechamiento de tu espíritu, y pídele que te lleve consigo y que te admita en su escuela y se digne de enseñarte ofreciéndote a su servicio perpetuamente: agradécele lo que pasa por ti y esfuérzate con su ejemplo a padecer todo lo que se ofreciere según tu estado por su amor.
PUNTO IV. Carga el peso de la consideración sobre todo lo dicho, y mira en qué gastas el tiempo de tu vida que Dios te concede para que en él ganes el cielo : mira cuáles son tus obras y cuáles deben ser la ley de discípulo de Cristo; coteja tu vida con la suya, su penitencia con tu regalo, su silencio con la soltura de tu lengua, su oración con tu divertimiento, su modestia con tu inmodestia, su paciencia con tu ira, su obediencia con tu libertad y su humildad con tu soberbia, y confúndete en su acatamiento y toma nuevos modos de vida; corrige tus costumbres con el ejemplo de las santas suyas, y entra en nuevos fervores abrazando con aliento la penitencia, mortificación, oración, silencio y todas las virtudes que resplandecen en su santa vida: pídele con lágrimas perdón de lo pasado, y ofrécete a seguirle y renovar la vida con resolución firme de morir mil muertes antes que apartarte de su santo servicio.
(1) Niceph. lib. 11, cap. ult. (2) Lib. 4, cap. 16, par. 2.
ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.