De la conversión milagrosa del pan y el vino en el cuerpo y sangre de Cristo.
Jueves de la II semana después de Epifanía
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
ORACIÓN PARA COMENZAR
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACIÓN
Jueves de la II semana después de Epifanía
De la conversión milagrosa del pan y el vino en el cuerpo y sangre de Cristo.
PUNTO PRIMERO. Considera que, como dicen muchos santos, en este milagro en que el Salvador convirtió el agua en vino, hizo un bosquejo del que había de obrar después convirtiendo el pan y vino en su cuerpo y sangre preciosísima: contempla este misterio, y que fue el primero que obró, porque es el primero de todos sus milagros. Pondera el poder maravilloso que dejó a los hombres en su Iglesia para obrarle cada día, y cómo baja a su voz, y el pan deja de ser pan y el vino, vino, y ambos se convierten en carne y sangre de Cristo como se convirtió el agua fría en aquel vino preciosísimo por virtud de Cristo Señor nuestro, y dale gracias por esta maravilla, y pide a los ángeles y a todas las criaturas que se las den, y no ceses de admirar tan alto misterio y venerarle y adorarle con los ojos de la fe.
PUNTO II. Considera cómo mandó Cristo luego en obrando aquella conversión del agua en vino, que le gustasen, y a todos causó igual estima, dulzura y admiración: lo mismo manda cuando obra este misterio en el Altísimo Sacramento (1): tomad y gustad y comed, mis amigos, y embriagaos, mis carísimos. ¡Oh alma mía! a ti dice estas palabras, que contigo habla este Señor, siempre que obra este milagro en el altar: llega y gústale, cómele y recíbele, gózale y paladéate con su suavidad, acusa tu tibieza en el acatamiento del Señor, que no le gustas ni admiras porque no le contemplas ni le recibes como debes, y pide al Señor que te disponga con su gracia para que le gustes, admires y veneres como tienes obligación.
PUNTO III. Considera cómo una vez que obró Cristo aquel milagro causó pasmo a todos cuantos le supieron, y por él reconocieron su deidad, y que obrando este divino Sacramento todos los días tantas veces no causa esta admiración porque no le contemplamos como se debe contemplar. Pon los ojos en los ángeles y santos de la corte celestial y mira cómo le adoran y el temblor con que le reverencian, y aprende a reverenciarle y adorarle, a servirle y respetarle con temor y temblor de todo tu corazón.
PUNTO IV. Considera con cuánta facilidad te sientas a la mesa del mundo, y la hambre que tienes de sus manjares, y el gusto que tomas en ellos y en las bebidas del vino de este mundo, y cuán difícilmente llegas a la mesa de Cristo Señor nuestro, y el hastió que padeces de este maná celestial de su santísimo cuerpo y sangre, que tan liberalmente te ofrece en su altar: llora tu perdición y trata muy de veras de la enmienda para que no envié Dios el castigo sobre ti que envió en el desierto sobre los que se fastidiaron del maná del cielo y lo trocaron por las cebollas de Egipto. ¡Oh Señor! no caiga sobre mí semejante hastió, dadme gracia para que estime vuestra mesa como debo, y me disponga para recibir vuestro manjar con toda la disposición posible, y para que desprecie todos los de este mundo viles y aparentes, por gozar de este divino sobre sustancial y verdadero.
(1) Cant. 5.
ORACIÓN PARA TERMINAR TODOS LOS DÍAS
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.