sábado, 24 de enero de 2026

LA CURACIÓN DEL LEPROSO #evangelio #meditation

III domingo después de la Epifanía.

De la doctrina del Evangelio de la Curación del leproso

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

ORACIÓN PARA COMENZAR

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACIÓN

III domingo después de la Epifanía.

De la doctrina del Evangelio de la Curación del leproso

MEDITACIÓN

 

Dice el sagrado evangelista (1), que bajando Jesús del monte se llegó a él un leproso y le pidió salud: extendió Cristo la mano, tocóle, sanóle y envióle a mostrarse al sacerdote, y a ofrecer la ofrenda que mandó Moisés, encargándole que callase el milagro que con él había obrado.

PUNTO PRIMERO. Considera tres afectos que causó la lepra en este enfermo: el primero de humildad, reconociéndose por leproso y postrándose a los pies de Cristo; el segundo de deseo de la salud, y el tercero de oración, pidiéndola al Salvador; y habiendo considerado esto despacio, vuelve a ti los ojos y mira tu alma enferma de tantos años con la lepra de tus pecados, y los afectos que debe despertar en ti de humildad delante de Dios y de los hombres, deseos de alcanzar salud y verte libre del contagio y lepra de los vicios, y de oración pidiéndosela a Dios con todo el afecto de tu alma. Llora tu negligencia y el miserable estado en que te hallas, y aprende de este leproso a procurar tu salud con toda presteza y diligencia.

PUNTO II. Coteja la lepra espiritual del alma con la material del cuerpo, y considera la diferencia que va de una a otra, y cuánto más grave es la espiritual que la corporal y de mayor riesgo, pues la corporal amenaza la ruina del cuerpo corruptible, que dentro de poco ha de estar en la sepultura; pero la espiritual amenaza la ruina del alma, que es eterna y ha de ser presentada delante de Dios y de sus ángeles: mira la tuya en su presencia cubierta de la asquerosa lepra de los pecados, y que Dios y los ángeles se cubren los ojos por no verla, y te mandan lanzar de su acatamiento, y llora tu desdicha y procura tu remedio: mira las diligencias que haces para sanar de la lepra del cuerpo, que no dejas medicina ni remedio que no intentes; y busca la salud de tu alma con tanta y mayor diligencia, pues te va mas en ella: acompaña a este leproso y busca con él a Cristo, que es el médico de las almas, y arrójate a sus pies pidiéndole la salud con verdadero deseo de alcanzarla, y confía que te la dará como se la dio a él.

PUNTO III. Considera las palabras que dijo el leproso a Cristo, nacidas de su viva fe y grande confianza en la bondad del Salvador; Señor, si queréis, me podéis sanar. Con sola vuestra voluntad podéis, si queréis darme la salud, como hicisteis el cielo y la tierra y a todas las criaturas, porque quisisteis hacerlas; así podéis sanarme a mí con sola vuestra voluntad; y al peso de la fe correspondió Cristo diciéndole: Yo te quiero sanar, y luego sanó. Considera cuán muerta está en ti la confianza en Dios y la fe viva que debes tener de su poder, piedad y misericordia, que por falta de está persevera en ti la lepra de tus pecados, y no alcanzas lo que pides de su divina bondad: discurre por las cosas que has pedido y no has alcanzado, y cree que ha sido la causa la falta de confianza: aviva tu fe y esperanza, y pide al Señor que te la de para saber pedir y orar como debes a su Divina Majestad.

PUNTO IV. Considera cómo le sanó Cristo extendiendo la mano y tocándole, y diciendo que le quería sanar: bastaba, como dice Beda, su palabra para darle salud; pero quiso añadir la obra extendiendo la mano y tocando la lepra, para enseñarnos a extender las nuestras a los leprosos, enfermos y necesitados, y a no desdeñarnos de tocarlos y curarlos, como quisiéramos que nos curaran a nosotros: mira cuantos pobres enfermos hay a vista de tus ojos en el lugar donde vives, y por ventura vecinos a tu propia casa o dentro de tus puertas y cuán poca piedad tienes de ellos, y aprende del Salvador a compadecerte de tus hermanos y extender la mano liberalmente para ellos, si quieres que él la extienda para ti franqueándote sus dones inestimables: ponte ante sus ojos con este leproso, llégate cerca, muéstrale tus llagas, dile con él: Señor, si queréis vos me podéis sanar; extended la mano a este leproso pobre, mendigo y necesitado: no desmerezca yo esta misericordia de vos; usad con este mendigo lo que usáis con este leproso, y salga yo de vuestra presencia tan sano como él salió.

(1) Mt. 8.

 

ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.