viernes, 9 de enero de 2026

LA INFANCIA DE CRISTO #epifania #meditation

10 de enero

De la infancia de Cristo

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

ORACIÓN PARA COMENZAR

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

10 de enero

MEDITACIÓN

De la infancia de Cristo.

 

Refiere el sagrado Evangelista (1), que volvió Cristo de doce años con sus santos padres a Nazaret, y que les fue muy obediente, y crecía en edad y sabiduría para con Dios y los hombres.

PUNTO PRIMERO. Considera cómo Cristo de doce años se quedó en el templo, dejando a sus padres doloridos, aunque sabía su sentimiento, por acudir al servicio de su eterno Padre, y al bien de las almas que le había encomendado, anteponiendo este a todos los respetos de carne y sangre, para enseñarte a dejar al padre y la madre, y todos los negocios terrenos por el servicio de Dios, cuando fuere necesario, y anteponer los bienes espirituales a los temporales, mirando siempre la mayor gloria de Dios nuestro Señor: pídele con todo el afecto de tu corazón gracia para ejecutar este consejo; y duélete mucho de las veces que has faltado en él, suplicando al Señor te perdone y te de fuerzas para enmendarte en lo porvenir.

PUNTO II. Considera cómo Cristo estuvo entre los doctores no solo esta, sino otras muchas veces oyéndolos y preguntándolos, no enseñándolos ni arguyéndolos, como advierte San Gregorio, para enseñarnos el respeto que debemos a nuestros maestros, y la modestia y humildad que debemos tener con los que nos enseñan, y avergüénzate de tu soberbia, que quieres enseñar a todos, y de la presunción con que los hablas, viendo la sumisión con que Cristo aprendía de los maestros, a quien enseñaba lo que les estaba diciendo.

PUNTO III. Considera lo que dice el evangelista san Lucas, que Cristo, Hijo del Eterno Padre, sabiduría suma y bondad infinita, estaba sujeto y obediente a sus padres, y lo estuvo siempre que vivieron, respetándolos y sirviéndolos en los ministerios domésticos y en todo cuanto le ordenaban: mírale por una parte en el cielo obedecido y adorado de los ángeles, y por otra en la tierra humillado más que la misma tierra, sujeto y obediente a los hombres: contempla despacio cómo les obedece, y en las cosas que les sirve; aprende sujeción, humildad y obediencia en todas las cosas grandes y pequeñas, no solo a tus mayores sino a todos los hombres por amor de Cristo, y dile con verdadera contrición: Aquí, Señor, me ofrezco a la obediencia por vuestro amor, dadme gracias y fuerzas para serviros de todo corazón, para humillarme y sujetarme a toda criatura por vos.

PUNTO IV. Dice san Lucas que Cristo crecía en sabiduría y gracia, al paso que iba creciendo en la edad; y aunque esto se ha de entender de la sabiduría y gracia exterior para con los hombres, porque la interior y habitual fue en Cristo infinita que no pudo crecer; pero danos documento de ir siempre creciendo en virtud con la edad, y no decrecer ni volver atrás en el camino comenzado del divino servicio. Entra en cuentas contigo , y mira el caudal de tu alma, y si va a menos con la edad, o si crece y se aumenta y va con los años adelante: da una vista a toda la vida pasada, y mira cuál eras antes y cuál eres ahora, y lo que debieras haber crecido en santidad con las gracias y mercedes que Dios te ha hecho continuamente, y cuán mal te has aprovechado de ellas, pues en lugar de ir adelante has vuelto atrás, y cada día te hallas mas tibio, menos devoto, más libre y menos rendido a la voluntad de Dios. Pondera que si Dios hubiera hecho a otro las mercedes que te ha hecho a ti, le hubiera servido mucho más y adelantado con ellas su caudal, y teme que te las quite por ingrato, como quitó el talento al siervo perezoso, que no ganó con él como lo hicieron los demás: échate a los pies de Cristo Señor nuestro, y llora con lágrimas de sangre tu ingratitud y negligencia.

(1) Lc. 2.

 

ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.