Martes de la III semana después de la Epifanía.
De la lepra del pecado, y su fealdad y gravedad.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
ORACIÓN PARA COMENZAR
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Martes de la III semana después de la Epifanía.
De la lepra del pecado, y su fealdad y gravedad.
MEDITACIÓN
PUNTO PRIMERO. Considera en este leproso, llagado de pies a cabeza, al pecador poseído de la lepra del pecado mortal, que se ha apoderado de su alma, y llamase pecado mortal, porque es muerte del alma; y así, la que está en pecado está muerta para Dios, podrida, asquerosa, de mala vista y mal olor, hirviendo de gusanos de malos deseos y malos pensamientos, como un cuerpo podrido en la sepultura. Pondera el estrago que hace en el alma un solo pecado mortal, y cuánto debes huir no caer en él por todo cuánto hay criado, y pídele a Dios que extienda su brazo, como le extendió a este leproso, y que te tenga de su mano, para que no caigas en pecado jamás.
PUNTO II. Considera cómo al leproso no le permitía la ley entrar en el templo, ni en poblado, ni conversar con los hombres; sino andar desterrado, y como descomulgado por los desiertos, porque no inficionase con su lepra a los demás; así el pecador es privado de la amistad de Dios y sus santos y es desheredado de la gloria, cuyo derecho perdió por el pecado, y Dios le hace guerra como a enemigo suyo, y le da en rostro su malicia, y es destinado para el infierno a ser atormentado eternamente en compañía de Satanás, y de sus ángeles. Pondera cuánta es la malicia de un solo pecado mortal, pues tales efectos causa en un alma y conoce por ella algo de su gravedad, y resuélvete a morir mil muertes antes que cometerle, ni ofender a Dios tu Criador.
PUNTO III. Pondera luego para moverte a contrición de tus pecados y a la enmienda de tu vida, cuántas veces has pecado en todas las edades de tu vida, que exceden a los átomos del sol y a las arenas del mar, y en todos tiempos y lugares y con tanta facilidad como si no fuera malo, bebiendo, como dice Job (1), como agua la maldad , y por solo el interés de tu gusto, y por darle a tus amigos, dándole tantos disgustos a Dios; pues si solo un pecado mortal hace tal estrago en el alma como está dicho, ¿qué estrago habrán hecho en la tuya tantos y tan graves pecados como has cometido en el discurso de tu vida? Vuelve los ojos a tu alma, y ten de ella compasión, mira que es tuya propia, y no de otro y lava con lágrimas las manchas de la lepra que padece: arrójate a los pies del Salvador, y pídele con verdadera contrición que extienda sobre ti la mano de su misericordia y te sane.
PUNTO IV. Últimamente para echar el sello a esta ponderación, considera quién, y a quién has ofendido, quién eres tú, y a quién has ofendido, que es Dios; porque si te miras, hallarás que eres una vilísima criatura llena de miserias, sin fuerzas ,ni virtud, ni valor, y comparada con la inmensidad de Dios, menos que un grano de arena respecto de todo el universo; y si miras a Dios que es el ofendido le perderás de vista, sin poderle comprender; porque su grandeza, su majestad, su poder, su sabiduría, su bondad, todo es Dios y todo infinito, inmenso e incomprensible; pues si como dice Santo Tomás (2), crece la ofensa al paso de la persona ofendida, y entre ti y Dios hay infinita distancia; por este costado viene a ser la malicia de tus pecados infinita. Contempla esta verdad, y rompe en admiración de ver cómo te han sufrido las criaturas, y cómo los cielos no te han arrojado rayos para abrasarte, y la tierra no se ha abierto para tragarte vivo, y cómo el infierno no te ha consumido, y humíllate más que el polvo de la tierra, y parte tu corazón de dolor de haber ofendido a Dios, y pídele con lágrimas el perdón de tus pecados y su gracia para no volver más a pecar.
(1) Job. 15. (2) S. Thom. 1. 2. q. 73. art. 9.
ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.