viernes, 16 de enero de 2026

DE LA VUELTA DE NAZARET DE NUESTRA SEÑORA Y LO QUE PASÓ HASTA IR A BELÉN...

De cómo nuestra Señora volvió a Nazaret, y lo que allí pasó hasta ir a Belén.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

ORACIÓN PARA COMENZAR

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACIÓN

De cómo nuestra Señora volvió a Nazaret, y lo que allí pasó hasta ir a Belén.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo la Santísima Virgen se volvió a su recogimiento de Nazaret en naciendo San Juan, dejando consolada y gustosa a su prima Santa Isabel, enseñándonos a recogernos en acabando el ministerio en que Dios nos pusiere a mirar por nuestras almas, y atender a nuestro aprovechamiento. Acompáñala en este camino, pidiéndola humildemente que te admita en su compañía con las personas santas que la acompañaban: mira la modestia y recato con que iba, cómo procedía en las posadas, las palabras tan dulces y santas que salían de su boca: conversaba con los hombres en lo exterior, y en lo interior toda se ocupaba en Dios, amándole, hablándole y uniéndose íntimamente con él: mira la presteza con que volaba a su recogimiento, y el deseo de entregarse toda a Dios; y pídele que te enseñe a conversar de tal suerte con los hombres, que no pierdas a Dios, antes cada día crezcas y te adelantes en su servicio; y al Señor que enderece tus caminos para gloria y honra suya y provecho de tu alma.

PUNTO II. Considera el silencio que la Beatísima Virgen tuvo en guardar los misterios divinos y las mercedes que recibió de la mano del Señor, pues no descubrió la mayor de haber encarnado en su seno a quien tanto amaba, como fue su esposo San José, conociendo y sabiendo que la había de ocasionar sentimientos, cruz y dolor, y dejó a Dios esta causa, fiando de su bondad que la sacaría con ganancia de la guerra que esperaba, y revelaría el misterio a su esposo, cuando fuese necesario y conviniese para su santo servicio; y saca de aquí grandes propósitos de guardar en silencio las misericordias de Dios, y una firme confianza en su piedad, y que te sacará con ganancia de las ocasiones en que te pusiere. Clama y pide a la Santísima Virgen que te enseñe a ser fiel tesorero de las mercedes del Señor, y al Señor que te dé gracia para guardarlas y estimarlas como tienes obligación.

PUNTO III. Contempla las olas de pensamientos que combatían el alma del glorioso San José, cuando sintió el preñado de la Purísima Virgen, y cómo nunca se rindió a creer cosa menos pura de ella, el dolor de dejarla, la aflicción de ausentarse, el temor de quedarse, el sentimiento de la Virgen por el que padecía su santo esposo, la angustia de ambos en tan apretada ocasión, y el medio que tomaron, que fue recurrir a Dios, el cual tan fácilmente con un sueño, en que le reveló el misterio, dio corte y consuelo a los dos, y deshizo los nublados que oscurecían sus corazones. Pondera para tu aprovechamiento, como es costumbre antigua del Señor hacer grandes beneficios a los suyos con pensión de cruz y trabajos por ellos, y apercíbete a padecer el día que pidieres y recibieres mercedes de su mano, y dile con fervor: Dadme más y más cruz, Señor, que más y más quiero padecer por vuestro amor. Aprende a confiar en Dios y llamarle en tus aflicciones, que él te consolará y sacará de ellas ganancias, como sacó de estos dos santos casados.

PUNTO IV. Considera por una parte el gozo y por otra el empacho con que se vería el Santo José con la Santísima Virgen, pasada esta tormenta, el gozo por el misterio viendo en su casa al Salvador del mundo, y la ocasión de servir a su Sacratísima Madre, y gozar de su compañía y presencia, asistirla y defenderla, y regalarla con todas sus fuerzas, y el empacho, ya por los pensamientos pasados, ya por tenerse por indigno de servir y acompañar a tal Señora. Medita las palabras que le diría tan llenas de humildad como de estimación de su persona, y las palabras que la humildísima Virgen le respondería, el nuevo lazo de amor espiritual con que se enlazarían aquellos celestiales amantes, la devoción y ternura de sus corazones, las dulces lágrimas que correrían de sus ojos, y cómo mudas las lenguas se hablarían las almas, y se enlazarían con nuevo vínculo de caridad sus espíritus para servir al Señor, que los había juntado en tan soberano ministerio, que este resultado producen los trabajos sufridos por Dios. Saca de aquí afectos de paciencia en los tuyos y propósitos de no condenar a ninguno por sospechas, indicios o rumores, pues aun lo que se ve muchas veces no se puede condenar, y más en personas espirituales, remitiendo siempre el juicio a Dios, el cual debe ser bendito y alabado en todo y por todo por los siglos de los siglos. Amén.

 

ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.