11 de enero
De la juventud de Cristo.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
ORACIÓN PARA COMENZAR
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
11 de enero
MEDITACIÓN
De la juventud de Cristo.
PUNTO PRIMERO. Lo primero se ha de considerar el cuidado que pusieron la Santísima Virgen y el glorioso San José en la crianza de Cristo hasta los años de su juventud, aunque no lo necesitaba por su infinita virtud; pero dieron ejemplo a los padres de familias de mirar por las suyas, y criar sus hijos y domésticos en toda virtud y santidad, enseñándoles el temor de Dios, a frecuentar templos ,asistir a los divinos oficios, y a ejercitarse en todas las obras de virtud; y atiende a la cuenta que debes dar a Dios de las almas que te ha encomendado; y pídele que te dé gracia para mirar por la tuya y por las suyas, y para cumplir como debes con tu obligación .
PUNTO II. Considera el silencio que guardó Cristo todos los años de su juventud, pues hasta que llegó a los veinte y nueve de su edad, no se sabe de cierto lo que obró, ni en qué los gastó; se sabe ciertísimamente que no estuvo ocioso, porque no pudo caber en su vida nota de imperfección: es también cierto que se ocupó en obras santísimas dignas de su persona, y todas las encubrió para confundir nuestra soberbia, que en todo procura la ostentación y loa de los hombres, sacando a plaza sus obras y procurando ser alabados de todos. Confúndete en la presencia de Cristo, y aprende a humillarte y a esconder lo que hicieres de los ojos de los hombres, procurando agradar a solo Dios nuestro Señor.
PUNTO III. Considera lo que haría Cristo en estos treinta años de su juventud. El evangelista San Lucas dice (1) , que los gastó en obedecer a sus padres; San Marcos (2), que ayudaba a San José en su oficio: bien podemos creer que se ocuparía en ambas cosas y juntamente en la contemplación y en obras de piedad: por esto dice el Evangelista que con la edad crecía en sabiduría y virtud para con Dios y los hombres; porque cada día iba descubriendo los rayos de su santidad y creciendo en nueva estimación en el mundo: mira despacio su modestia, su silencio, su compostura, la gravedad de sus acciones, su cordura en tan pocos años, su obediencia y humildad, obedeciendo a sus padres y sirviéndoles en los oficios domésticos de casa; y aprende de todas sus virtudes a copiarlas en tu alma; y mira otrosí aquella corta familia en una pobre casa ganando la comida con el sudor de su rostro, mucho mejor que Adán ganaba el pan con el sudor del suyo, y mírala despreciada del mundo y tan apreciada de Dios que los cielos de los cielos son cortos en su comparación, y ofrécete a ayudarlos, obedecerlos y servirlos.
PUNTO IV. Considera lo que dice el evangelista San Lucas, que la Santísima Virgen guardaba todas las palabras de Cristo en su corazón; para darnos documento de guardarlas y meditarlas nosotros. Medita despacio los coloquios celestiales que tendrían Cristo y su Madre y San José, las alabanzas que darían a Dios, cómo se encenderían en su amor con las palabras de Cristo, los misterios que les descubriría, el consuelo de sus corazones, el gozo de sus almas con tan dulce y suave conversación; y aprende a conservar en tu corazón las palabras de Dios, así las que te habla en lo interior, como las que oyes de los predicadores por cuya boca te habla, y entra con el alma en aquella casa celestial y mira lo que obran sus moradores, y oye lo que hablan, y considera la paz y concordia con que viven; y pídele a Dios gracia para imitarlos, y a la Santísima Virgen que te admita por su morador para servirlos, y no te apartes de su compañía en cuanto pudieres, asistiéndolos y sirviéndolos con el deseo y voluntad.
(1) Lc. 2. (2) Mc. 6.
ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.